Etiqueta: Rafael Dudamel

  • Rafael Dudamel le pasó la pelota a la dirigencia venezolana

    Rafael Dudamel le pasó la pelota a la dirigencia venezolana

     

    Antes de hablar de fútbol debo advertirle al amable lector que lo haré solamente porque el triunfo de Venezuela ante Argentina lo merece. Mi relación con Rafael Dudamel ha sido la que la diplomacia sugiere, tanto de su parte como de la mía. No le conozco lo suficiente como para emitir un juicio sobre sus ideas políticas, sin embargo, lo reconozco como hábil declarante, probablemente el mejor cualificado en el fútbol venezolano.

    Por ello, siento que su declaración, y la puesta de su cargo a la orden de la Federación Venezolana de Fútbol , son parte de una maniobra ajedrecista: tras un gran triunfo, de inmensas connotaciones internacionales, le ha pasado la pelota a sus jefes y será la FVF quién sufra las consecuencias de la continuidad o de la interrupción del vínculo contractual con el seleccionador. Dudamel conoce el tablero y las fichas como nadie.

    Quisiera hacer una última consideración. El único sponsor fuerte en moneda extranjera que tiene la selección venezolana es la compañía estatal Petróleos de Venezuela S.A (PDVSA). En un estado democrático, esa empresa se regiría por normas ajenas a la política partidista. Ese no es el caso de Venezuela, en el que la compañía petrolera ha sido la caja chica de un régimen que no se cansa de reprimir y destruir los derechos básicos del ciudadano. Por ello, la publicación de la visita del embajador en España, Antonio Ecarri, nombrado por Juan Guaidó, seguramente despertó la furia de quienes se creen dueños de las riquezas y los recursos naturales de la nación.

    Ojalá que algún día se conozcan todos los detalles que se suscitaron tras la visita del embajador Ecarri, pero me temo que esto no será así. El venezolano, lastimosamente, seguirá siendo guiado por la histeria y la ignorancia militante de quienes nunca están pero siempre opinan, o peor aún, de aquellos que algún whisky compra su silencio; los deudores de favores que salen de fiesta con el poder para lograr su subsistencia en un medio que se nutre de la mediocridad de estos personajes.

    Una vez aclarado esto, deseo hablar de fútbol.

    La victoria venezolana ante Argentina, más allá de los goles que fueron o que pudieron ser, deja la sensación de que estamos ante un equipo que tiene clara cuál es su identidad, es decir, quién es. Este es un logro que no debe pasar debajo de la mesa: si al individuo se le va la vida entera intentando averiguar quién es, por qué está en este mundo y para qué, imagine el lector lo difícil que es que un colectivo, que pocas veces se reúne, acepte y desarrolle esa identidad. Es por ello que la victoria de ayer debe analizarse más allá del score, que es siempre una circunstancia, y poner la lupa en el desarrollo de una idea futbolística.

    El juego obliga a generar sociedades, entendimientos y complicidades entre quienes lo protagonizan. Tomás Rincón, Yangel Herrera y Junior Moreno, los tres volantes centrales que ha utilizado como titulares Dudamel en los más recientes episodios de la selección, han demostrado sentirse tan cómodos con las responsabilidades y en su intra-relación, que transmiten esa seguridad al resto de sus compañeros.

    El fútbol requiere de movimientos, posicionamientos y de una reorganización posicional constante, cosa que demostró aceptar e interpretar este equipo ante Argentina. Para muestra un botón: dependiendo de la ubicación, Rincón o Herrera adelantaban su posición cuando el equipo perdía a disposición del balón, con la intención de recuperarla. Uno de ellos se sumaba al esfuerzo de los atacantes, sabiendo de antemano que el juego interior de su rival era, cuando menos, deficiente. Esto que le narro fue ejecutado con total efectividad: no puede hablarse exclusivamente de una mecanización sino de entendimiento entre quienes mencionaba anteriormente para actuar según requiriese la situación. No hay mecanización porque son seres humanos, entonces debemos utilizar términos como complicidad, entendimiento o solidaridad.

    A partir de esos conceptos que mencionaba podremos entender el valor de las actuaciones individuales en pro del colectivo. Los nombres los puede colocar el lector; prefiero recordar lo que para quien escribe estas líneas significa jugar bien al fútbol: estimular las capacidades de cada individuo para que estas, en una relación constante con sus compañeros y con su rival, ayuden a construir una cultura colectiva de juego. Relaciones, ahí está la clave de este juego.

    Por eso le pregunté a Dudamel en la rueda de prensa tras el partido con qué estaba más satisfecho,  si con el resultado o con la puesta en escena de lo que parece ser una identidad propia de juego. Lo que vino a continuación excedió al análisis deportivo. Su selección parece estar en el camino correcto tras este partido amistoso entre Argentina, pero el lector no debe olvidar que esto es fútbol, lo que significa que el cambio es la única constante, más aún en el ámbito de selecciones, en el que apenas si hay tiempo de crear la cultura táctica y emocional de grupo. Cómo llegará futbolisticamente este grupo a sus próximos compromisos es una interrogante natural del fútbol y de la vida. Ningún equipo puede saberlo, mucho menos una selección.

  • Fútbol con Ignacio Benedetti, capítulo 3: La construcción de una selección

    Fútbol con Ignacio Benedetti, capítulo 3: La construcción de una selección

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    En esta nueva video columna, opino sobre la construcción de una selección, poniendo la atención en el caso de Venezuela. En tiempos en los que se habla de rotaciones o de onces fijos, creo que es importante tener en cuenta otra mirada.

    Fotografías Agencia EFE.

    Videos cortesía Directv Sports y diario El País

     

  • Basta de especular con el futuro

    Basta de especular con el futuro

    El futuro no es ni de cerca lo que deseamos. Si usted así lo prefiere, imagine que ese tiempo por venir tiene personalidad propia, y a ella la acompañan los caprichos y las reacciones sin justificación aparente.

     
    ¿Por qué hablo del futuro? Porque no lo conocemos, mucho menos podemos planificarlo. Hay mucho que hacemos con la intención de reducir el margen del error, que es lo mismo que intentar limitar la influencia del azar. Nada más que eso. Eso mismo hacen los entrenadores. Pero el periodismo no juega; es hora de que asuma su lugar.

     

    A Venezuela, o mejor dicho, a su selección de fútbol, muchos le auguran un futuro promisorio. Apoyados en episodios competitivos recientes, así como en el segundo puesto obtenido en el Mundial sub-20, muchos, casi todos, hacen futurología, olvidando que nada nunca será lo que esperamos. Puede que el porvenir sea mejor o peor, pero será distinto. Ese es el espíritu de este juego, y el de la vida misma.

     
    La labor del analista no es contagiar al respetable ni mostrar sus necesidades -llamémoslas miserias para que se entienda mejor. El análisis, en el fútbol, es el repaso de lo sucedido con la intención de tener una idea de cómo puede ser el futuro. Nunca, al menos en un deporte colectivo y cooperativista como el fútbol, esa revisión tendrá el peso de una fórmula científica. ¡Juegan seres humanos!

     
    Seres humanos. El concepto parece tan básico, y sin embargo lo despreciamos como si no tuviese valor. Seres humanos que cambian, que evolucionan, que relacionan con muchos, que de esas interrelaciones nacerán miles de dudas y de respuestas; seres vivos que sufrirán los altibajos típicos en su vida personal y profesional. En fin, que lo que hoy vemos como una verdad absoluta e invariable mañana puede ser una habitante más en el trasto de las promesas perdidas.

     
    La manera de competir de la Vinotinto, sobre todo en los últimos partidos, alimenta la ilusión. Podría decirse que es un punto de partida. Pero nada más. Esto no es una crítica ni nada que se le parezca, es solamente un aviso para navegantes, el recordatorio de que las aguas calmadas siempre pueden variar su carácter.

     
    Al anterior seleccionador se le cuestionó que pidiera públicamente mayor ambición a sus futbolistas. Ojalá que todos los futbolistas venezolanos alguna vez comprendan la intención que encerraba aquel mensaje: un recordatorio de que nunca se es lo suficientemente bueno.

     

    En aquella ocasión los alcahuetes le hicieron creer a los deportistas que ese discurso era una lanza contra ellos. Hoy, que los vividores son más vividores y menos contra, vale la pena recordar esa sugerencia.

     
    Insisto: nada será lo que creemos. Será lo que deba ser. No es que el destino esté escrito , sino que se construye con el paso de los años, meses, semanas, días, horas y segundos.
    Fotografía encontrada en internet. Cortesía a quien corresponda

  • Venezuela: el plan funcionó a medias

    Venezuela: el plan funcionó a medias

    Rafael Dudamel imaginó una clase de partido. Visualizó al rival, urgido por su mala campaña y por la ansiedad de su entrenador, y pensó que aquellos apuros lo llevarían a caer en lo que en el fútbol se conoce como «querer hacer el segundo gol antes que el primero».

    Eso fue Argentina: ansiedad, desesperación y mucho vértigo, el mismo que los expertos y analistas señalan como moderno. La prisa, como nos recordó el partido de ayer, nunca es buena consejera.

    El seleccionador venezolano, convencido de la existencia de los demonios que atormentan a la albiceleste, volvió a apostar por una fórmula que, si no siente como propia, bien que lo disimula. Y es que esta selección, salvo contadas execpciones (Jamaica en la Copa Centenario y Bolivia en Maturín), disfruta de las carreras, eso que llaman transiciones. No es nada nuevo; salvo en la etapa de Richard Páez, la Vinotinto es un equipo que encuentra la comodidad replegándose cerca de su propia área para luego, tras la recuperación de la pelota, atacar los espacios que deja un rival con alma ofensiva.

    Llegados a este punto siento necesario recordar una vieja reflexión: no me gusta el término transiciones. Una transición, como bien explica su definición, tiene que ver con el paso de un estado a otro, de una fase a otra o de un modo de ser a otro. Creyente como soy de que el fútbol no se puede dividir en ataque y defensa, me cuesta, lo confieso, adaptarme a ese concepto. Por ello prefiero hablar de carreras, sin que esto suponga el desprecio por ese estilo.

    El partido comenzó jugándose como lo imaginó Dudamel. Argentina salió a avasallar al equipo vinotinto y sólo Wuilker Fariñez pudo evitar el gol tempranero que acabara con los fantasmas del local. Sin hacer demasiado -Argentina no jugó un buen partido, siendo Ángel Di María su jugador más claro hasta que una lesión lo sacó del terreno- el local llegó al área venezolana, y hasta tres pelotas invadieron el área chica del joven portero. Hasta que Di María se rompió una vez más. Con su salida, Argentina perdió profundidad y movilidad, algo que es recurrente en su tránsito por esta competición y que afecta, no a Lionel Messi, sino a las intenciones colectivas.

    Equipo que no se mueve jamás podrá sacar ventajas.

    Parece inexplicable como, con muchos buenos futbolistas. se juega tan mal al fútbol. El grueso del periodismo deportivo, en su afán de protagonismo, se ha aferrado al reduccionismo para vender el pescado podrido de que la acumulación de buenos jugadores es suficiente para jugar bien. De ser así, al mejor Barcelona lo hubiese sacado campeón cualquier entrenador, y la historia nos enseña que eso no es así.

    Argentina tiene un problema mayor, y es que, a pesar de contar con maravillosos deportistas, a estos les cuesta más y más hacer lo que saben hacer. Es como si cada día se agregara un ladrillo a esa pesada mochila que cargan tras la final del mundial Brasil 2014.

    A ese frágil estado de ánimo -la salida de Di María fue el detonante ante Venezuela- debe sumarse la ansiedad que transmite su nuevo entrenador. Lejos de contagiarles seguridad, Jorge Sampaoli, hace visible y palpable desde el banco cualquier gesto de frustración. En un colectivo que se siente perseguido y acusado, el protagonismo del DT conspira contra lo que dice buscar.
    Por ello insisto con el partido que pensó el seleccionador venezolano. Más que un tema estratégico, Dudamel olió el temor del rival.

    Superados los primeros veinte minutos, supo, a diferencia de su colega, contagiar calma y hasta atrevimiento. El gol de Jhon Murillo es consecuencia del crecimiento de un equipo que con el paso de los minutos fue creyendo. Pero al fútbol se juega con algo más que las emociones, y a Venezuela volvió a fallarle una parte muy importante del plan: entender lo que el juego exige, que en este caso era atacar la ansiedad del rival.

    El gol criollo estimularía nuevas respuestas argentinas, pero Dudamel sostuvo su proyecto cuando, por la prisa que atormentaba a los de Sampaoli, era aconsejable darle entrada a algún futbolista distinto a Murillo o a Sergio Córdova. De entrada, ambos tenían una misión muy clara: aprovechar la ausencia de laterales en Argentina para ganar esa zona y luego asociarse con Salomón Rondón. Pero tras el gol del empate, el partido sugería una readaptación, y esta podía generarse con la entrada de jugadores con otras características, con mayor manejo del balón , tales como Rómulo Otero o Yeferson Soteldo.

    Estos futbolistas, lejos del concepto de acaparar la pelota, saben identificar cuándo y cómo agredir. Córdova y Murillo son de una naturaleza más vertiginosa, y el partido pedía, al igual que sugería Napoleón Bonaparte antes de una batalla, la pausa necesaria para luego apurarse.

    El empate del local, así como el par de posibilidades con las que Argentina pudo llevarse el partido tienen su origen en errores vinotinto, sobre todo a la hora de recuperar la titularidad del balón.

    Es llamativo como a la selección venezolana todavía le cuesta ejecutar correctamente la recuperación de la pelota. Es un aspecto en el que poco puede trabajar el seleccionador, teniendo en cuenta que apenas cuenta con horas laborables, por lo que las mejorías se concentran en el tabajo de base y en los clubes.

    ¿A qué me refiero con la correcta recuperación del balón? Juan Manuel Lillo lo explica con la claridad que lo caracteriza:

     

    En ese trascendental aspecto del juego falló el equipo venezolano, y no es atrevido, tras revisar el empate ante Argentina en Mérida, que por ello se perdieron dos posibles victorias ante la albiceleste en un mismo premundial, posibilidad que jamás fue tan probable.

    Claro que tampoco debe olvidarse que, por primera vez en la historia, no se cae ante los sureños en un ciclo premundialista, pero estos errores que acá se recuerdan sirven para comprender como, aun en la vorágine que produjo un marcador histórico, el resultado es un enorme impostor que disimula la importancia del juego.

    Pues eso, que el juego manda y explica muchas cosas. Y que mientras la banalidad, el amiguismo y la superficialidad tengan tribuna, seguiremos, como desde hace más de veinte años, celebrando circunstancias antes que procesos, empates antes que victorias, y casualidades en vez de causalidades.

    Forografía cortesía de http://www.entornointeligente.com

  • Después de Dudamel, ¿qué?

    Después de Dudamel, ¿qué?

    Tras el empate ante Colombia, el seleccionador venezolano Rafael Dudamel, abrió la puerta a la posibilidad de retirarse de la conducción del conjunto criollo tras el final de la actual eliminatoria. Fue él quien instauró el tema en los medios, y si bien no son estos quienes deben aportar soluciones, sí debe hacerse una revisión de algunos de los factores que influirán en el caso de que se concrete esa despedida.

    Hay un detalle que no puede obviarse. Pocos días antes de ese partido, Dudamel presentó a la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) su plan de cara al año 2017. Luego, tras el compromiso ante los neogranadinos, expresó que su prioridad era mantenerse a cargo del combinado nacional, pero agregó que en la actualidad no hay recursos para la revisión de su contrato, aunque espera que en los meses por venir aparezcan.

    Más allá de determinar si esa rueda de prensa era el escenario idóneo para ventilar el tema, o discutir el hecho de que Dudamel hablara más de sus aspiraciones que de los costos de la preparación de la selección nacional, es necesario sumergirse en la actualidad del fútbol venezolano para tener una idea sobre qué significaría el adiós del primer entrenador criollo que ha conseguido dos clasificaciones a mundiales juveniles.

    Actualidad de la FVF

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    Para todos es conocido que la Federación Venezolana de Fútbol tiene en Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) a su mayor contribuyente. En esta economía de guerra –vender la realidad venezolana como otra cosa es de ilusos, de propagandistas o de “agraciados”- el único que posee divisas extranjeras es el Estado, por lo que el aporte de la petrolera es vital.

    El vínculo contractual actual finaliza en 2018. Queda por conocerse si ambos bandos, FVF y PDVSA, trabajan en un nuevo acuerdo, ya que de lo contrario, la federación se vería en la necesidad de hacer magia para tan si quiera cumplir con sus compromisos competitivos. No debe olvidar el lector que en el mundo del fútbol se trabaja en dólares o euros, así que el maltratado bolívar no cuenta para viajes, viáticos, hoteles y demás obligaciones típicas de cualquier selección.

    Ahora bien, si lo pactado está garantizado hasta 2018, cabe preguntarse qué razones tendría Dudamel para abandonar el un año antes, sobre todo si se tiene en cuenta que, tras el inédito segundo lugar logrado en el Mundial Sub-20 de 2017, el entrenador tendría carta blanca frente a sus jefes.

    Podría suponerse, entre las millones de hipótesis, que la propia federación no ve segura la continuidad contractual entre ellos y PDVSA; que el seleccionador prefiere dar un paso al costado y aceptar la oferta de un club colombiano (una meta que siempre ha tenido el técnico yaracuyano), o que la declaración del entrenador sea parte de su estrategia negociadora. Son miles las posibilidades, y hasta que los protagonistas no hablen claro, poco se puede asegurar.

    Considerando únicamente el apartado económico, es necesario preguntarse si la FVF podría conseguir un patrocinio distinto al que ofrece PDVSA o el Estado venezolano, algo que por los momentos es imposible. Mientras se mantenga el control de cambio y la guerra contra la empresa privada, todo equipo deportivo dependerá en exclusiva de estos entes.

    La silla caliente

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    Aún en los peores momentos, el cargo de seleccionador nacional ha seducido a todos los entrenadores que hacen vida en el fútbol criollo. Pero más allá del hambre y las ganas de comer, existen en la actualidad posee dos condicionantes que no se encontraban desde hace mucho tiempo: la falta de dinero y el nivel de los conductores criollos.

    Del primer ítem no hay mucho más que agregar tras la confesión de Dudamel. Por ello, en caso de quedarse sin seleccionador, la FVF tendría que olvidarse, casi inmediatamente, de la opción de contratar a un entrenador foráneo. Dudamel no miente cuando asegura no ser un técnico caro, por lo que la imposibilidad federativa de cumplirle el aumento deseado al criollo daría un alarmante mensaje a los posibles sucesores.

    La otra arista que condiciona el proceso tiene que ver con la formación de los directores técnicos venezolanos en la actualidad.

    Cómo consecuencia de la economía de guerra –no confundir con la mentira de la “guerra económica”- que antes mencionaba, los entrenadores criollos no cuentan con el dinero suficiente para viajar al extranjero. Ese encuentro con sus pares en otras latitudes es probablemente el requisito formativo más subestimado en el balompié local. No voy a extenderme más de lo necesario, pero la historia de este juego está repleta de ejemplos que enseñan que los viajes y el intercambio de ideas han sido fundamentales en la evolución del fútbol y de los entrenadores.

    ¿Quiénes han viajado al extranjero para actualizarse? Puedo mencionar a unos pocos: Richard Páez, José Hernández, Daniel De Oliveira, César y Daniel Farías, Noel Sanvicente y Eduardo Saragó. Seguramente hay un puñado más que en este momento no recuerdo, pero que, lejos de defender el actual modelo criollo, constituyen una excepción.

    Los equipos profesionales, bien sea por ignorancia, avaricia o simple desprecio por la educación, hace mucho que no apoyan esas iniciativas. A ello debe sumársele que el colegio de entrenadores no actualiza su pensum ni sus actividades. Si comparamos esta realidad con, por ejemplo, la de Colombia, el susto puede ser enorme.

    El vecino país inauguró recientemente su Escuela Mayor de Técnicos y Entrenadores de Fútbol, lo que “permitirá a los entrenadores colombianos obtener las certificaciones para el ejercicio de sus actividades con el sello de la Convención de Entrenadores de la CONMEBOL”.

    Si en Venezuela no hay recursos ni divisas para traer profesores y multiplicadores, avances metodológicos o acercar la ciencia al deporte; si los mandamases del Colegio de Entrenadores se mantienen en sus puestos a pesar de lo expuesto en estas líneas, y de otras situaciones aun peores que no vale la pena mencionar, y si se sostienen los equivocados paradigmas que olvidan a los entrenadores de base como verdaderos responsables del futuro, el porvenir de este fútbol dependerá más de lo divino que de lo humano.

    Una posible solución sería que la propia federación promueva y profundice la formación de los entrenadores, luego contratándolos para que, en el rol de multiplicadores del conocimiento, recorran el país. Sí, como entrenadores pagados por la propia FVF y que no dependan del seleccionador nacional; empleados federativos que promuevan el crecimiento de todos los entrenadores del fútbol base. Pero esa propuesta es harina de otro costal.

    Volviendo al posible adiós de Rafael Dudamel, su sucesión, teniendo en cuenta lo aquí descrito, se antoja complicada. Sin dinero ni candidatos criollos que hayan cultivado sus conocimientos en otras latitudes, insisto, estamos a merced del azar y nada más.

    Por último, le pido a los entrenadores jóvenes que no se ofendan con estas líneas. En ningún momento cuestiono sus capacidades ni su hambre de aprendizaje. La intención es recordarle, tanto a la FVF como los dirigentes de los equipos, que deben trabajar mancomunadamente por un fútbol mejor, y que esto no se consigue reuniéndose con presidentes de ligas sino conociendo los ejemplos de federaciones y clubes. Ya no vale aquello de que “de eso se ocupa la federación”, o “eso le toca a los equipos”. Estudien el caso alemán y entenderán que el progreso depende más de la voluntad que del dinero.

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    Analicen también el paso de Marcelo Bielsa por Chile y como, gracias a la creatividad del propio entrenador y del presidente de la ANFP, Harold Mayne-Nicholls, Chile encontró soluciones para palear la escasez de recursos. El tiempo perdido no volverá, no jueguen más con el que está por llegar.

    Fotografías cortesía EFE, Prensa Vinotinto y http://www.lacuarta.com

  • ¿Hacia dónde apunta Dudamel?

    ¿Hacia dónde apunta Dudamel?

    En la rueda de prensa posterior al empate con Perú, Rafael Dudamel reinstaló un debate inexistente, en el que sólo los mal llamados expertos se benefician: jugar bien o jugar bonito. Esa, pésele a quien le pese, no es la cuestión, que debe ocuparnos, si es que, claro está, nos interesa el juego como tal.

    La frase que más me llamó la atención de la aparición del entrenador fue la siguiente:

    No se dejen (los medios) contaminar con los que hoy, estando afuera, exigen un fútbol vistoso o ganar por goleada. No, no, no. Tenemos una realidad desde la tabla de posiciones, desde la infraestructura como fútbol, como fútbol venezolano. ¿Que hacemos nosotros? Trabajar para mejorar. Trabajar para cambiarle la historia a nuestro fútbol. Y desde ahí es sumar talentos que hoy tengan la experiencia, la condición y la capacidad para formar parte de una selección, para jugar en este tipo de competencias“.

     

    El objetivo de un seleccionador es simple pero complejo: lograr que su equipo sea competitivo. No existe la dicotomía de jugar bien o jugar bonito, porque lo estético es una cuestión subjetiva, es decir, pertenece a cada quien, nace en el espíritu de cada individuo. Jugar bien, como muchas veces se ha expuesto, no tiene que ver con porcentajes de posesión de la pelota o la zona en la que se inicie la construcción del juego; jugar bien al fútbol es utilizar correctamente los recursos disponibles y potenciarlos, disimular las carencias propias y saber adaptarse a cada una de las situaciones del juego.

    No debe nunca olvidarse que este es un deporte de oposición directa. Esa frase por simple que parezca, es la puerta de entrada a la complejidad del fútbol, entendiendo que complejidad no se asocia con dificultad; esa definición hace referencia a las innumerables relaciones y consecuencias de las mismas dentro de un sistema. El fútbol es una actividad compleja porque todo lo que se entrene y planifique se verá directamente influenciado por el contrincante, por sus planes y por sus reacciones. Ninguna hoja de ruta se cumple a la perfección porque es imposible prever las respuestas del otro conjunto.

    Permítame hacer un aparte. Un equipo de fútbol es un sistema, y el francés Edgar Morín nos recuerda que “un sistema está representado por una serie de elementos que interactúan entre sí”. A pesar de todo lo ensayado, cuando rueda el balón, son muchas las interacciones que se dan “porque sí”, opuesto a lo planificado con anterioridad. Por ello, hay que tener en cuenta la capacidad de adaptación que tanto machaco desde esta tribuna.

    Teniendo en cuenta todo esto, se puede concluir que los grandes equipos son aquellos que saben adaptarse a cada una de las situaciones del partido. Por ejemplo: si el rival, contrario a lo que se esperaba, cambia el foco de su ataque e inclina el mismo hacia su banda izquierda, nuestro equipo (no sólo los defensores) deben responder a esa modificación. El ajuste de uno de los volantes, que acudirá en auxilio al lateral de esa banda, traerá como consecuencia que los otros futbolistas se reacomoden para repeler y construir a partir de ese aparentemente insignificante movimiento. Eso que puede parecer un aspecto menor es el deber ser de un equipo. Jugar y adaptarse.

    Construir esto que menciono no es sencillo, y tampoco existe un manual de instrucciones. De hecho, una de las enseñanzas que deja el pensamiento complejo es que no hay recetas. Las selecciones, como recordó Dudamel en esa misma rueda de prensa, no tienen tiempo para entrenar, pero su labor, la de los seleccionadores, es desarrollar entrenamientos que ayuden a disimular la ausencia de minutos y promuevan la evolución necesaria en ese cuerpo llamado equipo.

    En la pasada Eurocopa de Naciones se obervaron selecciones que jugaron muy bien al fútbol. Si bien es cierto la campeona Portugal fue una de ellas, no puede obviarse que Francia, Alemania, Italia, Gales e Islandia también dejaron su huella, mostrando una identidad fuerte, al mismo tiempo que una adaptabilidad a distintos escenarios. Se puede lograr que las selecciones construyan modelos propios, pero para ello se necesitan muchos más aliados que el propio tiempo, como la creencia en lo que se ensaya o una fluida comunicación entre staff técnico y futbolistas, sólo por nombrar algunas. Fernando Santos, entrenador del equipo lusitano, recordó recientemente que “nadie puede vencer si no juega bien“.

    La doctora española Rosa Coba explica, en el número 28 de la revista digital The Tactical Room, que “el deportista, como debe ser un buen resiliente, está entrenado para levantarse y seguir”. Resiliencia, como ya expliqué en esta misma trinchera, es la capacidad que tienen los seres humanos para superar circunstancias traumáticas. Llevado al fútbol, a la Vinotinto le falta todavía fortalecer esa capacidad. Prueba de ello es que, ante Perú, con casi 45 minutos por jugar, no se supo reaccionar al primer gol inca. La ventaja en el marcador seguía siendo para los criollos, pero el momento emocional había pasado a manos de los dirigidos por Ricardo Gareca. ¿Cómo desarrollar “anticuerpos” a esos escenarios? Compitiendo. No existe otro escenario que forme como la competencia.

    Situaciones como esa son las que deben ocupar al staff de Dudamel. Quizá sea eso a lo que se refiere el entrenador cuando señala a la experiencia como valor clave en el crecimiento de este equipo. La mirada del entrenador debe estar puesta en cómo hacer que sus jugadores se crean capaces de luchar, y ello, aunque nos fastidie, significa que, en escenarios adversos, no hay que dejarse morir; enfrentarlos y adaptarse forma parte de eso que vagamente definimos como competir. Si lo consigue, Dudamel habrá triunfado, independientemente de los gustos y los resultados.

    Columna publicada en El Estímulo, el 27/03/2017

  • Ahora sí se piensa en Catar 2022

    Ahora sí se piensa en Catar 2022

    La selección nacional vuelve al ruedo de las Eliminatorias Sudamericanas para enfrentarse a Perú y Chile. En esta ocasión, el combinado nacional no contará con tres futbolistas que venían siendo protagonistas del ciclo de Rafael Dudamel: Oswaldo Vizcarrondo, Roberto Rosales y Daniel Hernández. Aun cuando la medida es la misma, cada caso es distinto y merece una mirada individual.

    Dudamel asumió la conducción de la Vinotinto el 1 de abril de 2016, tras la renuncia de Noel Sanvicente. El ex arquero, lejos de iniciar una inmediata renovación del plantel criollo, prefirió mantener la misma base que sus antecesores en el cargo, quizá con la intención de familiarizarse con el grupo y conocer de primera mano las razones por las que el equipo no lograba reeditar viejos rendimientos. Los resultados en la Copa América parecían darle empuje a esa continuidad, aunque el análisis de cada presentación venezolana dejaba la duda sobre si la supuesta mejoría era producto de un renacer o de la larga convivencia antes del torneo continental, un contexto irrepetible en las eliminatorias.

    Las siguientes presentaciones confirmaron lo que se temía: la muy buena participación en suelo norteamericano fue un episodio puntual. Por las clasificatorias, el apabullante triunfo ante Bolivia o el empate frente a Argentina no disimularon las duras derrotas ante Colombia, Uruguay y Brasil, por lo que, ahora sí, Dudamel parece convencido en darle oportunidades a futbolistas que probablemente serán protagonistas en la próxima eliminatoria.

    Aunque en el fútbol pocas cosas son absolutas, la aparición de nuevos valores supone el adiós a viejas glorias, y en este caso los primeros en ceder su espacio han sido Vizcarrondo, Rosales y Hernández. Hago énfasis en que nada es terminante porque cualquiera de ellos puede reaparecer en futuros llamados, pero hoy parecen ser la cara visible del cambio que tanto se postergó.

    La ausencia de Oswaldo Vizcarrondo es quizá la más llamativa, no tanto por su actualidad sino por un inexplicable rechazo de parte del público. A punto de cumplir 33 años, y a pesar de haber sido protagonista indiscutible de los más importantes lances de la selección en los últimos tiempos, da la impresión de que sus mejores días han quedado atrás, lo que futbolísticamente sostendría la decisión del cuerpo técnico. Sin embargo, al caraqueño se le condenan los errores como si de un traidor a la patria se tratara, cuando, hasta en los momentos más duros, ha sido quizá uno de los pocos en dar la cara y asumir culpas. El público no perdona sus equivocaciones, a diferencia de algún mercenario que sólo vino cuando se le cumplieron sus exigencias económicas. Una vez más queda demostrado que el fútbol nos retrata como sociedad: lejos de valorar el esfuerzo y la honestidad de algunos, nos regalamos ante el oportunista de turno. Somos un ecosistema futbolístico tan pobre que copiamos con felicidad los malos ejemplos que llegan desde el sur del continente y la madre patria. A pesar de las sugerencias de los optimistas, vivimos igual que en tiempos del Imperio Romano: queremos sangre y sangre tendremos.

    En cuanto a Roberto Rosales la situación es diametralmente opuesta. Su actualidad en el Málaga y sus 28 años hacen suponer que los rumores que se escuchan desde la Copa América Centenario son ciertos: Dudamel prefiere a Alexander González. Un entrenador está para tomar decisiones, y en el caso del seleccionador criollo, elegir a González por encima de Rosales no es más que una de ellas. Ahora bien, que ni siquiera se haya convocado al lateral derecho del Málaga despierta algunas incógnitas, pero Dudamel decidirá si vale la pena o no aclarar esta situación. En los últimos años, Rosales ha dejado de ser, por lo menos en la selección venezolana, aquel lateral incisivo y de desbordes oportunos para convertirse en un futbolista más cercano al equilibrio que algunos promueven. González, por su parte, obedeciendo a su formación de volante ofensivo, ofrece esa voluntad creativa a costa de algunas lagunas defensivas, riesgo que Dudamel está dispuesto a correr. La salida de Rosales debe servir para motivar también a Víctor García, quien a sus 22 años debe probar si quiere competir por el puesto.

    Por último, está la no convocatoria de Dani Hernández. Pareciera que Dudamel quedó sumamente convencido con la actuación de Wuilker Faríñez en el Sudamericano Sub-20, por lo que la ausencia del arquero del Tenerife promovería una sana competencia entre los dos mejores valores que tiene el arco venezolano en estos momentos: Faríñez y José Contreras. Esta puede ser la decisión que defina con mayor claridad la hoja de ruta para el resto de las eliminatorias mundialistas. No es descabellado pensar que el seleccionador nacional, de ahora en adelante, aprovechará el resto de los compromisos para ir construyendo un equipo que llegue el proceso eliminatorio de Catar 2022 con el mayor recorrido posible. Dejo esto como una posibilidad porque, como afirmaba anteriormente, en el fútbol, al igual que en el mundo de la política, siempre se puede volver atrás.

    El resto de la lista es cónsona con este mensaje. Apellidos como Ponce, Machís, Murillo, Soteldo, Romero, Zambrano, Herrera y el propio Graterol están ante una fantástica oportunidad de ganarse su continuidad en la élite del fútbol criollo. Dependerá de cada uno de ellos hacerse imprescindible o dejarse ganar terreno por otros que, como Jefferson Savarino, tocan la puerta con la fuerza de quien desea derribarla. En medio de este panorama queda claro que por fin comenzó el camino hacia Catar.

    Las convocatorias son eso, intenciones y mensajes. Para hablar de fútbol y posibles modificaciones al estilo que trata imponer Rafael Dudamel y su staff hay que esperar.

    Columna publicada el 16/03/2017 en El Estímulo.

    Fotografía cortesía de Telemundo Deportes.

  • Vinotinto mundialista, ¡objetivo cumplido!

    Vinotinto mundialista, ¡objetivo cumplido!

    Rafael Dudamel consiguió con esta selección un hito en la historia futbolística de Venezuela: cumplir exitosamente con sus ciclos en las selecciones nacionales sub-17 y sub-20. La historia dirá que su paso por las categorías juveniles criollas fue un acierto pocas veces visto en un país en el que los procesos no son apoyados, respetados ni comprendidos. Con sus más y sus menos, el ex arquero derrumbó mitos. Su llegada a la conducción de la sub-20 es una historia que algún día contaré.

    Esta selección pudo haber tenido un final más plácido, pero, tal cual se divisó en la primera fase, es desde el suspenso que se puede entender el paso criollo por este torneo. Puede que sea una característica propia de nuestra sociedad -vaya si hace falta un sociólogo para que aclare esto- pero son pocos, muy pocos, los éxitos colectivos en nuestra historia que hayan sido contundentes, sin ligar ni rezar.

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    Ante Argentina, con pocas posibilidades de comprometer el triunfo, el equipo criollo estuvo muy cerca de rozar la tragedia. El rival, sin mucho fútbol ni una actuación memorable, se las arregló para que nuevamente Wuilker Faríñez fuese la figura criolla. No había necesidad de entregarse a la ansiedad argentina, pero insisto, a nuestros equipos les cuesta definir las tareas en tiempo y forma. Los goles albicelestes y las apariciones del arquero del Caracas FC así lo demuestran, así como dos jugadas dudosas en el área criolla que el árbitro principal no señaló como pena máxima, lo que debería calmar por un momento a los fundamentalistas de las teorías conspirativas.

    Pero más que el partido, que no fue un trámite ni dejó indiferente a nadie, lo importante es resaltar la clasificación venezolana a su segundo mundial de la categoría, tercero para el fútbol masculino. Esta versión comandada por Dudamel tuvo tres futbolistas sobre los que supo sostenerse cuando el colectivo no apareció: Faríñez, Yangel Herrera y Yeferson Soteldo.

    El portero fue quizá el jugador más importante, o quien más influencia tuvo en los resultados. Venezuela no tuvo durante todo el torneo el funcionamiento defensivo que algunos señalan, entendido esto como una serie de conductas llamadas a evitar las llegadas de los rivales al arco de Faríñez. Durante el torneo, los rivales dispararon, dentro de los tres palos, hasta treinta y un veces, pero sólo en siete ocasiones lograron vencer la resistencia del guardameta, lo que trajo como consecuencia que los criollos abandonen suelo ecuatoriano con la valla menos vencida. La lección que debe repetirse mil y una vez es que el correcto arte de defender es mucho más que una fría estadística.

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    Herrera fue sin lugar a dudas, hasta el partido final, el sostén táctico de la selección. Según su ubicación en el campo, la Vinotinto fue un equipo claramente parado al contragolpe o un bloque corto. Tuvo apariciones importantísimas, como ante Perú, demostrando el carácter suficiente para no dejarse ir por el penal fallado. Su crecimiento no admite dudas, a pesar de que debe corregir aspectos como el correcto manejo de las emociones, pero para eso es joven y tiene muchos minutos competitivos que le ayudarán a ajustar esos pequeños detalles. Da la impresión de que, salvo alguna desgracia o distracción, Herrera está preparado para asumir riesgos superiores, como pelear el puesto de acompañante de Tomás Rincón en la selección mayor.

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    Soteldo, por su parte, tuvo un campeonato sencillamente maravilloso. Hasta en los episodios en los que tuvo que resolver por sí sólo se mostró superior a todos sus rivales. Quizá bajo otra idea de juego pueda brillar más, pero su personalidad es otra fantástica noticia. Basta observar sus reacciones en el partido más complicado, ante Argentina en el Hexagonal, para concluir que, aun en la más amarga soledad, supo aguantar la pelota. Que muchas veces perdiese cuando le hacían 2×1 no es consecuencia de excesos sino de ese aislamiento que muchas veces sufrió. Pocos futbolistas en nuestro país han quemado las etapas competitivas con tanto éxito como el 10.

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    Por último, hay que volver a Dudamel. El seleccionador supo agregar pequeñas variantes a su equipo durante el torneo, evitando que este fuese previsible y, al mismo tiempo, promoviendo más y mejores respuestas. Esta influencia puede observarse en el comportamiento de los laterales: en los primeros partidos se proyectaban con cierta timidez, pero con el paso de los duelos, estos adelantaron su posición en el campo. También construyó un nuevo contexto para que Soteldo fuese más influyente en la zona de definición, adelantando su posición hasta llevarlo a jugar de delantero. Es una pena que no haya podido celebrar en el campo con sus muchachos, pero su rueda de prensa, tras el bochornoso episodio arbitral del Brasil-Venezuela, debe ser comprendida como un acto de motivación impresionante. Tras una derrota dolorosa, el entrenador defendió a los suyos ante todos los poderes, dejándoles la mesa servida para que fueran ellos, y solamente ellos, los encargados de responder a las agresiones con juego y goles.

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    Mucho podemos discutir sobre si se podía jugar mejor, es decir, que desde la conducción técnica se diseñaran estrategias que ayudaran a potenciar aún más las virtudes de sus jugadores -no debe olvidarse que hacer esos exámenes es la razón de ser del analista- pero el resultado final determina que este equipo, jugando a su manera, logró apenas la segunda clasificación de una selección sub-20 al mundial Corea 2017, lo que los posiciona, sin lugar a dudas, en la historia del deporte venezolano. Y eso, más allá de cualquier reflexión, debe celebrarse.

    ¡Enhorabuena!

    Créditos fotografías: Prensa Vinotinto, EFE y AFP 

  • Soteldo dinamita cualquier guión

    Soteldo dinamita cualquier guión

    El talento no lo es todo pero cómo ayuda. En el fútbol, esas cuotas de ingenio deben estar siempre al servicio del colectivo, de lo contrario solamente serán intentos sin mayores posibilidades de éxito. Por ello, cuando se habla, en el caso de la selección nacional Sub-20, de la influencia de Yeferson Soteldo, hay que tener en cuenta cómo se asocia con sus compañeros y el nivel de entendimiento de estos con él, y del 10 con ellos. Al habilidoso, al jugador distinto, hay que buscarlo siempre, y cuando se desconecta de la dinámica grupal, activarlo, hacerlo sentir parte de la dinámica del equipo.

    No hablemos de posesión ni de porcentajes. En los primeros minutos fue notorio como Venezuela aguardaba los movimientos de Uruguay. No presionaba, sino que esperaba que se equivocara el futbolista que trasladaba la pelota, y la única reacción se producía en el momento en que los charrúas se acercaran al área. En esos minutos se llevó al extremo aquello de entregarle protagonismo al rival para aprovechar sus equivocaciones. Llama la atención que a esto juegue una selección que intenta colarse en la élite, pero el resultado tapará, como siempre, esto que aquí se señala.

    Seguramente que para explicar las virtudes de este equipo, Soteldo es el punto de partida de  todas las crónicas y los análisis. En este partido fue notable su ubicación en el centro -un acierto estratégico de Rafael Dudamel- con la intención de cambiar un poco el funcionamiento del equipo, ya que el volante 10, en esa ubicación, estaría mucho más cerca de los mediocampistas de salida (Lucena y Ruiz). Aún así, costó que el pequeño futbolista entrara en acción, no por falta de implicación, sino por esa peligrosa tendencia de preferir los pases largos al juego asociado.

    Ahora bien, cuando la selección Vinotinto se animó a promover un fútbol más cooperativo, que tan bien se le da, fue relevante el cambio de actitud o de planificación en cuanto a los laterales criollos. La presencia de José Hernández fue notable, no ya por su desempeño defensivo, si no por su voluntad de sumarse al ataque, convirtiéndose en una herramienta que ensanchaba el campo de juego. Por la otra banda, Ronald Hernández sostuvo su crecimiento, asociándose a Sergio Córdova para apoyar los avances por la banda derecha.

    En el minuto 25, el derecho Hernández dio una cátedra de cómo debe involucrarse en lateral en el avance de su equipo. El marcador de punta se asoció con Córdova, quien siguió su carrera por la banda, mientras que Hernández modificaba constantemente su carrera, a la espera de identificar la ubicación que favoreciera el avance del atacante criollo. La proyección de los laterales en ataque no es un capricho como muchos quieren hacer creer; por su ubicación, el recorrido natural de estos jugadores ensancha el campo e impide que el rival defienda por la simple acumulación de futbolistas. La ausencia de extremos ha hecho necesario este rol de los marcadores de punta.

    Y fue justamente a partir de los desbordes de los laterales que Venezuela encontró la vía para hacerle daño a Uruguay: el costado derecho. Córdova y Soteldo se alternaron en la invasión a esa zona, creando un caos maravilloso que no supo resolver la defensa uruguaya, y que por poco, tras remates de Peña y del propio Córdova, le daba el primer tanto a la selección criolla.

    Pero en la segunda etapa se volvió a la monotonía, desafiada únicamente por la dinámica de Soteldo, quien siempre supo identificar los espacios que dejaba libre la zaga charrúa.

    Esta selección es un equipo que juega a una misma velocidad, por ello, cuando aparece el 10, se revuelve todo. El equipo tiene como muy propio aquello de mantener el cero en su propio arco por encima de todas las cosas, y si biene s cierto que bajo esa premisa ha llegado hasta estas instancias, es el suspenso el término que mejor define su paso por el Sudamericano de Ecuador. Así fue la etapa de grupos y así se ha conducido en esta fase final.

    El fútbol es inexplicable porque no tiene verdades absolutas. Una prueba de ello es el origen del primer gol criollo: una pelota dividida que gana un futbolista venezolano y que encuentra a Uruguay a contrapié, intentando salir de su área. Los militantes del lugar común definen a cualquier selección charrúa como equipos ordenados, que jamás dan por perdida una pelota, pero mire usted por dónde se rompió el partido. Por ello, y mucho más, este es un juego maravilloso que sobrevive a la mediocridad de quienes intentan hundirlo en sus propias miserias.

    ¿Cómo explican la influencia de Yeferson Soteldo los acumuladores de estadísticas? El ahora jugador del Huachipato chileno es un futbolista cuyo rango de influencia supera cualquier suma de números fríos. Lo mismo puede decirse de Córdova o el sacrificado Ronaldo Peña. Y es que este es un juego de interacciones, de realimentación, de sinergias, que jamás podrá ser explicado en su totalidad por la frialdad científica. Venezuela tiene muchos puntos por mejorar en la construcción de juego, pero en los momentos importantes, casi como si fuese parte de un guión que se cumple de pe a pa, el equipo sacó los mejores registros de su juego, y ello fue suficiente para golear a Ecuador, a Uruguay y reservar pasaje para el próximo mundial Corea 2017, un hecho que, no debe olvidarse, se conseguiría por segunda ocasión en toda nuestra historia.

    Insisto, esto es fútbol y nadie sabe realmente de qué va, menos aún cuando la pelota la conduce el eléctrico jugador que porta la camiseta 10.

    Fotografía cortesía AFP

  • El riesgo es no arriesgarse

    El riesgo es no arriesgarse

    Hay dos maneras de jugar al fútbol: bien y mal. Claro está que, salvo contadas excepciones, nadie, voluntariamente, planifica jugar mal a este juego, entonces, lo realmente interesante es identificar las formas como cada equipo procura llegar a eso que llamamos jugar bien.

    Escuelas hay miles, y no está mal identificarse con alguna, siempre y cuando esto no limite el aprecio por otras propuestas, por más antagónicas que estas parezcan. Pero lo que no admite mucha discusión es la filosofía de cada entrenador, es decir, su pensamiento y su preferencia por que su equipo protagonice los partidos o, por el contrario, que sea un conjunto reactivo.

    No hay fórmulas mágicas ni recetas infalibles. Se compite y se gana de todas las maneras posibles, aunque quien escribe siente que es a través del protagonismo de los partidos como más se acerca un equipo a la victoria. Marcelo Bielsa supo explicarlo alguna vez:

    “Soy de la idea de que en el fútbol uno no debe ceder la iniciativa ni el dominio del juego. Intentar asumir el control del juego es la mejor garantía para imponerse. Hay que crear una filosofía de espíritu, de conjunto, que apunte al embellecimiento del juego y no a la especulación”.

    Vale recordar que estas no son más que ideas, y como tales, discutibles y cambiantes. Por ello es tan importante hablar del juego: para evaluar posiciones y nutrirse de opiniones contrarias.

    Ante Brasil, la selección venezolana tuvo su inicio más potente. En menos de 20 minutos protagonizó hasta tres situaciones frente al arco rival. Nada de esto fue casual; el equipo de Rafael Dudamel se empeñó en activar rápidamente a Yefferson Soteldo, a quien le esperaba un maravilloso duelo ante Dodó, lateral derecho de la canarinha. La aparición del “10” dio continuidad a la idea de buscar al compañero mejor ubicado y no únicamente al más alejado, demoliendo versiones de que este equipo sólo sabe jugar al pase largo.

    «Si no viví más fue porque no me dio tiempo», reza el epitafio del Marqués de Sade. Conscientes de ser más que lo mostrado en los duelos anteriores, al equipo criollo le faltaba tiempo para convencerse de sus propias capacidades, y fue ante Ecuador, con cuatro goles incluidos, que apareció la mejor versión de la Vinotinto. Teniendo ese partido como punto de partida, los criollos intentaron profundizar esas conductas para enfrentarse a Brasil.

    El primer tiempo fue un intercambio muy dinámico de ataques, sin que esto trajera como consecuencia un exceso de trabajo para Wuilker Faríñez. El guardameta no sufrió como en otros partidos en los que se erigió en la muralla vinotinto. En ese intercambio de ataques no se vieron cómodos Luis Ruiz y Yangel Herrera, quienes fueron superados por la rapidez con la que los volantes rivales entregaban la pelota a sus compañeros ubicados en las bandas. Pero cuando Venezuela se hizo de la pelota, Herrera y Ruiz fueron fundamentales para que las apariciones de Soteldo fuesen más que intentos individuales.

    Con el paso de los minutos Venezuela se fue diluyendo. A pesar de generar sociedades futbolísticas que promovían una construcción consciente de juego, el equipo criollo se apresuraba en los pases, permitiendo una rápida recuperación brasileña, y con ello aparecieron algunos temores. A partir de esas inseguridades, la selección dejó de ser un bloque compacto: la distancia entre los delanteros y el resto del equipo volvió a ampliarse, y los avances nacionales dejaron de lado cualquier idea colectiva para convertirse en arranques individuales de sus aguerridos atacantes. Se perdió fuerza y presencia en el área de Lucas.

    En el segundo tiempo Venezuela ajustó y retomó comportamientos habituales: sus futbolistas retrocedieron metros con la intención de protegerse, mientras que los ataques pasaron a ser cosa de tres: Soteldo, Chacón y Peña. Cerrar espacios al contrario trajo como consecuencia que la búsqueda de los mismos en campo amazónico fuese casi un acto desesperado. Cualquier avance brasileño encontraba a 7 jugadores de campo en la mitad venezolana.

    Esa vuelta a la zona de confort no limitó al peligroso ataque rival. Y es que si hay un equipo que está acostumbrado a construir fútbol en espacios reducidos es Brasil. Se puede argumentar que la ocasión más clara de la Vinotinto fue en el segundo tiempo, por medio de un disparo de Herrera, pero aquello no pasó de ser más que una oportunidad aislada, ya que el volante y capitán pocas veces pisó, durante el segundo tiempo, territorio enemigo. 

    Confunde tanto pedido de orden al equipo, sobre todo porque en las ocasiones en que este se sacudió los temores y la búsqueda de ese supuesto equilibrio, supo hacerle daño a Brasil. Cuando Venezuela se olvidó del excesivo respeto y retomó el plan de la primera etapa reapareció Soteldo en toda su dimensión. Esto coincidió con la entrada de Heber García, un futbolista más cercano a la esencia del 10, capacitado para asociarse mejor y sacarlo de la soledad en la que se encontró durante buena parte de la segunda etapa.

    El fútbol es arte del imprevisto. El periodista Dante Panzeri se dejó la vida defendiendo ese concepto, el cual es respaldado por grandes entrenadores. Muchos de ellos aseguran que en los entrenamientos se ensayan todos los escenarios posibles de un partido con la intención de reducir la influencia del azar. Pero el fútbol es de los futbolistas, porque son ellos los que actúan en el campo, y porque más allá de lo entrenado y las instrucciones repasadas y comprendidas, la interacción de estos con sus compañeros y con los rivales es imposible de prever. Nadie podía imaginar que el partido se perdería a partir de un error de Yangel Herrera, pero esto es fútbol, y estos son los riesgos que se corren cuando se cede la iniciativa al rival de la manera que lo hizo Venezuela. 

    A la pelota perdida por el capitán criollo hay que sumarle su reclamo al árbitro -para hacer este pedido los futbolistas se distancian de la continuidad de la maniobra- y el fantástico disparo de Felipe Vizeu. Fútbol, espontaneidad pura y dura. Pero debe quedar claro que, aún cuando los partidos se deciden por pequeños detalles, el de hoy no se perdió exclusivamente por el gran disparo del delantero amazónico. Basta revisar cuántas ocasiones de gol tuvo la delantera criolla, o cuántas veces se incomodó al guardameta de la canarinha para concluir que es poco lo que se hizo por protagonizar el partido de hoy, especialmente el segundo tiempo.

    Toda la confusión final jode mucho más que el resultado. A pesar de la derrota, Venezuela mantiene una posición positiva en la tabla, con cuatro puntos y dos partidos por jugar. Pero las expulsiones condicionan lo que está por venir, tanto por las bajas como por el estado anímico de los muchachos tras este episodio. Es mucho el trabajo que tiene por delante el coach Jeremías Álvarez para evitar que lo construido se tambalee por un episodio como el de hoy. El fútbol es un estado de ánimo, dijo alguna vez el mismo Panzeri, y Venezuela debe pasar rápidamente la página, porque la meta sigue estando en sus manos.

    Fotografía cortesía de la Confederação Brasileira de Futebol (CBF)