Etiqueta: Mundial

  • Naufragio catarí: Día 8

    Naufragio catarí: Día 8

    -. ¿Hacia dónde marcha la selección argentina en este mundial? Si se camina más allá de la muralla emocional que rodea al equipo de Lionel Scaloni, se observa a un equipo que se debate entre los pilares que la llevaron a este torneo y algunas lagunas que deberían alarmar a los animadores patrioteros. Han sufrido durante 180 minutos porque les ha costado ejecutar con consistencia la globalidad del juego. ¿A qué me refiero con esto? Este deporte es un juego de espacios y para encontrarlos hay que considerar la totalidad del campo. Estos espacios útiles aparecerán a través de la dinámica de los futbolistas, el ritmo con que se mueva la pelota y el posicionamiento de los futbolistas. Sin estos tres elementos es posible que el juego se concentre en una zona del terreno y se desaprovechen las otras. Hace unos días, el entrenador hispano-venezolano Adolfo Rodríguez, que hace vida en el fútbol noruego, me recordaba el principio de jugar a diferentes alturas para atacar los espacios que libera el rival, algo que apenas ha sabido explorar Argentina en dos partidos. Un ejemplo de la correcta aplicación de esa fórmula se dio en el gol de Lionel Messi, cuando la selección albiceleste mezcló distintas velocidades y alturas, condujo para atraer rivales y el 10, uno de los más eficaces sabuesos de espacios que se haya visto, hizo lo que mejor sabe hacer: explotar hasta la más mínima debilidad del rival. Sin embargo, hay otra pieza en el rompecabezas que Argentina no está encontrando, y esta es la estabilidad emocional. Jugar bien al fútbol requiere cierta cuota de paciencia para no caer en las arenas movedizas de la ansiedad. Esa serenidad tiene diferentes raíces. Un puede ser eso que llaman experiencia, que no es otra cosa que estar habituado a competir en episodios de máxima exigencia. No obstante, hay quien dice que la experiencia es un peine que te dan cuando ya no hay más pelo que peinar. Otra es la confianza y el reconocimiento de unos patrones reconocibles. Esos rasgos del equipo no mienten y si se atiende a los reportes técnicos que emite FIFA tras cada partido se advierte a un equipo que, una vez progresa en el campo, estrecha el campo, concentrando su radio de acción a zonas centrales mientras limita su juego por las bandas. Lo hizo ante Arabia Saudí y lo repitió frente al seleccionado mexicano. Al mismo tiempo, a Scaloni no se le puede acusar de inmovilismo. En ese primer partido, Messi pasó la pelota con mayor frecuencia a Nicolás Otamendi y a Leandro Paredes, mientras que en el segundo, Alexis MacAllister y Rodrigo De Paul fueron sus conexiones habituales. El seleccionador y su staff actuaron, y el futbolista más influyente tuvo mejores apoyos. Les queda por delante administrar la ansiedad y mejorar la ocupación del campo, tareas complicadas en cualquier contexto, más aún en medio de competición que no regala oportunidades.

    -. Hay algo de justicia poética en que el primer gol de Canadá en los mundiales lo haya convertido Alphonso Davies y no me refiero a su historia de supervivencia, que de por sí es tan fabulosa como su juego. A Davies le etiquetan como prototipo del futbolista moderno, teniendo como sustento para esa sentencia su biotipo, cuando en realidad, y si nos atenemos exclusivamente al juego, el zurdo del Bayern Munich es un futbolista de toda la vida, de aquellos que saben jugar. Una de las tantas confusiones que hacen vida en este deporte es la limitación que acompaña al hombre-jugador cuando se le describe desde la posición que ocupa y no del rol que desempeña. Juan Manuel Lillo le recuerda a todo aquel que le pregunte que “el fútbol se juega desde la posición y no en ella”. Nada de eso atiende a la modernidad que venden los propagandistas de la nada. Conrad Lodziak escribió, en su libro de 1966 “Understanding soccer tactics”, una descripción sobre el estilo de impulsar el balón y desmarcarse que así lo confirma: “Más que ningún otro estilo de juego éste encarece el movimiento de los jugadores sin posesión del balón y junto con el pase de pared, un rasgo típico dentro de esta modalidad de juego, han representado una contribución al progreso del fútbol. No hay nada fundamentalmente erróneo en el ‘impulsar el balón y desmarcarse’, sino por el contrario muchos motivos para recomendarlo”. Ya lo advirtió Dante Panzeri uando escribió que “No hay nada nuevo, sólo lo antiguo lo parece”.

    “El anonimato en el mundo de los hombres es mejor que la fama en los cielos, porque, ¿qué es el cielo? ¿Qué es la tierra? Todo ilusión.” Jack Kerouac, On the road.

  • Naufragio catarí: Día 7

    Naufragio catarí: Día 7

    Ni un día ha pasado de la Copa del Mundo sin que se hable de preparación física. No del estado físico sino de la preparación. Pasan los años y esa masa de pensamiento homogéneo que se presenta como expertos en fútbol no encuentra otra muletilla diferente. Si no hay nada que decir pues se habla de preparación física. El estado físico del futbolista está relacionado a su salud, a la aptitud que lo avala para jugar cuando deba hacerlo. Para conocer esa idoneidad basta con estar atentos a los comunicados que emergen de los cuerpos médicos de cada equipo. Pero, en cuanto a la preparación física, ¿cuáles son los parámetros científicos que nos habilitan a hablar de ella con tanta ligereza? Pongamos un ejemplo muy común: la recolección de datos que se lleva a cabo tras un entrenamiento o un partido permite a los entrenadores y a su staff tener una idea más clara del rendimiento de cada jugador, no obstante que éstos se acumulan y estudian posterior al evento, desde diferentes tribunas, sin la preparación mínima ni el acceso a esa información, se debate sobre ese aspecto con una altanería exclusiva de nuestra especie. Aún así, se hace necesario desmitificar a la preparación física para de una vez por todas asimilar que en realidad, el trabajo no es físico sino futbolístico.

    Póngase atención a las palabras de Francisco Seirul.lo del año 2009: «Hacer algo que no acontece en el juego es ridículo., por esto, no podemos pensar que el futbolista mejora su resistencia corriendo en la playa, sino que en todo caso mejorará su salud, ¡y la salud es buena! Y si estás en un gimnasio haciendo pesas, sucede lo mismo, no puedes decir que estás entrenando la fuerza para el fútbol, ¡es imposible trabajar la fuerza para el fútbol en un gimnasio! Ya que en un contexto tan complejo como es el juego del fútbol, no podemos mejorar obviando esta complejidad.» Por otra parte, José Mourinho (2003) también se ha manifestado sobre este escabroso asunto: “La forma no es física,a forma es mucho más que eso. Lo físico es lo menos importante para alcanzar la forma deportiva. Sin organización y talento para explorar un modelo de juego, las deficiencias son explícitas, pero poco tiene esto que ver con la forma física.” Uno puede preguntarse algo tan básico como para qué entrena un futbolista y rápidamente se concluirá que para jugar al fútbol. En este juego, hay una serie de interacciones y reacciones que evitan la linealidad con la que se pretende explicar el rendimiento de un equipo o un jugador.

    Rafel Pol, licenciado y doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, y “Preparador Físico” de la selección española respondía, en 2017, ante una pregunta sobre el objetivo de su área de trabajo lo siguiente: “Eso de los picos de forma daría para un debate muy largo, pero es un poco un mito extendido en muchos ámbitos. Al final, el objetivo de la preparación es que el entrenador pueda tener, los mayores días posibles del año, a los veintipico jugadores que seamos en condiciones para realizar lo que él les exige para nuestra forma de jugar. A partir de ahí, ¿qué significa un pico? Muchas veces, en los partidos en los que pierdes y da la sensación de que el equipo ha estado peor, cuando tu miras los datos físicos, físicamente ese partido ha sido mucho más exigente, el jugador ha dado más. Sería casi contradictorio que en los momentos en los que el equipo da la sensación de estar peor a veces es cuando más corre y en los momentos en los que está mejor no tiene tanta exigencia”.

    Pensar el juego no es repetir cifras de kilómetros recorridos ni especular sin evidencia alguna sobre el agotamiento de los futbolistas, más aún cuando, como en toda actividad cooperativista que realice el ser humano, es el cerebro el músculo que sufre mayor desgaste. Vivir el juego es intentar adentrarse en la comprensión de qué hizo, cómo lo hizo y en función de qué acontecimientos el futbolista recorrió la distancia que publican los medios. Ese es el primer paso para desterrar tanta inmundicia que nada dice de fútbol y que únicamente ayuda a rellenar espacios mediáticos, así como satisfacer otra de las grandes miserias de la especie: hablar sin saber de qué carajo estamos hablando.

    «Un espantajo turbioUn despiadado másCaníbal de operetaPedazo de pendejón«
    Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.
  • Naufragio catarí: Día 4

    Naufragio catarí: Día 4

    ¿Se puede ganar aún cayendo en el marcador? Rotundamente sí. Alemania y su Deutscher Fußball-Bund (Federación Alemana de Fútbol) mostraron el camino a seguir: cuándo más imbatible se siente el poder es cuándo más débil es. El aprendiz a truhán que conduce a la FIFA, el siempre mal asesorado Gianni Infantino, demostró su infinita estulticia al prohibir el brazalete arcoíris, ese que no promueve invasiones, guerras, dictaduras o represión, todas actividades de las que la dirigencia del fútbol sí se ha beneficiado desde tiempos inmemorables. Bastó con taparse la boca antes del inicio del partido ante Japón para que el mundo entero recordara qué clase de personajes rigen al organismo. No se olvide que esa institución tiene su sede en Suiza  gracias a una serie de beneficios legales y fiscales que hicieron posible toda la corrupción en el fútbol. La castigada y la que barrieron bajo la alfombra. Recordemos también que quienes fueron a juicio no estaban  acusados ni perseguidos por la organización del fútbol. Y tampoco dejemos de lado que aquellos no fueron los únicos tramposos sino los tontos útiles cuyo encarcelamiento ayudaba en el control de daños. Alemania se tapó la boca para recordarnos que un mundial es la fiesta de los futbolistas y los hinchas, no el guateque de unos granujas que solamente tocan una pelota para promocionarse a ellos mismos. Si algo positivo dejan los bandazos del limitado heredero de Havelange y Blatter es que cualquier intención a recibir un Premio Nobel de la Paz ha quedado sepultada.

    España es pasión por el fútbol. También muchas otras cosas más. No obstante, esa efusividad fue el caldo de cultivo perfecto para que una banda de oportunistas creara la industria de hablar del fútbol y no de fútbol, como bien dice mi amigo Kike Marín. De esa manera, el público está informado de cada uno de los defectos de Luis Enrique así como del rechazo que genera en los mal llamados expertos mediáticos. Lastimosamente no del origen de sus decisiones futbolísticas. Opinar de fútbol requiere el pequeño ejercicio de aceptarse ignorante, de que no sabemos ni sabremos todo. Para hablar de fútbol hay que callar, observar, pensar y volver a dudar. Esta fórmula no es atractiva a los ojos de los envalentonados correveidile del poder, quienes recientemente se han visto amenazados por la aparición de las nuevas plataformas comunicacionales. Que el seleccionador se valga de esas herramientas también les molesta. Prueba de ello es que muchos que, como las vacas de Lezama a las que hizo referencia Javier Clemente, llevan décadas alrededor de este deporte y aún no saben explicar qué es un falso nueve, materia en la que sí se sumergió Luis Enrique hace unos días. Aún así, la posibilidad de acusarlo por la baja de José Luis Gayá fue más fascinante. Mentiras, sensaciones y fake news, ese es el mundo de los chantas. Le acusaron de anti madridista, de enchufar a su yerno… Pocos se dedicaron a hablar del juego y de lo que pretendía el seleccionador. Ante Costa Rica dieron otra clase de desprecio por el fútbol cuando la única justificación que encontraron para la titularidad de Rodri como defensor central fue su altura. No su juego, ni su capacidad de asociarse con sus compañeros, ni la conexión con Busquets para construir una salida limpia ante un rival sin mayores pretensiones atacantes, o mucho menos que en el Manchester City también ha cumplido con ese rol. Ah, es que al City tampoco se le ve, por razones obvias, o mejor dicho, por el odio de toda la vida. Tenemos un gran problema sin solución aparente: antes, el bar se nutría de lo que leía o escuchaba; hoy, por el contrario, el bar manda. Esto se fue al carajo en el momento en que se le dio mayor relevancia al ser seguido que a ser respetado. Tiempos en los que los patos disparan a la escopeta.

    ¿Qué es el gol? Es una consecuencia de una serie de acciones. Está la agilidad del rematador, la carambola, la eficacia y la suerte, pero sobre todas las cosas, está el juego. En el baloncesto está más que aceptada esta fórmula, no obstante, en el fútbol seguimos empeñados en asociar la anotación de un gol a la última secuencia de la película. Y esta es la razón por la que se vende que el gol es cosa de un futbolista. Sería estúpido renegar de las condiciones de los atacantes y otros futbolistas cuya relación con el gol es especial, pero también lo sería desconocer que el fútbol es un juego colectivo, una sucesión de hechos complejos, Paco Seirul.lo dixit, interconectados que terminan en la anotación de un tanto. El triunfo de España ante Costa Rica demostró que mientras mejor se juegue más cerca se está de vencer al oponente. Y jugar bien, como se dijo en alguna de estas cartas, responde a la correcta interpretación de cada circunstancia del juego, no a las estadísticas que tanto manosean los comerciantes de pescado podrido.

    “Uno se hace mayor cuando las cosas que no sabe son más que las que sabe, y que a veces la felicidad, o la supervivencia, consiste en un pacto tácito acerca de la conveniencia de la mentira, entendiendo mentira como la verdad que no interesa a nadie porque seríamos peores con ella». Manuel Jabois. Miss Marte

     

  • Fútbol con Ignacio Benedetti, capítulo 1

    Fútbol con Ignacio Benedetti, capítulo 1

    Primer episodio de Fútbol con Ignacio Benedetti, temporada 2018-2019.

    La pelota, qué hacer con ella, la disposición del balón y otras cosas más

  • ¿Defender o atacar? ¡Jugar!

    ¿Defender o atacar? ¡Jugar!

    Durante muchos años, diría décadas, se nos ha hecho creer que en el fútbol existen dos conductas: atacar y defender. El discurso casi oficial es el de que son dos manifestaciones totalmente aisladas, sin nada que las una más que los jugadores, cuando en realidad no son dos sino un solo comportamiento, uno que se conoce como jugar y que no puede ser disociado en partes.

    Claro que existen otros deportes colectivos en los que, por su naturaleza, o por las distintas interrupciones que permite el reglamento, sí que podemos divisar una separación que permite hablar de ataque y defensa como dos facetas. Pero no en el fútbol.

    Me explico: en el fútbol americano (NFL), las normas establecen que cada equipo tendrá en fase de ataque hasta cuatro oportunidades para superar una distancia de diez yardas. A su vez, el equipo que defiende podrá, una vez que el ovoide se ponga en movimiento, interrumpir ese avance, hacer retroceder al rival y hasta quitarle la posesión del ovoide, caso en el cual podrá, incluso, anotar. Pero si los cuatro intentos antes mencionados pasan sin que el atacante avance el mínimo de diez yardas, el equipo que estaba a la ofensiva pasará a la defensiva, lo que supondrá un cambio total de jugadores; no olvidemos que en ese juego hay equipos ofensivos, equipos defensivos y equipos especiales. Lo mismo sucede con el equipo que defendía y que ahora hará de atacante.

    Además, el fútbol americano posee pausas entre cada jugada, tiempos fuera y alguna que otra interrupción que hacen más lento su desarrollo. Lo mismo sucede con el baloncesto, deporte mucho más dinámico que el fútbol, pero que goza de substituciones indefinidas, tiempos muertos y hasta tiempos de televisión.

    En cambio, en el fútbol se puede decir que los veintidós futbolistas que están en el campo atacan y defienden en cada acción, por lo que de nada sirve, si realmente se pretende entender el espíritu de este deporte, hacer una separación entre ataque y defensa.

    Podría decirse que parte de la confusión -llamémosla así para no alimentar la presunción de mala intención sobre aquellos que promueven un fútbol dividido en fases- nace de otro gran error: pensar al futbolista en puestos antes que en roles.

    Si al futbolista le asignamos un puesto, por ejemplo, el de lateral derecho, cada vez que éste se atreva a salir de esa demarcación para proyectarse por su banda, o para hacer de volante interior, estaremos ante un alejamiento peligroso de su zona. Pero si al futbolista se le asignan roles, tendrá la libertad de pensar y ejecutar siempre según lo que la jugada exige. La posición somete y tiraniza; el rol es libertad a partir del conocimiento y la interpretación.

    Volvamos al tema en cuestión.

    La primera reacción cuando vemos a un equipo avanzar en el campo hacia el arco contrario es pensar que está “atacando”. Si pensamos en el concepto de atacar como la intención de conquistar territorio rival, la visión no es del todo incorrecta, pero, y aquí es donde le planteo al lector que acompañe esta reflexión, si entendemos que con cada avance, ese equipo dispone del balón y se aleja de su propia portería, nos daremos cuenta de que, atacando también está defendiendo.

    Pero hay más. Si los ataques de ese equipo se organizan de tal manera de que participen la mayoría de sus integrantes, con la intención de empujar al rival hasta su propio arco, es, salvo excepción que confirme la regla, una manera de promover la organización defensiva en caso de que pierda la titularidad del balón. Intentaré ser muy claro: si cuando nos quitan la pelota, estamos todos cerca del rival y de nosotros mismos, ese contrario, ahora con la titularidad del balón, encontrará menos oportunidades de pase, y eso, cortar las vías de comunicación es una maravillosa forma de defender. Pero ello dependerá de cómo se ataque.

    Ahora bien, si un equipo es atacado por el contrario y pretende robarle el balón, el éxito de la recuperación de la pelota dependerá de las distancias de relación entre cada uno de sus integrantes. Si se dedica simplemente a rechazar con pelotazos, el rival rápidamente recuperará el balón y la iniciativa, pero si en cambio, al recuperar la titularidad del balón, el equipo se adapta inmediatamente a la situación, podrá salir, en corto o en largo, de una manera más efectiva.

    cesar-menotti

    César Luis Menotti repite permanentemente que en el fútbol hay cuatro acciones del juego: defender, recuperar la pelota, gestar jugadas y definir, y no miente. Lo que quizá nos falta a todos es intentar explicarle al público que estas acciones no pueden darse de manera separada o individual.

    En conclusión, ni atacar ni defender ganan mundiales u otros torneos. Para salir victorioso es necesario jugar mejor que el adversario, y, como esto es fútbol y no baloncesto o fútbol americano, para lograrlo hay que rendirse a la evidencia de que jugar es una sola conducta y no la suma de facetas.

    Imágenes encontradas en internet. Créditos a quiénes corresponda

     

  • A propósito del Mundial Rusia 2018

    En mi canal de Youtube estaré subiendo algunas reflexiones sobre el juego y algunos de sus condicionantes. Le advierto al lector que no aspiro a nada más que compartir estas opiniones, y que la militancia en aparentes verdades absolutas constituye lo más alejado del espíritu de este intento.

    En esta ocasión dejo dos videos, uno sobre la construcción de un equipo antes de un torneo como el mundial, y el segundo, sobre la adaptabilidad como valor fundamental.

    1.- Video sobre la construcción:

     

    2. Video sobre la adaptabilidad: