Etiqueta: Van Gaal

  • Naufragio catarí: Día 10

    Naufragio catarí: Día 10

    -. La vida del entrenador de fútbol es muy dura. Cada uno de ellos tiene el objetivo de conducir a su equipo hacia la mejor versión posible, una tarea harto complicada si se parte del concepto de que quienes juegan son seres humanos y esto encierra innumerables obstáculos. El hombre-futbolista es un ser que intenta navegar en la incertidumbre y la no linealidad de la vida; todo aquello que hoy le resultó beneficioso lo puede condenar en el siguiente episodio competitivo. ¿Qué es lo que mejor nos describe como especie? El sometimiento al entorno. No existe un manual de instrucciones, aunque los mercachifles de la autoayuda vendan lo contrario, que nos guíe en la búsqueda de aquello que tanto ansiamos. Es allí cuando cobra importancia la figura del maestro. Cualquiera puede enseñar a multiplicar o a parar una pelota con el pecho, pero únicamente aquellos que comprenden que la enseñanza va más allá de la retención de determinadas instrucciones pueden considerarse maestros. No es cosa sencilla porque a la transmisión del conocimiento hay que acompañarla con pasión y paciencia; el viaje del aprendizaje requiere de una enorme capacidad de seducción. En su rol como columnista invitado en el portal The Athletic, Ryan Babel posó su atención en Cody Gakpo y escribió lo siguiente: “Es bueno para él que el entrenador de la selección sea Louis van Gaal. Nunca llegué a trabajar con él, pero en Holanda describen a Van Gaal como un verdadero maestro de escuela de un entrenador: te dirá si te equivocas, pero también te da flores si lo hiciste bien. Muchos buenos entrenadores, especialmente en el nivel más alto de fútbol, ​​no tienen tiempo para enseñar cosas nuevas a los jugadores y cómo pueden mejorar, se centran más en las tácticas del equipo y el resultado del partido. Van Gaal es diferente, quiere asegurarse de que los jugadores mejoren y desarrollen sus fortalezas y debilidades. Por eso es un entrenador especial.” Cuando finalice la participación de Países Bajos en el mundial, Van Gaal se marchará hacia el que probablemente sea su retiro final. Lo hará con triunfos y derrotas en su mochila, aunque también con la tranquilidad de haber sido un gran maestro. Gracias, don Louis, siempre positivo…

    -. No hay mayor prueba de la hipocresía en el fútbol que la banal discusión alrededor de la implementación del fuera de juego automático. No se olvide que la masa aplaudió desaforada la llegada del VAR o Árbitro Asistente de Video. Celebraron en nombre de la justicia, sin reparar en que, lamentablemente, la ecuanimidad no es algo que defina el paso del hombre por este mundo. La búsqueda de la justicia es una obligación y con toda seguridad sea el rasgo más característico de aquellos seres que admiramos por su nobleza. Sin embargo, la vida nos enseña a convivir con abusos, atropellos y el error humano, y con el paso del tiempo aprendemos a levantarnos, a rebelarnos y a no rendirnos ante la fuerza de éstos. Estos falsos defensores de la bondad se sumaron a la causa tecnológica porque el poder se los exigió, no porque creyeran en un mundo equitativo y honrado. Aí lo demuestra a evidencia: bastó un puñado de partidos para exigir otro avance más, en la forma de las conversaciones que se producen en la sala VOR, porque, como cada ladrón juzga por su condición, tampoco creen en la honestidad los árbitros encargados de manipular la tecnología. Llegados a este punto, ese rebaño de influenciadores ha caído en la adicción tecnológica, la misma con la que comercian las grandes marcas, y que tanto afecta la sociabilidad de los niños. Con el fuera de juego automatizado estallaron sus conectores y se les han caído la máscara: nunca persiguieron esa hermosa utopía que es la justicia; lo que en realidad desean es una herramienta que les permita tener la razón. El último avance tecnológico adoptado por FIFA es, junto a la tecnología del gol, la más precisa porque actúa según la ley del juego. Su aplicación destierra el margen de error que la interpretación de un referí. Aún así, estos opinadores sin oficio se siguen quejando, porque, cómo dice un amigo argentino, “no hay palo que les venga bien”.

    “La utopía está en el horizonte. Yo sé muy bien que nunca la alcanzaré. Si yo camino diez pasos, ella se alejará diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. Fernando Birri, cineasta argentino

  • Naufragio catarí: Día 2

    Naufragio catarí: Día 2

    -. Albert Capellas sostiene que el “Juego de Posición” tiene tres pilares: posición, posesión y presión. Estar bien posicionado es ocupar racionalmente los espacios, con una postura corporal adecuada que facilite la fluidez del juego; la posesión es una herramienta que define a cada equipo: la relación con la pelota da identidad, permite cambios y la explotación de espacios, así como la comunicación futbolística entre compañeros. Por último, la presión es la manera más eficaz de intentar recuperar la pelota dado el estado de inestabilidad en el que está un equipo que recién se ha hecho con la titularidad del balón. Los ítems que menciona Capellas, y cuyo desarrollo conceptual merecen y requieren de mayor espacio, son también las raíces del bien jugar. César Menotti lo aclara de la siguiente manera: “El fútbol tiene 4 acciones: defender, recuperar, generar juego y definir.” Para poder ejecutar las cuatro acciones que menciona el argentino es necesario saber disponer de la pelota, estar bien posicionado e intentar recuperar la pelota lo más rápido posible. El fútbol bien jugado no cuenta pases ni regates sino decisiones correctas en función de algo que llamamos equipo. Pero el fútbol es circunstancia, es momento, es ahora, por lo que interpretarlo de manera adecuada requiere algo más que las instrucciones de un entrenador. Por ello se dice que el fútbol es de los futbolistas. Son ellos los que actúan, deciden, reaccionan y se reorganizan. ¿Cuánto pueden modificar un partido Menotti, Capellas o, en este caso, Louis van Gaal, si los futbolistas, rehenes de las emociones, juegan como les nace o pueden, en contraposición al como quieren? Ah, que no se olvide: se juega contra un oponente, pero también con ese rival. El fútbol es la vida misma, existe un mapa y luego hay que vivir el territorio.

    -. Se juega como se vive. No hay caso. No importa la influencia de entrenadores de primer nivel que trabajan de la Premier League porque Inglaterra, su selección, sigue en la suya. El fútbol que sienten como propio se niega a adoptar matices que le enriquezcan. Convive con ellos pero no los suma a su ser. Ni un rival tan defensivo como Irán es suficiente para que Southgate ponga en marcha algo más atractivo o más ingenioso que el insoportable bombardeo desde las bandas. Disponen de la pelota con la intención de ir hacia los costados y lanzar un centro. Todos los rivales están alertas de que ese es el estilo y para ello se esfuerzan en interrumpir el juego en zonas intermedias y lejanas al área. Para otros entrenadores, pasarse la pelota y que ésta circule rápidamente es una manera de mover la estructura defensiva del oponente hasta que se desordenen, aparezcan espacios útiles y ahí sí lanzar al equipo. Estos también pregonan que la conducción de la pelota es una herramienta para generar superioridades, bien sea a través de los uno contra uno, o porque siempre saltará un defensor al ataque de quien lleva el balón y esa reacción por sí sola genera ese pequeño desequilibrio en la organización del rival. Todo esto ya fue denunciado por grandes pensadores del estilo inglés, como Willy Meisl, por ejemplo. Sin embargo, el relato de la efectividad y el “safety first” parecen inamovibles. Ni ganando por cuatro goles ante un inocente rival hubo tentación alguna de ensayar algo diferente. La insularidad, es decir, la manera como viven, determina a lo que se juega. ¿Se puede discutir una goleada? Desde el marcador final no, pero las formas, ay las formas. El fútbol tiende trampas… Atentos a la advertencia formulada por Schopenhauer: “A excepción del hombre, ningún ser se maravilla de su propia existencia”.

    -. FIFA, como en cada torneo que organiza, ha creado un comité de expertos cuya misión es la observación y el análisis de todos los datos que dejen los partidos del mundial. Sin embargo, existe un área que no parece estar en la consideración de los contratados ni del contratante: la fatiga cognitiva. La lista de futbolistas que han quedado fuera del torneo a causa de percances físicos es enorme, aunque lo más grave es que se mantenga la tendencia de creer que los problemas del cuerpo son solamente eso. El filósofo francés Edgar Morín ha dicho: “Conocer al humano no es aislarlo del Universo, sino situarlo en él. Todo conocimiento (…) debe contextualizar su objeto para ser relevante. ‘Quiénes somos es inseparable de un dónde estamos, de dónde venimos, a dónde vamos.” Así como el entrenamiento del fútbol no puede compartimentarse en parcelas aisladas, tampoco puede entenderse el rendimiento del ser humano futbolista sin atender a todo aquello que le afecta. Cada año hay más partidos, más torneos, mayores obligaciones y más presión. De esta manera se combate el descanso, se desprecia al músculo cerebral y se vulgariza al fútbol. Arsene Wenger y su comité de expertos harían bien en ampliar su mirada y no quedarse exclusivamente con aquello que observarán en este torneo.

    «Hoy corremos detrás de la información sin alcanzar un saber.» Byung -Chul Han