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  • Los buenos, los baratos o los amigos

    Los buenos, los baratos o los amigos

    Para que un equipo sea competitivo es clave la conformación del staff técnico que dirigirá a los futbolistas. Contrario a los que se supone, el entrenador no es un tirano que dicta ordenes, sino parte de un cuerpo colegiado que intentará encontrar el mejor rendimiento de ese colectivo humano que comandan.

    La realidad nos demuestra que un entrenador será tan bueno como aquellos que lo rodeen. No es casual que los conductores más admirados a nivel mundial, aquellos que son tomados en cuenta, más que por sus triunfos por sus reflexiones y capacidad de innovación, se codeen con auxiliares o ayudantes que los desafían permanentemente. De nada vale hacerse acompañar por alcahuetes que digan sí a todo; una idea, así como su evolución, nace del intercambio de visiones.

    El multimillonario norteamericano Warren Buffet así lo cree. Una de sus reflexiones más conocidas es aquella que reza:

    “Contrata a los mejores y déjalos hacer lo que saben. Si no, contrata a los más baratos y que hagan lo que tú digas”.

     

    Analicemos rápidamente quienes acompañan a Josep Guardiola y a José Mourinho, por citar a los entrenadores que más pasiones levantan en la actualidad.

    Con el catalán trabajan Domènec Torrent (Primer Asistente), Carles Planchart (Asistente y Analista de Rendimiento) y Lorenzo Buenaventura (Preparador Físico). Los tres han estado a su lado desde tiempos en que Pep dirigía al Barcelona B. Este grupo, que puede catalogarse como el núcleo duro del “Guardiolismo”, se completa con Manel Estiarte, posiblemente el waterpolista más importante de la historia, quien se encarga de ser una especie de confidente del entrenador y, al mismo tiempo, sirve de apoyo para los futbolistas. En Barcelona tuvo otros colaboradores que luego se mantuvieron en el organigrama blaugrana, mientras que Múnich también contó con la colaboración de técnicos bávaros. En Manchester se ha sumado a Mikel Arteta (recientemente retirado del fútbol) y a Rodolfo Borrell, quien estuvo en el Liverpool de Rafael Benítez.

    En el equipo de Mourinho destacan dos nombres por encima de los demás integrantes: Rui Faría (Preparador Físico) y Silvino Louro (Entrenador de Arqueros), ambos de largo recorrido con “Mou” desde hace mucho tiempo. El caso de Faría es muy interesante, ya que según el propio DT, su mano derecha sería, en caso de separarse del staff que conduce José, un maravilloso primer entrenador.

    Puedo también mencionar el ejemplo del FC Barcelona. La llegada de Luis Enrique vino acompañada de varios profesionales de primerísimo nivel, como Robert Moreno (Asistente), Rafel Pol (Preparador Físico y autor del libro “La Preparación ¿Física? en el fútbol), Joaquín Valdés (Psicólogo) y Juan Carlos Unzué (Primer Asistente), el candidato número uno a sustituir al actual entrenador blaugrana.

    Aprovecho la mención al trabajo de Luis Enrique para recomendar el documental “Los hombres de Lucho” en el que puede observarse a éstos y otros integrantes de ese staff.

    Analizados brevemente los casos anteriores, cabe preguntarse si, en nuestro fútbol, cuando se contrata a un entrenador, se tiene en cuenta quiénes lo acompañan, qué metodología de entrenamiento emplean o cómo se conducen en cada una de las situaciones de riesgo que vivirá un equipo de fútbol. De nada vale sumar gente que poco o nada hacen por actualizarse y que creen, equivocadamente, que su formación, sostenida exclusivamente en el conocimiento empírico, es suficiente para potenciar los recursos de sus plantillas. Los amigos son los amigos, ya lo sé, pero estos pueden terminar por hundir un aparentemente bien sustentado proyecto.

    Esto lo planteo tras un nuevo episodio que confirma al fútbol venezolano como tierra fértil para el disparate. Tras una victoria 2-0 ante Mineros de Guayana, Juan Cruz Real, hasta ese momento entrenador de Estudiantes de Mérida, renunció a su cargo, denunciando una injerencia inaceptable. Su declaración al programa radial “Tiempo de Fútbol” debería hacernos reflexionar sobre lo que aquí planteo y lo que algunos, equivocadamente, creen que es la labor dirigencial.

     

    @juancruzreal :»hay diferencias con la directiva en cuanto a la conformación del 11 titular y eso le compete al DT»

     

    @CesarToni :»puede ser que hubo diferencias con el DT por jugadores que están a buen nivel y hoy no fueron titulares»

     

    Y es que lejos de mejorar las estructuras institucionales, la gran mayoría de los directivos del fútbol criollo aspiran, casi exclusivamente, a ganar trofeos, como si estos fuesen la receta que respalde la estabilidad del club. La historia de nuestro fútbol nos recuerda que ni los éxitos ni la penetración social garantizan la existencia de los equipos. Marítimo y el Unión Atlético Maracaibo son sólo dos ejemplos de lo que aquí argumento. Hace falta un trabajo concienzudo, preciso, profundo y reflexivo para reafirmar, día a día, la continuidad de la institución, y este no se cultiva con injerencias sin sentido de quienes invierten el dinero. Si se confía en quienes deben dirigir las distintas áreas de un club, ¿por qué creer que cualquiera, sin la adecuada formación, puede hacerlo mejor?

    Luego de un episodio como el que aquí repaso, ¿qué entrenador va a creer posible el desarrollo de un proyecto en esa institución? Alguno asumirá la dirección técnica de Estudiantes, pero el equipo, o mejor dicho, la directiva, ha quedado en fuera de juego: cruzaron una frontera de la que no se vuelve con facilidad. Por ello vale la pena preguntarse si en el fútbol venezolano se contrata a los mejores, a los más económicos o a los más amigos. En la respuesta puede que se encuentre parte del diagnóstico de nuestros males.

    Columna publicada en El Estímulo, el 03/04/2017

  • El arte de defender

    El arte de defender

    A raíz de la actuación de la Selección Vinotinto Sub-20 en el pasado campeonato sudamericano, que se saldó con la segunda clasificación a un mundial de la categoría, ha quedado en el aire la necesidad de discutir y profundizar sobre lo que significa defender y atacar en el fútbol. De no hacerlo, el entendimiento de esta maravillosa disciplina será cada vez menor.

    Comencemos por reiterar una noción que debe ser comprendida: atacar y defender no son conductas disociadas; es imposible entender una sin la otra. Por ello, cuando un protagonista declara que el primer defensor de un equipo es su delantero más adelantado o que el primer atacante es el arquero, no está vendiendo humo ni mintiendo: el fútbol, al igual que la gran mayoría de los deportes de conjunto, no puede comprenderse a través de esa especie de amputación de momentos que sólo benefician a la banalidad. Este deporte es un todo, y como tal debe observarse.

    Pero para no hacer de esta reflexión un testamento sin fin, concentraré mis esfuerzos exclusivamente en lo que significa defender en un equipo de fútbol, esto es repeler o intentar neutralizar los avances y ataques del rival. Pueden ejercerse estas conductas con la titularidad del balón o sin ella, porque, al fin y al cabo, no hay mejor manera de evitar el avance enemigo que quitándole la herramienta de trabajo.

    Claro que también hay que considerar un tema espacial, pero me mantendré en lo básico, ya que para las profundidades del tema podemos utilizar otros foros.

    Defender correctamente trae como consecuencia que el contrario no produzca situaciones reales de gol. Si nos trasladamos a un deporte como el baloncesto, la correcta implementación de las estrategias defensivas evitará que el equipo rival goce de oportunidades claras para encestar. El concepto parece ser indiscutible, pero en el fútbol, este se manipula a la conveniencia de todo aquel que necesite caer en gracia del poder o el protagonista de turno. Es por ello que muchas veces, a pesar de que el portero fue la figura de su equipo, se alaba, sin mayor apoyo que las tripas, al comportamiento defensivo de un conjunto, sólo porque el adversario no pudo anotar.

    Procedo a citar dos ejemplos que involucran a los mismos protagonistas aunque con dos años de diferencia. Me refiero a dos semifinales de la Liga de Campeones, protagonizadas por el FC Barcelona y el Chelsea.

    En la primera de ellas, en el partido de vuelta en 2009, el club catalán superó al equipo inglés gracias a un espectacular remate de Andrés Iniesta, y para muchos, quedó la sensación de un equipo blaugrana totalmente superior. Pero las estadísticas nos recuerdan que, en aquel partido, los dirigidos por Pep Guardiola apenas pudieron disparar una sola vez bajo los tres palos del arco que defendía Petr Chech

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    Aunque el resultado no haya sido favorable para el equipo de José Mourinho, este, aún sin la posesión del balón, ofreció una clase magistral de cómo defenderse ante el que en aquel momento era considerado el mejor equipo de Europa.

    La clasificación blaugrana a la final hizo palidecer al maravilloso dispositivo defensivo del conjunto británico, lo que en sí mismo debería destrozar cualquier referencia al resultado como explicación de este deporte.

    Dos años después, los mismos equipos volvieron a cruzarse en la misma instancia de la competición continental. En aquella ocasión, los británicos eran dirigidos por el italiano Roberto Di Matteo, y en aquellos enfrentamientos, los españoles generaron hasta once ocasiones claras por cuatro de su contrincante. El periodismo, adicto a las emociones fuertes sin mayor reflexión, estableció que la victoria azul se originó en un correcto comportamiento defensivo, lo que, si recurrimos a las estadísticas finales de aquella llave, es insostenible.

    Repasemos los números: Barcelona remató treinta y seis veces (Chelsea apenas lo hizo en once ocasiones), y aunque no consiguió la clasificación, superó sin grandes problemas a la retaguardia “blue”. A diferencia del Chelsea de Mou, aquella versión de Di Matteo dejó la impresión de haber descuidado importantes conductas defensivas, haciendo del amontonamiento de jugadores cerca de su área su mejor respuesta.

    Hay miles de episodios más que sustentan lo que aquí trato de explicar. El espíritu de cualquier dispositivo defensivo es justamente lo contrario a lo mostrado por aquel conjunto inglés que ganó la Liga de Campeones de Europa. Cuando un equipo genera hasta veintiséis ocasiones por partido, deja en evidencia la no fiabilidad de las conductas preventivas del rival; el éxito de ese dispositivo defensivo dependerá, casi exclusivamente, de la fe, la suerte y hasta del santo de turno. Juan Manuel Lillo, mano derecha de Jorge Sampaoli en el Sevilla, dijo en alguna ocasión, que » los que juegan con todos atrás y con Dios adelante, no necesitan jugadores, sino un milagro«.

    Esta pequeña exposición viene a colación de la glorificación del cerrojo que utilizó la selección venezolana en el pasado sudamericano sub-20. Como demuestran las estadísticas de CONMEBOL, este equipo recibió treinta y un disparos bajo los tres palos, que se tradujeron en siete tantos en contra. Debo recordar que las ocasiones contadas se refieren exclusivamente a aquellas que pudieron convertirse en anotaciones para los rivales. Si sumamos que la organización del torneo y los propios entrenadores de las otras elecciones coincidieron en que el futbolista diferencial de toda la competencia fue Wuilker Faríñez, no queda más remedio que concluir la propaganda se cae por sí sola.

    Esta reflexión no es una crítica a la forma de juego del equipo criollo -el cual debemos seguir analizando en otras ocasiones- sino un llamado de atención: en el fútbol no hay nada escondido. A propósito de ello, el entrenador español Oscar Cano Moreno, uno de los más respetados conocedores del juego hoy en día, escribió en su cuenta de Twitter una frase que constituye una importante advertencia : «Cómo me gustaría alguna vez que hablásemos bien de quien no gana, que dejemos de inventarles capacidades a quienes obtienen la victoria«.

    La propaganda seguirá existiendo porque muchas bocas que necesitan comer (o viajar, si usted lo prefiere), y no hay mejor manera de conseguirlo que adhiriéndose al poder. Pero usted, que ha llegado hasta hasta el final de estas líneas, sabe muy bien que el fútbol, al igual que la vida, no se bate entre blancos y negros, sino que son los matices los que nos ayudan a comprender esta actividad, y es en ellos en donde se encuentran las grandes lecciones.

    Columna publicada  el 13/02/2017 en http://elestimulo.com/blog/defenderfutbol/