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  • Euforia, euforia

    Tiene razón el técnico de la selección femenina cuando dice que «los medios aparecieron en el mundial». La semana pasada ya me atrevía a anunciarlo en este espacio: nos ocupamos de las disciplinas a partir de su éxito. Por ello, las críticas del señor Zseremeta no son una declaración de guerra sino un pedido de auxilio.

    Sus palabras constituyen un llamado a la reflexión para los dirigentes del fútbol venezolano para que hagan bien su trabajo. Quienes conocemos algo de cómo funcionan algunos de los medios de comunicación estamos en capacidad de contar que, en el país que vivimos, se hace lo que se puede. En ese contexto, es la FVF la que ha venido fallando, porque a pesar de contar con dos participaciones mundialistas consecutivas en esa categoría y obtener el primer trofeo Conmebol de nuestra historia, uno de sus dirigentes expresó en la rueda de prensa del domingo que «el desarrollo del fútbol femenino es un reto para la FVF» (?). No existe justificación para que después de tantos años – ¡llegaron en 1.987! – estos señores se den por aludidos y prometan, ahora sí, trabajar por esta disciplina.

    La futbolista Deyna Castellanos, figura ultra reconocida (¿por cuanto tiempo?) declaraba, al lado del directivo de la FVF, que «la liga femenina no nos ayuda mucho», y éste, como ya es una costumbre, se hizo el sueco y se mantuvo sonriendo (los suecos están en un mejor momento que nosotros, por ello es muy posible que en Estocolmo la frase sea, con algo más de coherencia, «se hizo el venezolano»). Si la liga no ayuda, si la FVF no la mercadea ni la hace atractiva, ¿la culpa es entonces de los medios? No. Los medios están para informar, aunque quien los critica tiene mucha razón ya que vivimos tiempos en los que estos han mutado en agencias de publicidad enemigas de la opinión fundamentada.

    Comprendo al Sr. Zseremeta. Por lo menos así lo siento. Enterarse de que el logro de las suyas lo usaron para vender humo debe ser cuando menos frustrante. Pero no hay que olvidar que la génesis del problema puede ubicarse en la oficina de Sabana Grande. Es allí donde se han olvidado de todas las diferentes selecciones en favor de la Vinotinto masculina de mayores. Usted y sus muchachas merecen todos los reconocimientos y algo más, pero recuerde que muchos de ellos nacen del triunfo que ustedes lograron pero no se valora el recorrido. La euforia, como cantaba alguien, viene por el camino corto, llega con hambre y luego se vuelve a ir con el diablo, dejándonos con un vacío mayor que el inicial.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 10 de Abril de 2.014

  • El retorno a la inocencia

    Lo que caracteriza a los procesos formativos es que en ellos la victoria no es el único objetivo. Es una obviedad que en estas etapas se desea ganar como en la fase profesional, pero en el camino, el conductor del grupo debe señalarle a sus dirigidos cada señal de aprendizaje que aparezca en el recorrido. Idealmente esto debería suceder en todas las divisiones del fútbol, pero ese sueño choca con entrenadores soberbios que dicen que ya no están para ser educadores, que lo suyo es ganar y nada más.

    La pronta y triste eliminación de la Vinotinto sub 17 del mundial volvió a reflejar nuestro desprecio por la reflexión. Más allá del resultado, creo que debemos detenernos a considerar algunos elementos que pueden resultar muy positivos. Por ejemplo: haber empleado un sistema de juego con tres defensores centrales y dos laterales/volantes es una opción táctica ignorada por más del 90% de los equipos juveniles de nuestro país, por lo que su empleo seguramente ha significado un gran aprendizaje para estos jóvenes valores.

    Otro aspecto a considerar es que estos muchachos lograron algo poco común en nuestro fútbol: completar la totalidad del ciclo competitivo, es decir, jugar, competir, triunfar y perder en Sudamérica y el mundo. Durante un corto espacio de tiempo, los integrantes de esta selección conocieron todas las caras de este negocio llamado fútbol. Fueron héroes y villanos, cracks y jugadores del montón, desconocidos y figuras publicitarias.

    Para estos chicos que hoy se sienten golpeados por la derrota bien vale el consejo de Marcelo Bielsa: «Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que yo he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes. Si bien competimos para ganar, y trabajo de lo que trabajo porque quiero ganar cuando compito, si no distinguiera qué es lo realmente formativo y qué es secundario, me estaría equivocando

    Sólo queda aspirar a que la conducción Dudamel, con sus grises en la ultima etapa, haya sido lo suficientemente positiva para que la vuelta a la inocencia de estos futbolistas sea en total tranquilidad y no se repita el ejemplo de la sub 20 mundialista, la cual fue utilizada más para el ego de algunos que para las mejoras de esos chicos y de nuestro fútbol.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 31 de octubre de 2.013