Etiqueta: Uruguay

  • Naufragio catarí: Día 13

    Naufragio catarí: Día 13

    -. No encuentro en el ámbito de las selecciones nacionales a un equipo con mayor relación con eso que llaman épica como Uruguay. En la historia encontramos grandes versiones del conjunto charrúa que, además de vencer, son todavía referencia a estudiar dada su capacidad para innovar en el fútbol. Los trofeos olímpicos de 1924 y 1928, así como la Copa Mundial de 1930, son prueba de ello. Otro ejemplo es el de José Piendibene, al que la minuciosa investigación de Martí Perarnau para su libro “La Evolución Táctica del Fútbol, 1863-1945. Descifrando el código genético del fútbol a través del falso 9”, coloca precisamente como el primer futbolista que ejerció ese rol. También, durante el primer mundial de la historia, sacaron provecho de la regla del fuera de juego como ninguna otra selección. Aún así, Uruguay y su rica historin parecen estar, desde hace décadas, más a gusto apoyándose en episodios relacionados a lo heroico, como lo demuestra el apego al “Maracanazo”, que al desarrollo del juego o a las capacidades de sus grandes futbolistas. En 1990, cuando estaban por cumplirse cuarenta años de la obtención de su segundo trofeo en los mundiales, un periodista brasileño se trasladó hasta Montevideo con el objetivo de entrevistar al inolvidable Obdulio Varela. En el relato que reproduce Andrés Cantor en su libro “Goal!”, el reportero tuvo que insistir varios días para que el “Negro Jefe” accediera a conversar. Las palabras de Varela no pudieron ser más claras: “El Maracanazo fue un accidente. Es un error creer que durará por siempre… Hizo que el fútbol uruguayo durmiese la siesta”. Ese letargo al que hizo referencia el gran capitán parece no terminar. El futbolista uruguayo, técnico e inteligente, crece en un ecosistema que les induce permanentemente eso que llaman “Garra Charrúa”, que, palabras más, palabras menos, tiene parentesco con otra de las grandes tonterías que se recuerden: la furia española. En momentos en los que las emociones y las tripas lideran cualquier intercambio, Diego Latorre se atrevió a preguntar por qué Uruguay, a pesar del caudal de talento de sus futbolistas, se muestra reacio a jugar de una manera más asociada, cuidando, por ejemplo, las distancias de relación, las diferentes alturas al posicionarse y las conducciones- Uruguay, aunque le pese a los relatores del drama, fue una nación pionera en la comprensión de este juego. Ojalá retomen ese camino, que fue tan suyo, pero que hoy, bajo la hipertrofia de la épica, parece lejano. La garra, la voluntad o el nervio están bien siempre que estos acompañen al juego. Sin juego, todo lo demás será parte de un relato sin mayor condimento que la ilusión de todo aquello que pudo ser pero no fue.

    -. La historia de los esquemas tácticos en el fútbol es un resumen de cómo encara el ser humano una serie de momentos límite. Desde los primeros, el 1-10 o el 1-1-9, la evolución de este juego ha estado dirigida hacia el propio arco. No digo protección porque si algo ha demostrado la historia es que no hay una sola fórmula que garantice un resultado, sea una victoria o evitar que el oponente llegue a zonas de remate. No obstante, el proceso a través del cual se han ido sumando futbolistas a la línea de defensores ha sido algo aceptado por la totalidad del mundo futbolístico. Ahora bien, en esta dinámica parece que nos hemos olvidado del único objeto móvil de los que componen este juego: el balón. Quienes más atención han puesto a esto son Paco Seirul.lo, Joan Vilà y aquel fabuloso equipo de trabajo que armaron en el FC Barcelona, que derivó en la teoría de los espacios de fase en el fútbol: “A lo largo de la historia de este juego nos hemos ido olvidando del balón. Nosotros queremos ver si, entendiendo que el balón es la energía del juego, cómo nos organizamos de una determinada manera en torno a la pelota. Puede ser de distintas formas. Un compañero nuestro tiene el balón, que está en una fase del balón (fase 1), unos cuantos están en el retorno del balón por delante, comandado por otro el balón (fase 2), y hay otros que están alejados del balón, que están en distintos espacios alejados del balón(fase 3). Entonces, fase 1 (zona de intervención), fase 2 (zona de ayuda mutua) y fase 3 (zona de cooperación). Hay distintas zonas: lo definitivo son los espacios entre los distintos jugadores que están haciendo distintas funciones. Esto tiene que ver con física ecológica. Hay un entorno respecto a un elemento que es fundamental (el balón), entonces hay que estudiar qué elementos son necesarios para seguir disponiendo del balón para llegar al área rival y meter gol”. El recorrido de los esquemas tácticos nos enseña que hemos ido reduciendo nuestro propio espacio en favor de la acumulación de jugadores en un territorio reducido, pero en el camino nos hemos dejado la más importante de las nociones: el balón se mueve y normalmente lo hace de forma más rápida que los futbolistas, por lo que la visión de Seirul.lo, Vilà y otros por lo menos debería llevarnos a plantearnos si al fútbol lo pensamos en su totalidad o si nos dejamos seducir por soluciones que brillan pero que no estimulan los procesos reflexivos.

    “Edmund Hillary. Lo arriesgó todo para llegar a la cima. Y cuando finalmente estuvo en la cima del mundo, ¿sabes cuánto tiempo pasó? Quince minutos. Toda esa emoción, anticipación, sangre, lágrimas y dolor insoportable… todo por unos míseros quince minutos. Y en su camino hacia abajo, él y Tenzing, su fiel sherpa, celebraron con sopa. Es la escalada… todo se trata de la escalada”. I’m dying up here

  • Stuani es puro fútbol

    Stuani es puro fútbol

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    Como cowboy en el rol de héroe de los «Spaghetti Westerns», Christian Stuani construye sociedades temporales que le ayudan a enfrentarse a formidables enemigos y batirlos sin importar la fiereza ni la fama que les precede. Stuani es un vaquero solitario que saca provecho de esas relaciones y luego las reemplaza por otras que beneficien más a su causa.

    El delantero uruguayo es mañoso, sabe que el fútbol es una serie de duelos que requieren estrategia, picardía y mucha maña. Juega desde el reglamento y casi siempre triunfa, aunque a veces, como en aquellos viejos films, cae ante un oponente que se rehúsa a ser víctima del coraje del charrúa. Ahí, tal cual viejo campeón, se retira a su descanso, mientras se pone el sol e imagina su próxima batalla.

    Stuani juega con el guión de los films de Sergio Leone. Nos recuerda también las maravillosas composiciones de Ennio Morricone.

  • Soteldo dinamita cualquier guión

    Soteldo dinamita cualquier guión

    El talento no lo es todo pero cómo ayuda. En el fútbol, esas cuotas de ingenio deben estar siempre al servicio del colectivo, de lo contrario solamente serán intentos sin mayores posibilidades de éxito. Por ello, cuando se habla, en el caso de la selección nacional Sub-20, de la influencia de Yeferson Soteldo, hay que tener en cuenta cómo se asocia con sus compañeros y el nivel de entendimiento de estos con él, y del 10 con ellos. Al habilidoso, al jugador distinto, hay que buscarlo siempre, y cuando se desconecta de la dinámica grupal, activarlo, hacerlo sentir parte de la dinámica del equipo.

    No hablemos de posesión ni de porcentajes. En los primeros minutos fue notorio como Venezuela aguardaba los movimientos de Uruguay. No presionaba, sino que esperaba que se equivocara el futbolista que trasladaba la pelota, y la única reacción se producía en el momento en que los charrúas se acercaran al área. En esos minutos se llevó al extremo aquello de entregarle protagonismo al rival para aprovechar sus equivocaciones. Llama la atención que a esto juegue una selección que intenta colarse en la élite, pero el resultado tapará, como siempre, esto que aquí se señala.

    Seguramente que para explicar las virtudes de este equipo, Soteldo es el punto de partida de  todas las crónicas y los análisis. En este partido fue notable su ubicación en el centro -un acierto estratégico de Rafael Dudamel- con la intención de cambiar un poco el funcionamiento del equipo, ya que el volante 10, en esa ubicación, estaría mucho más cerca de los mediocampistas de salida (Lucena y Ruiz). Aún así, costó que el pequeño futbolista entrara en acción, no por falta de implicación, sino por esa peligrosa tendencia de preferir los pases largos al juego asociado.

    Ahora bien, cuando la selección Vinotinto se animó a promover un fútbol más cooperativo, que tan bien se le da, fue relevante el cambio de actitud o de planificación en cuanto a los laterales criollos. La presencia de José Hernández fue notable, no ya por su desempeño defensivo, si no por su voluntad de sumarse al ataque, convirtiéndose en una herramienta que ensanchaba el campo de juego. Por la otra banda, Ronald Hernández sostuvo su crecimiento, asociándose a Sergio Córdova para apoyar los avances por la banda derecha.

    En el minuto 25, el derecho Hernández dio una cátedra de cómo debe involucrarse en lateral en el avance de su equipo. El marcador de punta se asoció con Córdova, quien siguió su carrera por la banda, mientras que Hernández modificaba constantemente su carrera, a la espera de identificar la ubicación que favoreciera el avance del atacante criollo. La proyección de los laterales en ataque no es un capricho como muchos quieren hacer creer; por su ubicación, el recorrido natural de estos jugadores ensancha el campo e impide que el rival defienda por la simple acumulación de futbolistas. La ausencia de extremos ha hecho necesario este rol de los marcadores de punta.

    Y fue justamente a partir de los desbordes de los laterales que Venezuela encontró la vía para hacerle daño a Uruguay: el costado derecho. Córdova y Soteldo se alternaron en la invasión a esa zona, creando un caos maravilloso que no supo resolver la defensa uruguaya, y que por poco, tras remates de Peña y del propio Córdova, le daba el primer tanto a la selección criolla.

    Pero en la segunda etapa se volvió a la monotonía, desafiada únicamente por la dinámica de Soteldo, quien siempre supo identificar los espacios que dejaba libre la zaga charrúa.

    Esta selección es un equipo que juega a una misma velocidad, por ello, cuando aparece el 10, se revuelve todo. El equipo tiene como muy propio aquello de mantener el cero en su propio arco por encima de todas las cosas, y si biene s cierto que bajo esa premisa ha llegado hasta estas instancias, es el suspenso el término que mejor define su paso por el Sudamericano de Ecuador. Así fue la etapa de grupos y así se ha conducido en esta fase final.

    El fútbol es inexplicable porque no tiene verdades absolutas. Una prueba de ello es el origen del primer gol criollo: una pelota dividida que gana un futbolista venezolano y que encuentra a Uruguay a contrapié, intentando salir de su área. Los militantes del lugar común definen a cualquier selección charrúa como equipos ordenados, que jamás dan por perdida una pelota, pero mire usted por dónde se rompió el partido. Por ello, y mucho más, este es un juego maravilloso que sobrevive a la mediocridad de quienes intentan hundirlo en sus propias miserias.

    ¿Cómo explican la influencia de Yeferson Soteldo los acumuladores de estadísticas? El ahora jugador del Huachipato chileno es un futbolista cuyo rango de influencia supera cualquier suma de números fríos. Lo mismo puede decirse de Córdova o el sacrificado Ronaldo Peña. Y es que este es un juego de interacciones, de realimentación, de sinergias, que jamás podrá ser explicado en su totalidad por la frialdad científica. Venezuela tiene muchos puntos por mejorar en la construcción de juego, pero en los momentos importantes, casi como si fuese parte de un guión que se cumple de pe a pa, el equipo sacó los mejores registros de su juego, y ello fue suficiente para golear a Ecuador, a Uruguay y reservar pasaje para el próximo mundial Corea 2017, un hecho que, no debe olvidarse, se conseguiría por segunda ocasión en toda nuestra historia.

    Insisto, esto es fútbol y nadie sabe realmente de qué va, menos aún cuando la pelota la conduce el eléctrico jugador que porta la camiseta 10.

    Fotografía cortesía AFP

  • Copa Confederaciones: el origen de la sorpresa

    – Quienes se definen como resultadistas sienten la necesidad de mentir. Mienten haciendo correr la afirmación de que sólo ellos se preocupan por el resultado mientras que el otro bando es calificado como purista o romántico. Pretenden desconocer estos personajes que todo aquel que ha competido lo hace con la meta de ganar, pero quienes estamos para analizar debemos fijarnos en todo, no sólo en el marcador final.

    – España debuta con un triunfo 2 a 1 frente a Uruguay pero el marcador no refleja lo que realmente sucedió en el terreno de juego. El score miente porque no es sino una incompleta representación de la superioridad del equipo de Del Bosque; una muestra que no define el aplastante desempeño de una selección que siempre compite para ganar pero que jamás traiciona su idea de juego.

    – De hecho, este equipo ha agregado variantes que enriquecen su modelo de juego, sin que esto se traduzca – más allá de las impresiones – en imbatibilidad. En el deporte no hay invictos, y la grandeza de esta actividad es que a quien cae siempre se le presentará una oportunidad para levantarse. Igual que en la vida.

    – Me dicen algunos que España aburre y, salvo el tema de los gustos, no comprendo como aburre un equipo que en cada torneo ha ensayado pequeñas modificaciones a su idea inicial. Ni siquiera el equipo de ayer es el mismo al que ganó la Euro 2012, y no me refiero exclusivamente a los nombres sino a modificaciones tácticas que ayer ayudaron a someter a Uruguay.

    – Y es ahí en donde nace y vive la sorpresa. En esos pequeños movimientos que hacen que cada partido sea una manifestación distinta a la anterior. Juegue quien juegue – España, Venezuela, Tahití – ningún partido es igual al anterior, ni cuando las alineaciones son las mismas ni cuando se repite un resultado. Nada, entiéndase bien, se repite, salvo un score, pero no es ahí donde está la clave del juego. El origen de la sorpresa está en el cómo…

  • Tristeza y orgullo.

    La forma como César Farías ha planteado los partidos en esta eliminatoria no difiere mucho de lo visto el martes ante Uruguay. Salvo alguna excepción -la victoria ante Paraguay-, la Vinotinto se ha caracterizado por ser un equipo que defiende muy cerca de su propio arco, y una vez recuperada la pelota se trabaja para generar ataques extremadamente rápidos. Esto y la efectividad a balón parado han sido las señales que definen al grupo.

    Frente a la selección charrúa el conjunto nacional planteó el partido desde esa zona de confort que se sustenta en la utilización del once de gala, con la excepción de Frank Feltscher. El atacante del Grasshopper suizo es un futbolista que necesita espacio para poder desarrollar su principal virtud: la explosividad. Cuando se enfrenta a un conjunto que se defiende tan cerca de su propia área, la ascendencia del veloz jugador cae hasta niveles en los que su presencia no es tan influyente. No hago un juicio a su convocatoria sino a la conveniencia de su titularidad en un partido en el que la selección no iba a encontrar el ecosistema necesario para aprovechar sus virtudes.

    Esa apuesta se pagó cara y su incompatibilidad fue aún más notable a partir del gol de Édison Cavani, momento en el que se invirtieron los roles y fue nuestra selección la que tuvo que asumir la responsabilidad del partido. Ningún equipo sale a empatar o perder, pero con la anotación visitante cambió la hoja de ruta y nos encontramos ante un acertijo que siempre nos ha sido muy difícil de descifrar: traducir la ambición en protagonismo y efectividad.

    La necesidad de cambiar el plan original trae consigo estados emocionales muy difíciles de manejar, tales como la ansiedad, la inseguridad, la desesperación y otros más que actúan como malos consejeros a la hora de tomar decisiones. Puede que exagere, pero el marco que planteo no ha sido favorable para nuestros equipos a lo largo de la historia. No se pierde el partido por la titularidad de uno u otro jugador; sin embargo, pesa y mucho que a la hora de buscar soluciones estas no estén en el banco de suplentes por haber sido desechadas.

    Pero no fue solamente tristeza la sensación que me dejó el partido, debo aclarar que también sentí mucho gusto por la entrega de estos jugadores en el césped de Cachamay para luchar contra todas las adversidades. Podemos cuestionar todas las decisiones, pero el espíritu de los futbolistas está fuera de discusión y debe ser tomado en consideración el día que decidamos ser un mejor país. Eso es la Vinotinto: el ejemplo del país que queremos.

    Columna publicada en el diario Líder el jueves 13 de junio de 2.013
  • Apuntes post Uruguay

    – El fútbol carece de lógica, o por lo menos de la lógica que todos suponen posee. Estos pintorescos personajes no sólo no entienden de fútbol – que simplemente se trata de entender que el pasado no se repite y que solamente somos analistas de los tiempos anteriores y observadores de lo que está ocurriendo – sino que además son unos ignorantes con pretensiones.

    – Heráclito expresaba hace demasiado tiempo aquello de que podemos bañarnos en el mismo río pero nunca en las mismas aguas. Juanma Lillo me decía hace un mes que además, en cada intento por entrar en esas aguas, tampoco somos nosotros los mismos que antes. La vida es cambio, dinámica, modificaciones, caos. En fin, lo que hoy sirve sólo sirve de guía, no de referencia.

    – El partido ante Bolivia se jugó pensando en Bolivia. Más allá del resultado, no se entiende que los supuestos analistas sigan creyendo que lo hecho en la tarde boliviana serviría de guía para la noche bolivarense. Son capaces de estimular un discurso que ignora lo expuesto en el segundo punto de estos apuntes pero además, asumen que no existe el cansancio o que el rival de turno es similar al anterior.

    – Venezuela duda – me refiero a la alineación –  y eso se nota con la designación de Frank Feltscher como titular. No es un buen o mal jugador, simplemente es como todo futbolista: necesita del colectivo y de la idoneidad del modelo de juego para poder brillar. Anoche, frente a un equipo charrúa que pocas veces dejó espacios en su retaguardia, la titularidad del jugador del Grasshopper no se entendió, pero aún más notoria fue su larga permanencia en el terreno de juego.

    – Es aquí donde Farías ha debido leer mejor el partido y hacer una modificación en el primer tiempo. La admiración por otros procederes – entrenadores o modelos de juego – de nada sirve si no se copia lo mejor de ellos. Ya lo decía Pep Guardiola que todos somos un poquito ladrones de las iniciativas ajenas.

    – Uruguay, contrario a lo que los mal llamados expertos anunciaban no salió a comerse el partido. Hizo gala de su veteranía y llevó a Venezuela al terreno que más le convenía: el de la lucha. Antes del gol era un partido mal jugado por ambos, con demasiadas impresiciones y con un irrespeto total y declarado por el centro del campo. No pudieron Rincón y Lucena bajar una pelota, inyectar pausa y hacerle sentir al rival que quienes mandaban eran ellos. Se jugó a lo que quiso Uruguay antes y después del gol.

    – Hago referencia a la etapa posterior al gol de Cavani y es que el partido fue otro a partir de esa anotación. El equipo de Tabárez cedió intencionalmente la pelota y una amplia porción del campo de juego con la intención de jugar a lo que mejor se le da: el contragolpe. No es la selección charrúa un equipo que pueda superar el rival a partir de la posesión de la pelota. De hecho, con la inclusión de «Cebolla» Rodríguez por la izquiera y de Gastón Ramírez por derecha, su propuesta pasa por defender bien cerca de su propia área – que no adentro – y una vez recuperado el balón, armar cortas y violentas secuencias ofensivas. ¿Les suena conocido?

    – Es que no es muy distinto lo planteado por Uruguay a lo que normalmente hace la Vinotinto. Esta es la idea de Farías y ya a estas alturas no vale la pena cuestionarla sino tratar de enriquecerla.

    – Pero en ese proceso de sumar opciones a la idea madre, sorprendió la conformación del banco de suplentes. Hagamos un repaso de la situación: Uruguay replegado ante una Vinotinto que ocupaba el campo rival pero que no tenía pase, no poseía la claridad necesaria para meter alguna pelota de gol. Ante eso, y salvando las dos primeras modificaciones hechas por Farías, la selección no tenía un jugador con esas características en el banco de suplentes. Él decidió la salida de la convocatoria de jugadores con más cerebro que músculo y al final, más allá del aporte y las ganas de Richard Blanco, sus virtudes no podían tener la misma influencia que las de un Josef Martínez, Rómulo Otero o Anyelo Peña, futbolistas acostumbrados a buscar ese último pase.

    – Una nota para Tomás Rincón: el discruso bélico del cuerpo técnico no puede ser tomado literalmente. Es un jugador con una importancia incuantificable en este equipo y debe reflexionar acerca de sus acciones. Siempre ha sido ejemplo de voluntad, garra y lucha, pero debe servirle lo sucedido anoche para que de una vez por todas aprenda a controlar sus velocidades. Me refiero a un jugador sin igual en nuestro país y futuro capitán de la selección, pero sus reiteradas ausencias por sanción en nada benefician al grupo.

    – Más allá del discurso victimista y poco autocrítico de Farías, acá no se ha perdido nada ni se necesitan soluciones dramáticas. Lo que si es obligatorio de cara a los próximos y vitales partidos es que se enriquezca el modelo de juego y a la hora de conformar el banco de suplentes se piense en todos los escenarios posibles. No sirve para un carajo tener tres delanteros como variantes si no hay jugadores que puedan surtirlos de pelotas. Repasemos la actuación de Muslera y comprenderemos lo dicho. Se perdió un partido, pero no caigamos en la bipolaridad que propone el DT con sus dichos y pensemos en el futuro, ese que todavía puede ser brillante.

    – Nunca pido nada porque ya con su lectura estoy en deuda, pero en esta ocasión quiero hacerlo: no se puede dudar jamás del compromiso y la entrega de estos futbolistas. Ganen o pierdan, han dado un ejemplo extraordinario que bien valdría copiarlo en otros ámbitos de la vida.

  • Momento de subirse al tren

    Es el momento de aferrarse a lo conocido y no hay mayor sensación de confianza que aquella que nace de estar bien acompañado. No son tiempos para discutir la idea o de abrirle la puerta a las dudas. Ante Uruguay, con el objetivo final cada vez más cerca, no valen los experimentos sino todo lo contrario: volver a las fuentes.

    La Vinotinto de Farías es un equipo de transiciones rápidas, casi relampagueantes. Se sabe muy capaz con el balón en los pies pero se declara fiel representante de la juventud que recién comienza a manejar autos: rápida y furiosa. Así juega y así vive; no hay tiempo para términos medios ni para matices.

    Esa manera de jugar – de vivir más que de morir – afronta su más dura prueba el martes ante la selección charrúa, hoy menos rápida pero siempre furiosa. Con el once de gala – salvo Amorebieta por razones futbolísticas – el grupo que comanda Farías ha decidido entrar en la recta final asumiendo su papel de retador animado por su irreverencia y voluntad de torcer el rumbo de la historia. Sólo el tiempo dirá si lo consiguen, pero ante semejante posibilidad, no hay nada mejor que iniciar el recorrido con la gente que genera mayor confianza: los suyos. Decisión valiente y de mucho riesgo, pero decisión al fin y para ello están los DT. Cómo dice Martí Peranau «los resultados jamás te dan ni quitan la razón. Te dan títulos o victorias, pero nunca la razón, que no forma parte del resultado deportivo».

    El camino es la recompensa, pero la sensación de pagar el boleto a Brasil vale más que una simple estadística