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  • Plan Vinotinto: Japón es el árbol; el bosque comienza en Chile

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    A lo que apunta el nuevo cuerpo técnico de la selección es a la construcción de un manojo de respuestas que permitan al futbolista creer que desde esas pocas certezas nacerán más verdades que sostengan esta nueva identidad. La única manera de lograr semejante meta es entrenando y compitiendo, dos escenarios naturales en los equipos pero «atípicos» en las selecciones. Es ahí dónde este cuerpo técnico debe empezar a sortear obstáculos y demostrar las calidades que lo han llevado a la cima.

    Competencia
    Desde este momento – incluyendo el amistoso ante Japón – y hasta la Copa América – primera competencia de la Vinotinto – hay apenas nueve “fechas FIFA», lo que se traduce en nueve partidos amistosos con carácter oficial en los que el cuerpo técnico tendrá la oportunidad de trabajar, sin más restricciones que el estado físico o la voluntad de los futbolistas, la consolidación de su idea de juego. Para tener una idea de lo complicado que esto es hay que recordar que entre convocatorias hay un largo período de tiempo en el que cada futbolista vivirá su propio proceso individual siendo parte de otro organismo, de otro equipo, con pautas de trabajo, compañeros, emociones y realidades distintas. Es comprensible que en el inicio se repitan nombres comunes al ciclo anterior.

    Nueve partidos que a priori parecen pocos pero que son la misma cantidad que tendrán los rivales vinotinto de cara a la Copa América Chile 2015. Son las reglas de juego.

    Entrenamientos
    La posibilidad de enfrentar a rivales mundialistas es sumamente positiva si se tiene en cuenta que lo que intenta cada cuerpo técnico es optimizar las respuestas de sus futbolistas en escenarios tan competitivos. Pero es muy posible que de cara a esos próximos partidos amistosos haya que considerar las características de cada traslado.

    Mientas menos haya que volar, mayor tiempo existirá para entrenar, conversar y volver a entrenar. Las casi cuarenta horas invertidas en el viaje a Asia supusieron dos entrenamientos menos y esto es muy negativo cuando a una selección nos referimos. Por ejemplo, si los futbolistas inician su periplo a la selección el domingo a la noche, luego de haber finalizado con sus compromisos domésticos, lo ideal es recibirlos el lunes para no perder más tiempo en la recuperación y activación. El caso de este periplo asiático no debe convertirse en la normalidad. ¿Por qué?

    Dejando de lado la magnitud de los rivales, la selección dispondría, normalmente, de cuatro a cinco entrenamientos antes de cada partido. A esto hay que sumarle las caras nuevas que seguramente abundarán en este trayecto. Cinco entrenamientos, dos o tres sesiones de videos y varias charlas. Ese es el itinerario regular en esta etapa pre Eliminatorias. Si se parte del enunciado «se compite como se entrena«, se antoja difícil poder acostumbrar a los futbolistas en sesiones tan cortas y limitadas a las ideas básicas y fundamentales de esta nueva conducción. Cada entrenamiento es una posibilidad muy importante como para desecharlo, por ello hay que pensar en un término medio entre el valor competitivo de los rivales y la posibilidad de realizar más y mejores entrenamientos.

    Por todo esto, el cuerpo técnico seguramente tomará nota de esta primera toma de contacto con los futbolistas que hacen vida en el extranjero y así moldear la planificación inicial. Esta, al igual que un organismo vivo, sufrirá modificaciones y sumará preguntas que deben ser respondidas. Puede que la primera de ellas se refiera a la recuperación de los futbolistas luego de largos desplazamientos aéreos o cómo aumentar la calidad y la intensidad de las prácticas.

    Seguramene existen mil interrogantes más. Cada respuesta adquirida en la gira tendrá fecha de vencimiento y traerá como consecuencia mucha más incertidumbre. Por ello, una vez aceptado el cargo de seleccionador nacional, la orden de Sanvicente ha sido trabajo, trabajo y más trabajo. Trabajo para reducir las distancias con los rivales; trabajo para equipararse y competir en igualdad de condiciones, y trabajo para que la victoria, cuando llegue, no sea efímera y accidental.

    El camino recién empieza…

    Fotografía cortesía de Prensa FVF/El Universal

  • Proyectos o divinidad

    Hay quienes van por la vida sin reparar en las consecuencias de sus actos, olvidando que ésta, en algunas ocasiones, nos trata como un quinceañero caprichoso, dejándonos pequeñas trampas diseñadas para castigar a quienes se desvíen del camino marcado por el esfuerzo y la dedicación. Yo no involucraría a Dios en esta reflexión como sí hizo John Milton, personaje principal del film El abogado del Diablo y que fue interpretado por el interminable Al Pacino.

    En aquella cinta, Pacino ensaya un extraordinario monólogo acerca de la supuesta culpabilidad de Dios en el desastre que él entiende se ha convertido nuestra sociedad. Asegura que se ha sobrestimado la inteligencia humana y que la divinidad había otorgado libertades innecesarias a nuestra especie. A pesar de lo maravilloso de aquel discurso, yo prefiero creer que somos padres de nuestros errores y desde esa suposición buscar soluciones. Pensar que lo sobrehumano interviene de esa manera es para mí una excusa que justifica la ausencia de reflexión.

    Ese rechazo por la pausa y la introspección es moneda corriente en el fútbol, disciplina en la que, a diferencia de la vida, no se combate la precocidad sino que mas bien se la motiva. Se asume que en este juego se puede ser rápido y furioso –me refiero a la dirigencia– y que con un puñado de dólares (o barriles de petróleo, da lo mismo) se puede armar un equipo campeón casi de manera inmediata.

    Fíjese mi estimado lector que no hablo de competitividad sino de trofeos, y es que estos notables ejecutivos o jeques que se acercan a este juego no entienden que el dinero ayuda pero no juega, o puede que sí lo haga (jugar), pero lo hace en contra, porque su prodigalidad genera tal rechazo que los equipos rivales se sienten más motivados para ganarle al nuevo rico de turno.

    En Venezuela quizás no hayan existido grandes gastos de la talla de los Mónaco, Manchester City, PSG o Chelsea, pero sí han existido ejemplos que promueven la inmediatez y el derroche. El campeonato que recién termina debería servir para reforzar mi idea, pero mucho me temo que estas reflexiones caerán en saco roto.

    El campeonato obtenido por Zamora y el segundo lugar del Deportivo Anzoátegui deberían llamar la atención de gobernadores, alcaldes y los pocos directivos que existen para que de una vez se entienda que el éxito es una circunstancia y que el verdadero trofeo en un fútbol como el venezolano se halla en la continuidad. Me refiero a que los equipos deben ocuparse en crecer como instituciones, desarrollar planes de captación de talento, generar recursos para la construcción de sus propios estadios y desechar los consejos que nacen a partir de las urgencias.

    En la vida, a pesar de las afirmaciones políticas y publicitarias, no existen fórmulas mágicas que garanticen la gloria. Claro que el camino ofrecerá algún señuelo que le hará creer al iluso de turno lo contrario y por ello, transcurrido el tiempo, comenzará su decadencia. En cambio, la enseñanza es que trabajo y dedicación son los pilares más fuertes sobre los que se debe edificar cualquier proyecto que desee ser autosustentable y perdurable en el tiempo.

    Hoy, mientras el Deportivo Anzoátegui y el Zamora diseñan estrategias para mejorar su trabajo de formación como única herramienta fiable en la búsqueda de la continuidad, los otros equipos siguen comprando jugadores siquiera sin darse cinco minutos de reflexión y analizar el triunfo de los humildes. Para ellos todo es suerte o, mejor dicho, intervención divina, sin darse cuenta que no fue Dios sino ellos mismos quienes han desperdiciado miles de oportunidades para pensar y crecer.

    Lanzar los dados –como sugería Pacino en su fantástico monólogo– sin asumir las consecuencias ocasiona grandes frustraciones, entre las que se encuentra la desaparición de los equipos que fueron dirigidos con poca razón y mucho misticismo. Lo ideal en el caso de estos irrecuperables creyentes sería recordarles aquella vieja frase que dice “a Dios rogando y con el mazo dando”.

    Columna publicada en http://www.martiperarnau.com el 15 de junio de 2.013