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  • Valverde y su FC Barcelona: un par de apuntes para seguirle la pista

    Valverde y su FC Barcelona: un par de apuntes para seguirle la pista

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    Finalizada la primera vuelta de La Liga, hay dos consideraciones sobre el Barcelona de Ernesto Valverde. Seguramente existen miles de matices más que deban ser examinados, pero en esta ocasión me ocuparé de dos que realmente me han llamado la atención.

    1.- El club catalán ha hecho del 1-4-3-3 una de sus señas de identidad. Con Valverde, el equipo ha adoptado otra disposición inicial, variando entre el 1-4-4-2 y el 1-4-4-1-1, dependiendo de dónde se mueva a Lionel Messi. Fueron tres los eventos claves que conspiraron para que el entrenador se inclinara a favor de esta modificación: la partida de Neymar Jr., las derrotas ante el Real Madrid por la Supercopa española y la lesión de Ousmane Dembélé.

    El conductor se apoyó en la coyuntura para promover un cambio con respecto a la versión más reciente del equipo blaugrana: volver, de una manera nada ortodoxa, al “mediocampismo”. Hago énfasis a la heterodoxia de la zona de volantes porque, a diferencia de otros modelos, este Barcelona emplea a una mayoría de mediocampistas que son ajenos al idioma blaugrana. Rakitic, Paulinho, André Gomes y ahora Coutinho, son futbolistas formados lejos del estilo Barça, y que sin distingo de sus capacidades comparten parcela con Busquets e Iniesta, los verdaderos guardianes del estilo. Sergi Roberto, otro hijo del estilo, apenas ha sumado minutos en el centro del campo: su aportación parte, mayoritariamente, desde la posición de lateral derecho.

    ¿Cuál ha sido el efecto inmediato de esta modificación? El Barcelona recuperó aquello de ser un bloque corto. Salvo por determinadas acciones de contragolpe, el equipo viaja junto hacia posiciones de ataque, una dinámica que le ha permitido recuperar la presión tras pérdida como una herramienta recurrente.

    Al estar tan juntos, el rival no encuentra líneas de pase ni compañeros desmarcados, por lo que la recuperación de la conducción de la pelota, en el caso blaugrana, es más probable que en tiempos del tridente. No hay tantas carreras como en la temporada anterior, y se siente una mayor influencia de los centrocampistas. Por ello se ha recuperado a la mejor versión de Iniesta, ya que, entre otras cosas, no se le exige que realice desplazamientos exagerados.

    Es un caso interesante el de Sergi Roberto. Hasta los momentos, Valverde lo ha utilizado como un lateral de largo recorrido, tarea que el de Reus ha cumplido a cabalidad, pero no sería de extrañar que, en partidos en los que Dembélé ocupe la banda derecha, cercano a Messi, Roberto cierre su posición, muy al estilo de lo que Johan Cruyff hacía con los laterales en el “Dream Team”, o el propio Pep Guardiola en el Bayern Múnich con Phillip Lahm y David Alaba. Si el entrenador utilizase ese recurso, el centro del campo blaugrana sumaría un barçaparlante más, el último que ha conseguido consolidarse en el primer equipo.

    2.- A los dos dispositivos iniciales elegidos por Valverde hay que agregarle dos fenómenos que han explotado bajo esta manera de jugar.

    El rol de Messi ha cambiado. Sigue siendo tan influyente como siempre, sólo que ahora está más y mejor conectado.

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    El argentino, gracias a que el equipo juega más junto, tiene más compañeros y mayores opciones de pase. Acercarse a Iniesta y a Busquets es mucho más sencillo.

    Además, su presencia ayuda a acumular rivales en una zona y liberar otras. Esta es una de las principales razones que explican el renacimiento o mejoramiento de la conexión suya con Jordi Alba. Atraer para liberar; ese principio está más vigente que nunca en la llave Messi-Alba.

    Si los movimientos de Messi llevan a que en ningún momento se pueda determinar con firmeza la figura que adopta el equipo, hay otro futbolista que en su propio caos hace aún más impredecible el andar del colectivo. Me refiero a Paulinho.

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    Sin ínfulas de originalidad, para referirme al volante brasileño he utilizado el apodo de “Cazador de Espacios”. Con ello intento describir lo que su juego aporta al conjunto blaugrana. Alejado de la ortodoxia del lenguaje Barça, Paulinho es un llegador nato, a quien en muchas ocasiones la pelota le estorba porque conducirla o disponer de ella le obliga a frenar, a bajar el tempo, y en esas arenas no se encuentra cómodo.

    De alguna manera, Paulinho ni es volante ni es delantero, pero cumple con ambos roles. Hay ocasiones en las que lo pienso como un enlace, pero no en el sentido rígido del término futbolístico, sino en su posicionamiento: siempre está entre volantes y delanteros, casi como una alcabala; se mueve bien con ellos, para ellos y por ellos.

    Paulinho no es un futbolista dúctil ni es claro en la construcción de juego. Lo suyo es identificar un espacio y ocuparlo. Con o sin balón. Por ello hace ruido en la elaboración de juego pero es imprescindible, es casi imposible de marcar en la zona de definición. Nunca está, llega. ¿Cuántas veces fue el delantero más adelantado de su equipo en el clásico ante el Real Madrid? No es Keita, y tampoco Cesc, pero llega mucho al área rival. Es vital seguirlo durante los partidos para que se entienda que los puestos y las funciones no deben estar nunca por encima de las exigencias del partido

    Messi es el caos pensado, mientras que Paulinho es el caos natural, sin mayor explicación.

    Para finalizar quiero hacer una referencia a la conducción de Ernesto Valverde. El extremeño reconoció, desde su primer día al mando del equipo blaugrana, que no era él y el grupo, sino que todos formaban un todo. Ha sabido ser uno más en un colectivo que debía cerrar puertas y ventanas, sanarse y luego reabrir nuevamente sus compuertas para crecer y evolucionar. Su liderazgo calmado hace recordar al bueno de Frank Rijkaard, y su discreción, siempre a favor del colectivo, ha hecho que pocos se pregunten si su equipo es lo que él soñó o si el entrenador, gracias a su sabiduría y su sensatez, hace lo mejor que puede con lo que tiene.

    Fotografías cortesía Agencia EFE

  • Lecciones de fútbol, cortesía del PSG

    Lecciones de fútbol, cortesía del PSG

    El fútbol se ha convertido en la principal vitrina de nuestras miserias. Gracias a él no se sostienen las mentiras ni las poses; sesudos analistas que se desviven por mostrarse en la piel de la racionalidad quedan desnudos. El fútbol no perdona.

    La increíble e inexplicable derrota del PSG ante el Barcelona es quizá una de las muestras más claras de lo que expreso. El sincericidio cometido por estos mentirosos y oportunistas de turno podría servirle al público para identificar a estos malos actores. Pero las preferencias del «respetable» hace tiempo que dejaron se ser ejemplares.

    Tras el episodio vivido en el Camp Nou, lo más sencillo era señalar a Unai Emery como el único responsable de semejante catástrofe, al fin y al cabo, nos han educado a que rápidamente debe identificarse un culpable. De nada sirve recordar que ese equipo, el francés, ya supo perder partidos de vuelta, tras obtener importantes ventajas, ante el mismo Barcelona o el Chelsea, episodio este último en el que alguno de sus jugadores celebró anticipadamente la clasificación a la otra ronda, al igual que en esta ocasión frente a los catalanes.

    Antes de continuar debo aclarar que mi intención no es establecer una defensa al conductor del equipo parisino, sino demostrar que en este mundillo del fútbol todo vale y todo sirve siempre que se acomode a las necesidades de los expertos.

    Éstos analistas no solamente colocaban al español como uno los grandes entrenadores del mundo tras los resultados conseguidos al mando del Sevilla, sino que además aseguraban que sus métodos superaban largamente a los entrenadores que había tenido el equipo parisino anteriormente. En ninguno de esos postulados, los expertos invocaban sus estudios sobre los métodos del entrenador ni mucho menos profundas conversaciones con el protagonista; amparados por los resultados, los llamados analistas hacían bueno o malo el proceder de cualquier entrenador. Ignoraban además que los verdaderos protagonistas de esta actividad son los jugadores, y, como bien avisó Juan Manuel Lillo, para saber de fútbol hay que saber de futbolistas. Nadie tiene una varita mágica que pueda transformar en héroes a simples mortales.

    Voy a contar una anécdota, lejana el caso que nos refiere, pero que vivida en primera persona ayuda a comprender el origen de todas las mentiras y todos los juicios.

    Antes de un partido trascendental, un entrenador se acercó a dos de sus jugadores más inteligentes, aquellos que tenían un mejor manejo de la pelota y de las emociones, con la intención de recordarles cómo los iba a presionar el rival para quitarles la pelota. Esta instrucción era simplemente un recordatorio, ya que esa escena había sido practicada antes del duelo. A los 30 segundos del partido se produjo lo anticipado y uno de los futbolistas no reaccionó adecuadamente, lo que derivó en un gol del rival. Treinta segundos fueron suficientes para que un entrenador fuera crucificado por los llamados expertos, los mismos que hoy liberan de responsabilidad a otros entrenadores que son más de su gusto. En esa mala costumbre de buscar un responsable lo más sencillo era señalar al entrenador, porque además, esta conducta no implica una investigación, sino que es aceptada por la sociedad futbolera como única y válida respuesta a cualquier crisis.

    El futbolista que hago mención tampoco fue el único responsable de esa derrota. El fútbol es una actividad compleja, en la que no solamente intervienen un sinfín de elementos y factores, sino que, además, es dinámica, está en permanente movimiento; las sinergias producto de esa dinámica terminan siendo más influyentes aún que cualquier esquema, instrucción, o módulo táctico.

    Futbolistas y sistemas

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    Como explicaron Michel Crozier y Ernhard Friedberg (El actor y el sistema, 1990), “sobrevaloramos demasiado la racionalidad del funcionamiento de las organizaciones”.

    Convenientemente se olvida que un equipo de fútbol está compuesto por seres humanos, y que por más que cualquier dictadorzuelo de cuarta lo crea posible, los humanos sienten y reaccionan, jamás podrán comportarse como frías máquinas. Lo planificado siempre se enfrentará a lo que vaya surgiendo dentro de ese duelo conocido como partido de fútbol. Pasa lo mismo con nuestra existencia, pero el miedo a la incertidumbre impide que nos demos cuenta.

    Según Natàlia Balagué y Carlotta Torrents (Complejidad y Deporte, 2011), la complejidad se sostiene, entre otros principios generales, en el Principio de la Interdependencia:

    El funcionamiento de cada elemento depende del de los demás y cualquier modificación afecta a todo el conjunto. Los elementos no están aislados, siempre se relacionan con el nivel que les precede, con el que les sigue y con su entorno global… Por ejemplo, de la misma manera que una táctica deportiva surge por la interacción del juego desarrollado por los miembros de un equipo, dicha táctica se impone a su vez sobre los jugadores constriñendo su comportamiento individual”.

    Son muchos, quizá demasiados, los llamados especialistas que hacen mención a la complejidad para explicar fenómenos futbolísticos, pero una vez confrontados con la inmediatez que exigen y promueven las redes sociales, reaccionan como cualquier tertuliano de bar, que, dicho sea de paso, se comportan como aquellos que se autodenominan especialistas. Hablan de táctica y de estrategia, como si el jugador no fuese en sí mismo un productor de respuestas a las emergencias del juego.

    Insisto, no intento desligar a Emery de su responsabilidad. Vale revisar este video que subí a Twitter para entender que el entrenador español equivocó la estrategia:

    Fútbol de seres humanos

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    Siempre hay jugador y persona, y la persona va por delante. El fútbol es más sentimiento, complicidad, que pizarra o estrategia”. Pep Guardiola

    El gol de Sergi Roberto acabó con las aspiraciones del PSG. Neymar Jr., figura indiscutible del triunfo catalán, aseguró que antes de cobrar las faltas sugirió a su compañero a que fuera al área porque iba a convertir un tanto. Esta instrucción no convierte al brasileño en un visionario; sirve exclusivamente para que de una vez por todas se acepte que dentro del campo pasan cosas que quienes, desde afuera, entrenadores incluidos, no entenderemos. Sergi confió en el 11 y desafió las instrucciones de su entrenador, quien le pedía que se quedara en una posición más retrasada, preparando la pérdida del balón.

    Es por ello que debemos rendirnos ante una evidencia que contradice a las verdades absolutas que se promueven desde la TV, la radio y los espacios escritos: el jugador es el único intérprete del juego, porque el juego es dinámico y sólo quien lo protagoniza puede definirlo y actuar según las emergencias que nazcan durante los compases del juego mismo.

    Rosa Coba y Francisco Cervera, en su magnífico libro titulado “Fútbol: el jugador es lo importante”, plantean lo siguiente:

    Vigilamos movimientos, no personas que se mueven; formulamos repliegues, acosos, pérdidas de balón sin observar la voluntad de hacerlos. Y como nada es más práctico que una consistente teoría, ésta tiene visos de aunar bastante fuerza”.

    ¿Cuántas teorías, títulos, afirmaciones y supuestas certezas que aparecen en los medios se apoyan exclusivamente en la necesidad de algunos pocos de hacerse visibles a partir de hacer buena cualquier hipótesis, por más inverosímil que esta sea?

    Estando en Múnich pude comprobar que la relación de Pep Guardiola con sus futbolistas no era tirante ni se parecía a lo que los medios alemanes describían. Pero de nada valía todo lo que observé en los entrenamientos del equipo bávaro: a mi retorno a mí realidad, todo auello fue puesto en duda porque contrariaba lo que los expertos balbuceaban. Las mentiras tapan hechos reales: de haber sido real aquel cúmulo de afirmaciones que describían a una plantilla totalmente desligada de su entrenador, hubiese sido imposible que estos mismos futbolistas compitieran como lo hicieron.

    El fútbol da para todo

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    Unai Emery equivocó el análisis previo del partido, así como su planteamiento inicial. Aunque la ventaja de cuatro goles parecía casi irreversible, en frente estaba una de las delanteras más potentes del momento, el mismo equipo que ha dominado la última década del fútbol europeo. Por ello sorprendió a propios y extraños que la estrategia inicial partiera de semejante desprecio por la naturaleza propia del PSG, la misma que los llevó a dominar al mismo equipo catalán, apenas tres semanas atrás.

    Ahora bien, ¿acaso no se juegan varios partidos dentro de los partidos?

    Dentro de los noventa minutos que dura un duelo de fútbol son muchas las modificaciones que se suceden. Algunas de ellas producto de la reflexión del cuerpo técnico y otras, la gran mayoría, hijas de las sinergias que se producen entre todos los protagonistas. El avance de Sergi Roberto a posiciones de gol, aconsejado por su compañero, confirma lo expuesto. No fue un acto de rechazo a las instrucciones del entrenador sino una respuesta a una emergencia inmediata del juego.

    César Luis Menotti incluso afirmó, en defensa de la capacidad resolutiva del futbolista, que cuando un entrenador aísla al jugador de la dinámica del juego para darle alguna instrucción, no hace sino hacer énfasis en algo que ya pasó mientras ese futbolista de aleja de lo que está pasando.

    Tras el gol de Luis Suárez, el PSG reaccionó e identificó que el juego del Barcelona no los había empujado a esa inexplicable defensa por acumulación: ellos mismos liberaron al club catalán hasta el punto de permitir que sus defensores centrales jugaran casi en tres cuartos de cancha. Pero, así como no parece haber existido una notable intervención de Emery para cambiar lo propuesto, tampoco pudo identificarse en los futbolistas del club francés un acto de rebeldía, algo que hiciera pensar que podían recordar la victoria en el Parque de los Príncipes, no ya como un resultado, sino como un mapa, una hoja de ruta que les señalara cómo jugar ante el Barça.

    Olvidamos que en un equipo no existe la autonomía de sus integrantes. Todos y cada uno de los organismos que lo componen conviven en una relación de dependencia que promueve sinergias y respuestas casi inimaginables. Acusar a Emery de miedoso, señalar a Thiago Silva como un “contaminador” o a Di María de provocador es, cuando menos, limitar el análisis para favorecer una certidumbre que no es tal, pero que seguramente nos hace sentir bien. El reduccionismo hace bien para el ego pero disminuye nuestras capacidades cognitivas.

    Permítame que insista: el fútbol es incertidumbre, pura y dura. Con ello quiero decir que cada episodio, cada partido, debe revisarse como una muestra total y global, no por espacios ni recortes. Pero, además, hay que hacerlo con el convencimiento de que aun cuando creamos acercarnos a la conclusión, son demasiados los factores que no vemos, no comprendemos o ni tan siquiera sabemos que existen. El fútbol es de los seres humanos, y como tal, aceptémoslo, es, al fin y al cabo, dinámica de lo impensado

    “¿Quién puede indicar previamente, con exactitud, el producto de una cantidad innumerable de interacciones, si estas están en continuo dinamismo?”. Óscar Cano Moreno

    Fotografías encontradas en distintas webs, cortesía de la Agencia EFE

  • El alley oop de Messi se entrena

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    Primer partido de la temporada y el Barcelona ya muestra algunas conductas que lo caracterizan. Está más que claro que bajo la tutela de Luis Enrique no se practica el juego de posición versión ortodoxa sino que al mismo se le han agregado variantes que enriquecen al equipo. Pero el ADN de los jugadores es como el de usted y el mío: innegable.

    En los primeros diez minutos del encuentro frente al Betis, Messi ensayó dos veces lo que Martí Perarnau bautizó como el «alley oop», jugada típicamente asociada al baloncesto pero que el argentino ha trasladado al fútbol. ¿Qué necesita esa maniobra para ser efectiva? Entre otras cosas respetar principios del juego de posición, idea que como cualquier otra necesita horas y horas de ensayo para asimilarla.

    Podemos repasar varios de ellos, expuestos por Dani Fernández en el mejor trabajo que conozca sobre esta forma de jugar:

    • Es fundamental dar amplitud para que aparezcan pasillos interiores (ya sea con extremos o con laterales)
    • La conducción permite atraer rivales provocando así la aparición de ‘hombres libres’.
    • La idea madre de todo es ir generando superioridades a la espalda de la línea que viene a apretar al poseedor de balón

    El mismo Fernández, citado por Enric Soriano, explicaba qué es un hombre libre:

    «Un jugador es hombre libre, cuando recibe balón, sin oposición de marca, y además dispone de mucho tiempo y espacio para generar nuevas cosas. El objetivo fundamental del juego de posición es encontrar un hombre libre a la espalda de la línea que presiona el balón».

    Observemos los alley oop de Messi durante los primeros minutos del partido frente al Betis, recordando que el primero de ellos provocó el primer tanto catalán:

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    Tras revisar estos dos ejemplos, y valorar la visión panorámica del 10 y su genial recurso, queda claro que el equipo tiene variantes para que el rival no pueda reconocer con facilidad que se aproxima esa maniobra. En el primer ejemplo observamos como Denis Suárez y Alba atacan el área, uno por adentro y el otro por afuera; en el segundo, Suárez se queda de interior, casi al borde del área, mientras el lateral izquierdo hace la diagonal hacia el arco contrario. Con estas variantes, el oponente encontrará muy difícil identificar los movimientos previos al alley oop, más allá del recorte de Messi y su carrera hacia el centro.

    La mejor demostración de que esta maniobra se entrena, aunque nazca de las calidades de Messi, es que ante el conjunto andaluz tuvo a Denis como cómplice, un futbolista que apenas cuenta sus partidos en el Barcelona con los dedos de una mano. Normalmente quien ataca ese espacio es Neymar, como se demuestra en esta secuencia del 15 de febrero de 2015:

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    Con estas líneas no deseo más que recordar que a la inspiración y el talento del atleta hay que dotarlo de posibilidades, todas estas originadas en las interacciones con sus compañeros y las directrices del entrenador y su cuerpo técnico. Las sinergia que muchas veces señalamos como necesaria nace en el entrenamiento, por ello es que se hace imprescindible darle su verdadero valor y reconocerlo como el espacio propicio para crear un modelo de juego, desarrollarlo y mejorarlo. Nada de eso se consigue en las montañas, la playa ni trotando alrededor del campo. Es con la pelota y en contexto apropiado que el jugador estará en condiciones de identificar soluciones a las emergencias que plantea el juego, así como el entrenador poner en práctica todo aquello que potenciará el rendimiento de su equipo.

    Como el alley oop de Messi..

  • Equilibrio en la cristalería

    A raíz de las opiniones expresadas hoy martes 25 de Marzo de 2.014 por Johan Cruyff, quiero recordar unas frases que escribí para mi querida casa online Masliga.com en las expresaba mis dudas acerca de idoneidad de fichar a Neymar por aquello que siempre ha señalado el entrenador holandés acerca de la convivencia entre estrellas. Hoy, desde Nueva Zelanda, el eterno 14 nos deja la siguiente afirmación: «El resultado siempre viene como el resultado de una convivencia. No hay otro. Y en ese sentido hubo un problema, lógicamente, que se ha creado el Barcelona, que es que han fichado a un jugador de 21 años que gana más que el resto, que lo ha ganado todo», declaró. «Con 21 años todo el mundo tiene que aprender, porque no hay nadie con 21 años que sea un Dios. No existe. Cada uno tiene que aprender»

    Antes que algún despistado se encierre en que no me gusta el juego del brasileño le advierto lo siguiente: mi opinión era justamente eso, un pensamiento acerca de lo que sería la adaptación de Neymar al ecosistema culé, por ello titulé aquel aporte de la manera que lo hice y que hoy rescato.

    En fin, sólo leerlo a Cruyff me hace recordar que cuando las directivas fichan los entrenadores sufren…

    “El problema es que han fichado a un jugador de 21 años que cobra más que el resto, que cobra más que jugadores que lo han ganado todo. Con 21 años lo que tiene que hacer es aprender, tiene tiempo por delante para ello. No hay nadie con 21 años que sea un Dios, eso no existe”.

    “El problema es que han fichado a un jugador de 21 años que cobra más que el resto, que cobra más que jugadores que lo han ganado todo. Con 21 años lo que tiene que hacer es aprender, tiene tiempo por delante para ello. No hay nadie con 21 años que sea un Dios, eso no existe”.

    “El problema es que han fichado a un jugador de 21 años que cobra más que el resto, que cobra más que jugadores que lo han ganado todo. Con 21 años lo que tiene que hacer es aprender, tiene tiempo por delante para ello. No hay nadie con 21 años que sea un Dios, eso no existe”

    “El problema es que han fichado a un jugador de 21 años que cobra más que el resto, que cobra más que jugadores que lo han ganado todo. Con 21 años lo que tiene que hacer es aprender, tiene tiempo por delante para ello. No hay nadie con 21 años que sea un Dios, eso no existe”

    Le voy a hacer una confesión mi estimado lector: cada día leo menos prensa deportiva. Prefiero enterarme de nuestra realidad al abrir el cuerpo de noticias internacionales de cualquier periódico antes que entrar a valorar ese triste foro de rumores auspiciados por agentes de jugadores. No crea que me produce algún tipo de alegría leer acerca del presente en Siria, por ejemplo, pero por lo menos son líneas e informaciones más sinceras de las cuales se puede aprender más respecto de la condición humana que leyendo acerca de la posible nueva contratación del F.C. Barcelona.

    Tomemos el caso del brasileño Neymar como ejemplo. Me da la impresión de que hay un Neymar para todos los gustos. Cada uno de nosotros nos hemos dejado llevar por alguna de las actuaciones del maravilloso jugador amazónico y ese ha sido el punto de partida para que lo imaginemos en el equipo que más nos guste. ¿A quien, en un sano estado mental, no le gustaría contar con semejante talento?  Da la impresión de que a Sandro Rosell, presidente del Barcelona, hay que ubicarlo en el grupo de personas estables.

    Soy enfático al afirmar que no me genera confianza la llegada de este chico al club catalán. No desconozco las capacidades del hasta ahora jugador del Santos de Brasil, pero me niego a reducir las posibilidades de triunfo de un individuo a las cuotas de talento que posee, ya que creo que un ser humano no es sólo un grupo de cualidades, sino también sus dudas, sus miedos, sus amistades, su familia, sus costumbres y muchos otros elementos condicionantes que componen la cotidianidad de cada quien. ¡Hasta perdernos nuestro show favorito de tv influye en nuestro día!

    Neymar es un fantástico talento de aquellos que sólo aparecen una vez en cada generación. Es el relevo de Ronaldinho, que a su vez tomó el testigo de Rivaldo y Ronaldo, éstos de Romario, etc., etc. Al igual que la gran mayoría de ellos, tiene en su haber las características típicas de muchos brasileros: alegría, despreocupación y cierto aire bohemio que no encuentra justificación en un fútbol tan profesionalizado que es capaz de rechazar el gusto por el juego. Neymar es fiel representante de estas peculiaridades, para bien y para mal. 

    Su aparición coincide con dos situaciones muy difíciles de manejar: su selección lo tiene como líder futbolístico y su país lo ha convertido en el atractivo principal del campeonato mundial que está por organizar. Un coctel explosivo en una sociedad que no entiende de segundos lugares, menos cuando es ella quien organiza la fiesta. Por ello, cada paso que da el joven amazónico es ofrecido a los medios como un evento imperdible del nuevo mesías del fútbol brasilero sin que importe realmente cómo y a qué juega este futbolista.

    Para continuar con un guión casi perfecto, Rosell parece empeñado en dinamitar el frágil equilibrio que ha logrado el vestuario barcelonista con tal de llevarse el cromo de moda. Entiéndase bien, Neymar es un extraordinario jugador de fútbol, pero, ¿necesita el equipo blaugrana los servicios de este jugador? O mejor aún: ¿su presencia solucionaría los principales problemas que ha mostrado el equipo de Tito Vilanova?

    Barcelona no necesita a Neymar, y mucho menos al circo que acompaña al jugador paulista. No va a ofrecer respuestas a las incógnitas futbolísticas de este conjunto y su presencia en ese vestuario sería similar a la de un elefante en una cristalería. El comienzo del fin del equilibrio podría manifestarse en un jugador que aún necesita mucho apoyo y contención – Gerard Deulofeu – y que con la llegada del brasilero podría encontrar el camino hacia la Siberia futbolística que ya recorrió otro gran talento de la cantera blaugrana: Gio Dos Santos.

    La lección dejada por el Real Madrid de los “galácticos” es que coleccionar egos puede ser un hobby muy peligroso, especialmente en el caso de un equipo que se ha construido en base a la humildad, el trabajo y la discreción. Pero ya sabemos de qué va esto, así que no dude que a pesar de las sugerencias más calificadas, el Barcelona decida jugar a la ruleta rusa con la contratación del más reciente heredero futbolístico de Pelé.

    Ay, el equilibrio, tanto que lo buscamos y cuando lo encontramos, al carajo lo mandamos…