Etiqueta: Rafael Dudamel

  • Herrera y Soteldo hacen que todo sea posible

    Herrera y Soteldo hacen que todo sea posible

    Venezuela comenzó el segundo partido del Hexagonal final del Sudamericano Sub-20 con una deuda importante en su juego. Así lo dejó entrever Rafael Dudamel al periodista Humberto Turinese cuando explicó que el episodio colombiano, en el que se le entregó el control de la pelota y el terreno al rival, no debía repetirse. El seleccionador, aunque algunos no lo quieran entender, dio en la clave de lo que este juego representa: la posibilidad de evolucionar.

    Dudamel y su grupo de trabajo están conscientes de que esta selección puede jugar mejor. Esto no significa utilizar veinte pases para construir juego o inclinarse por una fórmula más directa. Jugar bien, como acto voluntario y dependiente de una puesta en escena propia, tiene que ver con identificar las capacidades innatas del equipo y promover que estas se potencien. Suena sencillo, pero no lo es, más en tiempos en los que se confunde la efectividad en acciones a balón parado con eso que es interpretar correctamente este deporte.

    Por ello el partido ante los locales podía convertirse en un antes y un después en el camino para retomar los valores que pondera el cuerpo técnico criollo. Era sumamente necesario revisar, reflexionar e insistir en el convencimiento de sus jugadores. Y esto nada más y nada menos que contra Ecuador.

    Ecuador mantiene rasgos similares en todas sus selecciones. Uno de ellos es el juego por las bandas, que algunos equivocadamente creen que nace del físico de sus futbolistas. Los ecuatorianos, más allá del origen de quienes integren su equipo nacional, tienen aprendida la lección de que el campo puede y debe ser aprovechado en su totalidad. Con futbolistas situados en las bandas, sus rivales difícilmente podrán encerrarse en espacios reducidos.

    Abrir la cancha es algo que han sostenido en el tiempo, sin importar la capacidad goleadora de sus delanteros. Porque Ecuador insiste en educar a sus jugadores y por ello no todos los desbordes terminan en centros aéreos, sino que en sí mismos son continuidad: no nacen de la improvisación y deben darle continuidad a la maniobra. Así intentó crearle peligro a Venezuela, pero tras algunos ajustes, el equipo de Dudamel supo desactivar esa opción.

    El futbolista más desequilibrante de Venezuela es Yeferson Soteldo, pero llama la atención como la selección pasa hasta 25 minutos sin involucrarlo en la construcción de juego. Los equipos no son uno y diez más, pero es incomprensible que Venezuela no aproveche al jugador que mejor encara los duelos de 1×1, lo que nos lleva a reflexionar nuevamente sobre la idea de esta selección. Si un equipo cuenta con un futbolista atrevido, con un cambio de ritmo endemoniado, es importante generar contextos para buscarlo en situaciones favorables, algo que por ahora no consigue este equipo cuando cruza el centro del campo. Ha sucedido con Soteldo, pero también Ronaldo Peña, Sergio Córdova y los otros delanteros han sufrido esa dificultad para construir juego.

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    El gol de Yangel Herrera no puede opacar que la maniobra nació de un acto de rebeldía de Soteldo. El volante cambió de banda, se proyectó por la derecha, y antes de lanzar un centro a la nada, retuvo la pelota hasta encontrar un compañero. Insisto, si a esto juega el 10, ¿por qué aislarlo tanto de la construcción del juego?

    Aun así, la selección jugó los primeros cuarenta y cinco minutos más tranquilos de todo el torneo, a tal punto que no necesitó de grandes intervenciones de Wuilker Faríñez. Por primera vez dejó la sensación de controlar un partido, razón por la cual debo machacar en cuanto a la influencia del cuerpo técnico. Este es un torneo sin mayor tiempo para entrenar, por lo que cada corrección apunta más al convencimiento que al trabajo de cancha. La primera parte de hoy reivindica el trabajo del cuerpo técnico.

    A Peña se le resiste el gol, pero el fútbol es mucho más que eso. El penal que ganó y que luego convirtió Soteldo debe reforzarlo, levantarle el ánimo. No es sencillo para un delantero superar la sequía, pero siempre que su trabajo ayude al equipo no debe frustrarse sino disfrutar ese éxito colectivo.

    Contrario a lo que la neblina de Quito invitaba a pensar, Venezuela fue claridad y simpleza. Redujo espacios entre sus líneas, disminuyó el uso de pelotazos y buscó más a Soteldo y a Ronaldo Chacón. Apareció Córdova y con él sus desbordes que daban amplitud al equipo. ¿Fue un desempeño perfecto? No, nada en el fútbol se acerca a ese estadio, pero el equipo creció y se sacó de encima muchas dudas que la acechaban, incluso quedó de lado el suspenso que caracterizó su paso por la primera rueda del torneo.

    Hace un par de días escribía que Soteldo necesita a sus compañeros tanto como ellos a él. Un simple cambio de posición dejó en evidencia que, si el equipo lo busca y lo apoya, el 10 le devolverá al colectivo muchas opciones para hacer daño. El segundo tiempo superó a lo enseñado en la primera etapa porque hubo goles, y porque el ex Zamora dejó una enorme demostración de cuán importante es la sociedad entre el talento individual y el colectivo.

    Los cuatro goles llenarán las páginas de los diarios y los resúmenes de los noticiarios, pero hay que aprovechar que el próximo partido es el domingo y revisar el partido contra Colombia y contraponerlo con este, porque, como le decía anteriormente, hay un gran manejo del cuerpo técnico en la identificación de los errores y la corrección. Aun falta fomentar una mejor construcción de juego, pero la evolución entre un partido y otro no se explica por los goles: estos son consecuencia directa del juego, ese que hoy brilló tal cual muchos esperaban. Fue tal la demostración de hoy que Faríñez, figura indiscutible de la primera fase, tuvo 76 minutos de tranquilidad, hasta que luego el juez del partido sentenció dos penales, de difícil apreciación, y que maquillaron el resultado a un 4-2 que no explica la superioridad venezolana.

    Cuatro puntos en dos partidos. Todavía falta enfrentarse a Brasil, Uruguay y Argentina, pero si lo mostrado hoy es parte de una dinámica ascendente y no obra de la casualidad, la Vinotinto estará celebrando en pocos días la obtención del boleto al Mundial.

    Fotos cortesía BBC Mundo

  • Unas líneas antes del Ecuador-Venezuela

    Unas líneas antes del Ecuador-Venezuela

    Rafael Dudamel le declaró al periodista Humberto Turinese que, ante Ecuador, en el segundo partido del Hexagonal del Sudamericano Sub-20, la selección no puede repetir algunas conductas que fueron protagonistas en el duelo ante Colombia. El seleccionador hizo mención al manejo de la pelota y cómo el equipo criollo debe corregir ese aspecto.

    El fútbol es un juego de oposición directa en el que la influencia del contrario es tremendamente determinante. Pero si a ese rival se le jugó de igual a igual, no hay mayores justificativos a la conducta mostrada por la Vinotinto en el segundo tiempo, cuando se le cedió terreno y balón a Colombia.

    Este par de imágenes enseñan lo que Dudamel espera que no se repita:

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    En ellas se ve a la totalidad del equipo encerrado en su propio campo cuando apenas comenzaba la segunda parte. Esa conducta es natural de los equipos que se encuentran en inferioridad numérica, pero ese no fue el caso criollo. Se jugó con fuego y el seleccionador lo sabe, por ello el llamado de atención a que sus dirigidos no vuelvan a caer en esa trampa.

    No es un llamado a dos o tres volantes; la advertencia debe ser comprendida por todos los jugadores, porque la dinámica del equipo dependerá de todos los que salgan al campo.

    El rival juega e incide, no es necesario darle más de lo que ya con su estrategia intenta obtener.

    Imagen cortesía de http://visionnoventa.com/

    Captura de la transmisión de lateletuya.com

     

  • Empate por parálisis

    Empate por parálisis

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    En psicología existe un fenómeno llamado “miedo al éxito”, el cual se define como “una condición caracterizada porque el individuo, ante la posibilidad de alcanzar el éxito en un área determinada, realiza esfuerzos, conscientemente o no, por arruinar dicha posibilidad”.

    Es imposible determinar si la selección Vinotinto sub-20 padeció esa condición en el debut del Hexagonal final del Sudamericano, pero queda la impresión de que le grupo sufrió una especie de parálisis en el momento que debía dar un paso al frente. No supo o no pudo replicar lo hecho en la primera etapa y Colombia, aun con diez futbolistas tras la expulsión de Carlos Cuesta, terminó más cerca del triunfo.

    El partido mostró a una Venezuela más calmada, con un traslado de pelota mucho más pensado y menos reaccionario. Esto trajo como consecuencia que el ritmo fuese más pausado, evitando que los futbolistas estuviesen en un insoportable ida y vuelta cual pelota de en partido de tenis. Ronaldo Lucena y Yangel Herrera jugaron más cerca de los centrales cuando estos tenían posesión de la pelota en la salida, permitiendo que el equipo manejara mejor la construcción. Gracias a que la misma era en corto, el equipo fue, por muchos momentos del primer tiempo, un bloque más compacto de lo habitual, mejorando así la elaboración y aumentando las posibilidades de recuperación del balón cuando este se perdía por alguna imprecisión.

    Aun así faltó velocidad en la circulación de pelota. Esto no quiere decir que los pases han debido ser más violentos sino que los futbolistas, al momento de recibir la pelota, perdían un segundo perfilándose, por lo que terminaban jugando a dos o hasta tres toques. Colombia nos hizo recordar que muchas veces, para poder avanzar, es mucho mejor dar un paso hacia atrás que forzar una entrega hacia adelante.

    Y es que la selección cafetera mostró un oficio que debe servir de inspiración. Fue un equipo que no rifaba la pelota y en la gran mayoría de sus avances aplicó la vieja fórmula de comenzar por el centro, avanzar por las bandas hasta regresar al centro para definir. Muchas veces se subestima la importancia del juego por los costados, pero es gracias a este que se puede aprovechar la totalidad del campo, evitando además que el contrario acumule defensores en pequeños espacios de terreno. Decía un entrenador que para ser fuertes en el juego central había que promover el juego por fuera.

    No se ha hecho justicia con el rol de Wuilker Faríñez. El arquero criollo es mucho más que sus atajadas, y es que su capacidad de anticipación lo convierte en un arquero atrevido y protagonista. No se queda bajo los tres palos y por ello puede achicar o atacar cualquier avance del rival sin que ello suponga un largo recorrido. Además, cada vez que ha tenido que desviar un remate lo ha hecho hacia los costados, cumpliendo con las obligaciones referentes a su puesto.

    El golazo de Yeferson Soteldo es un acto de justicia para el futbolista portugueseño. No puede olvidarse que su fútbol se ha visto afectado por la ausencia de un lateral que haga las veces de cómplice, lo que ha dejado al volante 10 en una soledad casi insoportable. Sólo cuando se ha trasladado hacia el centro del campo es que ha encontrado socios que le permiten desarrollar lo mejor de sus características. Por ello su golazo es justicia, justicia poética.

    Pero Soteldo fue más que el gol. La ubicación de Ronaldo Peña en el costado derecho liberó al volante de Huachipato, permitiendo que aumentara su influencia en la generación de juego. Ante Colombia fue la versión más constante del 10 en lo que va de torneo. Rafael Dudamel parece haber encontrado la estrategia ideal para potenciar al futbolista más habilidoso de su plantilla.

    Tras el gol apareció el escenario ideal para esta selección. A pesar de los gustos, hay que aceptar que este es un equipo que se preparó para jugar al fútbol de transiciones, partiendo siempre desde el repliegue defensivo. Con la anotación de Soteldo, la Vinotinto encontró la posibilidad de volver a su zona de confort, y obligó a Colombia a asumir conductas más ofensivas, suponiendo, quien sabe, que con esto aparecerían espacios que podían ser explotados gracias a la velocidad de Antonio Romero, quien a pesar de no entrar en contacto muchas veces con el balón durante la primera etapa, cumplió con el difícil rol de mantener la amplitud del equipo.

    Pero todo ese trabajo desgasta y mucho, porque nada cansa más a un futbolista que correr y correr detrás de la pelota sin llegar a tener contacto con ella, y es que en el segundo tiempo la selección criolla, sorpresivamente, cedió mucho terreno al rival, a quien le costó aprovechar semejante obsequio de los venezolanos. Su entrenador sumó volantes con la intención de multiplicar las situaciones de gol.

    Atento a ello. Dudamel sacó del terreno a Romero y dio entrada a Luis Ruiz. El cambio llevó a Peña a asumir nuevamente el rol de centro delantero y a Soteldo a alejarse de sus compañeros. El problema con esta modificación es que no solucionaba el principal problema vinotinto sino que lo acentuaba; la selección no tenía control del partido y aceptaba el rol de ser un equipo reaccionario. Aquello constituyó un riesgo innecesario, ya que aupó a que Colombia se instalara en territorio criollo. Es inexplicable que desde el minuto 60 la selección se haya tirado tan atrás y le haya regalado tanto protagonismo al rival, más aún cuando no existió una expulsión que invitara a tomar esa decisión.

    Tras la salida de Romero, Peña quien se encargó de luchar cada pelota frente a los centrales rivales. Ha sido característico de este equipo que el delantero sea más luchador que futbolista. Si bien es cierto este es un deporte de oposición directa en el que se pelea por la titularidad del balón, se echa en falta que los atacantes criollos sean más atacantes que luchadores.

    Guste o no, el empate se ajusta al guion del partido. Queda la impresión de que Faríñez no comete infracción y que el penal no fue tal, pero sin duda que el rendimiento cafetero, aun en inferioridad numérica, hacía pensar que la igualdad era posible, una esperanza que se sostenía en el juego neogranadino y la timidez venezolana. Esos son los riesgos de ceder tanto protagonismo y tanto terreno al rival.

    El empate no es negativo, sobre todo porque todavía faltan cuatro partidos y el torneo otorga cuatro cupos al mundial. Pero debe examinarse muy bien el por qué una selección que jugaba de igual a igual decidió irse del partido, asumiendo la postura de víctima, y permitiendo al rival jugar a su voluntad. El futuro es incierto y puede que de esta manera se consiga el objetivo, pero resulta cuando menos llamativo que la estrategia elegida sea aquella que renuncia al protagonismo y se entregue a los arrebatos de la suerte.

    Marcelo Bielsa patentó la idea de «Parálisis por exceso de análisis» para referirse a cuestiones del juego que implicaban profundas reflexiones. Venezuela tiene dos días antes de su próximo duelo, los suficientes para evitar esa situación a la que hizo referencia el entrenador argentino.

    Fotografía cortesía de Caracol.com.co y Agencia EFE

  • Mucho suspenso y poco juego

    Mucho suspenso y poco juego

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    El aprendizaje es un proceso continuo, que no se detiene aun cuando creemos que hemos superado etapas. Cada situación vivida es una experiencia que almacenamos y que, en algún momento dado, cuando la situación así lo requiera, nos servirá de apoyo, sin importar que la búsqueda de esa referencia sea consciente o inconsciente.

    En ese complejo proceso que antes mencionaba existe un contribuyente especial: las situaciones límite. El ser humano, ante un panorama que se presenta decisivo, se enfrentará a la urgencia de tomar decisiones trascendentales, cuyas consecuencias no son sólo inmediatas. Me explico: para enfrentarse Argentina en la búsqueda de un resultado que asegurara la consecución del primer objetivo, la selección sub-20 adoptó una estrategia que idealmente lo acercaría a esa meta; hubo una respuesta, que más allá del éxito de la misma, se constituyó en parte importante del crecimiento y la formación de los futbolistas que la pusieron en práctica. Esto define el verdadero valor de la competencia en la formación del deportista.

    Puede sonar a lugar común, pero ante la dificultad que significa quedar alejado de la meta o el objetivo, el ser humano normalmente saca lo que se conoce como el instinto de supervivencia. Una muestra de ello es la alineación titular con la que salió Venezuela para enfrentarse Argentina, buscando repetir lo mejor que ha producido el equipo como tal.

    La alineación fue una declaración de intenciones. Más allá de los gustos y todo lo que se pueda discutir en cuanto a las alternativas, Rafael Dudamel se decidió por los mediocampistas que más han rendido en este torneo: Ronaldo Lucena, Luis Ruiz y Yangel Herrera, tres volantes con notorias capacidades para conectar a todo el equipo. Los jugadores antes mencionados son especialistas en promover sociedades, por lo que juntarlos desde el inicio suponía una apuesta por el control del partido y una construcción de juego acorde a lo que el equipo mostró ante Bolivia.

    El retorno de Yeferson Soteldo a la titularidad vino acompañado de una modificación táctica. Ronaldo Peña, quien había hecho de delantero más adelantado durante todo el torneo se ubicó como mediapunta por el costado derecho, cediendo el puesto de punta de lanza a Antonio Romero, un futbolista más veloz y mejor capacitado para explotar los espacios que dejaba la defensa rival. El cambio alejó a Peña del área pero lo acercó a sus compañeros; se hizo parte del circuito de construcción de fútbol y sumó en situaciones defensivas.

    La entrada de Nahuel Ferraresi permitió que la selección contara con un central capacitado para salir jugando. Es muy importante hacer referencia a que esa cualidad no es excluyente; los grandes defensores centrales son aquellos que identifican correctamente cuando es necesario salir en corto, cuando se debe jugar largo, cuando hay apoyarse en el portero o cuando hay que reventar la pelota. Es imposible aislar o fraccionar el juego en etapas o secciones: un defensor hace más que defender y un delantero no se dedica exclusivamente a atacar; cada futbolista tiene la capacidad para jugar, esto es decir, para adaptarse y actuar según lo que requiera el momento.

    El entrenador José Hernández, quien estuvo en la transmisión de TLT, habló sobre un concepto que vale la pena rescatar. El seleccionador nacional sub-17 explicó que este es un equipo, el Vinotinto, que se puede ver beneficiado por la dinámica propia del torneo, e ir de menos a más. La impresión de Hernández se basa seguramente en que la acumulación de minutos competitivos favorece al desarrollo de los modelos de juego. Son pocos los seleccionados que logran sostener altas cuotas de rendimiento en torneos como este. Esa es la apreciación de uno de los entrenadores que mejor conoce los procesos de enseñanza en nuestro país.

    La conexión entre Peña y Ronald Hernández probó ser muy positiva, invitando a reflexionar el por qué no se explotó más. A la habilidad de Hernández se le sumaba la capacidad táctica de Peña, que reconocía los movimientos del lateral y jugaba en función de ellos: se acercaba o se alejaba según beneficiara el recorrido de su compañero. Debo insistir en el viejo concepto que sugiere que, ante la ausencia de extremos, son los laterales quienes con sus proyecciones deben hacer profundo y amplio al equipo, lo que se traduce en la utilización total del campo de juego.

    Hay que hablar también de la falta de gol el seleccionado criollo. Desde el partido ante Bolivia el conjunto nacional ha generado un buen número de ocasiones peligrosas, las suficientes como para pensar que la victoria era más que posible. Pero se falló, no hubo eso que llaman contundencia, virtud que algunos equivocadamente creen que se puede entrenar. Y es que por más que los futbolistas pasen largas sesiones rematando el arco, desde distintas posiciones y con diferentes grados de dificultad, los partidos requieren respuestas que no son idénticas a las practicadas, por el simple hecho de que el partido es como un examen final, y el rival ofrece respuestas imposibles de programar. Claro que hay que entrenar, siempre con la intención de que esa sesión preparatoria tenga el mayor parecido posible a un partido de fútbol, pero aceptando que los partidos tienen situaciones condicionantes muy distintas a lo que ensaya.

    El gol es hijo del juego y de los estados anímicos; en el caso venezolano fue apenas ante Bolivia que empezó a verse la mejor versión criolla, y en cuanto al estado anímico, queda claro que este no pasa por su mejor momento. Por ello es tan importante lo que mencionaba el seleccionador Hernández en cuanto al formato del torneo y como este puede ayudar al crecimiento de una selección.

    Parece que no hay solución al caso de Yeferson Soteldo. Ante Bolivia fue el revulsivo porque encontró muchos compañeros cercanos. Pero ante Argentina volvió ver el Soteldo pegado a la banda izquierda, solitario, sin ayudas, casi dependiente de algún milagro propio que lo ayudara a sortear los hasta tres marcadores que lo acechaban. Da la sensación de que falta algo en este equipo, porque si al 10 lo marcan tres futbolistas, esto significa que en otro sector del campo se produce una superioridad numérica venezolana que no fue aprovechada. Soteldo, salvo cuando se tiró hacia el centro, no tuvo en el lateral Edwin Quero una vía de oxígeno. No fue sino hasta el minuto 67 que Quero recorrió su banda hacia el área rival.

    Es evidente que a la selección criolla le cuesta mucho la construcción de juego. Cada una de las situaciones de gol que produjo en los cuatro partidos tuvo su origen en jugadas a balón parado o ataques sustentados en rápidas transiciones. Pero cuando el rival defendía acerca de su propia área, a los venezolanos se le hizo casi imposible crear peligro. Esto no va a cambiar en la segunda etapa el torneo porque son comportamientos propios de una idea de juego desarrollada en más de treinta módulos de entrenamiento, pero, aun así, no deja de sorprender que durante todo ese tiempo no se desarrollaran variantes al plan de la selección. No hay respuestas ante defensas organizadas.

    Es igual de sorprendente que, jugando contra diez, a Wuilker Fariñez se le exija, sin tener rivales cerca que lo presionen, que lanzar un pelotazo antes que promover secuencias que muevan y desordenen al contrario. No está en el ADN de esta selección otra cosa que el juego de transiciones.

    Al principio hablaba de las situaciones límites y cómo estas comprometen la respuesta de quienes las viven. Me da la impresión de que la selección nacional sub-20 no sintió el partido como tal, sino como un episodio más de un tránsito que, según los cálculos, no terminaba hoy. Es cierto que el primer objetivo (clasificar al Hexagonal final) se consiguió, pero no puede decirse que los criollos arrollaron a sus rivales. Insisto, se avanza de fase, pero el balance de un gol en cuatro partidos, así como la ausencia de alternativas al juego largo son alarmantes. Puede que todo mejore, como también es posible que esta sea la manera a través de la cual se intente la consecución del siguiente objetivo: la clasificación al mundial. Pero que no se olvide que el gol es hijo del juego, y por ahora, de juego, esta selección, ha mostrado muy poco.

    Fotografía: Clarín.com y Agencia EFE

  • Convencerse de jugar

    Convencerse de jugar

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    La selección venezolana Sub-20 enfrenta su mayor reto hasta ahora: vencer a su similar de Argentina para clasificar al Hexagonal final. El duelo no es sencillo; a pesar del desastre que es hoy el fútbol argentino, sus jugadores están acostumbrados a competir desde edades muy tempranas, por lo que aun cuando el contexto conspire en su contra, son futbolistas que no dejan de combatir. Es un tema formativo que por estos lados no se entiende.

    Decía que el desafío es inmenso, pero no por ello imposible. Hay dos factores que deberían ayudar a los nuestros en esta misión: 1) el muy buen segundo tiempo ante Bolivia, en el que quedó demostrado que esta Vinotinto puede alternar con éxito los pases largos con las entregas cortas, siempre apoyándose en los constantes movimientos de sus jugadores; y 2) el regreso de Yangel Herrera y el orgullo herido de Yeferson Soteldo, que ya probó ser un elemento de mucha influencia. Pero un equipo es mucho más que la simple suma de sus partes, por lo que Rafael Dudamel y su cuerpo técnico deben elegir muy bien quienes entran hoy como titulares y para qué entran.

    En cuanto a la amenaza que representa esta Argentina y su ir de menos a más, no hay duda que quienes han competido encuentran en la calidad de sus rivales una motivación inmensa. El deportista está consciente de la trascendencia que puede adquirir un victoria ante uno de los etiquetados como favoritos.

    ¿Cual es la vía? No hay una sola, pero sin duda alguna esa alternancia entre el juego asociativo y la búsqueda en largo de los delanteros es quizá el paso más importante porque permite no ser previsible. Venezuela ha demostrado durante el torneo posibilidades de llevarlo a cabo, por lo que Dudamel no estaría pidiéndole a sus dirigidos algo que no se ha entrenado. ¿El estado del terreno afecta? Sí, pero no vale sumar obstáculos, hay que superarlos, y este equipo demostró ante Bolivia que sabe hacerlo. Es cuestión de creer, de convencerse de jugar.

    Fotografía cortesía http://www.cooperativa.cl/ y Agencia EFE

  • Pim Pam Pum: ataque vinotinto

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    Las horas previas al debut de Rafael Dudamel en las Eliminatorias Sudamericanas camino al Mundial Rusia 2018 puede que sean más largas y pesadas aún para quienes no vivimos la intimidad de la selección. Somos todos nosotros rehenes de la especulación, porque como resalta el periodista del diario Líder, Juan Sifontes Sousa, todos los entrenamientos en tierras colombianas han sido a puerta cerrada.

    Por ello, más que agregarle variantes a todas las suposiciones, lo mejor en estos casos es revisar el pasado reciente, a conciencia de que no éste condiciona el presente tanto como nuestra soberbia quisiera -mucho menos en contextos de selecciones nacionales en los que transcurren meses y meses entre presentaciones- y tampoco los protagonistas, aún cuando sean los mismos, tendrán reacciones idénticas a las de su última aparición. Pero vale la pena repasar ese tiempo anterior justamente para no caer en el juego que plantean las emociones y la publicidad, y dedicarnos exclusivamente al fútbol.

    Dudamel asumió la selección teniendo a la Copa América Centenario como primer gran escollo. Previo a la participación en el torneo continental, la selección jugó hasta cuatro partidos amistosos, en los que importaba tanto el descanso como el aprendizaje y posterior puesta en práctica de la idea. Cuando se habla de reposo aún hay quienes no comprenden la importancia de esa tregua y como una salida a un centro comercial o a caminar en la playa muchas veces es más importante que tensar la convivencia. En fin, que aquellos encuentros fueron tomados como lo que eran: episodios preparatorios.

    Aún en un mundo globalizado, el fútbol sudamericano se niega a comprender el valor del archivo estadístico; encontrar algunos números que dejan los partidos de los torneos Conmebol es harto complicado, y en algunos casos imposible. Aún así, el ejercicio que motivó estas líneas fue posible gracias a algunos archivos en la web y las estadísticas de la compañía rusa Instat.

    Ataque criollo

    Una de las conductas que se observan en los equipos de fútbol es cómo preparan la pérdida del balón: sus reacciones, posicionamiento, presión, su transición ataque-defensa, su repliegue y su reordenamiento. Pero para esta ocasión he preferido repasar cómo ataca el equipo de Dudamel tras recuperación de la pelota, teniendo en cuenta que en los últimos años, las versiones vinotinto han encontrado en las transiciones defensa-ataque su fortaleza ofensiva. No significa esto que los jugadores estén incapacitados de adaptarse a un ataque posicional, algo que demostraron en el juego inaugural de la Copa ante Jamaica, sino que es un simple reconocimiento a las cualidades del equipo.

    Lo primero a evaluar es la bendita estadística de la posesión del balón. Todos los entrenadores saben que la tenencia de la pelota no es más que una herramienta, pero ésta puede indicarnos algo más, y es cómo consigue sus opciones de gol cada equipo. Para nadie es un secreto que Pep Guardiola trabaja para que sus equipos se ordenen y desordenen a los rivales por medio de pases, mientras que los de Diego Simeone son equipos más reactivos, siempre dispuestos a correr una vez que recuperan la titularidad del balón.

    En el caso criollo, los cuatro partidos de la Copa Centenario dejaron los siguientes números en cuanto a la posesión:

    Jamaica 41% Venezuela 59%

    Uruguay 58% Venezuela 42%

    México 66% Venezuela 34%

    Argentina 60% Venezuela 40%

    Salvo contra los isleños, los venezolanos no dominaron jamás ese rubro, lo que no impidió su clasificación a cuartos de final del torneo continental, por lo que no sería injusto concluir que esta selección no se aleja de esas carreras que hemos visto en los últimos años.

    Ahora bien, repasemos los números de una buena parte de los ciclos de César Farías y Noel Sanvicente para tener una idea, sólo eso, de cómo se ha comportado el combinado nacional en este aspecto:

    1) Etapa Farías:

    Copa América 2011

    Venezuela 46% Ecuador 54%

    Paraguay 60% Venezuela 40%

    Chile 63% Venezuela 37%

    Paraguay 58% Venezuela 42%

    Perú 44% Venezuela 56%

    Eliminatorias al Mundial Brasil 2014

    Uruguay 53% Venezuela 47%

    Venezuela 35% Chile 65%

    Perú 63% Venezuela 37%

    Paraguay 45% Venezuela 55%

    Venezuela 51% Ecuador 49%

    Argentina 61% Venezuela 39%

    Venezuela 41% Colombia 59%

    Bolivia 57% Venezuela 43%

    Venezuela 62% Uru 38%

    Chile 63% Venezuela 37%

    Venezuela 65% Peru 35%

    Venezuela 65% Paraguay 35%

    2) Etapa Sanvicente

    Copa América Chile 2015

    Colombia 56% Venezuela 44%

    Perú 69% Venezuela 31%

    Brasil 58% Venezuela 42%

    Eliminatorias al Mundial Rusia 2018

    Venezuela 53% Paraguay 47%

    Brasil 62% Venezuela 38%

    Bolivia 71% Venezuela 29

    Venezuela 55% Ecuador 45%

    Perú 61% Venezuela 39%

    Venezuela 44% Chile 56%

    Como se puede concluir, los niveles de tenencia de la pelota no han sido determinantes en las presentaciones criollas, y si me apuran, diría que estos futbolistas, los que están y los que estuvieron, se sienten mucho más cómodos jugando ese juego de transiciones. Esta afirmación está basada en las actuaciones recientes, es decir, lo expuesto en la Copa América Centenario. Tras la revisión de los cuatro encuentros de la Vinotinto bajo el mando de Dudamel, hay algunas consideraciones que planteo antes de invitarlo a revisar los resúmenes videográficos, hechos para este trabajo, de los encuentros ante Uruguay, México y Argentina.

    • Distancia entre quien conduce y posibles receptores.
    • Distancia recorrida para llegar al área rival.
    • Lugar en donde mayoritariamente recupera la selección.
    • La pausa depende de Rincón y Figuera.
    • Cantidad de futbolistas que defienden en el área criolla.
    • Venezuela juega a esto porque sus atacantes disfrutan esas carreras, pero es un riesgo porque se asume que el origen de esas reacciones es tras la pérdida de la pelota de quien lleva la iniciativa.
    • Venezuela no se ordena a través del pase ni se preocupa por ser un bloque; se siente a gusto en las transiciones y los mano a mano.
    • Pelota al espacio para generar enfrentamientos 1×1. Con sus características y sus diferencias, Adalberto Peñaranda, Josef Martínez, Yeferson Soteldo, Rómulo Otero, Jhon Murillo, Juan Pablo Añor y Yonathan Del Valle son especialistas en esos mano a mano.
    • Cuando participa Añor el equipo muestra otra faceta sin abandonar totalmente las transiciones; es más rica su propuesta.
    • Siempre que se recupera la pelota se busca al más alejado, al compañero más lejano.

    Le pido tener en cuenta esas observaciones a la hora de revisar los videos. Los resúmenes tienen un tiempo de duración promedio de 5 minutos, una extensión necesaria para hacer válido el análisis y no pecar de hacer una selección interesada de jugadas.

    Para finalizar dejo una opinión muy personal: la táctica ante los Colombianos no debe ser muy distinta a lo mostrado en estos tres ejemplos. El equipo de José Pekerman buscará la iniciativa y el control de la pelota, y el combinado nacional puede aprovechar justamente esos desplazamientos del rival hacia el arco criollo para, una vez recuperada la pelota, atacar los espacios y provocar esos enfrentamientos mano a mano. Por ello me atrevo a pensar que los futbolistas más adelantados para esta ocasión serán Otero, Peñaranda, Martínez y Salomón Rondón.

    El jueves sabremos si todo este repaso sirvió para algo más que pelearle unos segundos a tanta banalidad que rodea al fútbol.

    Foto cortesía Reuters