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  • A propósito del Mundial Rusia 2018

    En mi canal de Youtube estaré subiendo algunas reflexiones sobre el juego y algunos de sus condicionantes. Le advierto al lector que no aspiro a nada más que compartir estas opiniones, y que la militancia en aparentes verdades absolutas constituye lo más alejado del espíritu de este intento.

    En esta ocasión dejo dos videos, uno sobre la construcción de un equipo antes de un torneo como el mundial, y el segundo, sobre la adaptabilidad como valor fundamental.

    1.- Video sobre la construcción:

     

    2. Video sobre la adaptabilidad:

  • Venezuela 2 Perú 2: sigue faltando fútbol

    Venezuela 2 Perú 2: sigue faltando fútbol

    Al igual que hace un año, Venezuela y Perú empataron a dos goles. Sin embargo, las sensaciones no son ni remotamente parecidas: en Lima se lamentó la igualdad, mientras que en Maturín más de uno respiró hondo cuando el juez principal decretó el final del duelo.

    Los partidos duran 90 minutos, y aunque ello sea una obviedad, vale la pena recordarlo, más cuando todavía hay quienes se empeñan en explicar un mal resultado desde el cansancio. Si el rival desactiva el plan, como fue el caso de hoy en Maturín, las correciones no pasan por correr más sino por jugar mejor, lo que significa adaptarse a distintos escenarios.

    La apuesta inicial de Rafael Dudamel invitaba a pensar en una selección con voluntad ofensiva, capacitada para aprovechar cada espacio que generara o dejara el rival. La presencia de John Murillo agregaba la variante siempre necesaria del juego por los costados, elemento sumamente importante para liberar a un atacante como Salomón Rondón, y evitar que la acumulación de defensores peruanos limitara el éxito del ataqué criollo.

    Definir si un jugador es mejor que otro termina siendo un ejercicio insoportable e inútil. Es casi imposible determinar el peso y la verdadera influencia de cada futbolista, ya que normalmente nos enfocamos en el juego con pelota y olvidamos el juego sin ella. Sin embargo, no es atrevido pensar que Rómulo Otero es uno de los jugadores más inteligentes del país. En los primeros minutos, condicionados por la lluvia y un drenaje que no funcionó en su totalidad, Otero fue el único futbolista que comprendió que jugar a las carreras aumentaba los riesgos. El volante criollo aceleraba o frenaba según lo exigiera la jugada, una característica que no es cualquier cosa y que a muchos les cuesta la mitad de sus carreras desarrollar.

    Además, Otero comprende casi a la perfección cuando puede jugar o cuando es mejor provocar al rival, por ello insisto que el 10 Vinotinto, salvo lesiones o inactividad, debe estar siempre en el once titular. El primer tanto criollo, al minuto 23, nació de la viveza del ex Caracas FC, cuando, tras una corrida por la banda izquierda, y encontrándose sin opciones reales de pase, no cayó en la tentación de tirar un centro a la nada, sino que aguantó y ganó una infracción que luego derivó en el gol de Mikel Villanueva.

    Era un partido diferente para Salomón Rondón. En medio de un presente confuso con su club, el delantero criollo buscaba reencontrarse con el gol frente a su gente, pero, contrario a su voluntad, parece condenado a pelear con los centrales y salir de su zona de influencia para “mejorar” a sus compañeros. Es mucho lo que hace el atacante con poco, muy poco, porque salvo su conexión con Josef Martínez o con Otero, el resto de sus compañeros aún no encuentra cómo aprovechar las virtudes del de Catia.

    Otra de las circunstancias llamativas fue la posición de Alejandro Guerra. “Lobo” no es un volante mixto, pero sabe jugar rápido, a un toque, lo que sostenía la apuesta de Dudamel de colocarlo como volante de primera línea. Con Guerra como compañero de Rincón se impulsaba la idea de un juego de sociedades, a través de la pelota, algo que este grupo ha demostrado saber hacer. El fútbol sencillo, que no simple, de Lobo le facilitaba a Venezuela una salida más clara desde zona defensiva.

    Vale la pena en este momento revisar una reflexión del alemán Friedrich Nietzsche, y es que en sus pensamientos se puede encontrar una de las tantas razones que condujeron a la caída del juego vinotinto, explicación por supuesto alejada del estado físico, sospechoso habitual y padre de la pereza intelectual. En “El Crepúsculo de los Ídolos”, el filósofo razona:

    “El «mundo interior» está lleno de imágenes ilusorias y fuegos fatuos: la voluntad es uno de ellos. La voluntad ya no mueve nada, y en consecuencia tampoco explica ya nada; meramente acompaña procesos, y también puede faltar”.

    Muchas veces, por no decir que siempre, en un partido de fútbol pasa lo que tiene que pasar y no lo que otros deseamos rabiosamente que suceda…

    Esta selección está lejos de consolidar un once tipo, y poco puede hacer Dudamel si sus futbolistas no tienen continuidad. El costado izquierdo de la defensa fue el punto más débil del combinado criollo. Villanueva y Rolf Feltscher fueron atacados constantemente y se notó la inactividad del primero (17 minutos con Málaga desde el 21 de enero) y las dificultades del segundo para jugar en una ubicación que no siente suya. Sumado a esto, Tomás Rincón tuvo una actuación gris, por lo que Perú aprovechó y ganó los mano a mano por ese costado sin mayor dificultad. Ahí nació el primer gol peruano, que tuvo como cómplice la falta de atención criolla al reincorporarse al partido tras el descanso.

    La rápida reacción peruana derrumba el eterno e inexacto argumento que culpa al estado físico de los bajones criollos. Perú despertó y presionó alto a Venezuela, una selección que elige tener centrales fuera de forma (Wilker Ángel tiene apenas dos partidos en los últimos tres meses) y poco dados a la salida limpia del balón. Los visitantes también taparon las líneas de pase, lo que trajo como consecuencia inmediata que Rómulo Otero perdiera protagonismo.

    Debo insistir en esto porque no puede ser la preparación física el argumento estrella que justifique una caída futbolística tan pronunciada cuando apenas comenzaba la segunda etapa. Esto es fútbol, un deporte de oposición directa, en el que gana el que mejor se adapta a las distintas situaciones del juego. La reacción del visitante no consiguió respuesta en Venezuela, y la lesión de Martínez sumó en esa coyuntura a favor del control peruano. Pero además, va siendo hora de que se entienda que no existe la preparación física en el fútbol sino la preparación futbolística.

    Tampoco ayudó el análisis del seleccionador nacional. Su equipo dominaba el partido, creando temor gracias a las sociedades protagonizadas por Martínez, Rondón, Otero y Murillo. Por ello cuesta comprender que, ganando dos a uno, y faltando treinta minutos, Dudamel prefiriese reforzar el centro del campo con la entrada de Yangel Herrera, un futbolista complementario a Rincón, pero totalmente contrario a la propuesta que le había permitido dominar el partido.

    Cada cambio contiene un mensaje, y en este caso, la selección interpretó que había que ser más cuidadoso, que había que tomar mayores recaudos. Perú creció y Venezuela retrocedió. La intervención de los entrenadores es decisiva porque hasta un simple mensaje condiciona la subsiguiente actuación de sus dirigidos.

    Permítame seguir molestado a quienes viven de alcahuetear al poder, y es que no se entiende como, sin importar las aparentes diferencias conceptuales de los seleccionadores, a Venezuela le cuesta entender y potenciar la manera como en algunos casos se pone en ventaja. No sé si es un tema de cautela, pero pareciera que estamos tan necesitados de un éxito que no se repara en el camino recorrido sino en una meta a la que todavía no se llega. Al no respetar las estrategias iniciales se genera confusión; si atacando se fue superior, entonces, ¿por qué y para qué retroceder de manera voluntaria? En el fútbol, el riesgo no es atacar, lo peligroso es ceder el protagonismo

    Sí debe rescatarse que Dudamel haya apostado a otra manera de jugar. El protagonismo inicial fue coherente con su discurso. El resultado no debe minar esa intención, porque esto no es más que una parte pequeña en la construcción de eso que llaman identidad. Si la selección quiere ser reconocible y tener un juego en el que su plan tenga distintas variables, debe seguir ensayando y así promover distintas respuestas que nazcan de la riqueza de sus futbolistas y no de los temores al resultado. Una vez decidido que el resto de las eliminatorias sudamericanas serán banco de prueba, el camino a seguir queda claro.

    Debe insistirse en los ensayos, y más aun en la construcción de un equipo que nos haga olvidar que hoy, a diferencia de lo acontecido en Lima hace un año, hubo que respirar hondo y conformarse con un empate que bien pudo ser derrota.

    Columna publicada en El Estímulo, el 23/03/2017

  • Ahora sí se piensa en Catar 2022

    Ahora sí se piensa en Catar 2022

    La selección nacional vuelve al ruedo de las Eliminatorias Sudamericanas para enfrentarse a Perú y Chile. En esta ocasión, el combinado nacional no contará con tres futbolistas que venían siendo protagonistas del ciclo de Rafael Dudamel: Oswaldo Vizcarrondo, Roberto Rosales y Daniel Hernández. Aun cuando la medida es la misma, cada caso es distinto y merece una mirada individual.

    Dudamel asumió la conducción de la Vinotinto el 1 de abril de 2016, tras la renuncia de Noel Sanvicente. El ex arquero, lejos de iniciar una inmediata renovación del plantel criollo, prefirió mantener la misma base que sus antecesores en el cargo, quizá con la intención de familiarizarse con el grupo y conocer de primera mano las razones por las que el equipo no lograba reeditar viejos rendimientos. Los resultados en la Copa América parecían darle empuje a esa continuidad, aunque el análisis de cada presentación venezolana dejaba la duda sobre si la supuesta mejoría era producto de un renacer o de la larga convivencia antes del torneo continental, un contexto irrepetible en las eliminatorias.

    Las siguientes presentaciones confirmaron lo que se temía: la muy buena participación en suelo norteamericano fue un episodio puntual. Por las clasificatorias, el apabullante triunfo ante Bolivia o el empate frente a Argentina no disimularon las duras derrotas ante Colombia, Uruguay y Brasil, por lo que, ahora sí, Dudamel parece convencido en darle oportunidades a futbolistas que probablemente serán protagonistas en la próxima eliminatoria.

    Aunque en el fútbol pocas cosas son absolutas, la aparición de nuevos valores supone el adiós a viejas glorias, y en este caso los primeros en ceder su espacio han sido Vizcarrondo, Rosales y Hernández. Hago énfasis en que nada es terminante porque cualquiera de ellos puede reaparecer en futuros llamados, pero hoy parecen ser la cara visible del cambio que tanto se postergó.

    La ausencia de Oswaldo Vizcarrondo es quizá la más llamativa, no tanto por su actualidad sino por un inexplicable rechazo de parte del público. A punto de cumplir 33 años, y a pesar de haber sido protagonista indiscutible de los más importantes lances de la selección en los últimos tiempos, da la impresión de que sus mejores días han quedado atrás, lo que futbolísticamente sostendría la decisión del cuerpo técnico. Sin embargo, al caraqueño se le condenan los errores como si de un traidor a la patria se tratara, cuando, hasta en los momentos más duros, ha sido quizá uno de los pocos en dar la cara y asumir culpas. El público no perdona sus equivocaciones, a diferencia de algún mercenario que sólo vino cuando se le cumplieron sus exigencias económicas. Una vez más queda demostrado que el fútbol nos retrata como sociedad: lejos de valorar el esfuerzo y la honestidad de algunos, nos regalamos ante el oportunista de turno. Somos un ecosistema futbolístico tan pobre que copiamos con felicidad los malos ejemplos que llegan desde el sur del continente y la madre patria. A pesar de las sugerencias de los optimistas, vivimos igual que en tiempos del Imperio Romano: queremos sangre y sangre tendremos.

    En cuanto a Roberto Rosales la situación es diametralmente opuesta. Su actualidad en el Málaga y sus 28 años hacen suponer que los rumores que se escuchan desde la Copa América Centenario son ciertos: Dudamel prefiere a Alexander González. Un entrenador está para tomar decisiones, y en el caso del seleccionador criollo, elegir a González por encima de Rosales no es más que una de ellas. Ahora bien, que ni siquiera se haya convocado al lateral derecho del Málaga despierta algunas incógnitas, pero Dudamel decidirá si vale la pena o no aclarar esta situación. En los últimos años, Rosales ha dejado de ser, por lo menos en la selección venezolana, aquel lateral incisivo y de desbordes oportunos para convertirse en un futbolista más cercano al equilibrio que algunos promueven. González, por su parte, obedeciendo a su formación de volante ofensivo, ofrece esa voluntad creativa a costa de algunas lagunas defensivas, riesgo que Dudamel está dispuesto a correr. La salida de Rosales debe servir para motivar también a Víctor García, quien a sus 22 años debe probar si quiere competir por el puesto.

    Por último, está la no convocatoria de Dani Hernández. Pareciera que Dudamel quedó sumamente convencido con la actuación de Wuilker Faríñez en el Sudamericano Sub-20, por lo que la ausencia del arquero del Tenerife promovería una sana competencia entre los dos mejores valores que tiene el arco venezolano en estos momentos: Faríñez y José Contreras. Esta puede ser la decisión que defina con mayor claridad la hoja de ruta para el resto de las eliminatorias mundialistas. No es descabellado pensar que el seleccionador nacional, de ahora en adelante, aprovechará el resto de los compromisos para ir construyendo un equipo que llegue el proceso eliminatorio de Catar 2022 con el mayor recorrido posible. Dejo esto como una posibilidad porque, como afirmaba anteriormente, en el fútbol, al igual que en el mundo de la política, siempre se puede volver atrás.

    El resto de la lista es cónsona con este mensaje. Apellidos como Ponce, Machís, Murillo, Soteldo, Romero, Zambrano, Herrera y el propio Graterol están ante una fantástica oportunidad de ganarse su continuidad en la élite del fútbol criollo. Dependerá de cada uno de ellos hacerse imprescindible o dejarse ganar terreno por otros que, como Jefferson Savarino, tocan la puerta con la fuerza de quien desea derribarla. En medio de este panorama queda claro que por fin comenzó el camino hacia Catar.

    Las convocatorias son eso, intenciones y mensajes. Para hablar de fútbol y posibles modificaciones al estilo que trata imponer Rafael Dudamel y su staff hay que esperar.

    Columna publicada el 16/03/2017 en El Estímulo.

    Fotografía cortesía de Telemundo Deportes.

  • ¡Es la geografía! La Vinotinto y sus dos caras

    – La estrategia ha surgido efecto, se habla de Marcelo Bielsa o de la continuidad del proceso Farías pero en ningún caso se examinan las razones por las que la Vinotinto presentó dos caras tan distintas en apenas cuatro días de distancia. Hay muchas variantes para entender la mutación vinotinto y en este escrito trataré de exponer una de ellas.

    – Ante Chile, la selección tuvo como futbolistas titulares a los siguientes jugadores: Hernández; Rosales, Vizcarrondo, Perozo y Cíchero; Lucena y Seijas; González y Arango; Martínez y Rondón. El dispositivo táctico parecía ser un 1-4-2-2-2, con Seijas acompañando a Lucena en la zona central de volantes para darle una mejor y más rápida salida al balón cuando este volviese a los pies vinotinto, y un Josef Martínez retrasando un poco su posición para que los delanteros no estuviesen tan alejados de la acción. La lesión de Cíchero no fue un condicionante mayor como muchos quieren señalar, ya que el equipo chileno ocupó ambas bandas de la defensa venezolana cuando así lo dispuso.

    – Cuatro días después, ante Perú, César Farías dispuso del siguiente equipo: Hernández; A. González, Vizcarrondo, Amorebieta y Rosales; Rincón; C. González, Orozco y Arango; Martínez y Rondón. El dibujo táctico, 1-4-1-3-2 invitaba al ser optimismo, ya que además de contar con dos laterales de mucha proyección (Rosales y A. González), el equipo sumaba a Yohandry Orozco para que fuese más un socio de Arango y César González antes que un acompañante de Rincón, es decir, cambiaba la propuesta y la intención si se compara con lo ideado ante Chile.

    – Señalados los cambios de jugadores y de dispositivo táctico entre partido y partido, es conveniente afirmar que la mayor modificación fue en el aspecto geográfico, o mejor dicho, donde nacía el juego vinotinto.

    – Con la excepción del encuentro ante Paraguay, Venezuela no ha tenido a la posesión de la pelota como una de sus armas. Por el contrario, ha sido una característica innegable de este equipo que cada vez que recuperaba la pelota, intentaba llegar de la manera más «rápida y sencilla» al arco contrario. Debo en este momento expresar mi rechazo por esa afirmación, no ya por los pobres números ofensivos del equipo en esta eliminatoria (13 goles en 15 partidos) sino porque semejante aseveración no reconoce la existencia de un rival que hará todo lo posible por evitar el avance criollo. En fin, el camino más rápido hacia el arco contrario no es el pelotazo sino aquel que ofrecen las variantes del juego bien jugado.

    – Ese estilo de juego vinotinto – que aún nos mantiene con algo de vida – nos obliga a entender de geografía. La selección ha hecho de defenderse cerca de su propia área un hábito, por lo que, por ejemplo, contar con laterales como Rosales y Alexander debe ser comprendido no sólo por las características  de estos futbolistas sino por los largos trechos que deben recorrer para sumarse a la respuesta ofensiva del equipo, ya que no es lo mismo partir desde su propia área que hacerlo desde el centro del campo. Identificar donde se defiende un equipo nos permitirá conocer cómo será su ataque.

    – Ante Chile, Venezuela no tuvo opciones reales de abandonar su zona defensiva. Mientras el rival nos empujaba contra el arco de Hernández, el equipo, en la confusión que lo caracterizó, recordó esa vieja sensación de comodidad que significa defenderse cerca de su propia área. Soy de los que cree que no hay nada más dañino para el espíritu humano que encontrar una zona de confort en medio de la batalla, ya que la búsqueda de soluciones carecerá de ese componente anímico que sólo la cercanía al precipicio ofrece.

    – Reitero un concepto ya explicado en este espacio: defender como lo hace la Vinotinto tiene como principal consecuencia que para agredir al rival hay que recorrer una mayor distancia, y por ello aumentan las posibilidades del error y de la recuperación del contrario. Revisen el partido ante los chilenos para entender mejor esto que trato de aclarar.

    – Frente a la selección peruana, el equipo se ubicó 15 o 20 metros más arriba en el campo de juego, lo que supuso que Alexander González y Roberto Rosales estuviesen más protegidos y fueran los exponentes de ese cambio. Ambos laterales, sobre todo Rosales, recorrieron un camino que comenzaba en el medio del campo y terminaba en la línea de meta rival, con la tranquilidad de que el auxilio de sus compañeros era una realidad, no por los tan mentados y poco comprendidos relevos, sino porque la selección venezolana actuaba como un bloque corto y solidario y por ello, los jugadores siempre estaban cerca de la finalización de cualquier maniobra. Repito, fue un equipo corto y solidario.

    – Otros nombres claves en esta transformación fueron Oswaldo Vizcarrondo y Tomás Rincón. El primero comandó el movimiento del bloque y sentó la base desde donde iba a partir el equipo, además de haber tenido un encuentro para que lo guarde y se lo muestre con orgullo a sus hijos. Rincón, por otro lado, se decicó a lo que mejor sabe: jugar al fútbol. Ordenó al equipo, cortó avances rivales, y nunca perdió de vista que el objetivo del fútbol es hacer más goles que el contrario. Demostró que puede adueñarse del centro del campo y que con dos laterales a su misma altura, no necesita de un acompañante defensivo.

    – A este cuerpo técnico le gusta hablar de números para explicar el juego. Yo rehuyo de quienes creen que las matemáticas pueden esclarecer las dudas que caracterizan a esta actividad, pero en este caso sigamos a la corriente oficial para que seguir encontrando argumentos que justifiquen este artículo y se entienda que desde la conquista de territorios mucho puede cambiar. Para ello utilizaré los números que ofrece la web de Conmebol http://conmebol.com/es/content/la-eliminatoria-al-dia

    – Ante Chile, la Vinotinto disparó 3 veces fuera del arco chileno y una al arco defendido por Bravo para 0 goles, mientras que los chilenos convirtieron 3 goles, dispararon 7 veces a la puerta criolla y generaron 3 disparos fuera del arco. Frente a Perú, con el cambio geográfico, los criollos anotaron 3 goles, dispararon 5 balones a la puerta de los peruanos, uno al poste y 12 fuera y, para aquellos que desean siempre hablar de equilibrio y demás frases hechas, la Vinotinto, bajo la idea de hacer vida en territorio contrario, con centrales ubicados en el centro del campo y un sólo volante de contención, sufrió dos goles (errores individuales e inexplicables de Amorebieta el primero y Rondón el segundo), permitió un disparo al arco y 4 fuera del arco.

    – Me afinco en el último párrafo ya que hay quienes señalan que el equipo venezolano no tuvo equilibrio y fue un conjunto que jugó con fuego. No se que entienden por equilibrio, pero en este juego mientras ataco defiendo y mientras defiendo ataco. Esa es la única armonía que conozco en el fútbol y quedó patentada en ese último juego de la selección. Los dos goles en contra no son señales de desequilibrio; simplemente dejan en evidencia la falta de actividad de Amorebieta y una distracción de Rondón.

    – La cantidad de disparos y ocasiones de gol en un partido son hijos de los espacios conquistados. Mientras más cerca del arco rival se ubique el bloque, más próximo del área contraria se recuperará la pelota y como resultado serán mayores las oportunidades de gol.

    – Ante Chile falló el plan y no hubo reación por parte de la conducción, mientras que ante los peruanos se decidió atacar la defensa rival en su zona. Hoy se habla de Bielsa, de la continuidad de Farías o de cualquier cosa que esconda los errores cometidos en otros partidos que se planificaron con demasiada prudencia. Si se me permite deseo hacer una reflexión: no importa si sigue Farías, llega Bielsa o vuelve Páez, lo que realmente nos acercará a la meta es un largo proceso de reflexión en el que se consideren los matices de este proceso, se perfeccione lo positivo y se corrijan los aspectos negativos. Cambiar por cambiar no sirve de mucho, así como tampoco ayudará darle continuidad a este proceso por el simple hecho de potenciar relaciones extra juego.

  • El infierno somos todos

    – Mi admirada amiga, la psicóloga española Rosa Coba (@RosaCoba), me sugería hace un par de días leer «Apuerta cerrada», una magnífica obra de Jean Paul Sartre. Su consejo venía influenciado por mi fascinación manifiesta por la serie de T.V. House MD y un capítulo de su tercera temporada llamado «One day, one room«, que en castellano sería algo así como «un día, un cuarto».

    – Confieso que me devoré la pieza de Sartre en una sentada, y me volvió a quedar claro – por optimista a veces olvido ciertas verdades – que el infierno somos nosotros. Los seres humanos somos capaces de las más grandes atrocidades con tal de satisfacer nuestro ego, pero la vida tiene sus maneras de colocarnos nuevamente en nuestro sitio y por ello es que presenciamos explosiones como las que venimos viviendo en el fútbol venezolano desde la derrota ante Chile.

    – El ciclo de César Farías al mando de la Vinotinto ha llegado a un punto de no retorno. Lo más sensato sería entender que ya no vale la pena dirigirse a los medios ni alargar la agonía sino tratar de terminar el camino de la mejor manera posible, esto es, con una victoria ante Paraguay. Claro que lo ideal sería que se produjese el milagro de la clasificación al Mundial, pero me temo que en estos momentos eso sólo contribuiría a idiotizar aún más a un país futbolero que parece no recordar tiempos mejores.

    – Hoy, ante Perú, el equipo de Farías – o Farías mismo, como usted desee – dio una muestra de aquello que pudimos ser y no fuimos. El resultado final no hace justicia al juego del equipo y Perú seguramente abandona nuestro país con una pequeña sonrisa sabiendo que su retorno a casa pudo haber sido con un saco de goles. Venezuela jugó a lo que siempre ha sido capaz pero que la conducción Farías, por su naturaleza conservadora, nunca quiso confirmar.

    – Venezuela se plantó en el medio del campo y ahí nacieron todas las ideas criollas. Oswaldo Vizcarrondo tuvo la mejor noche de su carrera y a partir de su solidez el equipo supo entender que la victoria se podía conseguir una vez conquistado el campo rival. Fue tan soberbio lo del central del Nantes que ni siquiera los errores de Amorebieta parecieron desconcentrarlo. No regaló nunca el balón, supo salir de su zona de confort para iniciar el movimiento del bloque colectivo y tuvo el detalle de ir hacia adelante, con pelota dominada, para forzar un disparo en una clara muestra de su categoría como jugador de fútbol.

    – Me gustaría poder ser claro con la siguiente afirmación: Venezuela no fue un equipo que asfixió a Perú, es decir, no tuvo, por ejemplo, movimientos de presión como sí los demostró en otras ocasiones. Lo que sí hizo el equipo vinotinto fue continuar el desplazamiento que proponía Vizcarrondo desde el fondo, y por ello, el conjunto venezolano jugó la mayor parte del partido en campo contrario. Colocar a diez jugadores en ese espacio «reducido» permite que el rival no encuentre nunca un pase claro, y eso hicieron los venezolanos hoy: se adueñaron de unos espacios que Perú asumió suyos y cuando quiso defenderlos, ya no le pertenecían.

    – La evolución táctica del combinado nacional la ejemplifica Roberto Rosales. El lateral izquierdo fue ancho y profundo como siempre lo ha sido, pero en este caso, sus carreras nacieron en el medio del campo, por lo que su desgaste físico era menor y además, estando tan arriba, condicionó las intenciones peruanas. Marcó y atacó a la misma vez, es decir, jugó al fútbol.

    – El gol del empate, obra de ese goleador extraordinario llamado José Salomón Rondón es otra de las muestras del atrevimiento criollo. En la mayoría de los partidos de este premundial, el ariete del fútbol ruso tuvo que forjarse su propio camino al gol, con la dificultad de tener que enfrentar por sí sólo a cuantos defensores dejara el rival. Hoy, con el cambio de modelo, Rondón recibió la pelota y a su lado habían tres satélites vinotinto, acompañando, estorbando a la defensa peruana y despejando el camino para que Salomón no tuviese tantas alcabalas que pasar. El equipo como bloque que conquistó los espacios contrarios.

    – Repasemos la alineación criolla: Dani Hernández; Alexander González, Oswaldo Vizcarrondo, Fernando Amorebieta y Roberto Rosales; Tomás Rincón; César González, Yohandry Orozco y Juan Arango; Josef Martínez y Salomón Rondon. Dice Juanma Lillo que «hay que saber de jugadores para saber algo de fútbol, pero siempre admitiendo que no sabemos nada, que ya es mucho saber«. Ahora bien, con esos nombres, si la indicación es aguantar, sin duda estaremos perdiendo las cualidades de estos futbolistas, pero si en cambio, como sucedió hoy, se diseña una estrategia para jugar según los intérpretes, el buen juego hará mayores las probabilidades de acercarnos a la victoria, que al fin y al cabo, es la meta de cualquier competidor.

    – ¿ Jugando de esta manera hubiésemos clasificado al mundial? Esa interrogante no tiene respuesta cierta, pero vuelvo a recordar que para ganar sostenidamente en este deporte el mejor camino es aquel que nace a partir del buen juego. Entiéndase ese concepto de «buen juego» a aquellas maneras de encarar este deporte que respeten la escencia del mismo, lo que se traduce en que no hay facetas sino una continuidad: se defiende atacando y se ataca defendiendo. Para citarlo a Lillo de nuevo, el fútbol es «una unidad indivisible, no hay momento defensivo sin momento ofensivo. Ambos constituyen una unidad funcional«.

    – Eso fue la selección en la noche de Puerto La Cruz, un organismo que supo nacer, vivir y morir como tal. Y en su existencia, superar los diferentes obstáculos que se le presentaron, sin desmayar ante la adversidad que significó el primer gol peruano.

    – Volvamos a Farías y esa capacidad para dividir y enfrentar que tanto le ha caracterizado. Hoy protagonizó un nuevo escándalo que no vale la pena analizar por sí sólo, sino que debemos esperar que sea uno de los últimos que nos toque presenciar. Este fútbol necesita urgentemente un cambio de actitud para que la selección vuelva a ser el punto de encuentro y cordialidad que antes fue. La estrategia de identificar grupos de amigos y enemigos del proceso debe ser desterrada, así como la mediocridad de quienes patrocinaron ese discurso. Este fútbol se merece gente que quiera trabajar por él y que fomente un espacio para el debate de ideas. Si para ello es necesario que Farías, Esquivel y toda la FVF abandonen sus cargos, pues que así sea. Ya no basta con pelear, hay que crecer de una vez y dejar de lado ese infierno en que nos hemos convertido, amparado en la dañina aceptación de que para llegar al mundial valía todo.