Etiqueta: Lionel Scaloni

  • Naufragio catarí: Día 20

    Naufragio catarí: Día 20

    No les gusta el fútbol. Es así y no vale la pena que lo disfruten. Son tipos que, además de despreciar el juego, desconocen las intimidades de este bello deporte. Por ello proponen batallas imaginarias en las que colocan tierra y minas para constituir sus propias tribus. Como toda materia que derive en fanatismo, se necesitan esos enfrentamientos ficticios, no para que la actividad se mantenga presente, sino para darle de comer a fariseos y chupasangres. Así construyen carrera y curriculum, siendo serviles a las tribunas que ya no son medios de comunicación sino juguetes de otros más desalmados que los chufleteros mediáticos. ¿A quién le importa que todo esto haya derivado en lo más vulgar de la industria del entretenimiento? Todo vale y todo suma en pos de sumar un puntito de audiencia o unos seguidores más. Si las batallas por las diferentes creencias religiosas ha sido una de las mayores causantes de muertes en nuestra historia, imaginen, por un segundo, hacia dónde puede dirigirse esta exposición de fobias, odios y fanatismo que se expulsa, sin vergüenza alguna, en todas las plataformas. Este es el mundo de los verdaderos hijos de puta, aquellos que encontraron en el fútbol la continuación perfecta para darle rienda suelta a la miseria que los define. Nunca fue tan sencillo hacer vida en las corrientes de la indigencia. Y nada como un mundial para que el mundo los reconozca. No hay más máscaras ni maquillaje que logre camuflarlos. Jamás se dieron por enterados que un partido de fútbol no es la patria, pero un Mundial se juega con el deseo de darle un rato de alegría a los semejantes, a los coterráneos, a los paisanos. Todos estos bufones a sueldo de la industria de la estupidez odian al fútbol porque el fútbol no les dio a ellos el lugar al que aspiramos todos los que una vez perseguimos una pelota. Se inventaron roles que les dieran un puñado de minutos de protagonismo, sin embargo, la codicia y la rabia les llevó a anhelar más, hasta el nivel de actuar y pavonearse como si hubiesen marcado un gol en la final del mundo. Ya se sabe, eso que es la conciencia y que nos distingue del resto de animales es un elemento de dos caras que, mal dirigido, conduce a cualquiera a las fronteras que dividen la sensatez de la idiotez. Hoy tocaría hablar de la soberbia actuación de Lionel Messi, de la explosión de Julián Álvarez o de que la selección argentina es un equipo que defiende de manera tan eficaz que los rivales apenas exigen a su arquero. No obstante, es el mundial en el que todas las mentiras han quedado retratadas; la vileza de ciertos espacios mediáticos ya no puede esconderse ni disimularse. Antes de retirarme para revisar nuevamente la fabulosa presentación del equipo de Lionel Scaloni dejo una duda que, con el paso del torneo, me aterroriza cada vez más: ¿qué hace que jóvenes que apenas se inician en el periodismo aspiren a pertenecer al más rancio de los circos?

    Esto se llamó naufragio por razones que no vale la pena explicar. Estas líneas hablan por sí solas…

  • Naufragio catarí: Día 14

    Naufragio catarí: Día 14

    -. El mundial es la fiesta de hinchas, espectadores, público, las grandes empresas y el periodismo. No es la de los futbolistas ni la de los entrenadores, aunque sean ellos los protagonistas del sarao que monta FIFA cada cuatro años. El calendario del evento catarí es la mayor prueba de que ninguno de estos invitados a esta celebración se ocupa de la comodidad de las estrellas del juego. Lionel Scaloni se quejó, y con toda razón, del escaso tiempo que tuvo para preparar el duelo de octavos de final ante Australia, ya que su equipo apenas tuvo dos días completos para prepararse. Debe recordarse que el cansancio del futbolista no es únicamente físico sino que afecta al cerebro, ese músculo en el que se cuecen todas las decisiones que toma cualquier ser humano. La fatiga cognitiva es el desgaste posterior a un episodio que requiere máxima atención y concentración, y que como cualquier otra muestra de agotamiento, requiere tratamiento. Pero FIFA y sus sabios integrantes del Comité Técnico prefieren ver hacia otro lado. Dos días, léase bien, no es un período suficiente para ocuparse del agotamiento de un futbolista que se encuentra inmerso en una dinámica competitiva de alta exigencia. Tampoco debe olvidarse que en otros contextos, algún aspirante a gran entrenador echó a renombrados especialistas en recuperación de lesiones porque según su criterio, ellos eran los responsables de esos accidentes, obviando el papel de los condicionantes emocionales en la salud del ser humano. Volvamos al caso argentino para comprender cómo FIFA y sus empleados desprecian al futbolista con el calendario. El futbolista, tras un partido como el que enfrentó a los argentinos y polacos, vive una fuerte dificultad para conciliar el sueño. Esto, además del desgaste físico, obliga a que la sesión de entrenamiento tras ese duelo esté enfocada en la recuperación y los trabajos sean de menor exigencia. A esto hay que sumarle una creencia dentro del fútbol de alta competencia que indica que es en el segundo día tras el partido cuando el jugador siente de manera más fuerte los rigores del agotamiento. Aún así, para Scaloni, ese día fue la última oportunidad para entrenar de cara al partido por los octavos de final. En resumen, el seleccionador argentino apenas tuvo dos entrenamientos y estos se llevaron a cabo en los días que normalmente son clave para la recuperación. Sepa el lector que escribo estas líneas antes del partido y que las mismas no tienen como objetivo excusar al combinado sureño; mi intención es recordar que en mundiales anteriores sí se hacía una pausa entre la fase de grupos y el comienzo de los octavos de final; hoy en día, la nueva FIFA de Gianni Infantino no tiene mayor interés en proteger a los artistas y protagonistas del show. Otro argumento más, como la prohibición a cualquier manifestación en favor de los derechos humanos, a favor de quienes creemos que la industria del entretenimiento se impuso al deporte. Crece la deshumanización del fútbol que comandan los mercachifles de toda la vida.

    -. En la sencillez se esconde una gran cuota de belleza. El gol de Lionel Messi a Australia fue eso, la finura de algo que para él es natural. Ni un gesto demás ni la búsqueda obstinada de la potencia; un disparo raso, colocado, de trayectoria perfecta. Messi es la costumbre de lo sencillo. Podría destacarse que Argentina cambió y que sus laterales interpretaron correctamente la responsabilidad de ensanchar el campo y hacerlo a diferentes alturas; estuvo también un renacido Alejandro “Papu” Gómez que intentó asociarse con todos y no solamente con el diez, y, cómo no, Julián Álvarez, que con algunos de sus movimientos hizo recordar al eterno Adolfo Pedernera cuando Carlos Peucelle le sugirió salir del encierro que le proponían los centrales rivales para adentrarse en el juego de sus compañeros. Sin embargo, hoy esto va de Messi y la facilidad para brillar dando la sensación de ser un economista de sus esfuerzos. El siempre admirable Alejandro Dolina dijo, en relación a la comparación entre Maradona y Messi que “Maradona es un héroe clásico. No es un tipo que salva a un gatito que está en un árbol. Es un tipo que pone todo lo que tiene en defensa de algo, lo conectas con un héroe clásico, incluso en sus errores y en su signo trágico. Messi no tiene épica, está por encima de eso. Está por encima de los vaivenes del héroe. Es tan bueno Messi que no necesita gestos heroicos, no necesita tanto. A Diego cada gol le costaba mucho más que a Messi, por eso lo amamos, por eso nos gustan más sus goles. Son más complejos. Los goles de Messi son muchísimos y es tan bueno que no necesita más que eso. No necesita ser un héroe para hacer ochocientos goles. Messi es una persona más propia de la eficiencia de nuestros tiempos, es más bien una maravilla técnica”. Mientras la banalidad llena horas debatiendo inútilmente si el capitán argentino es mejor que otros, le pido al lector que vea nuevamente el gol ante los australianos y piense en la economía según Messi, en la sencillez para crear un hecho tan bello como eficaz.

    «¿Donde está la belleza? Allí donde uno tiene que querer con toda la fuerza de voluntad; allí donde uno quiere amar y perecer, para que tal imagen deje de ser nada más que imagen. Amar y perecer; desde todas las eternidades lo uno está ligado a lo otro». Friedrich Nietzsche

  • Argentina vive confundida

    Argentina vive confundida

    Estamos acostumbrados a hablar de fútbol a partir de los rendimientos individuales, dejando de lado, entre otras cosas, los contextos y las relaciones. Además, hay una discusión que no se da porque la inmediatez y los gritos hacen imposible: la diferencia entre posición y rol. Este debate ayudaría a comprender las razones por las que la selección de Argentina vive confundida.

    El primer error está en la revisión que se hace de la convocatoria. Insisto, se examinan nombres y el rendimiento de cada uno en su equipo. Esos futbolistas, seres humanos que hacen de jugadores de fútbol, viven, entrenan, conviven y se relacionan con otros compañeros, en un entorno particular y bajo propuestas muy diferentes. Para no quedarme con el ejemplo fácil voy a afincarme en la figura de Nicolás Tagliafico.

    El jugador del Ajax parte de esa posición. El diccionario de la lengua española define posición como «Postura, actitud o modo en que alguien o algo está puesto«. Tagliafico comienza el juego desde ese puesto, sin embargo, cuando juega en el equipo neerlandés, esa zona es una referencia que no lo ata: es un punto de inicio para que desarrolle su manera de ser. Se proyecta por el carril y se combina con mediocampistas y atacantes porque el estilo de juego y sus compañeros intentan potenciarse y no limitarse entre sí.

    Su rol en el Ajax no está definido por su puesto como marcador lateral. Juega desde ahí. Esto es posible gracias a que tanto él como sus compañeros poseen un entendimiento global de lo que es el juego de equipo. No obstante, cuando llega a la selección argentina se le exige todo lo contrario: que juegue en su posición y no desde la misma.

    Nadie en su sano juicio puede discutir la convocatoria de Tagliafico ni tampoco su titularidad.; lo que debe analizarse es qué instrucciones recibe, qué obligaciones se le transfieren, para que su aporte se vea tan disminuido.

    Rodrigo De Paul

    Su actualidad sugiere que llamarlo a la selección argentina sea casi una obligación. Sin embargo, la idea del seleccionador le coloca en un puesto que no es el suyo por naturaleza y con un rol en el que poco destacará. Además, anclarlo a esa zona del campo trae como consecuencia la disminución de la influencia de otro futbolista como Leandro Paredes, obligando a ambos a ser algo no son. ¿Se da cuenta el lector como esto va más allá de sumar fichas en un campo de juego y que el fútbol es una red de interrelaciones?

    Jugar con dos volantes centrales requiere que ambos conozcan ese oficio, algo que rápidamente se puede identificar al verlos actuar en el campo. Si estos juegan en línea significa dos cosas: no están cómodos con la disposición en el campo, y mas que una alcabala para detener avances rivales, esta confusión es una invitación a que el oponente explore más variantes en su construcción de su juego.

    Retorno a Tagliafico. Es un lateral de clara vocación asociativa en diferentes zonas del campo. Lejos del concepto popular, las proyecciones de un lateral no son carreras a lo loco por la banda sino avances condicionados por los movimientos de los compañeros. Es muy importante reconocer que todo movimiento que se produzca en el campo de juego es producto de la dinámica colectiva. Este concepto ayuda también a darle claridad a ciertas conductas de Lionel Messi en su selección. Por ello, la diferencia entre rol y posición es tan importante definir.

    En un post anterior -ofrezco disculpas por la auto referencia- escribí lo siguiente: «Si al futbolista le asignamos un puesto, por ejemplo, el de lateral derecho, cada vez que éste se atreva a salir de esa demarcación para proyectarse por su banda, o para hacer de volante interior, estaremos ante un alejamiento peligroso de su zona. Pero si al futbolista se le asignan roles, tendrá la libertad de pensar y ejecutar siempre según lo que la jugada exige. La posición somete y tiraniza; el rol es libertad a partir del conocimiento y la interpretación«.

    La conclusión es que no basta con convocar a «los mejores» o a los que tengan mayor continuidad. Un equipo de fútbol es mucho más que la elección de once jugadores; las ideas y los planes tienen mucha influencia porque estos pueden estimular condiciones o, como en el caso de Tagliafico en la selección argentina, limitar las condiciones individuales hasta el punto de hacer más difícil la construcción de la identidad colectiva.

    Jugar es relacionarse, cosa que es muy complicada si no se parte de la correcta interpretación del juego y de quienes lo protagonizan.