Etiqueta: Marcelo Bielsa

  • Ezequiel Fernández Moores

    Ezequiel Fernández Moores

    Nuevo episodio de «Mí fútbol, con mis amigos». En esta ocasión, converso con Ezequiel Fernández Moores, periodista argentino.

    Comenzó en el periodismo deportivo en 1978 como redactor de la agencia Noticias Argentinas. De 1982 a 1989 fue Jefe de Deportes de la Agencia DyN y de 1989 hasta hoy es Editor en la agencia italiana ANSA. Escribió en Página 12, Mística, El Periodista, TXT, trespuntos y colaboró con diarios como The New York Times y La Vanguardia, de España, entre otras publicaciones. Trabajó en radio y TV. Es autor del libro Díganme Ringo (biografía de Ringo Bonavena)

    El fútbol; la FIFA y su gobernanza; Marcelo Bielsa; el poder, y por supuesto, el periodismo. Todo esto en un nuevo episodio de «Mí fútbol, con mis amigos».

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  • Marcelo Bielsa, pasado y futuro en el presente

    Marcelo Bielsa, pasado y futuro en el presente

    Los seres humanos tenemos una extraña relación con el tiempo. Hay quienes opinan que el pasado nos condena mientras que otros, los más optimistas, sienten que nuestra vida es la constante búsqueda de un futuro. No seré yo quien defina esa conexión, sin embargo, tras leer diferentes corrientes de pensamiento, cada día me convenzo más de que el pasado corre hacia el futuro y éste hacia el pasado, como dos trenes dispuestos a chocar. De esa colisión nace aquello que tenemos como el tiempo presente.

    Marcelo Bielsa ha dedicado buena parte de su vida al fútbol. Es un juego que le emociona y le motiva. Aquellos que hayan seguido con atención su carrera encontrarán que sus reflexiones, más allá del acierto o no de las mismas, invitan a pensar en fútbol. Ese, en mi opinión, es su mayor logro.

    A Bielsa le han interesado, desde tempranas etapas de su recorrido, todas las facetas del juego. Una de ellas, los saques de meta, no podía quedar fuera de su observación. Es una acción de la que poco se habla y que la gran mayoría tiene asumida como un hecho automatizado: el portero debe sacar en largo. Sin embargo, como algunas herramientas lo demuestran, desde el saque de meta se sustenta parte de la construcción del juego.

    Le pido al lector que, antes de continuar, observe el siguiente video, correspondiente al primer gol del partido entre el Stoke City y el Leeds de Bielsa, por la quinta jornada de la EFL Championship:

    Aunque el pase de Pablo Hernández a Stuart Dallas es de por sí una preciosidad, sugiero que veamos el bosque y no nos quedemos con el árbol: todo nace de un saque de meta del arquero, que lanza en largo, como la gran mayoría, creyendo que esa conducta le releva de otras responsabilidades futbolísticas.

    Marcelo Scoponi, antiguo arquero de Newell’s Old Boys, contó una anécdota fabulosa que luego reprodujo Federico Lareo en su blog Frases Bielsistas y que, en  honor al periodista argentino, reproduzco en su totalidad.

    “En un partido él (Scoponi) tiraba, en todos los saques de meta, la pelota directamente a la tribuna a la altura de media cancha, provocando el abucheo general del público. Bielsa le había dado la orden, explícitamente, de tirarlos todos afuera, pues decía que del saque lateral del rival recuperaría la pelota más rápido”.

    Aquella acción, que muchos podrían emparentar con la picardía, fue el resultado de esas consideraciones tan propias de Bielsa. Es indiscutible que la ejecución de un saque de banda deja con un hombre menos a quien lo realiza, lo que de una u otra manera limita su avance hacia campo contrario. Sin embargo, el mundo del fútbol, entregado a lo que Byung-Chul Han ha denominado como «el infierno de lo igual», desecha constantemente a quienes lo piensan, porque pensar es el acto más contestatario de todos y el fútbol, hoy negocio más que juego, requiere de operadores pusilánimes y conformistas antes que guerrilleros de la evolución.

    Quisiera volver a aquello que narraba en el inicio de esta exposición y que se centra en nuestra relación con el tiempo. A Bielsa, como a cada uno de nosotros, le persigue su pasado y su futuro. Corren hacia él hasta enfrentarse. Combaten hasta la muerte y allí nace el presente. La honestidad intelectual del entrenador del Leeds permite que tras ese choque no se divisen grandes contradicciones sino la continuidad y la validez de sus procesos reflexivos. Y es esto lo que confirma la magnitud del estudio de nuestro pasado: si el futuro es incertidumbre pura y dura, el ayer, ese tiempo que recuerda lo que alguna vez fuimos, ofrecerá pistas sobre si realmente somos o simplemente estuvimos.

    La verdadera identidad de las personas son los recuerdos”.

  • Argentina: qué queda tras el terremoto madrileño

    Argentina: qué queda tras el terremoto madrileño

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    La goleada ante España despertó todos los temores: a falta de 80 días para el mundial, la selección albiceleste parece tener muchas más dudas que certezas. Sin embargo, hay algo que debe tenerse en cuenta antes de comenzar cualquier intento de vislumbrar lo que será el futuro, aceptando además que todo tiempo por venir es incierto y poco tendrá que ver con las aspiraciones, sentencias y afirmaciones de aquellos que dicen conocer y saberlo todo de un juego tan imprevisto como el fútbol.

    La manera, o mejor dicho, el estado de forma futbolístico cómo un equipo llegue al mundial no es vinculante a lo que será su participación en la competencia; es durante el propio torneo, dentro de su propia dinámica, que una selección encontrará las oportunidades para desarrollarse y encontrar su identidad competitiva.

    No es un proceso lineal; en la historia hay ejemplos como el de España en 2010 (llegaba como favorita, cayó en el primer partido y se ajustó a partir de esa derrota), el de Argentina en 2002 (favorita como nunca antes y fue eliminada en primera rueda), Brasil en 2002 (llegó tras clasificarse en la última jornada, con alguna deserción previa al viaje al torneo y con la presión de no haber convocado a Romario) y el mismo Brasil, pero en 1994 (llegó con Raí como titular y capitán, hasta que el torneo le exigió a Carlos Parreira, entrenador del equipo, sustituirlo por Mazinho a partir de los octavos de final).

    Como estos hay mil ejemplos más. Es por ello que a los equipos de fútbol hay que comprenderlos como sistemas vivos, abiertos, en continuo proceso de cambio. Si existe una actividad en la que se puede comprender la fuerza del “Efecto Mariposa” es justamente en el fútbol. Pequeños cambios en las condiciones iniciales, a veces hasta imperceptibles para el ojo humano, conducen a grandes modificaciones. Y quizá eso sea a lo que apuesta Jorge Sampaoli, seleccionador argentino.

    “Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”

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    La frase se le ha atribuido equivocadamente a Albert Einstein, pero se desconoce, a ciencia cierta, quien la pronunció. Sin embargo, esto no ha impedido que forme parte de cualquier discusión, futbolera o no, en la que se pretende acusar a alguien de no promover las modificaciones que se creen necesarias.

    Al casildense se le ha acusado de querer propiciar una revolución futbolística en poco tiempo y con los mismos intérpretes que ya eran protagonistas del equipo argentino. Ese señalamiento se apoya en la linealidad, esa característica con la que nos han educado desde nuestro nacimiento y que nos lleva a creer que existe una relación infalible, esa de causa-efecto, según la cual, los mismos causantes (el producto de las relaciones entre los protagonistas, bien sean rivales o compañeros) propiciaran siempre un mismo resultado.

    De ser así, y retorno al fútbol para que la explicación sea más sencilla de comprender, el FC Barcelona que condujo Pep Guardiola, para muchos el mejor equipo de toda la historia, no hubiese perdido un solo partido. Esta es la magia del fútbol: todo es posible.

    Pero en el fútbol, un juego en el que dos colectivos humanos se enfrentan por el control del balón, y en ello cada futbolista es influenciado y ente capaz de influenciar a sus compañeros y a sus rivales, de la misma manera que es influenciado por esos mismos actores, no hay verdades ni nada que se le parezca. No en vano para hablar del juego lo hacemos basados en lo que acaba de pasar y no en lo que sucederá.

    Perdone que insista, pero si hay alguna característica que defina a este juego es la incertidumbre que nace precisamente de todo lo que anteriormente señalé.

    A poco más de dos meses del inicio del campeonato mundial da la sensación de que lo que el entrenador argentino debe promover es la adaptabilidad de sus futbolistas a las distintas emergencias que nazcan durante cada partido del torneo. Esto es, siempre según lo practicado, identificar cuándo, cómo, por qué y para qué llevar a cabo conductas colectivas durante un partido.

    Esto no es sencillo. Sampaoli no goza de tiempo para ensayar, lo que sugiere elegir muy bien los pocos conceptos que desea para encontrar la identidad e intentar ponerlos en práctica cuando comience la concentración previa al torneo ruso. No se trata de cambiar nombres por nombres, que eso lo podemos hacer usted y yo, sino de discutir la validez de ideas y planes.

    En una charla para la edición 13 de la revista Club Perarnau, Jorge Luis Pinto me explicó cómo planificó la llegada de su Costa Rica al mundial de Brasil:

    Antes del mundial le dije al grupo una frase que puede ser histórica. Les dije: ‘He visto ocho mundiales, y al mundial van equipos desbaratados, sin preparación y sin estructura. Si nosotros construimos una breve estructura táctica y nos preparamos bien, no físicamente corriendo sino físicamente en dinámica de juego, con la pelota, entonces nosotros podremos hacer cosas buenas’… Yo hoy puedo decirle al mundo que el equipo que vaya bien preparado, con un gran comportamiento táctico y con un equilibrio en sus jugadores, puede dar la sorpresa que sea”.

    La fórmula de Pinto no es más que la suya, y por ello no vale la pena ahondar en la profundidad de sus trabajos. Sí hay en ella una clave que puede ayudar a Sampaoli de cara al torneo ruso, y es aquella que tiene que ver con la construcción de una breve estructura táctica.

    Rasgos de la conducción Sampaoli

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    A dónde quiera que ha ido, el seleccionador argentino ha promovido que su idea es la de protagonizar los partidos. Sin embargo, hay ocasiones en las que el discurso y los hechos no van de la mano, bien sea porque el rival condiciona y obliga a una reorganización momentánea o porque cada partido supone una constante renovación de ideas e intenciones.

    Cada cuerpo técnico estudia al oponente con la intención de encontrar cómo contrarrestarlo y atacarlo, y Sampaoli y su equipo de trabajo no son distintos. Prueba de ello es que su Chile, ese que salió campeón de una Copa América por primera vez en su historia, jugó la final de una manera totalmente opuesta a lo que venía haciendo. En aquella ocasión, fue más lo que se hizo por desactivar a Lionel Messi que por atacar a Argentina.

    No es casual que, cuestionado por las posibles similitudes entre ambos, Marcelo Bielsa, uno de los referentes de Sampaoli, haya dicho que el actual seleccionador argentino era mejor que él “porque es más flexible”. La verdadera intención de la frase de Bielsa da para otro artículo que quien sabe si valga la pena.

    Es probable que Sampaoli, aún cuando desee comandar esa revolución futbolística que tanto lo motiva, deba volver a ese episodio y preguntarse, casi en un modo Jorge Luis Pinto, qué estructuras tácticas quiere y puede desarrollar. Y aquí está la verdadera razón de este escrito.

    Con la llegada de Sampaoli a la conducción de la selección albiceleste mucho se habló de un cambio radical, tanto de futbolistas como de estilo. Sin embargo, esto no ha sido posible. En el tema de jugadores no deseo entrar porque es arena de chismes, pero en la del estilo vale la pena rescatar dos rasgos y un par de interrogantes.

    1.- Relación con el Balón

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    Llama poderosamente la atención que en estos tiempos se hable más de la recuperación del balón que de qué hacer cuando se dispone de él. ¿Para qué quiero recuperar la pelota si luego no sé qué hacer con ella? Esto es algo en lo que esta versión argentina ha fallado.

    Sampaoli debe definir cómo quiere que sea la relación de su selección con el balón. Este aspecto es fundamental, tanto que determinará hasta qué futbolistas serán titulares y cuales serán descartados.

    Si el entrenador, que ya avisó no tener los laterales deseados, se inclina por un centro del campo protagonizado por Javier Mascherano y Lucas Biglia, la construcción pausada de juego, con la intención de que el avance hacia campo contrario sea casi como una conducta coral, no es más que una utopía.

    Ambos futbolistas no se caracterizan por hacer de la recuperación de la pelota una conducta total. Me explico: al igual que Juan Manuel Lillo, creo que quitarle la pelota al rival necesita de que, una vez recuperado el balón, este sea entregado, en situación ventajosa, a un compañero. De lo contrario no se puede hablar de quite sino de interrupción.

    No quiere decir esto que estos futbolistas sean mejores o peores que sus competidores sino que poseen distintas virtudes. Tampoco son jugadores que juegan a lo mismo sino que hablan una misma lengua, de la misma manera que Xavi e Iniesta poseían un lenguaje en común.

    Esa dupla seguramente será mucho más productiva si el equipo juega un estilo propenso a las transiciones, algo así como su versión del pasado mundial.

    Si por el contrario, Sampaoli decide que su selección construya juego a partir de un estilo más asociativo, siendo un bloque corto que no se separe, la dupla Banega-Paredes parece ser la más adecuada para ese estilo, dado que ambos son futbolistas más acostumbrados a una relación constante y fluida con el balón.

    Llegados a este punto le pido disculpas al lector por no haber aclarado con anterioridad un ítem muy importante: en estas líneas no encontrará referencias a los términos ataque y defensa. Sin proponer que este concepto sea una verdad absoluta, quien escribe entiende al fútbol como una totalidad, un continuum inseparable, por lo que todo en el juego se reduce a jugar.

    Pasemos a otro aspecto, este innegociable en el ideario de Sampaoli: la presión tras pérdida del balón.

    2.- Pressing o presión tras pérdida

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    Se hace referencia a esta herramienta como si esta definiese un estilo. Un estilo de juego puede ser protagonista o reaccionario, el resto de definiciones no son tales, son las herramientas utilizadas para llevar a cabo ese plan. Y la presión es eso, un instrumento.

    Sin embargo, como cualquier mecanismo, y a pesar de no explicar una idea, el pressing o presión debe ser ejecutado de manera colectiva; cualquier despiste de un futbolista traerá como consecuencia inmediata la aparición de espacios que pueden ser aprovechados por el contrincante. Si por ejemplo, solamente los delanteros atacan el avance del rival, de ninguna manera se puede hablar de presión; un escenario semejante es afín a la confusión, al desorden.

    En estos tiempos se habla demasiado de esta herramienta, como si recuperar el balón fuese más importante que conducirlo. Recuperarlo es una conducta posterior a la pérdida de la titularidad del mismo, pero ya le decía que estos son tiempos confusos en los que cualquier frase nos hace parecer expertos en ciencias ocultas, y el público, atorado y apurado, compra estos pescados podridos.

    Para recuperar la titularidad del balón hay que tener en cuenta, nuevamente, la definición de Lillo, porque en ella se encierra que recuperar no es una tarea exclusivamente física sino de ubicación: si los futbolistas están bien posicionados esta recuperación será eso y no la interrupción del avance rival. Pero, y perdone que machaque, hay que primero desarrollar la relación con la pelota para luego desarrollar las conductas sin ella.

    Messi: su rol y sus sociedades

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    El Messi del FC Barcelona obliga a pensar que más que un definidor, Lionel es un promotor del juego. Desde hace unos años, el 10 ha desarrollado una dualidad futbolística maravillosa, la misma que lo acerca al legado de Johan Cruyff como nunca nadie lo hizo: es iniciador y finalizador.

    Más allá de su innumerable arsenal de virtudes, esto que describo ha sido posible porque las relaciones con sus compañeros así lo han permitido y promovido. Desde los tiempos de Xavi e Iniesta, Messi fue poniendo en práctica los valores del juego posicional, aprendidos desde su llegada a La Masía, y que hoy le permiten ser el futbolista más determinante de la actualidad. Aunque las promociones digan lo contrario, muy pocas veces el juego de su equipo fue suyo y de nadie más. Basta observar la relación que existe entre Busquets, Iniesta y él para comprender que un futbolista, por más genial que sea, necesita siempre de sus compañeros.

    La vida en sociedad es eso, la aceptación del vecino como parte fundamental, como apoyo, como un ser vivo con el que se comparten metas y objetivos. En el fútbol, esa relación no puede ser lineal, es decir, no siempre un volante derecho debe alejarse cuando Messi tenga la pelota; habrán ocasiones en las que valdrá el toco y me voy, otras en las que será el toco y me quedo, y otras en las que la participación será exclusivamente posicional o testimonial. Lo que sí debe quedar claro es que aquella postal de la Copa América de Chile, en la que Messi no tiene un socio cercano, es lo que debe evitar el seleccionador.

    El discurso de los distintos entrenadores de la selección argentina ha puesto la lupa en dónde debe recibir la pelota Messi, cuando en realidad, lo más importante es quienes y cómo deben acompañarlo. El gol de Maradona a los ingleses no hubiese sido posible sin el acompañamiento de sus compañeros, algunos cercanos y otros lejanos, que impidieron un escenario como el de la fotografía que anteriormente menciono. Distintas alturas y distintas distancias, eso debe preocuparle al seleccionador.

    Además, al futbolista, sea Messi o Ignacio Benedetti, no hay que limitarle a una zona, a una posición, sino que hay que permitirle desarrollar diferentes roles, para que así, siempre según las emergencias que nacen del juego mismo, sea un factor continuador y mejorador del colectivo. La posición pone frenos, mientras que los roles son camaleónicos, necesitan la adaptabilidad propia del intérprete.

    Cuando Messi es el factor diferencial en su club lo hace sin la atadura de la posición. Muchas veces la dinámica del partido le invita a asociarse con Busquets en el inicio del avance; con Iniesta en la continuidad o la regeneración del mismo, y así con el resto de sus compañeros. Pero no se trata de una cualidad excluyente; el futbolista, cuando es invitado a jugar y protagonizar roles tendrá esa libertad, de lo contrario, cuando se le asigna la defensa de una posición, tendrá fronteras y alcabalas que respetar. No es anarquía sino un caos ordenado.

    Eso, sorpresivamente, ha costado entenderse en Argentina. Digo que llama la atención porque existen pocos países en el mundo con la cultura futbolística de los argentinos. En la órbita de su selección, Messi ha sido siempre encasillado, y por ende, limitado a la estéril discusión de si hay que dejarle ser el finalizador, que si la pelota debe llegarle a tres cuartos de cancha, o si debe ser el conductor. No se habla del juego sino de fronteras.

    El portero

    2651775w1033 Puede que para Sampaoli esta sea la cuestión que mayores dudas le genera. Porque en un buen día, no hay mayores diferencias entre lo que hacen Sergio Romero y Wilfredo Caballero bajo los tres palos. Lo que los diferencia es un recurso que sigue siendo subvalorado por aquellos que etiquetan y premian sin mayor soporte que el valor comercial: el juego en su totalidad.

    Si bien es cierto que en 1992 la International Board prohibía que el portero tocara deliberadamente con las manos un balón que un compañero le hubiera lanzado hacia atrás con los pies, los porteros de los grandes equipos de la historia supieron, por necesidad y adaptación, sacar provecho de su juego con los pies para promover o darle continuidad a la construcción del juego de sus equipos.

    Gyula Grosics, portero del “Equipo Dorado” húngaro, y hasta ochenta y seis veces internacional con su selección, explicó hace tiempo atrás que, debido al juego de aquel equipo, muchas veces debió actuar como líbero para adelantarse a los atacantes rivales. Algunas veces ganó y otras perdió, pero ello no le impidió desarrollar el juego de pies que todavía es visto casi como una herramienta accesoria.

    Sampaoli cree y siente que su portero debe darle continuidad al juego de su equipo, ayudando a crear superioridades detrás de la línea de presión del rival. Eso no se hace con el típico pelotazo que caracteriza el juego de los porteros. Es por ello que no parece descabellado, a pesar de la goleada sufrida ante España, que el seleccionador argentino esté meditando seriamente que su golero en el debut mundialista sea Caballero. No tiene la claridad de Ederson, Manuel Neuer o Marc André Ter Stegen, pero sin duda le ofrece a su equipo una prestación superior que la de su competidor.

    Una vez llegados a este final vale la pena aclarar que lo expuesto acá es una visión, no la verdad. Probablemente el seleccionador tenga muchos más elementos para considerar y para decidir, sin embargo vale la pena volver al inicio de este trabajo para recordar que este es un juego incierto y que la linealidad existe únicamente en las húmedas fantasías de quienes desean aparecer como expertos en la nada.

    La goleada ante España es un aviso, pero nada más.

    Fotografías: Antonio Díaz Madrid y Fernando Massobrio (Diario La Nación)

  • Jorge Sampaoli, entre el «Bielsismo» y algo más

    Jorge Sampaoli, entre el «Bielsismo» y algo más

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    El proceso que vive Jorge Sampaoli al mando de la selección argentina ha sido muy rico para aquellos que observamos los toros desde la barrera. El casildense protagoniza un recorrido que todavía no tiene fin, en el que él mismo, al lado de su selección, buscan una identidad desde la cual construir eso que se conoce como equipo.

    En una comparecencia pública de marzo de este año, Sampaoli expuso un concepto propio sobre la utilidad de los sistemas en el fútbol:

    Más allá de juzgar la concepción del entrenador, creo que lo más interesante es reconocer que, por primera vez desde que sumó a Juan Manuel Lillo a su grupo de colaboradores en Chile, con vistas a la Copa América de aquel país, Sampaoli renegó públicamente del juego posicional, mejor entendido como juego de ubicación.

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    Con Lillo como asesor más cualificado (maestro entre maestros), Chile ganó su primer gran trofeo internacional, y Sampaoli sumó reconocimientos como uno de los abanderados de ese estilo.

    Pero tanto en su Sevilla como en los pocos partidos que ha tenido al mando de la selección albiceleste, el nativo de Casilda ya había dado muestras de su alejamiento, retornando a sus orígenes, entendido esto como una reconocida predilección por un estilo en el que predominan las transiciones. Pero nunca antes hizo pública esta ruptura con las ideas que una vez promulgó. No quiere decir esto que el entrenador haya dejado de lado su intención de protagonizar los partidos; lo que varía en la hoja de ruta que va diseñando es la relación de su equipo con el balón.

    Uno de los condicionantes que influyó en esto que describo fue la (inexplicable) separación de Lillo y su reunión con Sebastián Beccacece, antiguo hombre de confianza del casildense, quien es un reconocido seguidor del estilo de juego que propone Marcelo Bielsa.

    Sampaoli, siempre según sus declaraciones, rompe con la totalidad del juego y habla de ataque y defensa. Da la impresión de que los entiende como entes disociados, haciendo énfasis en diferenciar el trabajo defensivo del ofensivo. Puede que este cambio de discurso sea producto de la incertidumbre del momento, o puede que jamás se haya sentido realmente convencido de las virtudes del pensamiento complejo, aunque no hay que descartar que en la búsqueda de una identidad para su equipo, Sampaoli retorne a territorios conocidos que hacen las veces de zona de confort..

    Me explico: todo lo expresado es contrario a la concepción del fútbol que tienen Lillo, Pep Guardiola o Marcelo Bielsa. Trataré de explicarlo:

    Para comenzar, es pertinente volver a una maravillosa exposición hecha por Thierry Henry, en un canal de televisión británico, sobre cómo jugaba el Barcelona bajo la conducción de Pep Guardiola. No es descabellado asumir, tras escuchar al futbolista francés, que el seleccionador argentino ha firmado la separación, aunque sea de manera momentánea, con las ideas de Lillo y el mismo Guardiola:

    Incluso, vale la pena escuchar a Lillo, defensor a ultranza de la complejidad y del holismo, en declaraciones previas a un partido:

    En su exposición, Lillo reafirma una de sus máximas: en todos los procesos convivimos con la incertidumbre, pero aún así no hay que desestimar el valor del entrenamiento, de la práctica. Al fin y al cabo, es en ese escenario en el que los futbolistas cultivan sus relaciones, sus comunicaciones y sus interacciones.

    Volvamos a las declaraciones de Sampaoli. En aquellos días brillantes al mando de la Universidad de Chile, al igual que en sus primeras apariciones con la selección de aquel país, el argentino fue definido por su cercanía hacia las ideas de Marcelo Bielsa. Pero la declaración de marzo es diametralmente opuesta a uno de los principios de Bielsa:

    Yo soy un obsesivo del ataque. Yo miro videos para atacar, no para defender. ¿Saben cuál es mi trabajo defensivo? `Corremos todos´. El trabajo de recuperación tiene 5 o 6 pautas y chau, se llega al límite. El fútbol ofensivo es infinito, interminable. Por eso es más fácil defender que crear. Correr es una decisión de la voluntad, crear necesita del indispensable requisito del talento”.

    Consultado hace menos de un año sobre un posible parecido entre ambos, el ex entrenador del Lille francés dijo que “Yo no cedo en mis ideas y eso no es una virtud, es un defecto. Sampaoli sí cede porque tiene un poder de adaptación que yo no tengo. Eso lo hace mejor que yo, indudablemente«. El elogio, más que un simple formalismo, dejaba en claro que la condición camaleónica del hoy seleccionador argentino es un ítem a tomar en cuenta a la hora de armar el plantel que dirigirá en el mundial. Esa búsqueda de una personalidad propia no tiene fecha definitoria, y por ello, observar el proceso es tan enriquecedor como frustrante.

    Todo lo expuesto me hace pensar en que Sampaoli está viviendo un proceso caracterizado por la incertidumbre. Sin laterales de largo recorrido, (“Si Argentina tuviera a Dani Alves y a Marcelo seguro jugaríamos con dos laterales.”) y por ahora con la búsqueda del protagonismo como única certeza, es imposible definir hoy con qué plan afronta el casildense su segundo campeonato mundial, éste con la etiqueta de favorito y al mando del equipo de su país.

    Lo expuesto en estas líneas no tiene como propósito cuestionar al argentino, sino recordar que también los entrenadores viven procesos de introspección. Al fin y al cabo, hasta aquellos a quienes señalamos como dueños de verdades y conocimiento indiscutibles, cambian y se renuevan con cada segundo. Deben ser flexibles, deben adaptarse, y quien sabe, si tal como Sampaoli, deban adoptar un perfil camaleónico con tal de ayudar a su equipo a competir de la mejor manera posible. Pero con ideas firmes, porque sin ellas jugar al fútbol es lo mismo que jugarle unas fichas al azar. Con dos partidos preparatorios en el horizonte, el proceso que protagoniza Sampaoli promete seguir siendo muy interesante para los observadores desinteresados.

    Fotografías encontradas en la web. Créditos a quienes corresponda.

  • En defensa del Deporte

    En defensa del Deporte

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    Vivimos tiempos en los que la adoración por lo superficial es la regla. Las grandes masas han sido instruidas y convencidas para idolatrar a quienes consiguen objetivos, imposibles para esos colectivos, sin reparar en las cualidades o valores que realmente definen la actividad deportiva.

    La prensa, alejada de su función educativa, se ha erigido en la principal promotora de la exposición de fortunas, bienes y vicios. Ser nuevo rico ya no es un peso si quien interpreta ese triste papel rompe marcas deportivas. Nos hemos rendido al como sea, de allí que el retorno a la decencia parezca una utopía.

    Marcelo Bielsa, el 30 de mayo de 2013, daba un ejemplo perfecto de la perversión a la cual hago referencia:

    Cuando yo era chico, y vivía en un barrio, la gran novedad o logro era tener un auto, y cuanto más lujoso era el auto más reconocimiento para la familia que lo había obtenido. Pero había una distinción para nosotros, el reconocimiento a la familia era en función de qué había hecho para conseguir ese auto. Había familias que trabajan padres e hijos y se compraban un Seat. Y había familias que se ganaban la lotería y se compraban un Mercedes Benz. Y nosotros valorábamos al que trabajaba mucho y se había comprado el Seat. Le doy ese ejemplo porque a partir de ahí aprendí que no se evalúa lo conseguido sino lo merecido. Primero hay que ver si el medio está de acuerdo con que se evalúe lo merecido y no lo conseguido, la respuesta es no”.

    Somos rehenes. Por varias razones, entre las que están nuestro conformismo y nuestra pereza, la banalidad ha ganado todos los enfrentamientos en contra de la decencia. Ese ejército compuesto por borregos y negociantes sometió con éxito los verdaderos valores hasta sepultarlos; nos han hecho creer que lo único que es susceptible de admiración es el éxito final.

    La llegada de un nuevo año supone una nueva oportunidad para corregir y enderezar el rumbo, pero para ello hay que dejar de lado el ego y el miedo y hacer que pasen cosas. Quienes hacemos vida dentro del deporte tenemos la obligación de aprovechar esta pausa y cuestionarnos, examinarnos, vernos al espejo. La vida ofrece el chande de preguntarnos si cuidamos de la actividad, el deporte, o cuidamos de nosotros mismos.

    La cuestión que planteo no es romántica ni lírica. Si al deporte se le deja solo y desamparado ante los fusiles de la superficialidad, con la excusa de que, cobijados por el silencio y la complicidad, el periodismo garantizará su supervivencia, más temprano que tarde, el deporte mismo, probablemente derrotado y sin fuerzas, empujará a estos mercaderes hacia el vacío, y allí se quedarán, pagando en soledad su traición a la actividad que alguna vez dijeron querer.

    Quienes utilizan al deporte para delinquir odian estas manifestaciones de disconformidad; estas recuerdan que sus trasgresiones son precisamente un atentado en contra de la actividad que dicen defender. Panzeri lo escribió en 1971:

    El Barón de Coubertin, llamado padre del olimpismo moderno, pronunció señeras palabras que siempre se interpretaron como indicativas de prescindencia del triunfo en los fines del deporte. Dijo aquello de… `lo importante es competir`. Pero hoy, en esta alteración de conceptos y subversión de ideas, nos encontramos con que los periodistas deportivos llegamos a retorcerla para exponerla como razón de poder `seguir compitiendo` con piadoso olvido todos los delitos que agrietaron los cimientos de nuestro deporte, con perdón en masa para todos quienes delinquen en el deporte. Lo que Coubertin pontificó para despreciar la victoria como fin, es utilizado para admitir al indeseable en un pie de igualdad con el decente”.

    La actividad deportiva tiene valores muy claros (respeto, cooperación, relación social, amistad, competitividad, trabajo en equipo, participación de todos, expresión de sentimientos, convivencia, lucha por la igualdad, responsabilidad social, justicia, preocupación por los demás, compañerismo), pero estos están siendo dinamitados por los enemigos que únicamente piensan en cifras y fama. No importa cuánto hayan cambiado los tiempos –la excusa perfecta para los principales vividores que utilizan al deporte para saciar sus urgencias de dinero y notoriedad-, los principios seguirán siendo los mismos.

    Al deporte no se le protege gritando ni besando escudos. Mucho menos formando alianzas con aquellos que necesitan de la exposición mediática para hacer cada vez más notorias sus mentiras y sus engaños. El cuidado de la actividad comienza a través de la protesta, de la derrota del silencio y del correcto empleo de los medios de comunicación, que no fueron inventados para ejercer de agencias publicitarias, menos aun para hacer ejemplar al campeón, callarle sus faltas e inventarle virtudes que no existen.

    En tiempos de internet, páginas web, podcasts, youtube y redes sociales ya no es necesario acceder a las grandes corporaciones. Cada quien desde su trinchera está capacitado para luchar contra tanta trampa. Que luego no se diga que el final nos tomó por sorpresa.

     

  • Messi es una parte del plan, no el plan

    Messi es una parte del plan, no el plan

    “La táctica de un solo hombre jamás ha ganado un partido, y a menos que los otros miembros del equipo jueguen en unión con él, el partido estará perdido”. Herbert Chapman

    Todos vimos la foto. Jugaban Argentina y Chile la final de la Copa América Centenario, y como cada cosa en estos tiempos de redes sociales, la imagen de un Messi intentando zafarse de hasta cinco futbolistas chilenos que lo acosaban directamente, y cuatro más que permanecían atentos, cual baterías antimisiles, a los movimientos del argentino, se hizo mundialmente conocida y comentada.

    Se dice que una imagen vale más que mil palabras. No sé si esto sea así, pero vale recordar aquella postal:

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    Es tan impactante esta fotografía que muchos, influenciados por la potencia de la misma, olvidamos que en ella se puede resumir todo lo que está mal en el fútbol. Me explico: entrenadores, padres, agentes y periodistas hemos contribuido sin rubor a popularizar la gran jugada individual como el elemento diferencial en el juego, bien sea la posibilidad de regatear a varios rivales o la carrera de largo recorrido. Esa ovación a una situación del juego, elevándola hasta el Olimpo, ha traído como consecuencia que los futbolistas, desde muy temprana edad, asuman como propio que hacer jugadas es lo mismo que jugar al fútbol. Y esto no es así.

    La imagen a la que hago referencia sirve de ejemplo para comprender la inestabilidad que caracteriza el paso de Lionel Messi por su selección. Salvo por la conducción de Alejandro Sabella, el 10 ha sido ese último recurso al que se aferran los condenados a muerte. Cuando sus compañeros, en medio de un duelo que no saben ni pueden resolver, se la entregan a Messi están haciendo lo mismo que los que esperan en la fila de los acusados: encomendarse a la divinidad.

    Pero la divinidad, entendida como la esencia propia de los Dioses, no ha sido probada como algo real. Las religiones requieren de un acto de fe para seducir; el fútbol requiere planes, ideas, flexibilidad, reacción, adaptación, talento y trabajo. También de otras muchas otras cosas más, entre ellas el bendito azar.

    De hecho, quienes sostienen que lo más cercano a Dios en el fútbol fue Diego Armando Maradona olvidan, por conveniencia o mala memoria, que hasta el propio «Pelusa» perdió más de lo que ganó. Esta afirmación se sostiene en las estadísticas de su carrera como futbolista, y debería recordarle a los expertos que nadie, por sí solo, vence en un deporte colectivo. Michael Jordan, el atleta más dominante que jamás haya visto, en deportes colectivos claro está, necesitó de la planificación de Phil Jackson, la complicidad de Scottie Pippen y de un colectivo brillante. Realimentación, así lo bautizaron las españolas Natalia Balagué y Carlota Torrents.

    Pero a Messi se le exige mucho más. Inexplicablemente, al jugador del FC Barcelona le reclaman que cuando sus diez compañeros lo requieran, sea el plan, el todo, y eso, mi estimado lector es imposible. Pero, además, le piden que conduzca a la normalidad a un seleccionado que hace mucho tiempo tiene en el caos su manera de vida.

    La paz nunca ha sido una excepción

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    La selección argentina se encuentra en estos momentos en el quinto lugar de las eliminatorias Conmebol al mundial de Rusia 2018. A falta de dos partidos, su ubicación la tiene en puestos de repesca, pero es tan comprometida su situación que, de ceder puntos en esta doble jornada, Chile y Perú podrían dejarla sin mundial. Este panorama no es novedoso, pero dada la potencia de los altavoces actuales (redes sociales, programas de radio y TV, blogs, etc.,) pareciera que nunca antes se enfrentaron los argentinos a una realidad tan dura.

    El equipo del 86, campeón del mundo, no tuvo un tránsito tranquilo por la Clasificación Conmebol. A las constantes críticas para con el juego de aquella elección -no se olvide que desde el gobierno de Raúl Alfonsín se intentó destituir al entrenador Carlos Salvador Bilardo- se sumaba que hubo que esperar hasta la última jornada de la liguilla para obtener el boleto al mundial de México. De hecho, a falta de nueve minutos para terminar aquel duelo frente a Perú, los argentinos estaban fuera del torneo, hasta que apareció Ricardo Gareca. El «Tigre» marcó el gol del empate y con ello selló la clasificación.

    Aquel conjunto de Bilardo tuvo a Maradona como emblema. La primera gran decisión del seleccionador fue hacer a Diego capitán, lo que suponía el relevo de Daniel Passarella, el líder del equipo campeón de 1978. Aun con Maradona como figura imprescindible, la albiceleste sufrió para lograr el boleto mundialista.

    Como consecuencia de ganar el torneo mexicano, Argentina no disputó la clasificación a Italia 90, por lo que su retorno al ruedo continental se produjo en la clasificación para USA 94. Tras la derrota ante Alemania, Maradona renunció al combinado nacional, y los años siguientes lo encontraron luchando contra sanciones por dopaje y un bajo nivel competitivo, tanto en el Sevilla como en Newell’s Old Boys.

    En aquel entonces, el seleccionado ya era dirigido por Alfio Basile. Su versión albiceleste arrasó en las dos Copa América que enfrentó su ciclo, pero en las eliminatorias, tras la inolvidable goleada de Colombia 0-5 en el Estadio Monumental, Basile, perseguido por las críticas y los fantasmas, se reunió con Maradona y le pidió que volviese a la selección. Maradona aceptó, y con él en el campo, Argentina superó a Australia y obtuvo su boleto a la cita norteamericana.

    Vale acotar que en esa serie de repechaje frente al conjunto oceánico no se vio al gran Maradona. Algo normal si se tiene en cuenta que en los últimos años había jugado poco y nada. Existe la leyenda, contada por reconocidos periodistas argentinos, de que Julio Humberto Grondona, presidente de la Asociación de Fútbol Argentino, y mano derecha de Joao Avelange y posteriormente de Joseph Blatter, logró que en ambos duelos no se llevara a cabo el control antidopaje. Esta versión fue alimentada por el propio Maradona, en diálogo con el diario Clarín, en 2011:

    «Grondona fue cómplice de un antidoping que nunca se hizo en el partido Argentina-Australia por el desempate del Mundial de Estados Unidos 1994 porque si se hacía Argentina no llegaba a la Copa del Mundo. Esa es una de las tantas perlitas que tengo para contar«.

    Tras disputar el mundial del 94, Maradona se alejó definitivamente de su selección, lo que abrió la puerta a un nuevo ciclo, conducido por Daniel Passarella.

    El camino hacia Francia 98 fue mucho más cómodo. En aquella eliminatoria, Conmebol estrenó un novedoso formato de «todos contra todos» que se mantiene hasta la actualidad. Con Passarella al mando, Argentina comandó la clasificación, espantando los fantasmas recientes.

    Tras el mundial galo, Marcelo Bielsa se hizo con la conducción del equipo nacional. El rosarino comandó una eliminatoria brillante, en la que su equipo sólo perdió un partido (contra Brasil de visitante), clasificándose al mundial Corea-Japón de 2002 con una facilidad impresionante. El fracaso del equipo en la competición asiática ayudó a que muchos olvidaran el rendimiento de ese equipo, pero la historia enseña que ninguna versión albiceleste apabulló a sus rivales como aquella de Bielsa.

    El camino a Alemania 2006 comenzó con el propio Marcelo, hasta que luego de la Copa América de Perú 2004 (segundo detrás de Brasil) y los Juegos Olímpicos de Atenas (medalla de oro inédita para la Argentina), Bielsa se quedó sin fuerzas para mantenerse en el puesto.

    Lo sucedió José Pekerman y la albiceleste mantuvo su regularidad, clasificándose segunda, empatada en puntos con Brasil, a la cita teutona. Fue con Pekerman que Messi debutó en las eliminatorias, en 2005, frente a Paraguay. Todavía era un chico tímido, por lo que su explosión en la selección debería esperar un par de años.

    Tanto Bielsa como Pekerman abandonaron la selección por los mismos motivos. Desgastados y cansados de tratar con Grondona y las exigencias de sus «socios», ambos entrenadores prefirieron el descanso. Grondona, ante la posibilidad de quedar expuesto como el gángster que era, recurrió a uno de los suyos: Alfio Basile.

    Ganador de todo con Boca Juniors, a Basile lo sedujo la posibilidad de revancha que no tuvo tras USA 94. Pero este ciclo del veterano entrenador ni siquiera llegó al final de las eliminatorias.

    A pesar de ser el único seleccionador que logró juntar «en sana convivencia» a Messi con Juan Román Riquelme, y de realizar una Copa América notable, Basile no logró terminar su etapa. En medio de sospechas de traición de parte de Maradona y de algunos jugadores, «Coco» dejó la selección, dejando la puerta abierta para que Diego cumpliera su mayor sueño: dirigir a la albiceleste. Con Basile también se fue Riquelme.

    Como se podía suponer, el paso de Diegote por la selección fue tan caótico como ha sido su vida. Argentina clasificó cuarta, pero no fue sino hasta el último partido que consiguió el objetivo.

    Las siguientes eliminatorias tendrían a Alejandro Sabella como conductor de la albiceleste. Antes hubo una olvidable Copa América con Sergio Batista, en la que, en casa, Argentina no pasó de los cuartos de final.

    El inicio de esta etapa estuvo llena de dudas. Una derrota ante Venezuela, en Puerto La Cruz, parecía condenar al seleccionador, pero en la quinta fecha, tras ir perdiendo 1-0 con Colombia, el equipo dio vuelta al partido en la calurosa Barranquilla, y a partir de allí no bajó la guardia. Nuevamente, como con Bielsa y Passarella, la selección sureña era «el equipo de», por decir de una manera que ya volvía a ser un equipo y no un conglomerado de individualidades. El segundo puesto en el Mundial fue la prueba del gran trabajo del seleccionador.

    Sabella también prefirió alejarse, y con ello llegó Gerardo Martino, quien comenzó las eliminatorias, pero tras quedar segundo en la Copa América de Chile 2015 y la Copa América Centenario 2016, abandonó el cargo en medio de un desorden institucional nunca antes visto. En la clasificación su equipo nunca fue el que dibujaba en sus intenciones y sus discursos.

    Su adiós supuso la contratación de Edgardo Bauza, quien apenas tuvo un puñado de encuentros y luego, tras ser destituido, llegó Jorge Sampaoli, quien hasta los momentos no ha cambiado la dinámica errática de su selección.

    Este repaso histórico ayuda a comprender que las exigencias a Messi, mientras se le compara con Maradona, son, cuando menos, exageradas. A la Argentina, salvo en los casos de Bielsa, Passarella y Sabella, siempre le ha costado clasificarse. Esto puede que obedezca a factores ajenos a la calidad de sus jugadores, pero esa es harina de otro costal.

    La clasificación al mundial es, por lo menos en el caso de Conmebol, una travesía casi insoportable. Los futbolistas que juegan en Europa deben embarcarse en vuelos trasatlánticos, modificar sus horarios de descanso y reencontrarse con viejas costumbres futbolísticas para intentar competir.

    El valor de las sociedades

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    El poco tiempo de trabajo es un monstruo real y bravo. Los seleccionadores nacionales disponen de escasas horas con sus jugadores, y sólo cuando obtienen el boleto al mundial es que pueden entrenar, claro está, tras la agotadora temporada de estos con sus clubes.

    Este es el principal escollo en el camino para hacer de una selección un equipo de autor. No en vano son muy pocos los que lo han logrado y sostenido. A los ejemplos de Bielsa, Passarella y Sabella podría agregarse la Brasil de Dunga en 2010, el Chile de Bielsa y el de Sampaoli, así como el Brasil de Tité. El resto de los seleccionados dependen casi exclusivamente de la tranquilidad emocional de sus dirigidos más que de la voluntad de los mismos.

    Esa escasez de horas entrenamiento conspira en contra de la construcción de sociedades. Es por ello que mucho se habla de que a Messi hay que rodearlo de jugadores que lo comprendan, lo potencien y se dejen potenciar por el 10. A falta de tiempo se busca forzar la creación de estas interrelaciones con quienes aparentan estar en su nivel. Esa conclusión se sustenta en que los supuestos mejores hacen vida en Europa, un concepto de tiempos anteriores a la «Ley Bosman«, pero que, como consecuencia de ese caso, ya no debería influir tanto. Ah, pero el hombre es un animal de costumbres, y ya se sabe que estas son casi imposibles de desterrar.

    Para muchos, Maradona nunca necesitó de la creación de sociedades o del producto de las interrelaciones; para muchos, Maradona jugaba con cualquiera y lo hacía campeón. Semejante argumento constituye una aberración en todo el sentido de la palabra. ¡Es un desprecio por el espíritu del fútbol!

    En la selección, Diego tuvo grandes compañeros y socios, y en el Nápoli, club al que llevó a lugares desconocidos, también.No puede olvidarse que las grandes gestas del equipo del sur estuvieron protagonizadas por Maradona, Careca, Alemao, Ciro Ferrara, Salvatore Bagni y Bruno Giordano.

    El propio Diego resalta sus calidades en el libro «Yo soy el Diego de la gente», en el que incluso admite que mientras él pedía la contratación de Sergio Batista, el club apostó por el brasileño Alemao, y vaya si les salió bien la puesta, ya que con él ganaron un Scudetto (1989-1990) y su hasta ahora su único trofeo continental (Copa de la UEFA 1988-1989).

    Volviendo a las sociedades, hay que aclarar que estas, si bien nacen de la agrupación de individuos, no son consecuencia exclusiva de la voluntad de quienes pretenden integrarla. Por lo menos en el fútbol no es así. No es lo mismo promover la complicidad entre Messi e Iniesta que entre Messi y Banega. Los resultados serán distintos; mejores o peores, pero diferentes.

    Por esto que describo con la simpleza de quien no es experto en nada es que jamás se verá al Messi de Barcelona en Argentina. Pero es que de la misma manera nunca se vio al Maradona del Napoli vestido de albiceleste. Puede que la influencia en el juego haya sido similar -me encantaría que los contables de todo explicaran cómo hacen para cuantificar lo incuantificable- pero nunca fueron similares. El juego no se explica a través de números o estadísticas.

    Y aquí volvemos a un punto tocado anteriormente: Messi será tan bueno como aquellos que lo acompañen. Esta es una regla de este juego; el fútbol es una actividad colectiva, y cada muestra que observemos no es más que la consecuencia de una serie de movimientos grupales. El gol de Maradona a los ingleses, el de la jugada inolvidable, no es más que el ejemplo perfecto: Diego se va deshaciendo de rivales mientras que sus compañeros ayudan a abrirle espacios. Fútbol=equipo.

    Pero, ¿qué es un equipo? Un equipo es un sistema, y como recuerda Carlota Torrents, citando a Aracil, en su tesis doctoral, un sistema «puede definirse como una entidad compleja formada por partes en interacción mutua, cuya identidad resulta de una adecuada armonía entre sus constituyentes, y dotada de una sustantividad propia que trasciende a la de esas partes«.

    ¿Recuerdan aquello de que un equipo es más que la suma de sus partes?

    Ese enunciado debería llamar la atención de quienes prefieren ignorar lo que con estas líneas he tratado de exponer: Lionel Messi no es el plan. Ningún jugador por sí solo puede serlo. Ninguno en la historia lo ha sido.

    Cuando Carlos Peucelle le sugirió a Adolfo Pedernera retrasar su posición en el campo nació «La Máquina de River». Pero semejante equipo no fue Don Adolfo solo; ese movimiento potenció a Muñoz, Moreno, Loustau, Labruna y hasta al propio Pedernera. Porque todo lo que haga uno condicionará a los otros, de la misma manera que el grupo influenciará en el individuo, llevándolo a producir respuestas que sin ese colectivo no conseguiría.

    Esto es fútbol, un deporte de equipo en el que tener al mejor jugador del mundo no garantiza nada. Y aquí es cuando puede medirse el verdadero valor de un entrenador: identificar las fortalezas de su equipo y conseguir que este se haga aun más potente allí donde ya saca ventajas. A Sampaoli debe exigírsele eso, que su equipo juegue como tal, y que no se entregue a la genialidad de Messi como respuesta a lo inesperado.

    Si no me cree, recuerde esta explicación de Thierry Henry sobre lo que es la construcción y respeto de una idea de juego, incluso cuando en el equipo se cuenta con el mejor jugador del mundo:

    Fotografías cortesía de Agencia AFP, Diario Mundo Deportivo

     

  • El regreso de Marcelo Bielsa

    El regreso de Marcelo Bielsa

    Marcelo Bielsa dirigirá al Lille OSC a partir del 1 de julio. Así lo ha confirmado la web oficial del club, resaltando que «Convencido por el proyecto y los argumentos presentados por la nueva dirección Lille, Marcelo Bielsa ha acordado tomar el autobús desde el 1 de julio».

    Hasta esa fecha, Franck Passi, colaborador de Bielsa en su etapa al frente del Olympique Marseille, será el encargado de conducir al equipo que hoy marcha en el puesto catorce de la clasificación de la Ligue 1.

    Bielsa retorna al campeonato francés, y al mismo tiempo, se reafirma en uno de los pilares de su manera de conducir: estudiar a profundidad la plantilla que tendrá bajo sus órdenes. El entrenador argentino, al igual que cuando llegó a Chile o  Bilbao, desembarcará en la institución con un inmejorable conocimiento de las cualidades y las debilidades del equipo.

    ¿Por qué Lille y no otros equipos con otros pergaminos?

    Debe considerarse la buena relación entre el entrenador y Gerard López, cabeza visible del equipo. Así lo reseña el medio oficial:

    «Marcelo Bielsa fue la primera elección de presidente Gerard López y LOSC líderes para el gestor de equipo profesional y participar en la implementación de la nueva política deportiva deseada por el club».

    Otro elemento a tener en cuenta es que Bielsa, para implementar su método de trabajo, necesita del total compromiso de sus dirigidos. No olvidemos que el talento no es nada sin ese acuerdo del deportista consigo mismo y con eso que conocemos como equipo. El estudio que hace Bielsa sobre los futbolistas que va a dirigir no se limita exclusivamente a las estadísticas que tanto gustan al periodismo, pero que nada dicen del juego. La presencia de Passi es una señal más de que el argentino va más allá: quiere estar seguro de cuáles son los futbolistas a los que puede explotar, cuáles deben dar un paso al frente y cuáles al costado. Quienes todavía no comprenden que el juego es una cuestión mental se pierden la belleza de los procesos.

    En un documental de producción chilena sobre la vida de Marcelo Bielsa, Fernando Pandolfi, conocido en el fútbol argentino como «El Rifle», quien fuera dirigido por Bielsa en su paso por Velez Sarsfield, reflexionaba acerca de las razones por las que el rosarino aceptaba retos de tremenda envergadura:

    «Yo creo que él se planteó el desafío y dijo ‘a estos (la selección chilena) no los clasifica nadie, ¿hace cuánto? Bueno, yo los voy a clasificar’. Así en Argentina lo empiezan a valorar más, porque él fue allá y ¡parece (José de) San Martín! Liberó al país de la decadencia que tiene el fútbol».

    Para ahondar aún más en su figura, revisemos algunas de sus afirmaciones en el último tiempo, en Francia, pero con el escudo y la admiración de Marsella. La vuelta de Bielsa es un aporte enorme en esta lucha perdida pero maravillosa que es la de pelear por un fútbol que se ocupe del fútbol.

    -“El mundo del fútbol sufre una crisis de aparición de grandes jugadores. Y viendo en profundidad la Liga Francesa, y viendo la tendencia de las grandes ligas de adquirir los mejores jugadores del mundo, especialmente los que no están consagrados, observo que en Francia hay 15 jugadores de muchísima proyección menores de 23 años”.

    -“Los que conducimos seres humanos, cuando vemos que lo que perseguimos no genera el resultado deseado, tenemos dos caminos: responsabilizar a los que ejecutan o revisar las consignas que uno le ofrece. Si un equipo, de 12 puntos obtiene 3, y los 4 partidos son contra equipos inferiores con menos recursos, yo tenía dos posibilidades: responsabilizar a los futbolistas o revisar las consignas. Opté por revisar las consignas. Y la segunda cuestión que escuché lo que sentían los intérpretes e incluí sus opiniones en los argumentos que utilizo para decidir”.

    -“En este análisis, lo que para mí hay que traer como conclusión, es que todos los métodos autorizan a la victoria y a la derrota. Por cada Mourinho hay un Guardiola, y Guardiola pierde como pierde Mourinho. Pero como gana muchísimo más de lo que pierde, los períodos de análisis de la debilidad del método, es mucho menor. Lo ha dicho Ancelotti, con una frase que resume absolutamente todo: “La misma mano débil, es la que me permitió ganar 3 Champions”. Lo que quiere decir que cuando se ganan Copas del Mundo o Champions, es ductilidad para el manejo de los grandes jugadores. Y cuando pierden, porque todos alguna vez pierden, es debilidad frente a la requisitoria de las estrellas, simplemente una cuestión de proporción. Los grandes reciben este tipo de conjeturas o análisis muy de vez en cuando porque siempre ganan. Y los mediocres, como es el caso mío, con mucha más frecuencia porque habitualmente perdemos. Pero eso dicho con absoluta sinceridad, porque si analiza los títulos en los que yo he participado en mi carrera son muy pocos”.

    -“Cuando dirigía a la Selección Argentina, Brasil tenía grandes laterales, siempre los tuvo. Y para mí la mejor receta es obligarlos a defender”.

    -“Todos los que trabajamos en esto, sabemos que luchar por objetivos y no poder conseguirlos desgasta la mente de todos los jugadores. Lo que hay que saber, es si la fatiga mental es la que produce los malos resultados, o los malos resultados los que van degenerando la fatiga mental. Ese es un proceso muy dinámico y, seguramente, en el último partido hubo cosas de esa naturaleza”.

    -“Por mi experiencia personal, sé que el método, el estilo y el sistema, es bueno si ganamos. Y si perdemos es malo, y ustedes actúan con esa lógica, que es la lógica de los seres humanos. Durante un período próspero, las evaluaciones son a favor y se exaltan los mismos valores que ahora se rechazan. Ustedes, seguramente, creían que yo era mucho mejor de lo que en realidad soy”.

    -“Lo que trato de hacer en la adversidad, es fortalecer mis convicciones y no actuar con necedad negando realidades que merecen ser modificadas. Pero tengo claramente visualizado que, en los procesos negativos, todos te abandonan: los medios de comunicación, el público y los futbolistas. Y eso es natural, es propio de la condición humana. Nos acercamos al que huele bien, y el éxito siempre mejora el aroma del que lo protagoniza. Y nos alejamos del que huele mal, y la derrota hace que seamos malolientes”.

    -“Hay que analizar cómo actúan los líderes ante la adversidad. Hay líderes que cambian el discurso y hay otros que los mantienen. He visto líderes que cambian los discursos y aciertan y revierten, o todo lo contrario. No puedo abandonar mis convicciones, no sería yo. Y sólo modifico aquello que verifico que está errado, pero también valoro lo que se opina de mí, sé que no soy tan bueno como me describían el año anterior, y tampoco soy como me describen ahora”.

    -«Yo di una idea general y el periodista sigue mirando una circunstancia particular. Participan 20 equipos que no siempre son la misma fuerza de oposición para los otros 19… Hay una enorme cantidad de situaciones que pueden no repetirse, por eso es que me cuesta hablar de lo que va a venir porque no lo puedo imaginar de un modo determinado. Hay generalizaciones que basados en los antecedentes y la historia, pero tampoco en ese caso tengo tantos elementos de juicio como ustedes que conocen los antecedentes de los equipos y los jugadores como para predecir lo que va a suceder con poco margen de error».

    -«A mi, como a cualquier entrenador, me gusta defender en espacios reducidos y atacar en espacios amplios. Pero cuando uno observa el fútbol con grandeza e interpreta el equipo que dirige, y sobre todo cuando tiene mejores jugadores que los demás, está, desde mi punto de vista, obligado a una actitud más generosa y más vinculada con la belleza del juego, por lo que seguiremos intentando en mejorar nuestra capacidad para defender en espacios amplios y para atacar en espacios reducidos. Eso es lo que hacen todos los equipos grandes del mundo, porque para hacer lo contrario hay que tener enfrente un equipo generoso, y eso no sucede».

    -«Nosotros todos estamos acostumbrados a que determinadas causas generan efectos previstos. El fútbol se aparta de eso. Una misma causa puede ofrecer diferentes efectos. Sabemos que la mayoría de las cosas que suceden no obedecen a cómo las imaginamos. Hay mucho de casual».

    -«El problema de jugar con dos 9 no es ubicarlos juntos sino decidir que aspecto del juego se posterga poniendo dos atacantes centrales. Si usted pone dos atacantes centrales sin un volante creativo les resta quien los abastezca, quien le de los pases verticales. Y si para poner dos nueve saca a un extremo, se pierde la llegada de balones desde los costados. Y si conserva los dos wines y el volante ofensivo, debe restarle un componente a la estructura defensiva. No es una decisión sencilla para los que reflexionan más de lo conveniente. Puede ser <Parálisis por exceso de análisis>».

    -«Hay una sola respuesta que todo lo que yo diga lo tira por el suelo. Porque ser el mejor te quita felicidad: horas con tu mujer, con tus amigos, te quita fiestas, diversión. Ustedes tienen un problema muy grande. Muy, muy grande. Tienen dinero pero no tienen tiempo para disfrutar del dinero que tienen. Lo que el dinero te da en términos de felicidad. Eso yo ya lo sé porque lo he visto infinidad de veces. Ustedes quisieran comprar el tiempo. Pagarían por poder hacer eso, como pagaría cualquier persona. Entonces, el éxito te quita la posibilidad de ser feliz. También es una elección, también es una elección”.

    Cuando dos centro atacantes juegan juntos, alguno desciende o alguno se abre para no sobreponerse. Al que le toque descender o abrirse va a jugar peor porque su mejor versión es en el  centro del campo y cerca del arco. Pero en ocasiones, jugando peor uno de los dos, la suma de ambos mejora el equipo. Lo difícil es lograr comodidad en aquel que hace concesiones a sus mejores posibilidades y abandona su puesto. Periodista: ¿esa es una reflexión del momento? Bielsa: No, ahora no, desde hace 15 años que reflexiono sobre ese tema».

    Fotografía encontrada en internet. Créditos a quién corresponda.

  • El riesgo es no arriesgarse

    El riesgo es no arriesgarse

    Hay dos maneras de jugar al fútbol: bien y mal. Claro está que, salvo contadas excepciones, nadie, voluntariamente, planifica jugar mal a este juego, entonces, lo realmente interesante es identificar las formas como cada equipo procura llegar a eso que llamamos jugar bien.

    Escuelas hay miles, y no está mal identificarse con alguna, siempre y cuando esto no limite el aprecio por otras propuestas, por más antagónicas que estas parezcan. Pero lo que no admite mucha discusión es la filosofía de cada entrenador, es decir, su pensamiento y su preferencia por que su equipo protagonice los partidos o, por el contrario, que sea un conjunto reactivo.

    No hay fórmulas mágicas ni recetas infalibles. Se compite y se gana de todas las maneras posibles, aunque quien escribe siente que es a través del protagonismo de los partidos como más se acerca un equipo a la victoria. Marcelo Bielsa supo explicarlo alguna vez:

    “Soy de la idea de que en el fútbol uno no debe ceder la iniciativa ni el dominio del juego. Intentar asumir el control del juego es la mejor garantía para imponerse. Hay que crear una filosofía de espíritu, de conjunto, que apunte al embellecimiento del juego y no a la especulación”.

    Vale recordar que estas no son más que ideas, y como tales, discutibles y cambiantes. Por ello es tan importante hablar del juego: para evaluar posiciones y nutrirse de opiniones contrarias.

    Ante Brasil, la selección venezolana tuvo su inicio más potente. En menos de 20 minutos protagonizó hasta tres situaciones frente al arco rival. Nada de esto fue casual; el equipo de Rafael Dudamel se empeñó en activar rápidamente a Yefferson Soteldo, a quien le esperaba un maravilloso duelo ante Dodó, lateral derecho de la canarinha. La aparición del “10” dio continuidad a la idea de buscar al compañero mejor ubicado y no únicamente al más alejado, demoliendo versiones de que este equipo sólo sabe jugar al pase largo.

    «Si no viví más fue porque no me dio tiempo», reza el epitafio del Marqués de Sade. Conscientes de ser más que lo mostrado en los duelos anteriores, al equipo criollo le faltaba tiempo para convencerse de sus propias capacidades, y fue ante Ecuador, con cuatro goles incluidos, que apareció la mejor versión de la Vinotinto. Teniendo ese partido como punto de partida, los criollos intentaron profundizar esas conductas para enfrentarse a Brasil.

    El primer tiempo fue un intercambio muy dinámico de ataques, sin que esto trajera como consecuencia un exceso de trabajo para Wuilker Faríñez. El guardameta no sufrió como en otros partidos en los que se erigió en la muralla vinotinto. En ese intercambio de ataques no se vieron cómodos Luis Ruiz y Yangel Herrera, quienes fueron superados por la rapidez con la que los volantes rivales entregaban la pelota a sus compañeros ubicados en las bandas. Pero cuando Venezuela se hizo de la pelota, Herrera y Ruiz fueron fundamentales para que las apariciones de Soteldo fuesen más que intentos individuales.

    Con el paso de los minutos Venezuela se fue diluyendo. A pesar de generar sociedades futbolísticas que promovían una construcción consciente de juego, el equipo criollo se apresuraba en los pases, permitiendo una rápida recuperación brasileña, y con ello aparecieron algunos temores. A partir de esas inseguridades, la selección dejó de ser un bloque compacto: la distancia entre los delanteros y el resto del equipo volvió a ampliarse, y los avances nacionales dejaron de lado cualquier idea colectiva para convertirse en arranques individuales de sus aguerridos atacantes. Se perdió fuerza y presencia en el área de Lucas.

    En el segundo tiempo Venezuela ajustó y retomó comportamientos habituales: sus futbolistas retrocedieron metros con la intención de protegerse, mientras que los ataques pasaron a ser cosa de tres: Soteldo, Chacón y Peña. Cerrar espacios al contrario trajo como consecuencia que la búsqueda de los mismos en campo amazónico fuese casi un acto desesperado. Cualquier avance brasileño encontraba a 7 jugadores de campo en la mitad venezolana.

    Esa vuelta a la zona de confort no limitó al peligroso ataque rival. Y es que si hay un equipo que está acostumbrado a construir fútbol en espacios reducidos es Brasil. Se puede argumentar que la ocasión más clara de la Vinotinto fue en el segundo tiempo, por medio de un disparo de Herrera, pero aquello no pasó de ser más que una oportunidad aislada, ya que el volante y capitán pocas veces pisó, durante el segundo tiempo, territorio enemigo. 

    Confunde tanto pedido de orden al equipo, sobre todo porque en las ocasiones en que este se sacudió los temores y la búsqueda de ese supuesto equilibrio, supo hacerle daño a Brasil. Cuando Venezuela se olvidó del excesivo respeto y retomó el plan de la primera etapa reapareció Soteldo en toda su dimensión. Esto coincidió con la entrada de Heber García, un futbolista más cercano a la esencia del 10, capacitado para asociarse mejor y sacarlo de la soledad en la que se encontró durante buena parte de la segunda etapa.

    El fútbol es arte del imprevisto. El periodista Dante Panzeri se dejó la vida defendiendo ese concepto, el cual es respaldado por grandes entrenadores. Muchos de ellos aseguran que en los entrenamientos se ensayan todos los escenarios posibles de un partido con la intención de reducir la influencia del azar. Pero el fútbol es de los futbolistas, porque son ellos los que actúan en el campo, y porque más allá de lo entrenado y las instrucciones repasadas y comprendidas, la interacción de estos con sus compañeros y con los rivales es imposible de prever. Nadie podía imaginar que el partido se perdería a partir de un error de Yangel Herrera, pero esto es fútbol, y estos son los riesgos que se corren cuando se cede la iniciativa al rival de la manera que lo hizo Venezuela. 

    A la pelota perdida por el capitán criollo hay que sumarle su reclamo al árbitro -para hacer este pedido los futbolistas se distancian de la continuidad de la maniobra- y el fantástico disparo de Felipe Vizeu. Fútbol, espontaneidad pura y dura. Pero debe quedar claro que, aún cuando los partidos se deciden por pequeños detalles, el de hoy no se perdió exclusivamente por el gran disparo del delantero amazónico. Basta revisar cuántas ocasiones de gol tuvo la delantera criolla, o cuántas veces se incomodó al guardameta de la canarinha para concluir que es poco lo que se hizo por protagonizar el partido de hoy, especialmente el segundo tiempo.

    Toda la confusión final jode mucho más que el resultado. A pesar de la derrota, Venezuela mantiene una posición positiva en la tabla, con cuatro puntos y dos partidos por jugar. Pero las expulsiones condicionan lo que está por venir, tanto por las bajas como por el estado anímico de los muchachos tras este episodio. Es mucho el trabajo que tiene por delante el coach Jeremías Álvarez para evitar que lo construido se tambalee por un episodio como el de hoy. El fútbol es un estado de ánimo, dijo alguna vez el mismo Panzeri, y Venezuela debe pasar rápidamente la página, porque la meta sigue estando en sus manos.

    Fotografía cortesía de la Confederação Brasileira de Futebol (CBF)

  • El caos de Richard Páez

    “Yo digo que el sistema defensivo tiene que ser automatizado, convertido en costumbre, en hábito, pero nuestro ataque debe nacer del caos. Nosotros intentamos generar caos. Lo hablo siempre con mis jugadores y el cuerpo técnico: tenemos que buscar maneras de organizar el caos para así transformarlo en caos para el rival y no para nosotros. Eso sí, cuando perdemos el balón debe existir una reacción inmediata para conseguir de nuevo la regularidad, el orden y los hábitos”.

    La frase pertenece a Richard Páez, y puede ser revisada en una entrevista que me concedió hace unas semanas para el sitio web de Martí Perarnau (http://www.martiperarnau.com/articulos-de-futbol/richard-paez-el-nombre-del-cambio-ii-parte/) . En ella, además de la afirmación que da inicio a esta columna, hay otros conceptos que valen la pena revisar, sobre todo por aquellos que dudan de las capacidades de los entrenadores venezolanos y prefieren que a nuestra selección la conduzca cualquiera que sólo cumpla con el requisito de haber nacido fuera de nuestras fronteras. Pero volvamos al caos.

    En la exposición del técnico de Mineros de Guayana – ¿son estos sus últimos días en el equipo negriazul? – aparece la palabra caos como una virtud y no como enemiga del proceso evolutivo de un equipo de fútbol. Dentro de las definiciones de este fenómeno, en el sitio web Wikipedia se lee una que explica lo que el merideño plantea: “el caos es la complejidad de la supuesta causalidad en la relación entre fenómenos (eventualidad) sin que se observe una traza lineal que relacione la causa con el efecto”.

    Con esto Páez intenta convencer a sus futbolistas de algo que ya Marcelo Bielsa explicó hace un par de años: “yo miro videos para atacar, no para defender. ¿Saben cuál es mi trabajo defensivo? Corremos todos. El trabajo de recuperación tiene 5 o 6 pautas y chau, se llega al límite. El fútbol ofensivo es infinito, interminable. Por eso es más fácil defender que crear. Correr es una decisión de la voluntad, crear necesita del indispensable requisito del talento».

    El juego del fútbol es un acto indivisible. Atacar y defender son conductas hermanadas por algo más que un trabajo táctico: la actitud. Cuando el ex seleccionador vinotinto habla de generar caos, lo que realmente está haciendo es pedirle a sus futbolistas que jueguen según sus cualidades y su intuición. No es un llamado en contra del trabajo de la semana; todo lo contrario, es recordarle al jugador que es él quien tiene la potestad de decidir y que debe atreverse a ello, a vivir y a promover lo imprevisto. A hacer que pasen cosas.

    Columna publicada en el diario Líder el domingo 20 de Abril de 2.014

  • Hablemos de Bielsa

    De manera sorprendente ha empezado a correr un rumor que involucraría a Marcelo Bielsa en unas conversaciones con la FVF para convertirse en el próximo seleccionador nacional. Permítame dudar, y para ello expresaré dos razones que según mi criterio no serían las únicas pero sí las de mayor importancia.

    La primera de ellas tiene que ver con el carácter del ex seleccionador de Argentina y Chile. Hombre de proyectos, su llegada a un club o selección viene acompañada por el compromiso innegociable por parte de la dirigencia local de llevar a cabo modificaciones profundas en las estructuras de la institución que va a dirigir. Puede que el esquema de selecciones menores no sufra tanto aunque en nuestro caso seguramente ese sería un tema de suma importancia para el “Loco”.

    Bielsa se ha caracterizado además por su injerencia en la planificación y diseño de las ciudades deportivas, de esto dan fe y gracias clubes como Atlas de México, Vélez de Argentina y la misma selección chilena. Esta vocación chocaría violentamente con la realidad de los equipos venezolanos y con el modus operandi de una federación que está más cera de culpar a los marcianos que a su propia incapacidad por el inconcluso CAR.

    Por otro lado, Bielsa asiste cada fin de semana a la mayor cantidad posible de partidos de la liga local, algo que en Venezuela sería cuando menos una utopía, dada la incapacidad de la dirigencia para producir un calendario en el que cada juego se realice a un horario distinto, y ni hablar del problema de los vuelos nacionales, situación que probablemente evitaría que el rosarino pueda cumplir con esa meta. Todo esto se constituiría en la primera razón por la que no creo posible que el argentino acepte trabajar con la FVF.

    El segundo argumento es casi más importante que el primero y tiene que ver con la relación entre César Farías y Rafael Esquivel. El jefe está muy contento con el trabajo de su empleado; confía en que episodios como el protagonizado en la última rueda de prensa serán cada vez más esporádicos y está seguro de que con los jóvenes valores se logrará el sueño mundialista que hoy parece algo distante. Sabe que el de Güiria no goza del cariño popular pero para ello cuenta con el apoyo vitalicio de muchos que olvidan que el fútbol es un juego que se decide en el campo y no en clases de inglés, prácticas estas que alejarían aún más al argentino de ese futuro que muchos dicen ver.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 19 de septiembre de 2.013