Etiqueta: Sandro Rosell

  • Lio Messi se va del Barcelona

    Lio Messi se va del Barcelona

    Messi se va para hacer un favor al club

    Lio Messi se va del Barcelona. Para analizar la historia reciente del club converso con Frederic Porta, periodista, escritor e historiador catalán.

    Su testimonio ofrece un panorama muy completo sobre la realidad del Barcelona en Catalunya y en el mundo. Para comprender el adiós de Messi primero hay que conocer la historia reciente del club. Quiénes lo conducen, cómo y por qué llegaron al poder, y cuáles pueden ser sus intenciones.

    De todo esto y más conversé con Porta, que da nombres propios como Joan Laporta, Sandro Rossell, Josep María Bartomeu y, por supuesto, José Luis Nuñez.

    Frederic Porta es autor de varios libros, entre ellos hay dos fundamentales para conocer la historia del club: «Barça inédito» y «Barça insólito«, ambos escritos junto a Manuel Tomás. Su trabajo es fundamental para conocer los pasillos de una institución única y singular, similar a ninguna.

    El adiós de Messi se presenta como lo más oscuro de la historia del club, sin embargo, Porta mantiene un ápice de optimismo y en esta charla explica sus razones para no ser fatalista.

    Lio Messi se va del Barcelona. Su decisión sacudió a todos…

  • Tras Luis Enrique, ¿qué y quién?

    Tras Luis Enrique, ¿qué y quién?

    Con la confirmación del adiós de su entrenador, el FC Barcelona suma un nuevo problema a su accidentada actualidad, y es que más allá de pelear por la Liga, disputar la final de la Copa del Rey y soñar con una remontada ante el PSG, la institución catalana vive un caos en el que solamente Joan Gaspart se sentiría identificado.

    El anuncio del míster blaugrana sorprendió a pocos –otra cosa es que se hagan pasar por sorprendidos, pero eso, como diría Carlos Salvador Bilardo, no es más que poner cara de circunstancia y hacerse el sueco. Quienes seguíamos las ruedas de prensa del entrenador podíamos coincidir en que a «Lucho» se le notaba cansado, extenuado, fundido. La prensa, con su ego multiplicado a niveles indescriptibles, ha vendido el pescado podrido que ellos agotaron al entrenador. Se equivocan. A Luis Enrique Martínez lo venció el tiempo y su propia intensidad. Vivir el oficio con tanta dedicación acaba con cualquiera, sin importar que se haya ganado tanto. Pregúntenle a Pep…

    Pero más que ahondar en las razones del entrenador, pongamos la mira en el futuro inmediato de la institución que preside(?) Josep María Bartomeu.

    Lionel Messi termina su contrato en julio de 2018, y por los momentos no hay confirmación oficial de que se avance en esa renovación. Andoni Zubizarreta hizo famoso aquello de que las negociaciones no se retransmiten, pero siendo Messi el activo más importante del primer equipo, el silencio de la directiva es cuando menos sospechoso. No sería de extrañar que tras el adiós del entrenador apresuren los tiempos y se firme, en cosa de un mes, la extensión del vínculo contractual con el 10.

    Debo aclarar lo siguiente: la continuidad del argentino no está sujeta exclusivamente a valores económicos. Cuando Pep Guardiola, tras la obtención de la cuarta Liga de Campeones en la historia del club, aconsejó a la directiva que rodeara a Messi con los actores capaces de garantizar la estabilidad y mejoría del equipo, no lo hizo en vano. Al segundo capitán blaugrana se le conoce como un animal competitivo, y más que dinero, le atrae la posibilidad de seguir peleando por todos los títulos. Quiere y merece un sueldo acorde a su estatus, pero también desea que no se repitan episodios como que la plantilla no posea un lateral derecho ni un recambio para Sergio Busquets.

    Hay que considerar otro ítem de suma importancia: la edad de la columna vertebral. Andrés Iniesta está por cumplir 33 años; Gerard Piqué acaba de llegar a los 30, meta a la que arribará Messi en un par de meses. Este mismo año, Busquets cumplirá 29 y Jordi Alba 28. No es una plantilla joven, y el rejuvenecimiento iniciado en el verano de 2016 con la llegada de Samuel Umtiti, Lucas Digne, Denis Suárez y André Gomes no ha cuajado como se planificó. De ellos, el central y Suárez son los que más rendimiento han ofrecido.

    El adiós de Luis Enrique obliga a que, además de la necesaria negociación por renovar a su mejor futbolista, el club catalán deba encontrar un entrenador que promueva una nueva vuelta de tuerca al estilo, ese que se vio condicionado con la conformación del tridente Messi-Suárez-Neymar, y que, gracias a las gestiones de esta directiva, no se ha sostenido en las categorías inferiores.

    Son muchos los candidatos y pocos los conocedores que pueden guiar a Bartomeu en la elección de la mejor opción. Probablemente, el entrenador que más cumple con los requisitos para ocupar ese banquillo sea Jorge Sampaoli. Su devoción por el juego posicional, así como la calidad de su staff técnico, comandado por Juan Manuel Lillo, invitan a creer en un acercamiento con el argentino, pero, contrario a la lógica, da la impresión de que esos contactos serían únicamente un saludo a la bandera: ese cuerpo técnico huele a “Guardiolismo” y eso, a Bartomeu, a su directiva y a quienes lo sostienen les produce indignación. La llegada de Sampaoli sería obra de una grandeza pocas veces vista en los más de cien años de la institución.

    Es por ello que el mejor ubicado es Ernesto Valverde, actual entrenador del Athletic Club de Bilbao. Su carácter y su aparente conocimiento de la institución juegan a su favor. Valverde también es un enorme entrenador, el mismo que impidió al Barça de Luis Enrique ganar los seis torneos en un año calendario (2015) luego de batir a los catalanes en la Supercopa de España.

    Ahora bien, sea Sampaoli, Valverde o cualquiera de los casi cien candidatos que promocionarán los medios, el que asuma el puesto de entrenador de la primera plantilla estará obligado a producir nuevas respuestas tácticas, con tal de impulsar así la competitividad de un grupo que ha ganado todo y que, aparentemente, no se cansa de seguir intentándolo. Y llegados a este punto es cuando la directiva catalana debe pensar muy bien qué Barcelona quieren para el futuro inmediato.

    Los blaugranas, tras la llegada de Joan Laporta a la presidencia en 2003, experimentaron un retorno a las fuentes. El juego posicional que instauró Johan Cruyff encontró su éxtasis de la mano de Frank Rijkaard y Guardiola. Pero del mismo poco queda, y abajo, en las categorías formativas, por ahora no hay mucho que resaltar más que el empeño del grupo de Sandro Rosell por destruir todo lo que oliera a Cruyff y a Pep. Sin la colaboración de La Masía, el Barcelona se convierte en un equipo común, uno con los recursos económicos suficientes para comprar y comprar futbolistas, sin mayor plan que no tener plan.

    Pero si por alguna de esas razones que la razón no entiende Bartomeu y sus colaboradores decidieran retornar a la identidad futbolística del club, la contratación del entrenador sumaría un nuevo requisito: debe ser alguien que conozca el juego posicional y, al mismo tiempo, promueva a los jóvenes valores de la institución. Ese panorama no parece ser más que un anhelo de los guardianes de la esencia blaugrana, aquellos señalados como “viudas de Cruyff” por el poder de siempre.

    La búsqueda de un preparador es una labor harto complicada, más aún en una institución como la catalana. Un veterano periodista, cuestionado sobre las diferencias entre el Real Madrid y el Barcelona, inmortalizó aquello de que el Madrid es un equipo de jugadores y el Barça de entrenadores. En el caso blaugrana, cualquier espectador podría pensar que lo primero que se tendría en cuenta en el casting para encontrar el nuevo inquilino del banquillo es su metodología de trabajo, pero mire usted si la realidad supera a la ficción: el equipo filial dejó de lado esa máxima, hace un tiempo atrás, para servir de escaparate a los negocios de ciertos entendidos que siempre han sabido vivir de la institución.

    Desde ayer, el Barcelona se está jugando el partido más importante de los últimos años: seguir siendo el equipo referencia en cuanto a juego, o ser el club de Bartomeu, Rosell, Núñez y los demás integrantes del reducido pero poderoso grupo que sienten al Barça como algo más que un club, su club.

    Lo inmediato es renovar a Messi, pero, al mismo tiempo, la masa social que todavía siente como propio el club catalán debe impulsar a que su directiva, comandada Por Josep María Bartomeu defina qué tipo de club será el Barcelona de los próximos años. El primer paso será la elección del sucesor de Luis Enrique. El resto de las pistas parecen claras, pero siempre hay que dejar espacio para un golpe inesperado de timón.

    Columna publicada el El Estímulo, el 02/03/2017

    Fotografía cortesía de optasports.com

  • El problema no es Luis Enrique

    El problema no es Luis Enrique

    Parte importante de la cultura que rodea al FC Barcelona es fatalista. Pero este no es el caso. Andrés Iniesta declaró a los medios catalanes, tras el terrible partido ante el PSG, con derrota 4-0 incluida, que el mal rendimiento del equipo de Luis Enrique «no es cuestión de actitud, es cuestión de fútbol«. La frase encierra en su sencillez un problema mayúsculo que no podrá resolver el míster actual ni quien llegue a la institución, porque es consecuencia directa de una conducción fatal, con un resentimiento descomunal a todo lo que les recuerde a Johan Cruyff o a Pep Guardiola.

    Bajo ese resentimiento atentaron contra el modelo blaugrana y vencieron. Con ellos bajó el Barça B a tercera, pero antes de ese episodio ya se habían dedicado a fichar futbolistas para el conjunto que debía servir de antesala al primer equipo. Mientras los Messi, Xavi, Iniesta y Busquets ganaban, desde las oficinas derrumbaban cualquier columna sobre la que se sostenía el exitoso modelo que ganaba admiradores en el mundo entero.

    Una de las máximas de Josep Guardiola era que «si no encontramos lo que buscamos en casa, lo iremos a buscar fuera». Con la victoria de Sandro Rosell llegó Andoni Zubizarreta, un hábil declarante que, entre tantas cosas, supo modificar la instrucción del entrenador hasta convertirla en un «Si no encontramos lo que buscamos fuera, trataremos dentro».

    El último partido de Guardiola al mando del club fue la final de la Copa del Rey, edición 2011-2012. La alineación para aquel partido fue la siguiente:

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    Como se observa, de los once titulares, siete futbolistas pasaron por el fútbol formativo del Barça, y dos de los tres cambios también conocían las intimidades del juego de posición. Quienes llegaban a sumarse a esa propuesta aportaban sus particularidades, aquellas que no se conseguían en La Masía.

    En el siguiente gráfico están todos los futbolistas que componían aquella plantilla:

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    De los treinta y cuatro jugadores que vieron acción en la temporada 2011-2012, veintitrés habían recorrido algunas etapas en el fútbol formativo blaugrana, lo que representaba un 67%. No eran mejores ni peores futbolistas que los que hoy componen la plantilla que maneja Luis Enrique, simplemente comprendían mejor el sistema.

    Pero hay un dato que es aún más revelador: los futbolistas que más minutos jugaron en aquel año fueron: Valdés, Álves, Mascherano, Puyol, Piqué, Adriano, Busquets, Iniesta, Fàbregas, Xavi, Messi, Pedro y Thiago. Los futbolistas resaltados en negritas representan a los «de la casa». El porcentaje de influencia de los futbolistas educados por el club aumenta hasta un impresionante 77%.

    Cinco años después, y con una junta que aparenta ser distinta -pero no lo es-, la plantilla actual está compuesta de la siguiente manera:

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    De los treinta y tres futbolistas que han jugado esta temporada, quince han pasado por el fútbol formativo. Incluyo en esta lista a Denis y a Aleix, aunque su recorrido fue corto. El promedio es de 45%, lo que supone una baja de más de 20 puntos con respecto al último curso al mando de Guardiola.

    Pero el dato que sentencia a la conducción actual es el del reparto de minutos. Los futbolistas más utilizados por Luis Enrique son: Ter Stegen, Sergi Roberto, Jordi Alba, Piqué, Mascherano, Busquets, Rakitic, Luis Suárez, Messi, Neymar Jr, André Gomes, Umtiti y Denis. Iniesta se perdió parte importante de la temporada y por ello no clasifica. De los trece, apenas seis se educaron en el «idioma Barça», un porcentaje de 46%.

    Seguramente muchos encontrarán como el gran responsable a Luis Enrique, pero, si se me permite, pretendo levantar la mirada e ir más allá: quizá el ascensorista no tiene pasajeros capaces de asumir el reto. Defiendo la tesis de que el entrenador ha tenido que ir al mercado exterior por no encontrar soluciones en casa.

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    El diez de enero de 2011, Martí Perarnau publicó el libro «Senda de Campeones». Además de hacer un análisis exhaustivo del «idioma Barça», el periodista y escritor se atrevió a dejar una lista de lo que él llamó «Las joyas de la corona».

    Escribió Perarnau: «Bastantes caerán en mitad del camino, e incluso algunos, en mitad de la nada. Muchos habrán sido los llamados y muy pocos los elegidos para completar la corona«. A cinco años de aquella publicación, asusta revisar aquellos nombres.

    No pretendo hacer una revisión completa, sí voy a sumar los nombres de aquellos cincuenta que se han establecido en el primer equipo, sin discriminar entre titulares o suplentes.

    Jordi Masip, Martín Montoya, Marc Bartra, Sergi Roberto, Thiago, Rafinha, Cristian Tello, Isaac Cuenca y Sandro Ramírez. De todos estos futbolistas, solo Masip, Rafinha y Sergi se mantienen en la disciplina blaugrana. Y de los que debutaron tras la etapa Guardiola, ninguno, léase bien, ninguno se ha consolidado en el primer equipo.

    Insisto: si Luis Enrique ha tenido que buscar afuera antes que revisar en casa, puede que el problema esté justamente en cómo se hacen las cosas en la casa blaugrana.

    Volviendo al presente, la derrota en París seguramente encenderá las alarmas, pero no por los motivos correctos. La goleada quitará el sueño a los dirigentes porque su modelo quedó expuesto ante el mundo como contrario a lo que predican. El Barcelona no pudo refugiarse en el juego porque aquel desapareció de los anaqueles, motivado por la dependencia del tridente y la ausencia de respuestas Made in Barça. Si las respuestas a las interrogantes son André Gomes o Ivan Rakitic, muchas veces, por la calidad individual y el nivel competitivo, se conseguirá el objetivo, pero ante las grandes noches, la superioridad no será la misma de antaño.

    No es un tema de calidad individual sino de software, y este, abandonado y repudiado por los conductores de la institución, no reaparecerá por arte de magia.

    Puede que me equivoque, pero la travesía por el desierto apenas parece estar en sus primeras noches. Puede que retornen los triunfos, pero el estilo, ese carnet diferencial, no aparece.

    Fotografías cortesía de http://www.eumd.es/