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  • Los buenos, los baratos o los amigos

    Los buenos, los baratos o los amigos

    Para que un equipo sea competitivo es clave la conformación del staff técnico que dirigirá a los futbolistas. Contrario a los que se supone, el entrenador no es un tirano que dicta ordenes, sino parte de un cuerpo colegiado que intentará encontrar el mejor rendimiento de ese colectivo humano que comandan.

    La realidad nos demuestra que un entrenador será tan bueno como aquellos que lo rodeen. No es casual que los conductores más admirados a nivel mundial, aquellos que son tomados en cuenta, más que por sus triunfos por sus reflexiones y capacidad de innovación, se codeen con auxiliares o ayudantes que los desafían permanentemente. De nada vale hacerse acompañar por alcahuetes que digan sí a todo; una idea, así como su evolución, nace del intercambio de visiones.

    El multimillonario norteamericano Warren Buffet así lo cree. Una de sus reflexiones más conocidas es aquella que reza:

    “Contrata a los mejores y déjalos hacer lo que saben. Si no, contrata a los más baratos y que hagan lo que tú digas”.

     

    Analicemos rápidamente quienes acompañan a Josep Guardiola y a José Mourinho, por citar a los entrenadores que más pasiones levantan en la actualidad.

    Con el catalán trabajan Domènec Torrent (Primer Asistente), Carles Planchart (Asistente y Analista de Rendimiento) y Lorenzo Buenaventura (Preparador Físico). Los tres han estado a su lado desde tiempos en que Pep dirigía al Barcelona B. Este grupo, que puede catalogarse como el núcleo duro del “Guardiolismo”, se completa con Manel Estiarte, posiblemente el waterpolista más importante de la historia, quien se encarga de ser una especie de confidente del entrenador y, al mismo tiempo, sirve de apoyo para los futbolistas. En Barcelona tuvo otros colaboradores que luego se mantuvieron en el organigrama blaugrana, mientras que Múnich también contó con la colaboración de técnicos bávaros. En Manchester se ha sumado a Mikel Arteta (recientemente retirado del fútbol) y a Rodolfo Borrell, quien estuvo en el Liverpool de Rafael Benítez.

    En el equipo de Mourinho destacan dos nombres por encima de los demás integrantes: Rui Faría (Preparador Físico) y Silvino Louro (Entrenador de Arqueros), ambos de largo recorrido con “Mou” desde hace mucho tiempo. El caso de Faría es muy interesante, ya que según el propio DT, su mano derecha sería, en caso de separarse del staff que conduce José, un maravilloso primer entrenador.

    Puedo también mencionar el ejemplo del FC Barcelona. La llegada de Luis Enrique vino acompañada de varios profesionales de primerísimo nivel, como Robert Moreno (Asistente), Rafel Pol (Preparador Físico y autor del libro “La Preparación ¿Física? en el fútbol), Joaquín Valdés (Psicólogo) y Juan Carlos Unzué (Primer Asistente), el candidato número uno a sustituir al actual entrenador blaugrana.

    Aprovecho la mención al trabajo de Luis Enrique para recomendar el documental “Los hombres de Lucho” en el que puede observarse a éstos y otros integrantes de ese staff.

    Analizados brevemente los casos anteriores, cabe preguntarse si, en nuestro fútbol, cuando se contrata a un entrenador, se tiene en cuenta quiénes lo acompañan, qué metodología de entrenamiento emplean o cómo se conducen en cada una de las situaciones de riesgo que vivirá un equipo de fútbol. De nada vale sumar gente que poco o nada hacen por actualizarse y que creen, equivocadamente, que su formación, sostenida exclusivamente en el conocimiento empírico, es suficiente para potenciar los recursos de sus plantillas. Los amigos son los amigos, ya lo sé, pero estos pueden terminar por hundir un aparentemente bien sustentado proyecto.

    Esto lo planteo tras un nuevo episodio que confirma al fútbol venezolano como tierra fértil para el disparate. Tras una victoria 2-0 ante Mineros de Guayana, Juan Cruz Real, hasta ese momento entrenador de Estudiantes de Mérida, renunció a su cargo, denunciando una injerencia inaceptable. Su declaración al programa radial “Tiempo de Fútbol” debería hacernos reflexionar sobre lo que aquí planteo y lo que algunos, equivocadamente, creen que es la labor dirigencial.

     

    @juancruzreal :»hay diferencias con la directiva en cuanto a la conformación del 11 titular y eso le compete al DT»

     

    @CesarToni :»puede ser que hubo diferencias con el DT por jugadores que están a buen nivel y hoy no fueron titulares»

     

    Y es que lejos de mejorar las estructuras institucionales, la gran mayoría de los directivos del fútbol criollo aspiran, casi exclusivamente, a ganar trofeos, como si estos fuesen la receta que respalde la estabilidad del club. La historia de nuestro fútbol nos recuerda que ni los éxitos ni la penetración social garantizan la existencia de los equipos. Marítimo y el Unión Atlético Maracaibo son sólo dos ejemplos de lo que aquí argumento. Hace falta un trabajo concienzudo, preciso, profundo y reflexivo para reafirmar, día a día, la continuidad de la institución, y este no se cultiva con injerencias sin sentido de quienes invierten el dinero. Si se confía en quienes deben dirigir las distintas áreas de un club, ¿por qué creer que cualquiera, sin la adecuada formación, puede hacerlo mejor?

    Luego de un episodio como el que aquí repaso, ¿qué entrenador va a creer posible el desarrollo de un proyecto en esa institución? Alguno asumirá la dirección técnica de Estudiantes, pero el equipo, o mejor dicho, la directiva, ha quedado en fuera de juego: cruzaron una frontera de la que no se vuelve con facilidad. Por ello vale la pena preguntarse si en el fútbol venezolano se contrata a los mejores, a los más económicos o a los más amigos. En la respuesta puede que se encuentre parte del diagnóstico de nuestros males.

    Columna publicada en El Estímulo, el 03/04/2017

  • Venezuela 2 Perú 2: sigue faltando fútbol

    Venezuela 2 Perú 2: sigue faltando fútbol

    Al igual que hace un año, Venezuela y Perú empataron a dos goles. Sin embargo, las sensaciones no son ni remotamente parecidas: en Lima se lamentó la igualdad, mientras que en Maturín más de uno respiró hondo cuando el juez principal decretó el final del duelo.

    Los partidos duran 90 minutos, y aunque ello sea una obviedad, vale la pena recordarlo, más cuando todavía hay quienes se empeñan en explicar un mal resultado desde el cansancio. Si el rival desactiva el plan, como fue el caso de hoy en Maturín, las correciones no pasan por correr más sino por jugar mejor, lo que significa adaptarse a distintos escenarios.

    La apuesta inicial de Rafael Dudamel invitaba a pensar en una selección con voluntad ofensiva, capacitada para aprovechar cada espacio que generara o dejara el rival. La presencia de John Murillo agregaba la variante siempre necesaria del juego por los costados, elemento sumamente importante para liberar a un atacante como Salomón Rondón, y evitar que la acumulación de defensores peruanos limitara el éxito del ataqué criollo.

    Definir si un jugador es mejor que otro termina siendo un ejercicio insoportable e inútil. Es casi imposible determinar el peso y la verdadera influencia de cada futbolista, ya que normalmente nos enfocamos en el juego con pelota y olvidamos el juego sin ella. Sin embargo, no es atrevido pensar que Rómulo Otero es uno de los jugadores más inteligentes del país. En los primeros minutos, condicionados por la lluvia y un drenaje que no funcionó en su totalidad, Otero fue el único futbolista que comprendió que jugar a las carreras aumentaba los riesgos. El volante criollo aceleraba o frenaba según lo exigiera la jugada, una característica que no es cualquier cosa y que a muchos les cuesta la mitad de sus carreras desarrollar.

    Además, Otero comprende casi a la perfección cuando puede jugar o cuando es mejor provocar al rival, por ello insisto que el 10 Vinotinto, salvo lesiones o inactividad, debe estar siempre en el once titular. El primer tanto criollo, al minuto 23, nació de la viveza del ex Caracas FC, cuando, tras una corrida por la banda izquierda, y encontrándose sin opciones reales de pase, no cayó en la tentación de tirar un centro a la nada, sino que aguantó y ganó una infracción que luego derivó en el gol de Mikel Villanueva.

    Era un partido diferente para Salomón Rondón. En medio de un presente confuso con su club, el delantero criollo buscaba reencontrarse con el gol frente a su gente, pero, contrario a su voluntad, parece condenado a pelear con los centrales y salir de su zona de influencia para “mejorar” a sus compañeros. Es mucho lo que hace el atacante con poco, muy poco, porque salvo su conexión con Josef Martínez o con Otero, el resto de sus compañeros aún no encuentra cómo aprovechar las virtudes del de Catia.

    Otra de las circunstancias llamativas fue la posición de Alejandro Guerra. “Lobo” no es un volante mixto, pero sabe jugar rápido, a un toque, lo que sostenía la apuesta de Dudamel de colocarlo como volante de primera línea. Con Guerra como compañero de Rincón se impulsaba la idea de un juego de sociedades, a través de la pelota, algo que este grupo ha demostrado saber hacer. El fútbol sencillo, que no simple, de Lobo le facilitaba a Venezuela una salida más clara desde zona defensiva.

    Vale la pena en este momento revisar una reflexión del alemán Friedrich Nietzsche, y es que en sus pensamientos se puede encontrar una de las tantas razones que condujeron a la caída del juego vinotinto, explicación por supuesto alejada del estado físico, sospechoso habitual y padre de la pereza intelectual. En “El Crepúsculo de los Ídolos”, el filósofo razona:

    “El «mundo interior» está lleno de imágenes ilusorias y fuegos fatuos: la voluntad es uno de ellos. La voluntad ya no mueve nada, y en consecuencia tampoco explica ya nada; meramente acompaña procesos, y también puede faltar”.

    Muchas veces, por no decir que siempre, en un partido de fútbol pasa lo que tiene que pasar y no lo que otros deseamos rabiosamente que suceda…

    Esta selección está lejos de consolidar un once tipo, y poco puede hacer Dudamel si sus futbolistas no tienen continuidad. El costado izquierdo de la defensa fue el punto más débil del combinado criollo. Villanueva y Rolf Feltscher fueron atacados constantemente y se notó la inactividad del primero (17 minutos con Málaga desde el 21 de enero) y las dificultades del segundo para jugar en una ubicación que no siente suya. Sumado a esto, Tomás Rincón tuvo una actuación gris, por lo que Perú aprovechó y ganó los mano a mano por ese costado sin mayor dificultad. Ahí nació el primer gol peruano, que tuvo como cómplice la falta de atención criolla al reincorporarse al partido tras el descanso.

    La rápida reacción peruana derrumba el eterno e inexacto argumento que culpa al estado físico de los bajones criollos. Perú despertó y presionó alto a Venezuela, una selección que elige tener centrales fuera de forma (Wilker Ángel tiene apenas dos partidos en los últimos tres meses) y poco dados a la salida limpia del balón. Los visitantes también taparon las líneas de pase, lo que trajo como consecuencia inmediata que Rómulo Otero perdiera protagonismo.

    Debo insistir en esto porque no puede ser la preparación física el argumento estrella que justifique una caída futbolística tan pronunciada cuando apenas comenzaba la segunda etapa. Esto es fútbol, un deporte de oposición directa, en el que gana el que mejor se adapta a las distintas situaciones del juego. La reacción del visitante no consiguió respuesta en Venezuela, y la lesión de Martínez sumó en esa coyuntura a favor del control peruano. Pero además, va siendo hora de que se entienda que no existe la preparación física en el fútbol sino la preparación futbolística.

    Tampoco ayudó el análisis del seleccionador nacional. Su equipo dominaba el partido, creando temor gracias a las sociedades protagonizadas por Martínez, Rondón, Otero y Murillo. Por ello cuesta comprender que, ganando dos a uno, y faltando treinta minutos, Dudamel prefiriese reforzar el centro del campo con la entrada de Yangel Herrera, un futbolista complementario a Rincón, pero totalmente contrario a la propuesta que le había permitido dominar el partido.

    Cada cambio contiene un mensaje, y en este caso, la selección interpretó que había que ser más cuidadoso, que había que tomar mayores recaudos. Perú creció y Venezuela retrocedió. La intervención de los entrenadores es decisiva porque hasta un simple mensaje condiciona la subsiguiente actuación de sus dirigidos.

    Permítame seguir molestado a quienes viven de alcahuetear al poder, y es que no se entiende como, sin importar las aparentes diferencias conceptuales de los seleccionadores, a Venezuela le cuesta entender y potenciar la manera como en algunos casos se pone en ventaja. No sé si es un tema de cautela, pero pareciera que estamos tan necesitados de un éxito que no se repara en el camino recorrido sino en una meta a la que todavía no se llega. Al no respetar las estrategias iniciales se genera confusión; si atacando se fue superior, entonces, ¿por qué y para qué retroceder de manera voluntaria? En el fútbol, el riesgo no es atacar, lo peligroso es ceder el protagonismo

    Sí debe rescatarse que Dudamel haya apostado a otra manera de jugar. El protagonismo inicial fue coherente con su discurso. El resultado no debe minar esa intención, porque esto no es más que una parte pequeña en la construcción de eso que llaman identidad. Si la selección quiere ser reconocible y tener un juego en el que su plan tenga distintas variables, debe seguir ensayando y así promover distintas respuestas que nazcan de la riqueza de sus futbolistas y no de los temores al resultado. Una vez decidido que el resto de las eliminatorias sudamericanas serán banco de prueba, el camino a seguir queda claro.

    Debe insistirse en los ensayos, y más aun en la construcción de un equipo que nos haga olvidar que hoy, a diferencia de lo acontecido en Lima hace un año, hubo que respirar hondo y conformarse con un empate que bien pudo ser derrota.

    Columna publicada en El Estímulo, el 23/03/2017

  • Richard Páez: el nombre del cambio (II Parte)

    Richard Páez: el nombre del cambio (II Parte)

    Su llegada a la selección significó un vuelco en la historia de la selección venezolana. De la mano de un juego irreverente, como a él le gusta señalar, aparecieron los resultados y la etiqueta de cenicienta del fútbol sudamericano quedó en el olvido. Se empeñó en que su selección jugara a lo que el futbolista venezolano siempre ha sido capaz, y por ello enamoró al público, que con cada partido sentía que se podía competir con cada rival que se enfrentase.

    Su salida fue a finales de 2007. Siete años y dos experiencias en el extranjero después (Alianza Lima en Perú y Millonarios en Colombia), su nombre volvió a ser considerado para dirigir a la Vinotinto. En diciembre se daba como un hecho su vuelta, pero algunos roces con la Federación Venezolana de Fútbol han hecho que ya no sea candidato. De hecho, hay quien asegura que su futuro inmediato está nuevamente en Colombia.

    Es Richard Páez (Mérida, 1953), el hombre que cambió la historia de la Vinotinto y que hoy, con menos cabello y más canas, sigue con la misma voluntad de entrenar, enseñar y charlar.

    Pregunta.-  Ya en dos ocasiones de la charla usted ha mencionado la palabra cambio, haciendo referencia al camino recorrido y a las enseñanzas que han dejado las experiencias anteriores. Usted señala a la etapa en la que condujo a Estudiantes de Mérida a cuartos de final de la Copa Libertadores (NR: 1999, vencen a Cerro porteño en Mérida por 3-0 y luego caen derrotados en Paraguay por 4-0, quedando eliminados), pero el Richard Páez que empieza a ser conocido por el mundo del fútbol es aquel que conduce a la selección hasta lugares que eran impensados. ¿Comprende e identifica esas variantes que ha sumado desde aquella etapa hasta el día de hoy?

    Respuesta.- Claro que hay evolución, hay crecimiento. Creo que hay más sabiduría, un término que hay que saber entender, porque viene del verbo saber. No se trata de entender sino de saber, y cuando uno tiene esa cercanía al conocimiento entonces puede compartirlo con su entorno, con lo que nos rodea. Y esa es la idea. Nosotros estamos intentando atraer a nuestro cuerpo técnico gente que tenga esa necesidad de crecimiento, de no creerse dueños de la verdad, sino que todavía estamos en búsqueda de una verdad. Nosotros hemos crecido, antes éramos más egoístas en la forma de pensar el fútbol, o egocéntricos, teníamos una tarea casi de cuidar un tesoro, que la gente no lo conociera mucho para así poder sorprender al rival. Pero hoy, cuando nos catalogan como defensores de un estilo previsible, confieso que eso me llena, porque siento que estamos logrando nuestra meta, estamos consiguiendo una identidad. Le mostramos al mundo lo que queremos y ellos lo identifican en la cancha: ese juego, ese estilo de cuidar la posesión del balón, con juego asociado, con muchas rotaciones. Yo digo que el sistema defensivo tiene que ser automatizado, convertido en costumbre, en hábito, pero nuestro ataque debe nacer del caos. Nosotros intentamos generar caos. Lo hablo siempre con mis jugadores y el cuerpo técnico: tenemos que buscar maneras de organizar el caos para así transformarlo en caos para el rival y no para nosotros. Eso sí, cuando perdemos el balón debe existir una reacción inmediata para conseguir de nuevo la regularidad, el orden y los hábitos.

    P.- Hay quienes asumen que esa previsibilidad no es una virtud, sino que ayuda a contrarrestar justamente las virtudes de un equipo. Personalmente creo que más allá del trabajo de la semana, el futbolista es quien al fin y al cabo toma las decisiones y es imposible saber cómo va a reaccionar y cuándo lo hará. Creo que no hay mayor ejemplo de ello que Garrincha. Todos sabían qué iba a hacer el desaparecido jugador brasileño, pero muy pocos pudieron detenerlo. Más recientemente podemos encontrar al Barcelona de Guardiola. ¿Por qué hay quien cree que el apego a una filosofía de juego es previsibilidad, y por ende, algo negativo?

    R.- El problema es que el hábito se vuelve costumbre. Cuando tu vas a DisneyWorld o visitas un museo por primera vez, te llenas los ojos, te enamoras, te sorprendes. Pero cuando esa visita se hace una costumbre o convives en ese espacio diariamente, ya toda esa maravilla deja de ser una novedad y es parte de tu entorno, pierde la magia. La mayoría de los seres humanos piensa y actúa de esa manera, es decir, se adapta y se integra en una especie de statu quo, acomodándose a ese entorno, pero hay otros que sí observan otras cosas. Por eso es que hay quienes parecen adelantados a su tiempo. Hoy vemos al Bayern de Múnich que conecta parte de la intención del Barça de Guardiola, pero con otros movimientos y otras variantes que nos llevan a afirmar que este no es el mismo Guardiola ni es el mismo Bayern, ¡y apenas han pasado seis meses! Por ello es que estoy totalmente seguro de que la innovación siempre va a estar ahí, pero dependiendo de los futbolistas, porque siempre estaremos subordinados a las características de esos jugadores. Cada futbolista es un mundo distinto a los otros futbolistas, por eso es que reafirmo esa dependencia que tenemos con los futbolistas y de ellos nace esa imprevisibilidad que algunos aún no comprenden.

    P.- Aquella selección que usted dirigió contaba con dos volantes centrales de características distintas: Leopoldo Jiménez, más de marca y quite, y Luis Vera, casi como una especie de organizador. En cambio, su equipo actual –Mineros de Guayana– cuenta con dos volantes más cercanos al juego que a la destrucción, es decir, se acercan más al perfil de Vera que al de Jiménez. En esa elección ya se puede notar algo de esa evolución que venimos conversando además de aquello de que el sistema son los futbolistas. A pesar de ello, son muchos los entrenadores que hablan de esquemas o numeraciones antes de observar a sus dirigidos. ¿Está muy marcado en nuestro ADN aquello de que se juega a lo que el entrenador quiere y no a lo que los futbolistas pueden?

    R.- Los líderes, en la mayoría de los casos, han intentado siempre que el manejo grupal sea en un esquema piramidal, es decir, desde arriba hacia las masas, teniendo a su liderazgo como punto de inicio. Esos son los líderes regulares, ordinarios, que no trascienden. Solamente lo logran aquellos que van entendiendo que el liderazgo es puro feedback. Los líderes deben estar siempre en la operatividad y son ellos quienes deben tener una libertad de autonomía porque son los que evolucionan. Por ejemplo: estoy seguro de que hay muchas indicaciones que dan los entrenadores que simplemente son jugadas o reacciones que le han visto a un jugador rebelde o inculto tácticamente hablando. Ese futbolista hace un movimiento que no estaba predeterminado o diseñado y termina dando resultado. El técnico debe darse cuenta de esa creatividad que emana de su jugador y promover espacios para que ello se mantenga, a pesar del riesgo que puede significar.

    Cuando hemos colocado dos volantes ocho que tienen como premisa tener el balón, lo hemos hecho porque nos gusta y me gusta más eso a que simplemente recuperen la pelota. Juntar a un volante netamente recuperador con uno de más juego era algo que uno pensaba en otros contextos, pero hoy en Mineros tuvimos la posibilidad de juntar a estos dos ocho porque ello nos iba a transportar a otro nivel futbolístico, ya que como equipo empezamos a asumir otros riesgos y a mí me encantan los futbolistas que arriesgan, claro, con la idea de saber como defenderse ante lo que podemos llamar el riesgo negativo. Entonces, como hemos ido logrando ese tipo de juego con dos volantes mixtos haciendo de volantes centrales, es obligatorio aportar otros detalles porque de lo contrario nos quedamos con el riesgo de que en cualquier momento – cosa que ya nos ha sucedido – perdemos el balón y si uno de esos volantes no queda bien ubicado entonces el rival nos llega muy rápidamente a la línea defensiva. Por ello hacemos hincapié en que cuando llevamos volumen, la primera tarea que tenemos cuando perdemos la pelota es que la recuperación sea inmediata, ya que no podemos permitir que el rival tenga libre tránsito o rápidas transiciones defensa-ataque porque nos pueden hacer mucho daño. Ahí se va condicionando una mezcla, una sumatoria que se traduce en ese proyecto de juego que queremos: una línea defensiva que presione el bloque y una línea ofensiva que comprima para que de esa manera consigamos una oportunidad notable para poder recuperar el balón cerca del lugar en el que se produjo la pérdida.

    P.- Eso que usted explica podría ser descrito como contracultural en el fútbol venezolano, porque la costumbre indica que todos o casi todos los equipos defienden corriendo hacia atrás, en dirección hacia su propia área. De hecho, en este momento solo puedo señalar al Zamora y a su Mineros como los únicos conjuntos que intentan presionar de manera inmediata al rival una vez se produce la pérdida de la pelota. Más allá de la buena intención, esa propuesta debe ser muy difícil de implementar, ya que el futbolista venezolano, desde sus inicios, se le enseña a defender muy cerca de su propia área, y para que se entienda mejor, la más reciente expresión de la selección nacional tenía ese comportamiento. ¿Cuesta mucho venderle al futbolista la idea de defender atacando?

    R.- ¡Por supuesto! Y cuando está más avanzado el proceso de competitividad de esos jugadores, más difícil es aún inculcar la idea, a pesar de que ellos, los llamados veteranos, son los que entienden con mayor claridad que ese modelo es una posibilidad real para que su edad futbolística dure más. Aquellos que logran entender ese concepto se dan cuenta de que corren menos, se sacrifican menos. Entienden que hay un desgaste por la intensidad que es corto, explosivo y efectivo y que les genera mejores efectos en la parte física que aquel jugador que debe realizar un mayor recorrido para defender o recuperar cerca de su área. Son detalles que el futbolista va entendiendo pero no es fácil; todavía el jugador, y mucho más los volantes ofensivos, que están mal educados y siente que solo juegan con la pelota, pero ese es el gran reto, motivar a ese futbolista para que se integre a esta idea. Afortunadamente contamos en Mineros de Guayana con jugadores que han entendido claramente el mensaje y que lo han llevado a cabo de manera sorprendente, por el poco tiempo en que llevamos acá y, sobre todo, que han creído en esta forma de jugar porque les ha dado resultados. Se les nota y se sienten más alegres, algo que también buscamos, que el futbolista disfrute de este juego y de la tenencia de la pelota, porque con esa sensación de satisfacción el jugador encuentra mayores posibilidades de crecimiento. Pero son detalles; tú bien dices que en nuestro fútbol es complicado poner en práctica esto, pero la misma motivación que producen los resultados los estimula a ellos a cambiar.

    P.- Me da la impresión de que nosotros, la prensa, somos muy superficiales. Digo esto porque en muchas ocasiones nos quedamos solo con el gol o con la atajada del arquero. Hace tiempo vengo reflexionando que desde la prensa hemos hecho un gran daño cuando se habla de 4-4-3, 4-4-2, 3-5-2 pero olvidamos que, salvo al inicio del partido, esos módulos varían permanentemente porque este es un juego dinámico en el que nadie se queda parado. Hablamos también de equilibrio y ese término no tiene que ver con movimiento sino con todo lo contrario, y nos referimos a la alegría cuando el resultado es abultado. Hacemos mención a kilómetros recorridos y nos quedamos con estadísticas que explican poco y nada lo que realmente pasó en el campo de juego.

    R.- Hay dos palabras que tú mencionas que son fundamentales: alegría y resultado. Parece una lucha eterna, como aquella entre el bien y el mal. ¿Se gana como sea o se gana disfrutando del juego? No podemos olvidar que esto es, al fin y al cabo, un juego. Puede ser un deporte serio rodeado de mucho mercantilismo y mucho dinero, pero no deja de ser un juego, no pierde su esencia. Por eso yo me dedico a tratar de descubrir la esencia del futbolista, su ingenio, lo invito a que me supere, que mejore mis expectativas sobre su rendimiento. Muchas veces le pido a mis jugadores que hagan algo distinto, diferente, que me sorprendan. No pueden dejar al entrenador observando lo mismo de siempre. Que se rete y que me rete a mi como director técnico para que encuentre la motivación de superarse a sí mismo. Eso que mencionas del periodismo no es un comportamiento exclusivo del periodismo deportivo venezolano, es un fenómeno global en el que solo se observa el resultado y se intenta analizar un resultado. Tanto es así que uno escucha comentarios en los medios en los que la valoración de un equipo puede variar dependiendo del resultado, ¡y esto pasa en cuestión de minutos! Esto pasa porque no entienden el caos, que esto es dinámica, movimiento, que esto es sinónimo de átomos. Átomos en movimiento, circulación, fluidez, armonía, disonancia; conseguir un espacio donde antes no lo había, crear un espacio en donde no parece posible; el hombre libre no es lo mismo que estar libre, aparecer no significa estar, en fin, toda una serie de métodos y conceptos que indiscutiblemente no todo el mundo logra comprender porque no hay interés en ello, y yo creo que hay que orientar a la gente para que comprenda todo esto que estamos conversando porque ese es el camino que nos espera.

    Si Venezuela quiere llegar a un mundial o trascender en torneos internacionales, no podemos jugar como lo hacemos en nuestro torneo. No se puede competir con apenas cincuentaicinco minutos de tiempo útil de juego. Con ese nivel no lograremos competir. Siempre le digo a mis jugadores que para trascender hay que hacer algo diferente a lo que se hace en estos tiempos, porque lo hecho hasta ahora no ha servido.

    Entrevista publicada el 29/03/2014 en la web de Martí Perarnau

    Fotografía cortesía de Fútbol Visión

  • Richard Páez: el nombre del cambio (Parte I)

    Richard Páez: el nombre del cambio (Parte I)

    Es un domingo de marzo. Son las diez de la mañana. Venezuela vive tiempos confusos de protestas estudiantiles, discursos intolerantes, barricadas, muertes e incertidumbre. Hace un par de semanas, el gremio que agrupa a los futbolistas de Primera División le pidió a la Federación Venezolana de Fútbol –por estos derroteros no hay liga– suspender o reprogramar la séptima jornada debido a las dificultades para transitar libremente por el territorio nacional. La súplica no fue escuchada y se jugó ese fin de semana con mayoría de juveniles. Aquello se sumó a un annus horribilis para el ente federativo, a pesar de que apenas transitamos el tercer mes de este 2014.

    El panorama nacional descrito no le ha servido a la federación para tapar su incapacidad para definir al sucesor de César Farías en el cargo de seleccionador nacional. Cuando todo parecía indicar que la elección se centraría en los dos entrenadores de mayor capacidad del país –Richard Páez y Noel Sanvicente–, el Gobierno nacional ha dicho presente para dinamitar, con su saco lleno de dólares, cualquier pronóstico. Esta razón, la económica, parece acercar a entrenadores más caros, pero de dudoso presente. Uno de los contactados fue Diego Maradona.

    A Páez se le conoce como El Doctor porque además de su dilatada trayectoria como futbolista y entrenador hay que sumarle su otra profesión: médico traumatólogo. Oriundo de Mérida, en la región andina de Venezuela, su carácter es calmado, reflexivo, gustoso por las charlas de café. Pero esa tranquilidad desaparece con el inicio de un partido solo para reaparecer en el silencio del domingo a la noche, cuando las luces y las cámaras se apagan y es tiempo de volver a la familia.

    Richard Páez no es un tipo cualquiera en la historia del fútbol venezolano. Su nombre estará siempre ligado a cada versión que quiera contarse acerca de la transformación de la Vinotinto. Fue él, junto a un grupo de jugadores que se negaron a morir en el intento, quien dio fuerza a eso que hoy muchos siguen denominando como el fenómeno Vinotinto; aquel que supo, en un país dividido por cuestiones políticas, potenciar un sentido de pertenencia que parecía extraviado. Esto es un hecho incontestable que ni siquiera los interesados comentaristas de cierta cadena internacional de deportes podrán negar. Para muchos, su aporte comenzó en el año 2001, cuando tomó las riendas de la selección nacional sustituyendo en el cargo al argentino José Omar Pastoriza (+). Pero lo cierto es que desde su etapa de futbolista se negaba a ser parte del conformismo que caracterizaba al balompié de esta nación. Su Estudiantes de Mérida le abrió los ojos a muchos allá por el año 1999 y le sirvió para que le ofrecieran el cargo de seleccionador juvenil.

    Hoy, cuando el país sigue bajo los embates que también caracterizaron a los tiempos de su gestión, es bueno charlar con el primer entrenador venezolano que trabajó en el extranjero (Alianza Lima en Perú y Millonarios en Colombia), ya no para conocer sus ganas de volver a la Vinotinto, sino para que en un momento de tantas emociones alguien pise la pelota, nos hable de fútbol y de cómo se vive este juego.

    Antes de dar paso a la primera parte de esta charla, debo explicar que durante su gestión como seleccionador siempre pude conversar de fútbol con Páez. Esto no quiere tapar algunas tensiones entre él y la prensa, pero a diferencia de su sucesor, César Farías, esos choques no se resolvieron nunca de manera violenta y siempre hubo espacio para el juego.

    Pregunta.- Su familia es netamente futbolera. En un país que tiene al béisbol como deporte más mediático, ¿dónde nace esa pasión por el fútbol?

    Respuesta.- Fue de una manera atípica, como suceden muchas cosas en Venezuela. Mi padre era maracucho (ndr: de Maracaibo, capital del estado Zulia, región beisbolera por excelencia) de pocas raíces futbolísticas. Además de haber sido médico psiquiatra, practicaba béisbol y baloncesto. Tan psiquiatra fue que tuvo doce hijos varones y tuvo toda la capacidad para inculcarnos siempre la importancia de la práctica deportiva. Luego entra la formación escolar. Mis hermanos y yo fuimos educados en un colegio jesuita en Maracaibo en el que los sacerdotes no nos permitían jugar béisbol, sino que nos obligaban a practicar fútbol. Cuando nos regresamos a Mérida encontramos el ambiente propicio para desenvainar toda esa pasión futbolística que vivimos, en un ambiente muy de fútbol y donde desarrollamos prácticamente nuestra vida. Y al tener doce hijos varones en la casa, se entiende claramente que éramos un equipo de fútbol, y lo hacíamos como una competencia para enfrentarnos a otras familias. De la familia Páez salieron tres jugadores profesionales, dos de ellos de selección nacional, y muchos sobrinos que mantienen ese sueño.

    P.- Además de futbolistas, los doce hermanos fueron a la universidad. ¿Aquello fue una exigencia familiar o influyó el entorno de Mérida?

    R.- Mérida es una ciudad estudiantil en la que se dice que la ciudad vive dentro de una universidad (ndr: la Universidad de Los Andes), y ese ambiente de estudio, de la naturaleza, del frío, de la conciencia y el espíritu del andino que es recto, conservador y respetuoso de las tradiciones configuró un entorno propicio para además de seguir con nuestra pasión futbolera, desarrollar como principio de formación buscar una mejor educación desde el punto de vista académico. Los doce hermanos somos universitarios y los doce pudimos desarrollar nuestras inquietudes académicas.

    P.- A pesar de la superprofesionalización del fútbol, queda siempre la idea de que el futbolista dispone de mucho tiempo libre. Usted cuando era futbolista activo tuvo la dedicación y el tiempo para estudiar medicina. ¿Es cierta esa sensación o el jugador moderno dispone de menos tiempo libre por la forma de entrenar?

    R.- Todo ha cambiado mucho. El estilo de entrenamiento típico de mi época (década de los 70) era muy planificado, pero a la vez muy sectorizado. Era una planificación irreversible, por ejemplo: los lunes se descansaba o se hacía regenerativo; el martes se trabajaba la parte física; el miércoles se hacía una activación con trabajos técnico-tácticos; el jueves se hacía fútbol; el viernes se trabajaba la velocidad, el cambio de ritmo, disparos al arco; y el sábado se hacían nuevamente trabajos regenerativos pensando ya en el partido del domingo. A medida que fueron llegando técnicos extranjeros a Venezuela, todo fue cambiando. Conocimos los entrenamientos a doble turno, se empezaron a hacer pretemporadas aunque en ambientes que no eran los adecuados, como la playa, la montaña o dedicándose exclusivamente a los trabajos físicos, suponiendo equivocadamente que con esos quince días se llenaba el tanque para todo un semestre. Pero a pesar de los errores, eran los primeros pasos de una necesaria evolución que nos inculcaron los buenos entrenadores –aunque hubo otros de muy bajo nivel y otros que se han mantenido con esas metodologías–, técnicos que nos llenaban de algunos conocimientos e inquietudes que nos sirvieron para seguir evolucionando. Aparecieron los entrenamientos intervalados, los intermitentes hasta llegar ahora a este proceso metodológico de la integralidad, ese entrenamiento integrado en el que ya no se disocia al entrenamiento en fases distintas. De seguir así llegaremos a un perfeccionamiento como el entrenamiento situacional-específico, es decir, por posición. Pero el fútbol venezolano, casi a la buena de Dios, ya que no ha habido un proceso organizado, pero contando con la inquietud de los entrenadores que se han formado y han salido a conocer otras experiencias, se ha dado cuenta del posicionamiento que tiene este deporte en el mundo y cuales son los caminos para mantener la evolución.

    P.- Usted menciona la incompatibilidad de ambientes como la playa o la montaña con el entrenamiento de fútbol. La lógica nos hace pensar que si quiero aprender de cocina debo practicar cocinando. Pero en el fútbol esto se presta a discusión, y me atrevo a decir que son muchos los entrenadores que no solo prefieren disociar el entrenamiento en fases distintas sino que además realizan la preparación en esos lugares que nada tienen que ver con una cancha de fútbol. Entrenadores ganadores, de clubes famosos y de selecciones que aún se niegan a comprender esto. ¿Cómo hacer para que se entienda la conveniencia de entrenar en el campo y con la pelota?

    R.- El fútbol es igual que la vida, todo es cuestión de decisiones, de tomas de decisiones. A veces a uno lo convencen, pero a otros se les impone un criterio. Yo creo que tiene mayor mérito aquel que por convencimiento propio o por convencimiento académico logra esas transformaciones y cambios en las metodologías. A mi me pasó. Yo era un entrenador que creía mucho en ese entrenamiento analítico, diseñado por líneas, tratando de hacer las cosas de una manera programada, planificada, que hacía que los resultados se consiguieran a muy largo plazo. Pero entendí que la metodología de entrenamiento debía ser una metodología más integrada, mas cercana a los escenarios de partido con un feedback del fútbol hacia el entrenamiento y del entrenamiento hacia el fútbol. Esa retroalimentación en la que se resume la tarea del entrenador ayuda a comprender que de esa manera se acerca uno más a esas posibilidades que tienen los conjuntos de parecerse más al ideal de un equipo de fútbol y alejarse de eso que yo llamo la unión de factores o de sorpresas.

    P.- En esta aventura con Mineros de Guayana –ganaron el Torneo Apertura y ahora luchan por ser campeones absolutos– lo acompaña Amleto Bonaccorso como su asistente técnico. ¿Qué importancia tiene este puesto para Richard Páez?

    R.-  La idea que he mantenido es de contar siempre con un asistente técnico. Debe ser mi mano derecha, mi confidente, es mi mecanismo para asegurarme mantener discusiones de lectura para ambos, pero fundamentalmente para lo que queremos ver el día domingo. Hay que recordar que cuatro ojos ven más y mejor que dos. Pero no se trata únicamente de los ojos, sino de la mente, ya que lo que fundamentalmente busco es cómo es la percepción visual y pedagógica que se tiene de lo que sucede en el campo de juego. Mucha gente se va a lo específico, a lo grueso, al gol, a la jugada que todo el mundo observa, pero pocos retrotraen la jugada a su lugar de inicio para comprender el nacimiento de ese gol o de esa maniobra. Para todos esos detalles se hace necesario contar con ese asistente técnico, como un acompañante, como un orientador que ayude a comunicar lo que se quiere en la cancha. En estos momentos estoy reflexionando acerca de la viabilidad de contar con un técnico de principios defensivos y uno de principios ofensivos; que sean dos entrenadores jóvenes que estén en la cancha llevando operativamente el mensaje que el entrenador principal quiere plasmar, y es que uno no puede estar con la misma dinámica que cuando tenía treinta y cinco o cuarenta años y entraba a la cancha con toda mi vitalidad para participar del entrenamiento. Ahora creo que hay que contar con esa dosificación y uno ser el estratega, el que visualice teóricamente lo que después ellos lleven al terreno.

    P.- Eso es muy de los deportes norteamericanos, al estilo de la NBA y la NFL.

    R.- Yo lo saco del béisbol, que es el deporte que indiscutiblemente está en nuestra conciencia. En ese deporte hay un técnico encargado de trabajar las distintas fases, por ejemplo, el trabajo con los lanzadores abridores, los relevistas, el infield, la ofensiva, etc. En el fútbol eso sucede con el preparador de arqueros, que para mí es la función que nos enseñó la apertura fundamental de lo que hoy está sucediendo en el fútbol de forma conjunta. Fueron los arqueros los primeros que se adelantaron cuando hicieron trabajos específicos y situacionales para arqueros, en los que se intenta reproducir lo que a ellos les sucede en la cancha. Como no se trabaja fútbol todos los días para ponerlos a prueba, se hace ese trabajo específico. Ellos marcaron un camino, y te puedes dar cuenta que los primeros que mejoraron su potencia, su explosividad y su coordinación fueron los arqueros justamente por esos trabajos específicos que menciono. Llegará un momento en que se aplicarán específicamente trabajos para volantes de primera línea, para laterales, etc. Esa especificidad condicionará a los futuros cuerpos técnicos, que en el futuro deberán ser mucho más profesionales y más preparados.

    P.- Esto que usted plantea, ¿puede asumirse como una corriente emparentada o cercana a la periodización táctica?

    R.- Ese es uno de los temas que lo motiva a uno. Esa lucha de qué es más importante: lo físico, lo psicológico, lo estratégico, la parte cognitiva que tiene que ver con la lectura del juego, o simplemente todo es un todo. Esa es nuestra idea hoy en día cuando uno acepta ser un entrenador distinto a cuando conducía a Estudiantes de Mérida (ndr: año 1998, equipo con el que llegó a cuartos de final de la Copa Librtadores), porque hoy siento que se puede ver todo desde una visión panorámica buscando qué es lo más importante o qué es lo que provoca una cadena de consecuencias y sucesos para lograr lo que todos queremos, que no es más que la victoria. Es esa periodización, es tratar de elaborar un encadenamiento de todas las cosas y propiciando una relación entre el descanso activo no solamente en la parte física sino también en lo anímico: pero nosotros, este cuerpo técnico, pretendemos ir mucho más allá, ya no nos quedamos únicamente con la parte psicológica, y es que hemos aprendido en Colombia la parte espiritual, es decir, llegarle al espíritu del futbolista, encontrarle el espíritu del juego que tiene el jugador. Eso es mucho más intenso que la parte psicológica o la parte emocional. Entonces son un sinfín de detalles que se van sumando a esta especie de red intrincada en la que todo se conecta y con ella buscamos que el futbolista llegue con su máximo potencial, con ese espíritu ganador que deseamos ver en nuestros jugadores.

    Entrevista publicada el 17/03/2014 en la web de Martí Perarnau

    Imagen cortesía del diario Panorama

  • Tomás Rincón pelea su lugar en la Juventus

    Tomás Rincón pelea su lugar en la Juventus

    El miércoles 8 de febrero, Tomás Rincón jugó su primer partido como titular en la Juventus por la Serie A. Su equipo se enfrentaba al Crotone, un rival que no lo iba atacar y que le reduciría el campo casi hasta la mitad, lo que obligaba a los de Massimiliano Allegri a ser pacientes y promover una circulación rápida de la pelota.

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    Luis Enrique, entrenador del FC Barcelona, explica a la perfección la estrategia:

    Por ende, las obligaciones del criollo no pasaban exclusivamente por la recuperación de la pelota y la cesión de la misma al compañero más cercano; Rincón debía sostener tácticamente al equipo, sirviendo incluso como una especie de mariscal de campo que determinaría donde debía instalarse la Juventus para superar una defensor organizada como la del Crotone.

    Esto que aquí se señala pareciera una obviedad, sin embargo, no puede soslayarse que en el fútbol todavía es mayoritaria en la corriente de pensamiento que sostiene que ataque y defensa son conductas aisladas, cuando la realidad del juego y el ser humano nos confirma que son vasos comunicantes. 

    Revisemos las estadísticas del partido para comprender cómo y dónde se movían los rivales de Rincón:

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    Crotone apenas tuvo un 24% de posesión, lo que confirma la intención local de replegarse, defender muy cerca de su arco y salir al contragolpe, algo que como se demuestra en las estadísticas, intentó en 13 ocasiones, a pesar de que sólo logró dar tres pases de finalización, es decir, tres habilitaciones cercanas a la meta de Gianluigi Buffon. Las estadísticas no explican el juego pero sí ayudan a identificar tendencias y conductas.

    En la siguiente imagen se puede observar con claridad dónde defendía el rival de Rincón, y porque el venezolano fue una pieza fundamental en el avance de su equipo:

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    Teniendo en cuenta que Crotone jugaba de esa manera, el tachirense era, junto a los defensores, el primer pase, pero al mismo tiempo, el «continuista» del juego juventino: recuperaba, pasaba y presionaba, para nuevamente repetir el ciclo. Pero todo esto lo hacía con una misión: prolongar el ataque de los suyos. Ahí está una de las grandes diferencias entre esta versión de Tomás y la que normalmente observamos en la selección nacional: con la Juve, Rincón forma parte de una idea de protagonismo, mientras que en la Vinotinto es parte de un sistema reaccionario, poco protagonista.

    En los seis vídeos que se muestran a continuación queda demostrado que Rincón no llego a la Juventus para ser lo que muchos denominan como un destructor de juego; el venezolano conquistó a la élite jugando fútbol. Y es que como puede observarse, el tachirense, en cada una de sus participaciones, sumaba a la construcción de juego del equipo de Turín, desechando y dejando en ridículo aquellos que creen que los futbolistas son unidimensionales. 

    Por último quiero dejar una reflexión: quienes creen que este cambio de contexto no afectará su rendimiento en la selección no terminan de comprender tan siquiera el concepto básico del pensamiento complejo. Cuando pasamos de un contexto, que nos es natural gracias a la cotidianidad, a otro en el que apenas conviviremos por horas, lo normal es buscar sostenes y apoyos a partir de elementos que nos hacen sentir seguros. Para Rincón, la realidad que vive en la Juventus, es, ahora, esa cotidianidad en la que desarrollará nuevas respuestas y nuevos apoyos. Quieran o no, Tomás Rincón es ya un futbolista distinto.

    Imágenes cortesía de Meridiano.com, FourFourTwo, Instatscout y Soccerway

  • Vinotinto mundialista, ¡objetivo cumplido!

    Vinotinto mundialista, ¡objetivo cumplido!

    Rafael Dudamel consiguió con esta selección un hito en la historia futbolística de Venezuela: cumplir exitosamente con sus ciclos en las selecciones nacionales sub-17 y sub-20. La historia dirá que su paso por las categorías juveniles criollas fue un acierto pocas veces visto en un país en el que los procesos no son apoyados, respetados ni comprendidos. Con sus más y sus menos, el ex arquero derrumbó mitos. Su llegada a la conducción de la sub-20 es una historia que algún día contaré.

    Esta selección pudo haber tenido un final más plácido, pero, tal cual se divisó en la primera fase, es desde el suspenso que se puede entender el paso criollo por este torneo. Puede que sea una característica propia de nuestra sociedad -vaya si hace falta un sociólogo para que aclare esto- pero son pocos, muy pocos, los éxitos colectivos en nuestra historia que hayan sido contundentes, sin ligar ni rezar.

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    Ante Argentina, con pocas posibilidades de comprometer el triunfo, el equipo criollo estuvo muy cerca de rozar la tragedia. El rival, sin mucho fútbol ni una actuación memorable, se las arregló para que nuevamente Wuilker Faríñez fuese la figura criolla. No había necesidad de entregarse a la ansiedad argentina, pero insisto, a nuestros equipos les cuesta definir las tareas en tiempo y forma. Los goles albicelestes y las apariciones del arquero del Caracas FC así lo demuestran, así como dos jugadas dudosas en el área criolla que el árbitro principal no señaló como pena máxima, lo que debería calmar por un momento a los fundamentalistas de las teorías conspirativas.

    Pero más que el partido, que no fue un trámite ni dejó indiferente a nadie, lo importante es resaltar la clasificación venezolana a su segundo mundial de la categoría, tercero para el fútbol masculino. Esta versión comandada por Dudamel tuvo tres futbolistas sobre los que supo sostenerse cuando el colectivo no apareció: Faríñez, Yangel Herrera y Yeferson Soteldo.

    El portero fue quizá el jugador más importante, o quien más influencia tuvo en los resultados. Venezuela no tuvo durante todo el torneo el funcionamiento defensivo que algunos señalan, entendido esto como una serie de conductas llamadas a evitar las llegadas de los rivales al arco de Faríñez. Durante el torneo, los rivales dispararon, dentro de los tres palos, hasta treinta y un veces, pero sólo en siete ocasiones lograron vencer la resistencia del guardameta, lo que trajo como consecuencia que los criollos abandonen suelo ecuatoriano con la valla menos vencida. La lección que debe repetirse mil y una vez es que el correcto arte de defender es mucho más que una fría estadística.

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    Herrera fue sin lugar a dudas, hasta el partido final, el sostén táctico de la selección. Según su ubicación en el campo, la Vinotinto fue un equipo claramente parado al contragolpe o un bloque corto. Tuvo apariciones importantísimas, como ante Perú, demostrando el carácter suficiente para no dejarse ir por el penal fallado. Su crecimiento no admite dudas, a pesar de que debe corregir aspectos como el correcto manejo de las emociones, pero para eso es joven y tiene muchos minutos competitivos que le ayudarán a ajustar esos pequeños detalles. Da la impresión de que, salvo alguna desgracia o distracción, Herrera está preparado para asumir riesgos superiores, como pelear el puesto de acompañante de Tomás Rincón en la selección mayor.

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    Soteldo, por su parte, tuvo un campeonato sencillamente maravilloso. Hasta en los episodios en los que tuvo que resolver por sí sólo se mostró superior a todos sus rivales. Quizá bajo otra idea de juego pueda brillar más, pero su personalidad es otra fantástica noticia. Basta observar sus reacciones en el partido más complicado, ante Argentina en el Hexagonal, para concluir que, aun en la más amarga soledad, supo aguantar la pelota. Que muchas veces perdiese cuando le hacían 2×1 no es consecuencia de excesos sino de ese aislamiento que muchas veces sufrió. Pocos futbolistas en nuestro país han quemado las etapas competitivas con tanto éxito como el 10.

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    Por último, hay que volver a Dudamel. El seleccionador supo agregar pequeñas variantes a su equipo durante el torneo, evitando que este fuese previsible y, al mismo tiempo, promoviendo más y mejores respuestas. Esta influencia puede observarse en el comportamiento de los laterales: en los primeros partidos se proyectaban con cierta timidez, pero con el paso de los duelos, estos adelantaron su posición en el campo. También construyó un nuevo contexto para que Soteldo fuese más influyente en la zona de definición, adelantando su posición hasta llevarlo a jugar de delantero. Es una pena que no haya podido celebrar en el campo con sus muchachos, pero su rueda de prensa, tras el bochornoso episodio arbitral del Brasil-Venezuela, debe ser comprendida como un acto de motivación impresionante. Tras una derrota dolorosa, el entrenador defendió a los suyos ante todos los poderes, dejándoles la mesa servida para que fueran ellos, y solamente ellos, los encargados de responder a las agresiones con juego y goles.

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    Mucho podemos discutir sobre si se podía jugar mejor, es decir, que desde la conducción técnica se diseñaran estrategias que ayudaran a potenciar aún más las virtudes de sus jugadores -no debe olvidarse que hacer esos exámenes es la razón de ser del analista- pero el resultado final determina que este equipo, jugando a su manera, logró apenas la segunda clasificación de una selección sub-20 al mundial Corea 2017, lo que los posiciona, sin lugar a dudas, en la historia del deporte venezolano. Y eso, más allá de cualquier reflexión, debe celebrarse.

    ¡Enhorabuena!

    Créditos fotografías: Prensa Vinotinto, EFE y AFP 

  • Soteldo dinamita cualquier guión

    Soteldo dinamita cualquier guión

    El talento no lo es todo pero cómo ayuda. En el fútbol, esas cuotas de ingenio deben estar siempre al servicio del colectivo, de lo contrario solamente serán intentos sin mayores posibilidades de éxito. Por ello, cuando se habla, en el caso de la selección nacional Sub-20, de la influencia de Yeferson Soteldo, hay que tener en cuenta cómo se asocia con sus compañeros y el nivel de entendimiento de estos con él, y del 10 con ellos. Al habilidoso, al jugador distinto, hay que buscarlo siempre, y cuando se desconecta de la dinámica grupal, activarlo, hacerlo sentir parte de la dinámica del equipo.

    No hablemos de posesión ni de porcentajes. En los primeros minutos fue notorio como Venezuela aguardaba los movimientos de Uruguay. No presionaba, sino que esperaba que se equivocara el futbolista que trasladaba la pelota, y la única reacción se producía en el momento en que los charrúas se acercaran al área. En esos minutos se llevó al extremo aquello de entregarle protagonismo al rival para aprovechar sus equivocaciones. Llama la atención que a esto juegue una selección que intenta colarse en la élite, pero el resultado tapará, como siempre, esto que aquí se señala.

    Seguramente que para explicar las virtudes de este equipo, Soteldo es el punto de partida de  todas las crónicas y los análisis. En este partido fue notable su ubicación en el centro -un acierto estratégico de Rafael Dudamel- con la intención de cambiar un poco el funcionamiento del equipo, ya que el volante 10, en esa ubicación, estaría mucho más cerca de los mediocampistas de salida (Lucena y Ruiz). Aún así, costó que el pequeño futbolista entrara en acción, no por falta de implicación, sino por esa peligrosa tendencia de preferir los pases largos al juego asociado.

    Ahora bien, cuando la selección Vinotinto se animó a promover un fútbol más cooperativo, que tan bien se le da, fue relevante el cambio de actitud o de planificación en cuanto a los laterales criollos. La presencia de José Hernández fue notable, no ya por su desempeño defensivo, si no por su voluntad de sumarse al ataque, convirtiéndose en una herramienta que ensanchaba el campo de juego. Por la otra banda, Ronald Hernández sostuvo su crecimiento, asociándose a Sergio Córdova para apoyar los avances por la banda derecha.

    En el minuto 25, el derecho Hernández dio una cátedra de cómo debe involucrarse en lateral en el avance de su equipo. El marcador de punta se asoció con Córdova, quien siguió su carrera por la banda, mientras que Hernández modificaba constantemente su carrera, a la espera de identificar la ubicación que favoreciera el avance del atacante criollo. La proyección de los laterales en ataque no es un capricho como muchos quieren hacer creer; por su ubicación, el recorrido natural de estos jugadores ensancha el campo e impide que el rival defienda por la simple acumulación de futbolistas. La ausencia de extremos ha hecho necesario este rol de los marcadores de punta.

    Y fue justamente a partir de los desbordes de los laterales que Venezuela encontró la vía para hacerle daño a Uruguay: el costado derecho. Córdova y Soteldo se alternaron en la invasión a esa zona, creando un caos maravilloso que no supo resolver la defensa uruguaya, y que por poco, tras remates de Peña y del propio Córdova, le daba el primer tanto a la selección criolla.

    Pero en la segunda etapa se volvió a la monotonía, desafiada únicamente por la dinámica de Soteldo, quien siempre supo identificar los espacios que dejaba libre la zaga charrúa.

    Esta selección es un equipo que juega a una misma velocidad, por ello, cuando aparece el 10, se revuelve todo. El equipo tiene como muy propio aquello de mantener el cero en su propio arco por encima de todas las cosas, y si biene s cierto que bajo esa premisa ha llegado hasta estas instancias, es el suspenso el término que mejor define su paso por el Sudamericano de Ecuador. Así fue la etapa de grupos y así se ha conducido en esta fase final.

    El fútbol es inexplicable porque no tiene verdades absolutas. Una prueba de ello es el origen del primer gol criollo: una pelota dividida que gana un futbolista venezolano y que encuentra a Uruguay a contrapié, intentando salir de su área. Los militantes del lugar común definen a cualquier selección charrúa como equipos ordenados, que jamás dan por perdida una pelota, pero mire usted por dónde se rompió el partido. Por ello, y mucho más, este es un juego maravilloso que sobrevive a la mediocridad de quienes intentan hundirlo en sus propias miserias.

    ¿Cómo explican la influencia de Yeferson Soteldo los acumuladores de estadísticas? El ahora jugador del Huachipato chileno es un futbolista cuyo rango de influencia supera cualquier suma de números fríos. Lo mismo puede decirse de Córdova o el sacrificado Ronaldo Peña. Y es que este es un juego de interacciones, de realimentación, de sinergias, que jamás podrá ser explicado en su totalidad por la frialdad científica. Venezuela tiene muchos puntos por mejorar en la construcción de juego, pero en los momentos importantes, casi como si fuese parte de un guión que se cumple de pe a pa, el equipo sacó los mejores registros de su juego, y ello fue suficiente para golear a Ecuador, a Uruguay y reservar pasaje para el próximo mundial Corea 2017, un hecho que, no debe olvidarse, se conseguiría por segunda ocasión en toda nuestra historia.

    Insisto, esto es fútbol y nadie sabe realmente de qué va, menos aún cuando la pelota la conduce el eléctrico jugador que porta la camiseta 10.

    Fotografía cortesía AFP

  • La impresentable Conmebol y la debilidad criolla

    La impresentable Conmebol y la debilidad criolla

    Rafael Dudamel no insultó. Ni tan siquiera habló de corrupción. Lo suyo fue una protesta avalada por hechos e imágenes. Pero aún así, a los impresentables dirigentes del organismo continental no les gustó que los señalaran por lo que son: un grupo de negociantes que no se interesan por nada más que las cuentas bancarias de la organización.

    No defiendo al seleccionador nacional. Dudamel tiene la edad suficiente para hacerlo por sí mismo. Lo que no comprendo es que desde uno de los organismos más señalados por el FIFAgate pretendan sentar ejemplos con casos inexistentes. Voy a insistir: Dudamel no insultó.

    La rueda de prensa se puede escuchar en su totalidad a continuación:

    Si lo prefiere, puede leerla:

    Debo afincarme en un concepto: el fútbol no es causa patriótica porque en él no se defiende el honor de la nación, mucho menos el de las personas que protagonizan la actividad. Son demasiados los ejemplos de quienes hacen carrera vendiendo medias verdades, como que existen las conspiraciones en contra de nuestro progreso, o que los futbolistas criollos no llegan a la élite por su pasaporte. Pero las injusticias, en el fútbol o en cualquier otro ámbito de la vida, deben ser denunciadas.

    Al mismo tiempo creo que es necesario recordar que si realmente tuviésemos algún peso en CONMEBOL, este tipo de sanciones no se producirían, salvo que el comportamiento del protagonista se aleje de las normas normales de los eventos. Pero insisto: Dudamel no insultó, sólo habló del mal arbitraje y nos recordó al «Gremio de los Intocables».

    Pero eso duele, molesta, de la misma manera que a los dirigentes criollos debe fastidiarle que el seleccionador nacional los haya puesto en la incómoda posición de tener que reclamar algo a sus compinches y compañeros de cenas.

    Este es el fútbol sudamericano. Cambian los apellidos de quienes ocupan el trono en Asunción, pero el desastre sigue siendo el mismo. Juegan campeonatos juveniles en los que a los chicos apenas se les da descanso; se designan árbitros incapaces de comprender su papel pedagógico; las transmisiones de TV son cada vez más pobres; se sanciona a diestra y siniestra a quienes atenten contra la»honorabilidad» de un organismo que no es honorable.

    Toda esta malaria importa poco. En Conmebol son felices porque entra dinero, y porque el bueno de Gianni Infantino, presidente de FIFA, no es más que un patrocinante de estas conductas.

  • El riesgo es no arriesgarse

    El riesgo es no arriesgarse

    Hay dos maneras de jugar al fútbol: bien y mal. Claro está que, salvo contadas excepciones, nadie, voluntariamente, planifica jugar mal a este juego, entonces, lo realmente interesante es identificar las formas como cada equipo procura llegar a eso que llamamos jugar bien.

    Escuelas hay miles, y no está mal identificarse con alguna, siempre y cuando esto no limite el aprecio por otras propuestas, por más antagónicas que estas parezcan. Pero lo que no admite mucha discusión es la filosofía de cada entrenador, es decir, su pensamiento y su preferencia por que su equipo protagonice los partidos o, por el contrario, que sea un conjunto reactivo.

    No hay fórmulas mágicas ni recetas infalibles. Se compite y se gana de todas las maneras posibles, aunque quien escribe siente que es a través del protagonismo de los partidos como más se acerca un equipo a la victoria. Marcelo Bielsa supo explicarlo alguna vez:

    “Soy de la idea de que en el fútbol uno no debe ceder la iniciativa ni el dominio del juego. Intentar asumir el control del juego es la mejor garantía para imponerse. Hay que crear una filosofía de espíritu, de conjunto, que apunte al embellecimiento del juego y no a la especulación”.

    Vale recordar que estas no son más que ideas, y como tales, discutibles y cambiantes. Por ello es tan importante hablar del juego: para evaluar posiciones y nutrirse de opiniones contrarias.

    Ante Brasil, la selección venezolana tuvo su inicio más potente. En menos de 20 minutos protagonizó hasta tres situaciones frente al arco rival. Nada de esto fue casual; el equipo de Rafael Dudamel se empeñó en activar rápidamente a Yefferson Soteldo, a quien le esperaba un maravilloso duelo ante Dodó, lateral derecho de la canarinha. La aparición del “10” dio continuidad a la idea de buscar al compañero mejor ubicado y no únicamente al más alejado, demoliendo versiones de que este equipo sólo sabe jugar al pase largo.

    «Si no viví más fue porque no me dio tiempo», reza el epitafio del Marqués de Sade. Conscientes de ser más que lo mostrado en los duelos anteriores, al equipo criollo le faltaba tiempo para convencerse de sus propias capacidades, y fue ante Ecuador, con cuatro goles incluidos, que apareció la mejor versión de la Vinotinto. Teniendo ese partido como punto de partida, los criollos intentaron profundizar esas conductas para enfrentarse a Brasil.

    El primer tiempo fue un intercambio muy dinámico de ataques, sin que esto trajera como consecuencia un exceso de trabajo para Wuilker Faríñez. El guardameta no sufrió como en otros partidos en los que se erigió en la muralla vinotinto. En ese intercambio de ataques no se vieron cómodos Luis Ruiz y Yangel Herrera, quienes fueron superados por la rapidez con la que los volantes rivales entregaban la pelota a sus compañeros ubicados en las bandas. Pero cuando Venezuela se hizo de la pelota, Herrera y Ruiz fueron fundamentales para que las apariciones de Soteldo fuesen más que intentos individuales.

    Con el paso de los minutos Venezuela se fue diluyendo. A pesar de generar sociedades futbolísticas que promovían una construcción consciente de juego, el equipo criollo se apresuraba en los pases, permitiendo una rápida recuperación brasileña, y con ello aparecieron algunos temores. A partir de esas inseguridades, la selección dejó de ser un bloque compacto: la distancia entre los delanteros y el resto del equipo volvió a ampliarse, y los avances nacionales dejaron de lado cualquier idea colectiva para convertirse en arranques individuales de sus aguerridos atacantes. Se perdió fuerza y presencia en el área de Lucas.

    En el segundo tiempo Venezuela ajustó y retomó comportamientos habituales: sus futbolistas retrocedieron metros con la intención de protegerse, mientras que los ataques pasaron a ser cosa de tres: Soteldo, Chacón y Peña. Cerrar espacios al contrario trajo como consecuencia que la búsqueda de los mismos en campo amazónico fuese casi un acto desesperado. Cualquier avance brasileño encontraba a 7 jugadores de campo en la mitad venezolana.

    Esa vuelta a la zona de confort no limitó al peligroso ataque rival. Y es que si hay un equipo que está acostumbrado a construir fútbol en espacios reducidos es Brasil. Se puede argumentar que la ocasión más clara de la Vinotinto fue en el segundo tiempo, por medio de un disparo de Herrera, pero aquello no pasó de ser más que una oportunidad aislada, ya que el volante y capitán pocas veces pisó, durante el segundo tiempo, territorio enemigo. 

    Confunde tanto pedido de orden al equipo, sobre todo porque en las ocasiones en que este se sacudió los temores y la búsqueda de ese supuesto equilibrio, supo hacerle daño a Brasil. Cuando Venezuela se olvidó del excesivo respeto y retomó el plan de la primera etapa reapareció Soteldo en toda su dimensión. Esto coincidió con la entrada de Heber García, un futbolista más cercano a la esencia del 10, capacitado para asociarse mejor y sacarlo de la soledad en la que se encontró durante buena parte de la segunda etapa.

    El fútbol es arte del imprevisto. El periodista Dante Panzeri se dejó la vida defendiendo ese concepto, el cual es respaldado por grandes entrenadores. Muchos de ellos aseguran que en los entrenamientos se ensayan todos los escenarios posibles de un partido con la intención de reducir la influencia del azar. Pero el fútbol es de los futbolistas, porque son ellos los que actúan en el campo, y porque más allá de lo entrenado y las instrucciones repasadas y comprendidas, la interacción de estos con sus compañeros y con los rivales es imposible de prever. Nadie podía imaginar que el partido se perdería a partir de un error de Yangel Herrera, pero esto es fútbol, y estos son los riesgos que se corren cuando se cede la iniciativa al rival de la manera que lo hizo Venezuela. 

    A la pelota perdida por el capitán criollo hay que sumarle su reclamo al árbitro -para hacer este pedido los futbolistas se distancian de la continuidad de la maniobra- y el fantástico disparo de Felipe Vizeu. Fútbol, espontaneidad pura y dura. Pero debe quedar claro que, aún cuando los partidos se deciden por pequeños detalles, el de hoy no se perdió exclusivamente por el gran disparo del delantero amazónico. Basta revisar cuántas ocasiones de gol tuvo la delantera criolla, o cuántas veces se incomodó al guardameta de la canarinha para concluir que es poco lo que se hizo por protagonizar el partido de hoy, especialmente el segundo tiempo.

    Toda la confusión final jode mucho más que el resultado. A pesar de la derrota, Venezuela mantiene una posición positiva en la tabla, con cuatro puntos y dos partidos por jugar. Pero las expulsiones condicionan lo que está por venir, tanto por las bajas como por el estado anímico de los muchachos tras este episodio. Es mucho el trabajo que tiene por delante el coach Jeremías Álvarez para evitar que lo construido se tambalee por un episodio como el de hoy. El fútbol es un estado de ánimo, dijo alguna vez el mismo Panzeri, y Venezuela debe pasar rápidamente la página, porque la meta sigue estando en sus manos.

    Fotografía cortesía de la Confederação Brasileira de Futebol (CBF)

  • Unas líneas antes del Ecuador-Venezuela

    Unas líneas antes del Ecuador-Venezuela

    Rafael Dudamel le declaró al periodista Humberto Turinese que, ante Ecuador, en el segundo partido del Hexagonal del Sudamericano Sub-20, la selección no puede repetir algunas conductas que fueron protagonistas en el duelo ante Colombia. El seleccionador hizo mención al manejo de la pelota y cómo el equipo criollo debe corregir ese aspecto.

    El fútbol es un juego de oposición directa en el que la influencia del contrario es tremendamente determinante. Pero si a ese rival se le jugó de igual a igual, no hay mayores justificativos a la conducta mostrada por la Vinotinto en el segundo tiempo, cuando se le cedió terreno y balón a Colombia.

    Este par de imágenes enseñan lo que Dudamel espera que no se repita:

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    En ellas se ve a la totalidad del equipo encerrado en su propio campo cuando apenas comenzaba la segunda parte. Esa conducta es natural de los equipos que se encuentran en inferioridad numérica, pero ese no fue el caso criollo. Se jugó con fuego y el seleccionador lo sabe, por ello el llamado de atención a que sus dirigidos no vuelvan a caer en esa trampa.

    No es un llamado a dos o tres volantes; la advertencia debe ser comprendida por todos los jugadores, porque la dinámica del equipo dependerá de todos los que salgan al campo.

    El rival juega e incide, no es necesario darle más de lo que ya con su estrategia intenta obtener.

    Imagen cortesía de http://visionnoventa.com/

    Captura de la transmisión de lateletuya.com