Para terminar la segunda temporada de «Mí fútbol» he invitado a Carles Martínez. El entrenador español ha sido designado seleccionador nacional sub-20 de Kuwait. Anteriormente ha trabajado en el fútbol base del Español y en La Masía del FC Barcelona.
Martínez da sus impresiones sobre el fútbol actual post confinamiento, la inteligencia de los futbolistas y otros temas. Además de entrenar es un estudioso de este juego y del Juego de Posición. Esto le convierte en un observador calificado y necesario.
El último capítulo de esta temporada presenta a Carles Martínez Novell.
Los ataques desproporcionados a Zinedine Zidane, un tipo que encarna sensatez pura y dura, son el símbolo de nuestros tiempos: la vigencia del ser apenas subsiste las horas siguientes a un triunfo. Los mercenarios y mercachifles necesitan la caída de todos. Incluso la de un hombre moderado como el francés para mostrarse ante la masa como los guardianes de algo que ni ellos pueden ni quieren definir. Ese algo es la barbarie, la misma del circo romano y del pulgar del César. Es más productivo destruir que intentar encontrar razones.
Tras la derrota del Real Madrid ante el Manchester City, y hasta que llegue la próxima victoria, Zidane será el blanco fácil de los parásitos del fútbol. Le acusarán de incapaz, de no saber conducir y hasta de no escuchar a los expertos, aquellos que nunca se equivocan.
A diferencia de la crítica alrededor del juego del FC Barcelona, al marsellés solamente se le juzga por si su equipo ganó o perdió. Las formas nunca importaron al entorno, ya se sabe, por aquello de que «en el Madrid sólo vale ganar». Este atentado en contra del conocimiento es posible gracias al apoyo e impulso de potentes altavoces y sus bufones funcionales. Los de ayer y los de hoy.
La masa, adueñada de los espacios que antes estaban reservados para el análisis, huele sangre, desea ver rodar cabezas y requiere culpables. Todo esto como consecuencia de una derrota. Luego, si el Madrid lograse superar al mismo rival que les venció hace apenas unas horas, Zidane volverá a ser “uno más de los nuestros”, o, peor aún, afirmará, sin temor al ridículo, que Zidane “escuchó el clamor de los expertos y de la grada”. Nunca antes tuvo la masa tanta fuerza y tanta incidencia en la inmundicia.
El fútbol nos retrata. No a Zidane ni a Pep sino a todos nosotros, los hombres-masa destructores y odiadores seriales. El Übermensch de Nietzsche, aquel hombre que alcanza su libertad creativa y espiritual y que, por ende, supera su condición inicial de hombre-masa, nunca estuvo tan lejos de ser posible.
El fútbol desnuda nuestras miserias. El fútbol no es una razón para ser optimistas. Es una herramienta para observarnos a nosotros mismos y hasta vomitar por toda la mierda que alimentamos gracias a nuestras inseguridades y nuestro desprecio.
Que los ingenuos enciendan la tele y aplaudan a los vengadores de la oscuridad. El espectáculo destructor les ha narcotizado hasta el punto de que no ven fútbol sino que se ven y se celebran a ellos mismos. Pobres ilusos, pobre juego… pobres de nosotros.
Tito Vilanova (+) explicó en una entrevista con El País, hecha por el periodista Lu Martín en 2011, la importancia de Gerard Piqué en aquel inolvidable FC Barcelona:
“Hubo un momento que rezábamos para que no cayera Piqué, porque si se llega a lesionar se nos desmonta el invento, se nos caía”.
Paradójicamente, -digo esto porque la rivalidad entre dos parcialidades no permite observar una evidencia grande como una iglesia- quien peor se ha visto sin la compañía del central catalán es su antiguo compañero en la zaga española: Sergio Ramos.
Piqué, además de construir y mejorar el juego de su equipo con su superlativa interpretación del fútbol, le quitaba presión a Ramos, limpiando alguno de sus notables fallos. Sin él, al igual que le sucede tras el adiós del portugués Pepe, Ramos es, como nunca antes, un futbolista inseguro, necesitado de gestos elocuentes para sostener la aprobación del público. No tiene quién le tranquilice, y por ello, sus lagunas, expuestas en forma de agresiones sin sentido, son menos esporádicas y más regulares.
Este es un ejemplo más de cómo el ser humano, y por ende el futbolista, no es una isla aislada sino el producto de sus capacidades intra-comunicadas con sus compañeros e inter-relacionadas con sus rivales.
“Las emergencias son definibles como «las cualidades o propiedades de un sistema que presentan un carácter de novedad con relación a las cualidades o propiedades de los componentes considerados aisladamente o dispuestos de forma diferente en otro tipo de sistema«. Edgar Morín.
Es decir, dentro del sistema, la interacción de cada una de sus partes produce nuevas propiedades. Llevémoslo al fútbol: la interacción entre Piqué y Ramos convertía a ambos en mejores versiones de sí mismos, al tiempo que, en relación con el resto de sus compañeros, hacían del equipo un producto mejorado. Sin Piqué, y sin Pepe, Ramos no tiene, por los momentos, quién lo ayude a sostener su mejor versión.
Esto es fútbol, un juego social, que se juega en relación con quienes tenemos en nuestro bando y con quienes están en el bando contrario. Somos y seremos lo que los otros nos ayuden a ser.
El adiós de Cruyff me pilló en medio de la preparación de un partido por las Eliminatorias Sudamericanas. Recuerdo haberme despertado e ir al gimnasio del hotel en el que nos hospedábamos en Lima, con la intención de trotar un rato, ya se sabe, para drenar un poco la presión y la ansiedad.
A pesar que mi cargo era el de Jefe de Prensa de la Selección Venezolana de Fútbol, la intensidad con la que asumo cada tarea hacía que soñara con miles de variantes para el juego ante los peruanos, por lo que la zozobra era insoportable: no podía desconectar. Por ello trotaba. 40 minutos. 50 minutos. Por lo menos sentía que algo dejaba en esa cinta y me ilusionaba con la posibilidad de dormir mejor.
Vaya si la vida es una constante ironía. Aquella mañana, a eso de las 6:45, cuando apenas empezaba a rondar una pobre velocidad de nueve kilómetros por hora, supe del fallecimiento de Johan. Trotando. Corriendo. Lo contrario a como el «Holandés Volador» comprendía el juego al que tanto le dio. Insisto, la vida no es más que un compendio de incoherencias.
Terminé como pude la rutina. No recuerdo tan siquiera haber completado el tiempo que había marcado en la máquina. Subí a bañarme y escribir un par de líneas para el Magazine de Martí Perarnau. Cuatro párrafos. Desechables y olvidables, pero necesarios. Sepa usted, mi estimado visitante, que la verdadera razón por la que uno escribe es el egoísmo, drenar emociones, sin importar mucho el destino de esas letras. Por ello es tan gratificante cuando alguien disfruta con mis contradicciones. Correr y escribir, así más o menos puedo equilibrar mi velocidad con la dinámica del mundo.
Luego vino el almuerzo y el partido. Recuerdo que durante todo ese tiempo pensaba que, más que una victoria en Lima, me emocionaría aún más que la selección tuviese algún rasgo del cruyffismo. Cualquiera. Quería terminar el partido con la panza llena de fútbol.
Aquella noche no pudimos vencer a Perú, y, aunque nadie lo confirme, entendí que nos íbamos de la selección. No recuerdo si jugamos bien; las emociones me pudieron y nos tocó vivir un incidente que no me corresponde narrar. Al día siguiente, el staff técnico estaba tranquilo, aliviado, como si el episodio de la noche anterior hubiese servido para confirmar mil cosas que espero mueran conmigo. Pero cuando probé bocado (no acostumbro a comer mucho los días que exigen mi total dedicación), dije en voz alta, como si me estuviese cayendo la locha, «¡puta madre, se murió Johan!»
Y es que Cruyff siempre fue Johan para aquellos que lo admiramos. Su obra fue de tal magnitud que superó los límites naranja y los blaugrana; el mejor Real Madrid que vi, aquel que llamaron La Quinta del Buitre, tenía mucho de su ideario; la mejor España, la mejor Alemania, la mejor Holanda, la mejor Argentina, el mejor Milan y, como no, el mejor Barcelona, fueron, todos, de una u otra manera, hijos de su pensamiento.
A quienes llegaron hasta aquí debo pedirles disculpas por mezclar las emociones «cruyffistas» con aquella aventura peruana. Le aclaro que no es ventajismo; desde aquella mañana, en cada partido que veo, me pregunto ¿qué pensaría Johan? Lamento profundamente no haberlo conocido, era mucho lo que deseaba escucharlo, leerlo y verlo. Hay tanto sinvergüenza en el fútbol que se me complica entender como uno de los buenos, quizá el más, se fue tan rápido, dejándonos a merced de los idiotas que predican que hay que ganar como sea, como si la sola voluntad fuese suficiente.
De nuevo pido sepan disculpar mi confusión. La idea de estas líneas era promover algunas reflexiones de su libro 14. La Autobiografía. Pero me duele la ausencia de Johan, casi como la de un familiar, o mejor dicho, la de un amigo, al que siempre se podía acudir para encontrar un buen consejo.
En fin…
«Para mí todo empezaba en la calle. La zona en la que yo vivía era conocida como la «aldea de cemento», un experimento de casas baratas realizado tras la Primera Guerra Mundial. Era una zona obrera y los niños pasábamos tanto tiempo fuera de casa como nos era posible; desde que puedo recordar jugábamos al fútbol donde podíamos. Ahí fue cuando empecé a pensar en cómo convertir las desventajas en ventajas. Descubrí que el bordillo puede no ser un obstáculo, sino que podía convertirlo en un compañero de equipo para el uno-dos. De modo que gracias al bordillo pude trabajar mi técnica. Cuando el balón rebota sobre superficies diferentes con ángulos extraños, tienes que reajustarte al instante. A lo largo de mi carrera la gente se ha sorprendido a menudo de verme chutar o pasar desde un ángulo inesperado, pero eso se debe a cómo me crie. Lo mismo ocurre con el equilibrio. Cuando te caes sobre cemento, duele y, por supuesto, no quieres que te pase. Así que juegas al fútbol procurando no caerte. Fue jugar así, intentando reaccionar ante la situación en todo momento, lo que desarrolló mis habilidades como futbolista. Por eso soy muy partidario de que los jóvenes jueguen al fútbol sin tacos».
«Lo que aprendí es que el fútbol es un proceso que consiste en cometer errores, analizarlos para aprender la lección y no frustrarse».
«El buen jugador es el que toca el balón una vez y sabe a dónde correr; en esto es en lo que se basa el fútbol holandés».
«Yo digo: no corráis mucho. El fútbol se juega con el cerebro. Hay que estar en el lugar preciso en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni demasiado tarde».
«La defensa se basa en darle la menor cantidad de tiempo al contrario, o que cuando tienes la posesión del balón debes asegurarte de que dispones de la mayor cantidad posible de espacio mientras que cuando lo pierdes hay que minimizar el espacio que tiene el oponente».
«Continuamente, diez jugadores deben anticipar lo que va a hacer el que lleva la pelota».
«Aparte de la calidad de los jugadores, el Fútbol Total es, sobre todo, cuestión de distancia y posicionamiento. Esa es la base de todo el pensamiento táctico. Si aciertas con la distancia y la posición, todo encaja. También requiere mucha disciplina. Nadie puede ir por su cuenta. Eso no funciona. Si alguien empieza a presionar a un contrario, el equipo entero tiene que unírsele».
«El Fútbol Total, en cualquier caso, es cuestión de distancias en el terreno y entre las líneas. Si juegas así, incluso el portero tiene que entenderse como una línea. Como el portero no puede coger el balón con las manos si se lo pasan, él también tiene que ser capaz de jugarlo. Tiene que asegurarse de que los defensas reciben el balón en el momento exacto. A menudo tiene que quedarse en el borde del área de penalti, para convertirse en una opción para sus compañeros de más adelante. En nuestro estilo de juego en el Mundial de Alemania, no había sitio para un portero que no saliera nunca de debajo de los palos».
«Mucha gente piensa que la defensa consiste en despejar el balón. Pero el arte de la defensa también consiste en saber cuándo le tienes que dar al portero la oportunidad de detener un balón».
«El acertijo de si el jugador A encaja bien con el jugador B siempre me ha parecido fenomenalmente interesante».
«Y, como ya he dicho, me gustaba hacerlos cuestionar el pensamiento tradicional diciéndoles que el delantero era el primer defensa, haciendo que el portero comprendiese que él es el primer atacante y explicando a los defensas que ellos determinaban la longitud del campo. Con la idea central de que las distancias entre las líneas nunca pueden ser superiores a los diez o quince metros. Además, todos tenían que interiorizar que, cuando se tiene la posesión del balón, hay que crear espacio, y que sin él hay que reducirlo. Eso lo consigues siguiendo de cerca visualmente a todos los demás. En cuanto uno echa a correr, el otro le sigue».
«Tomemos la combinación de Ronald Koeman, a quien fiché en 1989, y Pep Guardiola, a quien ascendí al primer equipo en 1990, como dúo de defensa central en el Barcelona. Ninguno de los dos era rápido, y tampoco eran defensas. Pero nosotros siempre jugábamos en campo del oponente. Calculé las probabilidades basándome en los tres pases que podía realizar el equipo contrario. En primer lugar, un pase en profundidad que supera nuestra última línea. Si el portero era bueno y estaba situado lejos de la portería, siempre podría hacerse con la pelota. A continuación, un pase cruzado. Para eso tenía defensas rápidos que estaban entrenados como extremos. Siempre llegaban a tiempo de interceptar el balón. Y la última opción era un pase corto por el centro. Guardiola y Koeman eran tan fuertes en el plano posicional que siempre los interceptaban, a pesar de que, claramente, no eran los defensas centrales ideales. Seguramente era ese el motivo por el que funcionaba. Porque el portero estaba en la posición correcta y los defensas hacían lo que había que hacer».
«De modo que trabajábamos constantemente con los defensas para encontrar esas soluciones. Como presionar al contrario no mediante sprints de treinta metros, sino a base de moverse unos pocos metros en el momento justo».
«Se necesitaron más de diez mil horas de entrenamiento para alcanzar el nivel del Dream Team , nombre que recibía a menudo la plantilla de esa época».
«El dominio del terreno de juego se estaba convirtiendo en un problema cada vez mayor cuando, en realidad, es muy sencillo: cuando tienes la posesión del balón, agrandas el campo; cuando lo pierdes, lo vuelves a hacer pequeño».
«Todo el mundo sabe que me gusta el fútbol cuando se juega al ataque, pero para poder atacar antes tienes que defender presionando, y para poder hacer eso debes saber presionar el balón. Con el fin de hacerlo lo más fácil posible para todos los jugadores, hay que crear tantas líneas como sea posible. De modo que quien lleva el balón siempre tenga alguien delante y alguien al lado. El espacio entre quien lleva la pelota y esos otros compañeros no debería ser nunca superior a diez metros. Cuando hay mucho espacio, aumenta el riesgo».
«A mí me gusta usar cinco líneas sin contar el portero: los cuatro defensas, un centrocampista central atrasado, dos centrocampistas extremos a ambos lados de este presionando hacia delante, un delantero jugando en profundidad o adelantado y dos delanteros en los extremos. En un despliegue de ataque, el terreno de juego va desde la mitad inferior del círculo central hasta el área de penalti del contrario. Esto crea un campo de 45 metros de longitud y 60 metros de anchura. Con un espacio de unos nueve metros entre líneas».
El América de México cayó 2-0 ante el Real Madrid en las semifinales del Mundial de Clubes FIFA 2016. La superioridad del conjunto que dirige Zinedine Zidane es tal que sólo una catástrofe evitaría que obtuviesen el trofeo que los acredite como campeones mundiales.
Pero más allá de actuaciones realmente maravillosas de jugadores blancos como Nacho, Benzema, Modric, Casemiro o Kroos, el equipo mexicano, aún cuando cayó derrotado, dejó algunas lecciones que podrían ser aprendidas y aprehendidas por los entrenadores que tanto disfrutan escudarse detrás del manual de las excusas.
El argentino Ricardo La Volpe se hizo cargo del histórico club mexicano el 22 de septiembre de 2016. Su influencia ha ido más allá de lo palpable -las «Águilas» jugarán la final del torneo local frente a los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León- y ello sólo puede comprenderse desde el juego.
Ante el Real Madrid, y con todas las de perder, el entrenador no le pidió a sus jugadores otra cosa que ser fieles al estilo que les ha marcado en el último semestre. En la rueda de prensa previa al partido, el entrenador dejó las siguientes frases:
1. «Hay que achicar a lo largo y a lo ancho. Y mi punto de vista es tener la pelota. Si tenemos la pelota no la tiene el contrario. Y cuando la tengamos hay que ser agresivos y ofensivos».
2. «Al Madrid no le vamos a ganar sólo echándole ganas. Hay que ser muy inteligente. Le vengo diciendo a mis jugadores que jugamos ante un sistema, no ante pepito o fulanito, ni ante camisetas. Siempre digo que el fútbol es como el ajedrez».
3. “Si no tenemos la pelota no podemos regalar espacios».
Todo lo mencionado por el conductor argentino es moneda común de la gran mayoría de las ruedas de prensa previas a cualquier partido de fútbol. Pero La Volpe, a diferencia de muchos, sí pone en práctica lo que anuncia.
Veamos tres situaciones de juego en las que su América, a pesar de enfrentarse al equipo más poderoso de Europa, mantuvo su plan y su estilo:
Salida Lavolpiana
Esta herramienta define mucho del pensamiento del argentino. Su intención es que la construcción del juego nazca desde su arquero. No es un capricho; al igual que muchos entrenadores, La Volpe siente que el ataque se construye desde el primer pase, y para que este sea eficaz, deben involucrarse todos los jugadores. Dijo alguna vez Pep Guardiola que «su primera opción de salida al frente con el balón, es de las mejores que he visto».
«El objetivo es ensanchar el equipo para lograr ocupar el mayor espacio posible, dificultando lo más posible la presión rival, los centrales y el medio-centro intentarán salir combinando con los laterales y los interiores para intentar conseguir una salida de balón lo más limpia posible».
Ante el Real Madrid:
Salir de novios
Durante el Mundial Alemania 2006, Guardiola hizo de columnista en el diario español El País. En uno de sus aportes hizo hincapié en el juego que proponía la selección mexicana que conducía Lavolpe, y el título de aquella exposición era «salir de novios». Acerca de esa intención, el hoy entrenador del Manchester City explicó:
«Ricardo Lavolpe, argentino él y seleccionador mexicano, ha escogido que su defensa salga jugando. No que empiece jugando, que es otra cosa. Para Ricardo Lavolpe, empezar jugando es pasarse la pelota entre los defensas, sin mucha intención, para pasar la pelota algunas veces y lanzarla, la mayoría de las veces. Pero Lavolpe obliga a otra cosa. Obliga a salir jugando, que no es otra cosa que jugadores y pelota avancen juntos, al mismo tiempo. Si lo hace uno solo no hay premio, no vale. Han de hacerlo juntos. Como lo hacen los novios cuando salen juntos.»
Más adelante, y como no podía ser de otra manera, el catalán recordaba a Johan Cruyff, su maestro:
«Me viene a la memoria que un día, escuchando a Johan Cruyff, contaba que los jugadores más importantes para que un equipo juegue bien con la pelota en su poder, son sus defensores. Si sales bien, puedes llegar a jugar bien; si no lo haces, no hay opción. Johan cree que aquello que equilibra el juego es la pelota. Pierde muchas, y serás un equipo desequilibrado. Pierde pocas, y será todo equilibrio».
Esto que describe Guardiola también fue puesto en práctica por el América ante el equipo español:
Buscar al lejano
De Johan Cruyff es el concepto que motiva el siguiente video. Aunque no se hable de ello, el holandés no negaba la posibilidad de utilizar un pase largo, por ello siempre le recomendaba a sus futbolistas «mirar siempre al compañero más alejado«.
«La frase, una de las más célebres del santoral de Johan, revelaba una parte de la naturaleza de ese Barça a menudo olvidada: su amor por el pase vertical. A aquel equipo le encantaba filtrar pelotas directas, tanto por tierra como por aire. Cuando Koeman agarraba el cuero, su primera reacción era mirar a Stoichkov en busca de su clásico envío de sesenta metros, quizás el más certero que hubo nunca. En el caso de Guardiola, el de Santpedor hallaba en Bakero su perfecto punto de apoyo entre líneas para avanzar. Cuando en 1993, Cruyff compró a Romario (un delantero centro), lo primero que le dijo a Pep fue que “mirara siempre al brasileño”. Por supuesto, estos pases estaban previstos en la pizarra mental de Cruyff, obedecían al juego posicional que estaba creando para el colectivo, pero también eran el reflejo de su sentir futbolístico, que no era otro que atacar sin descanso«.
Frente al Real Madrid, el equipo mexicano supo como promover escenarios a partir de esa búsqueda del compañero más alejado, o si lo prefiere el lector, el más adelantado:
Conclusión
22 de septiembre. Quiero insistir en la fecha de llegada del argentino al club mexicano porque en menos de tres meses, y en plena competencia, La Volpe ha conseguido que su equipo haga propia la manera de interpretar el juego que defiende su entrenador. Lo ha conseguido en uno de los equipos más grandes de México, uno al que no se le permite experimentar porque «no hay tiempo y sólo vale ganar».
El argentino asumió el reto y su equipo, como dije anteriormente, está en la final de su torneo doméstico. No hay lugar para las excusas, y ante una derrota frente al equipo más poderoso de Europa, La Volpe no se escondió y dijo «perdimos una gran oportunidad de hacer historia».
El fútbol es un deporte fascinante porque aún cuando se cae derrotado hay muchas variables que pueden y deben ser estudiadas. Quienes creen que lo único que importa es el resultado limitan sus posibilidades de crecimiento, no en vano un resultado es indiscutible porque ya no puede hacerse nada al respecto. En cambio, todo lo referente a las formas, el contenido y las herramientas es cuando menos un terreno inmensamente desconocido, tierra fértil para el análisis y la comprensión.
Con motivo de la visita del Real Madrid a territorio alemán para su partido de ida de los octavos de final de la Liga de Campeones frente al Schalke 04, el diario español El País ofreció algunas pistas que en un escenario ideal han debido fomentar el análisis, o por lo menos inspirar una columna de opinión en ese mismo medio. Pero ya sabemos que la pereza sólo revisa lo hecho y no el camino recorrido. Aprovechemos nosotros entonces las señales para continuar nuestro proceso de aprendizaje.
En su edición del miércoles, el periodista Diego Torres recogía el testimonio del jugador Sergio Escudero: » El primer día que llegué hicimos un circuito con balones medicinales, teníamos que lanzar el balón para arriba, sentarnos, levantarnos y cogerlo. Cuando llegué y vi eso dije: ¿Dónde me he metido?”. Es decir, el equipo azul se ha aislado en el pasado y desconoce los cambios que desde hace una década se han implantado en aquel país y que sugieren que todos los trabajos se hagan con el balón. Un entrenamiento pensado en el juego.
Consumada la goleada 1 a 6 favorable al Real Madrid, Felipe Santana, defensor brasileño del equipo alemán y de pasado reciente en el Borussia Dortmund, expresó ante los medios de comunicación – sin que muchos se interesaran en ello, cómo así lo confirma el silencio del señor Torres – que «avisé en mi vestuario que aquello sería difícil de repetir porque nosotros practicamos otro tipo de fútbol y tenemos menos experiencia”. El tema de la experiencia no es debatible, pero en el apartado del «otro fútbol» me parece que Santana no se supo explicar.
Ningún equipo en el mundo juega igual a otro. Seguramente hay quienes coinciden en el respeto a algunos principios del juego y otros que lo hacen en los modelos de entrenamiento. En el caso del Schalke, la revisión debe ir por los lados de la preparación, y bien vale preguntarse si mejorar la fuerza, la resistencia y la reacción, dentro de pautas futbolísticas, no sería más conveniente que trabajar con un balón medicinal o pasarse largos ratos en el gimnasio como.
Desde hace unos años para acá se ha comprendido que al jugador y al equipo hay que prepararlos dentro del campo de juego, con la pelota y como un organismo indisociable. ¿La razón? Sólo así se puede internalizar los conceptos de juego, desarrollar las sociedades que definen a un equipo y, sobre todo, jugar. Resistirse al progreso y preferir la playa, la montaña, el gimnasio o los balones medicinales para entrenar al fútbol limita las posibilidades el equipo.
Columna publicada el domingo 02 de Marzo de 2.014 en el diario Líder
Parece que hago referencia a dos conceptos totalmente distintos, pero revisando el siguiente link se confirma que ambos son nociones similares: http://www.wordreference.com/sinonimos/armon%C3%ADa. Incluso en el fútbol, cuando se menciona a uno u otro, se hace con la intención de mostrar lo que debería ser un equipo y cual es el camino correcto para lograrlo.
Me atrevo a decir que la armonía se consigue cuando una serie de conductas individuales se unen para transformarse en una única pauta por un momento; un único momento que puede durar sólo un par de segundos, los necesarios para, en un partido de futbol, someter y vencer al rival.
Carlo Ancelotti hace referencia al equilibrio y lo define como «atacar bien y defender bien«. Su jugador, el francés Raphael Varane, añade aún más claridad al asunto cuando explica que «el bloque defensivo no es una cosa sólo de los defensas, es de todo el equipo«. Me parece que el francés ofrece una mejor visión de lo que debe ser un equipo de futbol y de como éste, según el pensamiento complejo de Edgar Morín, es un fenómeno indivisible, es decir, el fútbol como actividad compleja no puede ser analizado como si se tratara de un puñado de manifestaciones aisladas, inconexas.
Momento de recurrir al diccionario de la Real Academia Española y a una de sus definiciones de armonía: «conveniente proporción y correspondencia de una cosa con otras». ¿No es esto a lo que se refieren Ancelotti y Varane, cada uno con sus palabras? Creo que sí, que en este caso ese equilibrio que exige el entrenador o el compromiso que pide el defensor tienen que ver con la búsqueda desesperada de la transformación del Real Madrid en un equipo y no en un muestrario de talentosos solistas. ¿Lo conseguirán? Quien sabe, pero el proceso promete ser muy interesante.