Etiqueta: Natalia Balagué

  • Naufragio catarí: Día 15

    Naufragio catarí: Día 15

    -. ¿Qué es el pasado? Podría decirse que se trata de la suma de experiencias anteriores al tiempo presente. El problema con aquello que es lejano es que nuestra mente conspira contra el recuerdo concreto y ajustando a aquello que vivimos. Somos seres emocionales, programados para modificar levemente las memorias y así adaptarlas casi exclusivamente a las sensaciones que deseamos invocar. El pasado ayuda a definirnos porque es el conjunto de vivencias y acciones que constituyen buena parte de nuestro ser. Sin embargo, el pasado, aún respetando su influencia, no es el único elemento predominante en las decisiones que tomamos; son tantos los condicionantes que cuantificarlos es imposible, uno de esos ejercicios de soberbia que tanto define a nuestra especie. Aún así, en cuanto al fútbol, esos recuerdos los elevamos a niveles de certezas. Ya se sabe, el fútbol es el caldo de cultivo perfecto para engordar y multiplicar falsas verdades que únicamente cumplen con el objetivo de hacer sentir bien a quién las enuncia.

    -. Con ese pasado convertido caprichosamente en el respaldo de pronósticos y demás sentencias inverosímiles, se califica como sorpresa a todo desenlace que no se ajusta a las pretensiones previas a un partido. De esta manera se rechaza todo aquello que la Teoría de la Complejidad nos ha enseñado desde su desarrollo. Entre tantas lecciones, creo pertinente recuperar una reflexión de las doctoras Natalia Balagué y Carlota Torrents, hecha pública en el formidable libro Complejidad y Deporte, publicado en 2011, bajo el auspicio de la editorial INDE, especializada en temas relacionados con la educación física y el deporte: “En los sistemas complejos las relaciones entre los componentes varían con el tiempo y pueden ganar o perder importancia. Incluso el resto de los componentes puede adaptarse para substituir una función determinada, como sucede en el proceso de reinervación (formación de nuevos pies terminales en las motoneuronas para inervar fibras musculares vecinas que han quedado huérfanas) que se da en el cuerpo humano después de una denervación. Por lo tanto, mientras que los sistemas complicados pueden ser reducidos a la suma de sus elementos constitutivos (y dichos elementos a su vez descompuestos en un número finito de subelementos), los sistemas complejos no responden a esta característica. Sin embargo, ésta es habitualmente la estrategia que se sigue para comprender las funciones y el comportamiento del organismo humano…”

    -. Replicar comportamientos pasados es una utopía, es un irrespeto a los procesos de cambio que definen nuestra existencia. Croacia realizó un gran mundial hace cuatro años, sin embargo, la mayoría de las explicaciones referidas a sus posibilidades en el presente no se ajustan al presente sino a aquel episodio que habita en la neblina del recuerdo. Lo mismo puede decirse de Francia y de cualquier otro equipo al que se mire desde la óptica de las memorias. Las similitudes que se observan entre distintos episodios competitivos, como por ejemplo la selección croata avanzando de ronda tras los lanzamientos desde el punto penal, no son más que una semejanza con el ayer. El ser humano cambia a cada segundo, por ello, un equipo que está integrado por seres humanos que ejercen de futbolistas, no reincidir en su rendimiento sino tener elementos en común.

    -. Al fútbol vamos para emocionarnos, para sentirnos parte de algo y para distraernos. De la misma manera que asistimos al cine, a un concierto o nos sumergimos en un libro. No obstante, en el fútbol, aconsejados por los mercaderes de la mediocridad, sentimos la necesidad de encontrar certezas y desligarnos de la sorpresa, a pesar de que, en realidad, cada una de esas actividades a las que acudimos para enriquecer la existencia, cuenta con ese elemento destinado a asombrarnos. Un partido de fútbol es incertidumbre pura y dura, porque lo juegan seres humanos, lo que significa que la atención está puesta en las reacciones de cada uno de ellos, bajo la noción colectiva de este deporte, ante cada circunstancia. El fútbol, aunque le moleste a los agoreros que confunden azar con conocimiento, es circunstancia, es hoy, es incertidumbre, pero también es una fabulosa batalla entre las intenciones y lo posible. Alejarse de la emoción que produce la aparición del imprevisto nos convierte en seres cínicos y pedantes, a los que, como cantan Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, todo les es sufrido y muy aburrido.

    -. “Es previsible, visto lo que hizo Alemania y lo que hizo Japón, que Marruecos intente presionar lo más arriba a la selección española para provocar que tenga que sacar el juego desde atrás, pasando por el portero, por los centrales. España todavía no ha dado un pelotazo. Si lo hubiera dado en el primer gol de Japón, a lo mejor la situación hubiera sido otra. ¿No lo va a dar? O sea, ¿esto es absolutamente descartado en todas las situaciones?” Esta fue una de las preguntas hechas a Luis Enrique en la rueda de prensa previa al partido frente a Marruecos. Eso no es hablar de fútbol porque para debatir sobre este deporte hay que partir de la base de que juegan seres humanos que ejercen de futbolistas, por lo tanto, cualquier decisión que alguno de ellos tome tiene, entre tantos condicionantes, la posición de sus compañeros, el fútbol que siente, los infinitos estados emocionales y las circunstancias del partido. Ningún entrenador que se precie de serlo puede prohibir que un futbolista actúe según lo que crea conveniente. Por supuesto que hay una estrategia y también están las tácticas y las sugerencias, pero jugar es adaptare a las circunstancias y la comprensión del fútbol se sostiene en saber identificar qué comportamiento es el adecuado para todo aquello que emerge, que nace, que se presenta. Este es el mismo periodismo del fútbol, que no de fútbol, que hoy, en un medio publica que, tanto Alemania como Dinamarca, “han perdido la oportunidad de seguir adelante por no pasar por el aro como las demás y distraerse con detalles como taparse la boca en una foto antes de que comenzara un partido como protesta por la decisión de no poder lucir el brazalete con el lema ‘One love’ en apoyo a la comunidad LGTBI”. Son días muy duros los que viven los medios de comunicación. Inducidos por los intereses del gran negocio, pero también por la imbecilidad de quienes hacen todo lo que está a su alcance por ganar cierta notoriedad, habitan cómodamente en el ridículo. Notorios, no notables…

    «¿Qué dice sobre la vida el que tengamos que reunirnos y contarnos historias que violan todas las leyes del universo solo para pasar el maldito día?» Rust Chole, True Detective

  • Argentina y la fatiga cognitiva

    Argentina y la fatiga cognitiva

    El fútbol es un juego que en apariencia se juega con los pies. Pero realmente es una actividad en la que el mayor desgaste se produce en otro órgano: el cerebro. Como cualquier actividad, el fútbol requiere de una constante toma de decisiones, y ellas generan un desgaste importante, un cansancio. A eso se le conoce como fatiga cognitiva.

    La «Fatiga Cognitiva» es precisamente el desgaste natural que trae consigo el hacer. El cerebro necesita descanso, de la misma manera que las piernas, los brazos o un pie. De lo contrario, su actividad se verá influenciada negativamente por ese agotamiento, y costará aún más tomar las mejores decisiones.

    En lenguaje fútbol, cuando un futbolista sufre este desgaste se producen situaciones como que no encontrará a sus compañeros con la misma facilidad que si estuviese fresco; sus pases no tendrán la misma ejecución o intención, y le será muy difícil determinar la solución a cada situación que emerja del juego, esto es, por ejemplo, cuándo correr, cuándo pasar, cuándo quedarse, etc.

    ¿Qué ayuda a que esta fatiga cognitiva sea superior o vaya en aumento? La complejidad de la tarea, las emociones, el entorno y el contexto, en fin muchas cosas.

    Para este caso imaginemos que toca correr cincuenta metros. Seguramente cada uno de nosotros lo haría sin mayor dificultad. Ahora imaginemos hacer ese mismo recorrido llevando una bandeja con copas de cristal. Seguramente, tras varios intentos, muchos podrán perfeccionar su andar. Por último, sumemos a ese recorrido la intervención de rivales que desean interrumpir el camino. A medida que sea más compleja la tarea, mayor será el desgaste cognitivo.

    El ejemplo no me pertenece, así que créditos a quién lo haya creado.

    Probablemente lo mejor que se ha escrito sobre el tema en el fútbol pertenezca a Dani Fernández, entrenador español. En él hay, además del aspecto teórico, algunas formas de combatirla en los entrenamientos, por ello, mi intención no pasa por aconsejar “futbolísticamente” sino otorgar una visión al público en general.

    Jorge Sampaoli y su cuerpo técnico han tomado una valiente decisión: darle el día libre a los futbolistas. Conocedores del agotamiento que sufren la gran mayoría de sus futbolistas tras el año futbolístico, se han adaptado a la realidad, siendo esta que lo primero que deben hacer es recuperar a sus jugadores. Esto supone disminuir la intensidad de las sesiones de entrenamiento, así como darles herramientas para que la fatiga cognitiva disminuya. Sin duda que hay un componente físico en el juego, pero el mismo no puede separarse del cognitivo. No olvidemos que el juego es un todo.

    Estas medidas van de la mano con las cuotas de libertad que hoy se critican. Por ejemplo, que los futbolistas puedan salir a pasear, sin la supervisación de nadie, y con su profesionalismo como único consejero, es una opción fantástica: libera estrés, mejora la relación conductor-seguidores, y como si fuera poco, permite a estos futbolistas sacarse presión.

    Podría citarle muchos ejemplos que tienen como protagonistas a Pep Guardiola, a José Mourinho, a Luis Enrique, a Zidane o a otros, pero no quiero aburrirle. Lo invito a que busque cómo el propio Sampaoli gestionó este tema cuando conducía a la selección chilena. Nadie podrá olvidar el episodio con Arturo Vidal durante la Copa América de Chile, pero una excepción no invalida la herramienta.

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    En el año 2018, y tras los apabullantes logros de los entrenadores antes mencionados, es cuando menos sorprendente que el periodismo, tan a gusto tomando partido por alguno de estos grandes directores técnicos, no haya reparado en sus métodos, o tan si quiera en qué los acerca. Supongo que vende más hablar sobre lo que los aleja, o por lo menos lo que el periodismo cree que lo hace.

    Este es el periodismo que sigue pensando en el futbolista como un trabajador incapaz de reconocer las obligaciones de su labor, por ello exigen medidas que dificultan un buen rendimiento, y que ellos, sus promotores, no cumplen ni cumplirían.

    Sé que es una batalla perdida, pero de igual manera le recomiendo investigar sobre el pensamiento y la obra de estos nombres que daré, ya que son ellos los vanguardistas del entrenamiento y de juego que han estado trabajando por más de 20 años para hacer de este juego un juego más humano y menos estúpido.

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    Francisco Seirul.lo Vargas; Joan Vilà; Juan Manuel Lillo; Vítor Frade; Julio Garganta; Natalia Balagué; Carlota Torrents. Ellos y muchos más, con su comprensión de que la actividad deportiva es protagonizada por seres humanos, le han dado al fútbol mejores herramientas. Valdría la pena que expertos y analistas se informaran y dejaran de lado viejos lugares comunes.

    El fútbol sigue siendo el mismo de siempre. Lo juegan once jugadores y se enfrentan a otros once por la disposición de una pelota y con la intención de hacer un gol más. Lo que ha cambiado es la manera de entrenar, de hacerlo más humano.

    Fotografías cortesía de EFE y de la web. Créditos a quienes corresponda

  • Lecciones de fútbol, cortesía del PSG

    Lecciones de fútbol, cortesía del PSG

    El fútbol se ha convertido en la principal vitrina de nuestras miserias. Gracias a él no se sostienen las mentiras ni las poses; sesudos analistas que se desviven por mostrarse en la piel de la racionalidad quedan desnudos. El fútbol no perdona.

    La increíble e inexplicable derrota del PSG ante el Barcelona es quizá una de las muestras más claras de lo que expreso. El sincericidio cometido por estos mentirosos y oportunistas de turno podría servirle al público para identificar a estos malos actores. Pero las preferencias del «respetable» hace tiempo que dejaron se ser ejemplares.

    Tras el episodio vivido en el Camp Nou, lo más sencillo era señalar a Unai Emery como el único responsable de semejante catástrofe, al fin y al cabo, nos han educado a que rápidamente debe identificarse un culpable. De nada sirve recordar que ese equipo, el francés, ya supo perder partidos de vuelta, tras obtener importantes ventajas, ante el mismo Barcelona o el Chelsea, episodio este último en el que alguno de sus jugadores celebró anticipadamente la clasificación a la otra ronda, al igual que en esta ocasión frente a los catalanes.

    Antes de continuar debo aclarar que mi intención no es establecer una defensa al conductor del equipo parisino, sino demostrar que en este mundillo del fútbol todo vale y todo sirve siempre que se acomode a las necesidades de los expertos.

    Éstos analistas no solamente colocaban al español como uno los grandes entrenadores del mundo tras los resultados conseguidos al mando del Sevilla, sino que además aseguraban que sus métodos superaban largamente a los entrenadores que había tenido el equipo parisino anteriormente. En ninguno de esos postulados, los expertos invocaban sus estudios sobre los métodos del entrenador ni mucho menos profundas conversaciones con el protagonista; amparados por los resultados, los llamados analistas hacían bueno o malo el proceder de cualquier entrenador. Ignoraban además que los verdaderos protagonistas de esta actividad son los jugadores, y, como bien avisó Juan Manuel Lillo, para saber de fútbol hay que saber de futbolistas. Nadie tiene una varita mágica que pueda transformar en héroes a simples mortales.

    Voy a contar una anécdota, lejana el caso que nos refiere, pero que vivida en primera persona ayuda a comprender el origen de todas las mentiras y todos los juicios.

    Antes de un partido trascendental, un entrenador se acercó a dos de sus jugadores más inteligentes, aquellos que tenían un mejor manejo de la pelota y de las emociones, con la intención de recordarles cómo los iba a presionar el rival para quitarles la pelota. Esta instrucción era simplemente un recordatorio, ya que esa escena había sido practicada antes del duelo. A los 30 segundos del partido se produjo lo anticipado y uno de los futbolistas no reaccionó adecuadamente, lo que derivó en un gol del rival. Treinta segundos fueron suficientes para que un entrenador fuera crucificado por los llamados expertos, los mismos que hoy liberan de responsabilidad a otros entrenadores que son más de su gusto. En esa mala costumbre de buscar un responsable lo más sencillo era señalar al entrenador, porque además, esta conducta no implica una investigación, sino que es aceptada por la sociedad futbolera como única y válida respuesta a cualquier crisis.

    El futbolista que hago mención tampoco fue el único responsable de esa derrota. El fútbol es una actividad compleja, en la que no solamente intervienen un sinfín de elementos y factores, sino que, además, es dinámica, está en permanente movimiento; las sinergias producto de esa dinámica terminan siendo más influyentes aún que cualquier esquema, instrucción, o módulo táctico.

    Futbolistas y sistemas

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    Como explicaron Michel Crozier y Ernhard Friedberg (El actor y el sistema, 1990), “sobrevaloramos demasiado la racionalidad del funcionamiento de las organizaciones”.

    Convenientemente se olvida que un equipo de fútbol está compuesto por seres humanos, y que por más que cualquier dictadorzuelo de cuarta lo crea posible, los humanos sienten y reaccionan, jamás podrán comportarse como frías máquinas. Lo planificado siempre se enfrentará a lo que vaya surgiendo dentro de ese duelo conocido como partido de fútbol. Pasa lo mismo con nuestra existencia, pero el miedo a la incertidumbre impide que nos demos cuenta.

    Según Natàlia Balagué y Carlotta Torrents (Complejidad y Deporte, 2011), la complejidad se sostiene, entre otros principios generales, en el Principio de la Interdependencia:

    El funcionamiento de cada elemento depende del de los demás y cualquier modificación afecta a todo el conjunto. Los elementos no están aislados, siempre se relacionan con el nivel que les precede, con el que les sigue y con su entorno global… Por ejemplo, de la misma manera que una táctica deportiva surge por la interacción del juego desarrollado por los miembros de un equipo, dicha táctica se impone a su vez sobre los jugadores constriñendo su comportamiento individual”.

    Son muchos, quizá demasiados, los llamados especialistas que hacen mención a la complejidad para explicar fenómenos futbolísticos, pero una vez confrontados con la inmediatez que exigen y promueven las redes sociales, reaccionan como cualquier tertuliano de bar, que, dicho sea de paso, se comportan como aquellos que se autodenominan especialistas. Hablan de táctica y de estrategia, como si el jugador no fuese en sí mismo un productor de respuestas a las emergencias del juego.

    Insisto, no intento desligar a Emery de su responsabilidad. Vale revisar este video que subí a Twitter para entender que el entrenador español equivocó la estrategia:

    Fútbol de seres humanos

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    Siempre hay jugador y persona, y la persona va por delante. El fútbol es más sentimiento, complicidad, que pizarra o estrategia”. Pep Guardiola

    El gol de Sergi Roberto acabó con las aspiraciones del PSG. Neymar Jr., figura indiscutible del triunfo catalán, aseguró que antes de cobrar las faltas sugirió a su compañero a que fuera al área porque iba a convertir un tanto. Esta instrucción no convierte al brasileño en un visionario; sirve exclusivamente para que de una vez por todas se acepte que dentro del campo pasan cosas que quienes, desde afuera, entrenadores incluidos, no entenderemos. Sergi confió en el 11 y desafió las instrucciones de su entrenador, quien le pedía que se quedara en una posición más retrasada, preparando la pérdida del balón.

    Es por ello que debemos rendirnos ante una evidencia que contradice a las verdades absolutas que se promueven desde la TV, la radio y los espacios escritos: el jugador es el único intérprete del juego, porque el juego es dinámico y sólo quien lo protagoniza puede definirlo y actuar según las emergencias que nazcan durante los compases del juego mismo.

    Rosa Coba y Francisco Cervera, en su magnífico libro titulado “Fútbol: el jugador es lo importante”, plantean lo siguiente:

    Vigilamos movimientos, no personas que se mueven; formulamos repliegues, acosos, pérdidas de balón sin observar la voluntad de hacerlos. Y como nada es más práctico que una consistente teoría, ésta tiene visos de aunar bastante fuerza”.

    ¿Cuántas teorías, títulos, afirmaciones y supuestas certezas que aparecen en los medios se apoyan exclusivamente en la necesidad de algunos pocos de hacerse visibles a partir de hacer buena cualquier hipótesis, por más inverosímil que esta sea?

    Estando en Múnich pude comprobar que la relación de Pep Guardiola con sus futbolistas no era tirante ni se parecía a lo que los medios alemanes describían. Pero de nada valía todo lo que observé en los entrenamientos del equipo bávaro: a mi retorno a mí realidad, todo auello fue puesto en duda porque contrariaba lo que los expertos balbuceaban. Las mentiras tapan hechos reales: de haber sido real aquel cúmulo de afirmaciones que describían a una plantilla totalmente desligada de su entrenador, hubiese sido imposible que estos mismos futbolistas compitieran como lo hicieron.

    El fútbol da para todo

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    Unai Emery equivocó el análisis previo del partido, así como su planteamiento inicial. Aunque la ventaja de cuatro goles parecía casi irreversible, en frente estaba una de las delanteras más potentes del momento, el mismo equipo que ha dominado la última década del fútbol europeo. Por ello sorprendió a propios y extraños que la estrategia inicial partiera de semejante desprecio por la naturaleza propia del PSG, la misma que los llevó a dominar al mismo equipo catalán, apenas tres semanas atrás.

    Ahora bien, ¿acaso no se juegan varios partidos dentro de los partidos?

    Dentro de los noventa minutos que dura un duelo de fútbol son muchas las modificaciones que se suceden. Algunas de ellas producto de la reflexión del cuerpo técnico y otras, la gran mayoría, hijas de las sinergias que se producen entre todos los protagonistas. El avance de Sergi Roberto a posiciones de gol, aconsejado por su compañero, confirma lo expuesto. No fue un acto de rechazo a las instrucciones del entrenador sino una respuesta a una emergencia inmediata del juego.

    César Luis Menotti incluso afirmó, en defensa de la capacidad resolutiva del futbolista, que cuando un entrenador aísla al jugador de la dinámica del juego para darle alguna instrucción, no hace sino hacer énfasis en algo que ya pasó mientras ese futbolista de aleja de lo que está pasando.

    Tras el gol de Luis Suárez, el PSG reaccionó e identificó que el juego del Barcelona no los había empujado a esa inexplicable defensa por acumulación: ellos mismos liberaron al club catalán hasta el punto de permitir que sus defensores centrales jugaran casi en tres cuartos de cancha. Pero, así como no parece haber existido una notable intervención de Emery para cambiar lo propuesto, tampoco pudo identificarse en los futbolistas del club francés un acto de rebeldía, algo que hiciera pensar que podían recordar la victoria en el Parque de los Príncipes, no ya como un resultado, sino como un mapa, una hoja de ruta que les señalara cómo jugar ante el Barça.

    Olvidamos que en un equipo no existe la autonomía de sus integrantes. Todos y cada uno de los organismos que lo componen conviven en una relación de dependencia que promueve sinergias y respuestas casi inimaginables. Acusar a Emery de miedoso, señalar a Thiago Silva como un “contaminador” o a Di María de provocador es, cuando menos, limitar el análisis para favorecer una certidumbre que no es tal, pero que seguramente nos hace sentir bien. El reduccionismo hace bien para el ego pero disminuye nuestras capacidades cognitivas.

    Permítame que insista: el fútbol es incertidumbre, pura y dura. Con ello quiero decir que cada episodio, cada partido, debe revisarse como una muestra total y global, no por espacios ni recortes. Pero, además, hay que hacerlo con el convencimiento de que aun cuando creamos acercarnos a la conclusión, son demasiados los factores que no vemos, no comprendemos o ni tan siquiera sabemos que existen. El fútbol es de los seres humanos, y como tal, aceptémoslo, es, al fin y al cabo, dinámica de lo impensado

    “¿Quién puede indicar previamente, con exactitud, el producto de una cantidad innumerable de interacciones, si estas están en continuo dinamismo?”. Óscar Cano Moreno

    Fotografías encontradas en distintas webs, cortesía de la Agencia EFE