Etiqueta: Yeferson Soteldo

  • Venezuela: el plan funcionó a medias

    Venezuela: el plan funcionó a medias

    Rafael Dudamel imaginó una clase de partido. Visualizó al rival, urgido por su mala campaña y por la ansiedad de su entrenador, y pensó que aquellos apuros lo llevarían a caer en lo que en el fútbol se conoce como «querer hacer el segundo gol antes que el primero».

    Eso fue Argentina: ansiedad, desesperación y mucho vértigo, el mismo que los expertos y analistas señalan como moderno. La prisa, como nos recordó el partido de ayer, nunca es buena consejera.

    El seleccionador venezolano, convencido de la existencia de los demonios que atormentan a la albiceleste, volvió a apostar por una fórmula que, si no siente como propia, bien que lo disimula. Y es que esta selección, salvo contadas execpciones (Jamaica en la Copa Centenario y Bolivia en Maturín), disfruta de las carreras, eso que llaman transiciones. No es nada nuevo; salvo en la etapa de Richard Páez, la Vinotinto es un equipo que encuentra la comodidad replegándose cerca de su propia área para luego, tras la recuperación de la pelota, atacar los espacios que deja un rival con alma ofensiva.

    Llegados a este punto siento necesario recordar una vieja reflexión: no me gusta el término transiciones. Una transición, como bien explica su definición, tiene que ver con el paso de un estado a otro, de una fase a otra o de un modo de ser a otro. Creyente como soy de que el fútbol no se puede dividir en ataque y defensa, me cuesta, lo confieso, adaptarme a ese concepto. Por ello prefiero hablar de carreras, sin que esto suponga el desprecio por ese estilo.

    El partido comenzó jugándose como lo imaginó Dudamel. Argentina salió a avasallar al equipo vinotinto y sólo Wuilker Fariñez pudo evitar el gol tempranero que acabara con los fantasmas del local. Sin hacer demasiado -Argentina no jugó un buen partido, siendo Ángel Di María su jugador más claro hasta que una lesión lo sacó del terreno- el local llegó al área venezolana, y hasta tres pelotas invadieron el área chica del joven portero. Hasta que Di María se rompió una vez más. Con su salida, Argentina perdió profundidad y movilidad, algo que es recurrente en su tránsito por esta competición y que afecta, no a Lionel Messi, sino a las intenciones colectivas.

    Equipo que no se mueve jamás podrá sacar ventajas.

    Parece inexplicable como, con muchos buenos futbolistas. se juega tan mal al fútbol. El grueso del periodismo deportivo, en su afán de protagonismo, se ha aferrado al reduccionismo para vender el pescado podrido de que la acumulación de buenos jugadores es suficiente para jugar bien. De ser así, al mejor Barcelona lo hubiese sacado campeón cualquier entrenador, y la historia nos enseña que eso no es así.

    Argentina tiene un problema mayor, y es que, a pesar de contar con maravillosos deportistas, a estos les cuesta más y más hacer lo que saben hacer. Es como si cada día se agregara un ladrillo a esa pesada mochila que cargan tras la final del mundial Brasil 2014.

    A ese frágil estado de ánimo -la salida de Di María fue el detonante ante Venezuela- debe sumarse la ansiedad que transmite su nuevo entrenador. Lejos de contagiarles seguridad, Jorge Sampaoli, hace visible y palpable desde el banco cualquier gesto de frustración. En un colectivo que se siente perseguido y acusado, el protagonismo del DT conspira contra lo que dice buscar.
    Por ello insisto con el partido que pensó el seleccionador venezolano. Más que un tema estratégico, Dudamel olió el temor del rival.

    Superados los primeros veinte minutos, supo, a diferencia de su colega, contagiar calma y hasta atrevimiento. El gol de Jhon Murillo es consecuencia del crecimiento de un equipo que con el paso de los minutos fue creyendo. Pero al fútbol se juega con algo más que las emociones, y a Venezuela volvió a fallarle una parte muy importante del plan: entender lo que el juego exige, que en este caso era atacar la ansiedad del rival.

    El gol criollo estimularía nuevas respuestas argentinas, pero Dudamel sostuvo su proyecto cuando, por la prisa que atormentaba a los de Sampaoli, era aconsejable darle entrada a algún futbolista distinto a Murillo o a Sergio Córdova. De entrada, ambos tenían una misión muy clara: aprovechar la ausencia de laterales en Argentina para ganar esa zona y luego asociarse con Salomón Rondón. Pero tras el gol del empate, el partido sugería una readaptación, y esta podía generarse con la entrada de jugadores con otras características, con mayor manejo del balón , tales como Rómulo Otero o Yeferson Soteldo.

    Estos futbolistas, lejos del concepto de acaparar la pelota, saben identificar cuándo y cómo agredir. Córdova y Murillo son de una naturaleza más vertiginosa, y el partido pedía, al igual que sugería Napoleón Bonaparte antes de una batalla, la pausa necesaria para luego apurarse.

    El empate del local, así como el par de posibilidades con las que Argentina pudo llevarse el partido tienen su origen en errores vinotinto, sobre todo a la hora de recuperar la titularidad del balón.

    Es llamativo como a la selección venezolana todavía le cuesta ejecutar correctamente la recuperación de la pelota. Es un aspecto en el que poco puede trabajar el seleccionador, teniendo en cuenta que apenas cuenta con horas laborables, por lo que las mejorías se concentran en el tabajo de base y en los clubes.

    ¿A qué me refiero con la correcta recuperación del balón? Juan Manuel Lillo lo explica con la claridad que lo caracteriza:

     

    En ese trascendental aspecto del juego falló el equipo venezolano, y no es atrevido, tras revisar el empate ante Argentina en Mérida, que por ello se perdieron dos posibles victorias ante la albiceleste en un mismo premundial, posibilidad que jamás fue tan probable.

    Claro que tampoco debe olvidarse que, por primera vez en la historia, no se cae ante los sureños en un ciclo premundialista, pero estos errores que acá se recuerdan sirven para comprender como, aun en la vorágine que produjo un marcador histórico, el resultado es un enorme impostor que disimula la importancia del juego.

    Pues eso, que el juego manda y explica muchas cosas. Y que mientras la banalidad, el amiguismo y la superficialidad tengan tribuna, seguiremos, como desde hace más de veinte años, celebrando circunstancias antes que procesos, empates antes que victorias, y casualidades en vez de causalidades.

    Forografía cortesía de http://www.entornointeligente.com

  • Vinotinto mundialista, ¡objetivo cumplido!

    Vinotinto mundialista, ¡objetivo cumplido!

    Rafael Dudamel consiguió con esta selección un hito en la historia futbolística de Venezuela: cumplir exitosamente con sus ciclos en las selecciones nacionales sub-17 y sub-20. La historia dirá que su paso por las categorías juveniles criollas fue un acierto pocas veces visto en un país en el que los procesos no son apoyados, respetados ni comprendidos. Con sus más y sus menos, el ex arquero derrumbó mitos. Su llegada a la conducción de la sub-20 es una historia que algún día contaré.

    Esta selección pudo haber tenido un final más plácido, pero, tal cual se divisó en la primera fase, es desde el suspenso que se puede entender el paso criollo por este torneo. Puede que sea una característica propia de nuestra sociedad -vaya si hace falta un sociólogo para que aclare esto- pero son pocos, muy pocos, los éxitos colectivos en nuestra historia que hayan sido contundentes, sin ligar ni rezar.

    636224545155265053w

    Ante Argentina, con pocas posibilidades de comprometer el triunfo, el equipo criollo estuvo muy cerca de rozar la tragedia. El rival, sin mucho fútbol ni una actuación memorable, se las arregló para que nuevamente Wuilker Faríñez fuese la figura criolla. No había necesidad de entregarse a la ansiedad argentina, pero insisto, a nuestros equipos les cuesta definir las tareas en tiempo y forma. Los goles albicelestes y las apariciones del arquero del Caracas FC así lo demuestran, así como dos jugadas dudosas en el área criolla que el árbitro principal no señaló como pena máxima, lo que debería calmar por un momento a los fundamentalistas de las teorías conspirativas.

    Pero más que el partido, que no fue un trámite ni dejó indiferente a nadie, lo importante es resaltar la clasificación venezolana a su segundo mundial de la categoría, tercero para el fútbol masculino. Esta versión comandada por Dudamel tuvo tres futbolistas sobre los que supo sostenerse cuando el colectivo no apareció: Faríñez, Yangel Herrera y Yeferson Soteldo.

    El portero fue quizá el jugador más importante, o quien más influencia tuvo en los resultados. Venezuela no tuvo durante todo el torneo el funcionamiento defensivo que algunos señalan, entendido esto como una serie de conductas llamadas a evitar las llegadas de los rivales al arco de Faríñez. Durante el torneo, los rivales dispararon, dentro de los tres palos, hasta treinta y un veces, pero sólo en siete ocasiones lograron vencer la resistencia del guardameta, lo que trajo como consecuencia que los criollos abandonen suelo ecuatoriano con la valla menos vencida. La lección que debe repetirse mil y una vez es que el correcto arte de defender es mucho más que una fría estadística.

    wuilker_farinez_venezuela_vinotinto_sub20_1_2017_prensavinotinto_1349x594

    Herrera fue sin lugar a dudas, hasta el partido final, el sostén táctico de la selección. Según su ubicación en el campo, la Vinotinto fue un equipo claramente parado al contragolpe o un bloque corto. Tuvo apariciones importantísimas, como ante Perú, demostrando el carácter suficiente para no dejarse ir por el penal fallado. Su crecimiento no admite dudas, a pesar de que debe corregir aspectos como el correcto manejo de las emociones, pero para eso es joven y tiene muchos minutos competitivos que le ayudarán a ajustar esos pequeños detalles. Da la impresión de que, salvo alguna desgracia o distracción, Herrera está preparado para asumir riesgos superiores, como pelear el puesto de acompañante de Tomás Rincón en la selección mayor.

    _93911775_520d8e97-ac50-4587-9a2d-5a7e8d07a450

    Soteldo, por su parte, tuvo un campeonato sencillamente maravilloso. Hasta en los episodios en los que tuvo que resolver por sí sólo se mostró superior a todos sus rivales. Quizá bajo otra idea de juego pueda brillar más, pero su personalidad es otra fantástica noticia. Basta observar sus reacciones en el partido más complicado, ante Argentina en el Hexagonal, para concluir que, aun en la más amarga soledad, supo aguantar la pelota. Que muchas veces perdiese cuando le hacían 2×1 no es consecuencia de excesos sino de ese aislamiento que muchas veces sufrió. Pocos futbolistas en nuestro país han quemado las etapas competitivas con tanto éxito como el 10.

    FBL-U20-URU-VEN

    Por último, hay que volver a Dudamel. El seleccionador supo agregar pequeñas variantes a su equipo durante el torneo, evitando que este fuese previsible y, al mismo tiempo, promoviendo más y mejores respuestas. Esta influencia puede observarse en el comportamiento de los laterales: en los primeros partidos se proyectaban con cierta timidez, pero con el paso de los duelos, estos adelantaron su posición en el campo. También construyó un nuevo contexto para que Soteldo fuese más influyente en la zona de definición, adelantando su posición hasta llevarlo a jugar de delantero. Es una pena que no haya podido celebrar en el campo con sus muchachos, pero su rueda de prensa, tras el bochornoso episodio arbitral del Brasil-Venezuela, debe ser comprendida como un acto de motivación impresionante. Tras una derrota dolorosa, el entrenador defendió a los suyos ante todos los poderes, dejándoles la mesa servida para que fueran ellos, y solamente ellos, los encargados de responder a las agresiones con juego y goles.

    marcos-mathias-rafael-dudamel-entrenamiento-previo-vs-galicia-prensa-vinotinto-foto-gonzalo-salgado-entrenamiento-previo-vs-galicia-prensa-vinotinto-foto-gonzalo-salgado

    Mucho podemos discutir sobre si se podía jugar mejor, es decir, que desde la conducción técnica se diseñaran estrategias que ayudaran a potenciar aún más las virtudes de sus jugadores -no debe olvidarse que hacer esos exámenes es la razón de ser del analista- pero el resultado final determina que este equipo, jugando a su manera, logró apenas la segunda clasificación de una selección sub-20 al mundial Corea 2017, lo que los posiciona, sin lugar a dudas, en la historia del deporte venezolano. Y eso, más allá de cualquier reflexión, debe celebrarse.

    ¡Enhorabuena!

    Créditos fotografías: Prensa Vinotinto, EFE y AFP 

  • Soteldo dinamita cualquier guión

    Soteldo dinamita cualquier guión

    El talento no lo es todo pero cómo ayuda. En el fútbol, esas cuotas de ingenio deben estar siempre al servicio del colectivo, de lo contrario solamente serán intentos sin mayores posibilidades de éxito. Por ello, cuando se habla, en el caso de la selección nacional Sub-20, de la influencia de Yeferson Soteldo, hay que tener en cuenta cómo se asocia con sus compañeros y el nivel de entendimiento de estos con él, y del 10 con ellos. Al habilidoso, al jugador distinto, hay que buscarlo siempre, y cuando se desconecta de la dinámica grupal, activarlo, hacerlo sentir parte de la dinámica del equipo.

    No hablemos de posesión ni de porcentajes. En los primeros minutos fue notorio como Venezuela aguardaba los movimientos de Uruguay. No presionaba, sino que esperaba que se equivocara el futbolista que trasladaba la pelota, y la única reacción se producía en el momento en que los charrúas se acercaran al área. En esos minutos se llevó al extremo aquello de entregarle protagonismo al rival para aprovechar sus equivocaciones. Llama la atención que a esto juegue una selección que intenta colarse en la élite, pero el resultado tapará, como siempre, esto que aquí se señala.

    Seguramente que para explicar las virtudes de este equipo, Soteldo es el punto de partida de  todas las crónicas y los análisis. En este partido fue notable su ubicación en el centro -un acierto estratégico de Rafael Dudamel- con la intención de cambiar un poco el funcionamiento del equipo, ya que el volante 10, en esa ubicación, estaría mucho más cerca de los mediocampistas de salida (Lucena y Ruiz). Aún así, costó que el pequeño futbolista entrara en acción, no por falta de implicación, sino por esa peligrosa tendencia de preferir los pases largos al juego asociado.

    Ahora bien, cuando la selección Vinotinto se animó a promover un fútbol más cooperativo, que tan bien se le da, fue relevante el cambio de actitud o de planificación en cuanto a los laterales criollos. La presencia de José Hernández fue notable, no ya por su desempeño defensivo, si no por su voluntad de sumarse al ataque, convirtiéndose en una herramienta que ensanchaba el campo de juego. Por la otra banda, Ronald Hernández sostuvo su crecimiento, asociándose a Sergio Córdova para apoyar los avances por la banda derecha.

    En el minuto 25, el derecho Hernández dio una cátedra de cómo debe involucrarse en lateral en el avance de su equipo. El marcador de punta se asoció con Córdova, quien siguió su carrera por la banda, mientras que Hernández modificaba constantemente su carrera, a la espera de identificar la ubicación que favoreciera el avance del atacante criollo. La proyección de los laterales en ataque no es un capricho como muchos quieren hacer creer; por su ubicación, el recorrido natural de estos jugadores ensancha el campo e impide que el rival defienda por la simple acumulación de futbolistas. La ausencia de extremos ha hecho necesario este rol de los marcadores de punta.

    Y fue justamente a partir de los desbordes de los laterales que Venezuela encontró la vía para hacerle daño a Uruguay: el costado derecho. Córdova y Soteldo se alternaron en la invasión a esa zona, creando un caos maravilloso que no supo resolver la defensa uruguaya, y que por poco, tras remates de Peña y del propio Córdova, le daba el primer tanto a la selección criolla.

    Pero en la segunda etapa se volvió a la monotonía, desafiada únicamente por la dinámica de Soteldo, quien siempre supo identificar los espacios que dejaba libre la zaga charrúa.

    Esta selección es un equipo que juega a una misma velocidad, por ello, cuando aparece el 10, se revuelve todo. El equipo tiene como muy propio aquello de mantener el cero en su propio arco por encima de todas las cosas, y si biene s cierto que bajo esa premisa ha llegado hasta estas instancias, es el suspenso el término que mejor define su paso por el Sudamericano de Ecuador. Así fue la etapa de grupos y así se ha conducido en esta fase final.

    El fútbol es inexplicable porque no tiene verdades absolutas. Una prueba de ello es el origen del primer gol criollo: una pelota dividida que gana un futbolista venezolano y que encuentra a Uruguay a contrapié, intentando salir de su área. Los militantes del lugar común definen a cualquier selección charrúa como equipos ordenados, que jamás dan por perdida una pelota, pero mire usted por dónde se rompió el partido. Por ello, y mucho más, este es un juego maravilloso que sobrevive a la mediocridad de quienes intentan hundirlo en sus propias miserias.

    ¿Cómo explican la influencia de Yeferson Soteldo los acumuladores de estadísticas? El ahora jugador del Huachipato chileno es un futbolista cuyo rango de influencia supera cualquier suma de números fríos. Lo mismo puede decirse de Córdova o el sacrificado Ronaldo Peña. Y es que este es un juego de interacciones, de realimentación, de sinergias, que jamás podrá ser explicado en su totalidad por la frialdad científica. Venezuela tiene muchos puntos por mejorar en la construcción de juego, pero en los momentos importantes, casi como si fuese parte de un guión que se cumple de pe a pa, el equipo sacó los mejores registros de su juego, y ello fue suficiente para golear a Ecuador, a Uruguay y reservar pasaje para el próximo mundial Corea 2017, un hecho que, no debe olvidarse, se conseguiría por segunda ocasión en toda nuestra historia.

    Insisto, esto es fútbol y nadie sabe realmente de qué va, menos aún cuando la pelota la conduce el eléctrico jugador que porta la camiseta 10.

    Fotografía cortesía AFP

  • El riesgo es no arriesgarse

    El riesgo es no arriesgarse

    Hay dos maneras de jugar al fútbol: bien y mal. Claro está que, salvo contadas excepciones, nadie, voluntariamente, planifica jugar mal a este juego, entonces, lo realmente interesante es identificar las formas como cada equipo procura llegar a eso que llamamos jugar bien.

    Escuelas hay miles, y no está mal identificarse con alguna, siempre y cuando esto no limite el aprecio por otras propuestas, por más antagónicas que estas parezcan. Pero lo que no admite mucha discusión es la filosofía de cada entrenador, es decir, su pensamiento y su preferencia por que su equipo protagonice los partidos o, por el contrario, que sea un conjunto reactivo.

    No hay fórmulas mágicas ni recetas infalibles. Se compite y se gana de todas las maneras posibles, aunque quien escribe siente que es a través del protagonismo de los partidos como más se acerca un equipo a la victoria. Marcelo Bielsa supo explicarlo alguna vez:

    “Soy de la idea de que en el fútbol uno no debe ceder la iniciativa ni el dominio del juego. Intentar asumir el control del juego es la mejor garantía para imponerse. Hay que crear una filosofía de espíritu, de conjunto, que apunte al embellecimiento del juego y no a la especulación”.

    Vale recordar que estas no son más que ideas, y como tales, discutibles y cambiantes. Por ello es tan importante hablar del juego: para evaluar posiciones y nutrirse de opiniones contrarias.

    Ante Brasil, la selección venezolana tuvo su inicio más potente. En menos de 20 minutos protagonizó hasta tres situaciones frente al arco rival. Nada de esto fue casual; el equipo de Rafael Dudamel se empeñó en activar rápidamente a Yefferson Soteldo, a quien le esperaba un maravilloso duelo ante Dodó, lateral derecho de la canarinha. La aparición del “10” dio continuidad a la idea de buscar al compañero mejor ubicado y no únicamente al más alejado, demoliendo versiones de que este equipo sólo sabe jugar al pase largo.

    «Si no viví más fue porque no me dio tiempo», reza el epitafio del Marqués de Sade. Conscientes de ser más que lo mostrado en los duelos anteriores, al equipo criollo le faltaba tiempo para convencerse de sus propias capacidades, y fue ante Ecuador, con cuatro goles incluidos, que apareció la mejor versión de la Vinotinto. Teniendo ese partido como punto de partida, los criollos intentaron profundizar esas conductas para enfrentarse a Brasil.

    El primer tiempo fue un intercambio muy dinámico de ataques, sin que esto trajera como consecuencia un exceso de trabajo para Wuilker Faríñez. El guardameta no sufrió como en otros partidos en los que se erigió en la muralla vinotinto. En ese intercambio de ataques no se vieron cómodos Luis Ruiz y Yangel Herrera, quienes fueron superados por la rapidez con la que los volantes rivales entregaban la pelota a sus compañeros ubicados en las bandas. Pero cuando Venezuela se hizo de la pelota, Herrera y Ruiz fueron fundamentales para que las apariciones de Soteldo fuesen más que intentos individuales.

    Con el paso de los minutos Venezuela se fue diluyendo. A pesar de generar sociedades futbolísticas que promovían una construcción consciente de juego, el equipo criollo se apresuraba en los pases, permitiendo una rápida recuperación brasileña, y con ello aparecieron algunos temores. A partir de esas inseguridades, la selección dejó de ser un bloque compacto: la distancia entre los delanteros y el resto del equipo volvió a ampliarse, y los avances nacionales dejaron de lado cualquier idea colectiva para convertirse en arranques individuales de sus aguerridos atacantes. Se perdió fuerza y presencia en el área de Lucas.

    En el segundo tiempo Venezuela ajustó y retomó comportamientos habituales: sus futbolistas retrocedieron metros con la intención de protegerse, mientras que los ataques pasaron a ser cosa de tres: Soteldo, Chacón y Peña. Cerrar espacios al contrario trajo como consecuencia que la búsqueda de los mismos en campo amazónico fuese casi un acto desesperado. Cualquier avance brasileño encontraba a 7 jugadores de campo en la mitad venezolana.

    Esa vuelta a la zona de confort no limitó al peligroso ataque rival. Y es que si hay un equipo que está acostumbrado a construir fútbol en espacios reducidos es Brasil. Se puede argumentar que la ocasión más clara de la Vinotinto fue en el segundo tiempo, por medio de un disparo de Herrera, pero aquello no pasó de ser más que una oportunidad aislada, ya que el volante y capitán pocas veces pisó, durante el segundo tiempo, territorio enemigo. 

    Confunde tanto pedido de orden al equipo, sobre todo porque en las ocasiones en que este se sacudió los temores y la búsqueda de ese supuesto equilibrio, supo hacerle daño a Brasil. Cuando Venezuela se olvidó del excesivo respeto y retomó el plan de la primera etapa reapareció Soteldo en toda su dimensión. Esto coincidió con la entrada de Heber García, un futbolista más cercano a la esencia del 10, capacitado para asociarse mejor y sacarlo de la soledad en la que se encontró durante buena parte de la segunda etapa.

    El fútbol es arte del imprevisto. El periodista Dante Panzeri se dejó la vida defendiendo ese concepto, el cual es respaldado por grandes entrenadores. Muchos de ellos aseguran que en los entrenamientos se ensayan todos los escenarios posibles de un partido con la intención de reducir la influencia del azar. Pero el fútbol es de los futbolistas, porque son ellos los que actúan en el campo, y porque más allá de lo entrenado y las instrucciones repasadas y comprendidas, la interacción de estos con sus compañeros y con los rivales es imposible de prever. Nadie podía imaginar que el partido se perdería a partir de un error de Yangel Herrera, pero esto es fútbol, y estos son los riesgos que se corren cuando se cede la iniciativa al rival de la manera que lo hizo Venezuela. 

    A la pelota perdida por el capitán criollo hay que sumarle su reclamo al árbitro -para hacer este pedido los futbolistas se distancian de la continuidad de la maniobra- y el fantástico disparo de Felipe Vizeu. Fútbol, espontaneidad pura y dura. Pero debe quedar claro que, aún cuando los partidos se deciden por pequeños detalles, el de hoy no se perdió exclusivamente por el gran disparo del delantero amazónico. Basta revisar cuántas ocasiones de gol tuvo la delantera criolla, o cuántas veces se incomodó al guardameta de la canarinha para concluir que es poco lo que se hizo por protagonizar el partido de hoy, especialmente el segundo tiempo.

    Toda la confusión final jode mucho más que el resultado. A pesar de la derrota, Venezuela mantiene una posición positiva en la tabla, con cuatro puntos y dos partidos por jugar. Pero las expulsiones condicionan lo que está por venir, tanto por las bajas como por el estado anímico de los muchachos tras este episodio. Es mucho el trabajo que tiene por delante el coach Jeremías Álvarez para evitar que lo construido se tambalee por un episodio como el de hoy. El fútbol es un estado de ánimo, dijo alguna vez el mismo Panzeri, y Venezuela debe pasar rápidamente la página, porque la meta sigue estando en sus manos.

    Fotografía cortesía de la Confederação Brasileira de Futebol (CBF)

  • Herrera y Soteldo hacen que todo sea posible

    Herrera y Soteldo hacen que todo sea posible

    Venezuela comenzó el segundo partido del Hexagonal final del Sudamericano Sub-20 con una deuda importante en su juego. Así lo dejó entrever Rafael Dudamel al periodista Humberto Turinese cuando explicó que el episodio colombiano, en el que se le entregó el control de la pelota y el terreno al rival, no debía repetirse. El seleccionador, aunque algunos no lo quieran entender, dio en la clave de lo que este juego representa: la posibilidad de evolucionar.

    Dudamel y su grupo de trabajo están conscientes de que esta selección puede jugar mejor. Esto no significa utilizar veinte pases para construir juego o inclinarse por una fórmula más directa. Jugar bien, como acto voluntario y dependiente de una puesta en escena propia, tiene que ver con identificar las capacidades innatas del equipo y promover que estas se potencien. Suena sencillo, pero no lo es, más en tiempos en los que se confunde la efectividad en acciones a balón parado con eso que es interpretar correctamente este deporte.

    Por ello el partido ante los locales podía convertirse en un antes y un después en el camino para retomar los valores que pondera el cuerpo técnico criollo. Era sumamente necesario revisar, reflexionar e insistir en el convencimiento de sus jugadores. Y esto nada más y nada menos que contra Ecuador.

    Ecuador mantiene rasgos similares en todas sus selecciones. Uno de ellos es el juego por las bandas, que algunos equivocadamente creen que nace del físico de sus futbolistas. Los ecuatorianos, más allá del origen de quienes integren su equipo nacional, tienen aprendida la lección de que el campo puede y debe ser aprovechado en su totalidad. Con futbolistas situados en las bandas, sus rivales difícilmente podrán encerrarse en espacios reducidos.

    Abrir la cancha es algo que han sostenido en el tiempo, sin importar la capacidad goleadora de sus delanteros. Porque Ecuador insiste en educar a sus jugadores y por ello no todos los desbordes terminan en centros aéreos, sino que en sí mismos son continuidad: no nacen de la improvisación y deben darle continuidad a la maniobra. Así intentó crearle peligro a Venezuela, pero tras algunos ajustes, el equipo de Dudamel supo desactivar esa opción.

    El futbolista más desequilibrante de Venezuela es Yeferson Soteldo, pero llama la atención como la selección pasa hasta 25 minutos sin involucrarlo en la construcción de juego. Los equipos no son uno y diez más, pero es incomprensible que Venezuela no aproveche al jugador que mejor encara los duelos de 1×1, lo que nos lleva a reflexionar nuevamente sobre la idea de esta selección. Si un equipo cuenta con un futbolista atrevido, con un cambio de ritmo endemoniado, es importante generar contextos para buscarlo en situaciones favorables, algo que por ahora no consigue este equipo cuando cruza el centro del campo. Ha sucedido con Soteldo, pero también Ronaldo Peña, Sergio Córdova y los otros delanteros han sufrido esa dificultad para construir juego.

    _93911775_520d8e97-ac50-4587-9a2d-5a7e8d07a450

    El gol de Yangel Herrera no puede opacar que la maniobra nació de un acto de rebeldía de Soteldo. El volante cambió de banda, se proyectó por la derecha, y antes de lanzar un centro a la nada, retuvo la pelota hasta encontrar un compañero. Insisto, si a esto juega el 10, ¿por qué aislarlo tanto de la construcción del juego?

    Aun así, la selección jugó los primeros cuarenta y cinco minutos más tranquilos de todo el torneo, a tal punto que no necesitó de grandes intervenciones de Wuilker Faríñez. Por primera vez dejó la sensación de controlar un partido, razón por la cual debo machacar en cuanto a la influencia del cuerpo técnico. Este es un torneo sin mayor tiempo para entrenar, por lo que cada corrección apunta más al convencimiento que al trabajo de cancha. La primera parte de hoy reivindica el trabajo del cuerpo técnico.

    A Peña se le resiste el gol, pero el fútbol es mucho más que eso. El penal que ganó y que luego convirtió Soteldo debe reforzarlo, levantarle el ánimo. No es sencillo para un delantero superar la sequía, pero siempre que su trabajo ayude al equipo no debe frustrarse sino disfrutar ese éxito colectivo.

    Contrario a lo que la neblina de Quito invitaba a pensar, Venezuela fue claridad y simpleza. Redujo espacios entre sus líneas, disminuyó el uso de pelotazos y buscó más a Soteldo y a Ronaldo Chacón. Apareció Córdova y con él sus desbordes que daban amplitud al equipo. ¿Fue un desempeño perfecto? No, nada en el fútbol se acerca a ese estadio, pero el equipo creció y se sacó de encima muchas dudas que la acechaban, incluso quedó de lado el suspenso que caracterizó su paso por la primera rueda del torneo.

    Hace un par de días escribía que Soteldo necesita a sus compañeros tanto como ellos a él. Un simple cambio de posición dejó en evidencia que, si el equipo lo busca y lo apoya, el 10 le devolverá al colectivo muchas opciones para hacer daño. El segundo tiempo superó a lo enseñado en la primera etapa porque hubo goles, y porque el ex Zamora dejó una enorme demostración de cuán importante es la sociedad entre el talento individual y el colectivo.

    Los cuatro goles llenarán las páginas de los diarios y los resúmenes de los noticiarios, pero hay que aprovechar que el próximo partido es el domingo y revisar el partido contra Colombia y contraponerlo con este, porque, como le decía anteriormente, hay un gran manejo del cuerpo técnico en la identificación de los errores y la corrección. Aun falta fomentar una mejor construcción de juego, pero la evolución entre un partido y otro no se explica por los goles: estos son consecuencia directa del juego, ese que hoy brilló tal cual muchos esperaban. Fue tal la demostración de hoy que Faríñez, figura indiscutible de la primera fase, tuvo 76 minutos de tranquilidad, hasta que luego el juez del partido sentenció dos penales, de difícil apreciación, y que maquillaron el resultado a un 4-2 que no explica la superioridad venezolana.

    Cuatro puntos en dos partidos. Todavía falta enfrentarse a Brasil, Uruguay y Argentina, pero si lo mostrado hoy es parte de una dinámica ascendente y no obra de la casualidad, la Vinotinto estará celebrando en pocos días la obtención del boleto al Mundial.

    Fotos cortesía BBC Mundo

  • Empate por parálisis

    Empate por parálisis

    1485809746_231338_1485817990_noticia_normal

    En psicología existe un fenómeno llamado “miedo al éxito”, el cual se define como “una condición caracterizada porque el individuo, ante la posibilidad de alcanzar el éxito en un área determinada, realiza esfuerzos, conscientemente o no, por arruinar dicha posibilidad”.

    Es imposible determinar si la selección Vinotinto sub-20 padeció esa condición en el debut del Hexagonal final del Sudamericano, pero queda la impresión de que le grupo sufrió una especie de parálisis en el momento que debía dar un paso al frente. No supo o no pudo replicar lo hecho en la primera etapa y Colombia, aun con diez futbolistas tras la expulsión de Carlos Cuesta, terminó más cerca del triunfo.

    El partido mostró a una Venezuela más calmada, con un traslado de pelota mucho más pensado y menos reaccionario. Esto trajo como consecuencia que el ritmo fuese más pausado, evitando que los futbolistas estuviesen en un insoportable ida y vuelta cual pelota de en partido de tenis. Ronaldo Lucena y Yangel Herrera jugaron más cerca de los centrales cuando estos tenían posesión de la pelota en la salida, permitiendo que el equipo manejara mejor la construcción. Gracias a que la misma era en corto, el equipo fue, por muchos momentos del primer tiempo, un bloque más compacto de lo habitual, mejorando así la elaboración y aumentando las posibilidades de recuperación del balón cuando este se perdía por alguna imprecisión.

    Aun así faltó velocidad en la circulación de pelota. Esto no quiere decir que los pases han debido ser más violentos sino que los futbolistas, al momento de recibir la pelota, perdían un segundo perfilándose, por lo que terminaban jugando a dos o hasta tres toques. Colombia nos hizo recordar que muchas veces, para poder avanzar, es mucho mejor dar un paso hacia atrás que forzar una entrega hacia adelante.

    Y es que la selección cafetera mostró un oficio que debe servir de inspiración. Fue un equipo que no rifaba la pelota y en la gran mayoría de sus avances aplicó la vieja fórmula de comenzar por el centro, avanzar por las bandas hasta regresar al centro para definir. Muchas veces se subestima la importancia del juego por los costados, pero es gracias a este que se puede aprovechar la totalidad del campo, evitando además que el contrario acumule defensores en pequeños espacios de terreno. Decía un entrenador que para ser fuertes en el juego central había que promover el juego por fuera.

    No se ha hecho justicia con el rol de Wuilker Faríñez. El arquero criollo es mucho más que sus atajadas, y es que su capacidad de anticipación lo convierte en un arquero atrevido y protagonista. No se queda bajo los tres palos y por ello puede achicar o atacar cualquier avance del rival sin que ello suponga un largo recorrido. Además, cada vez que ha tenido que desviar un remate lo ha hecho hacia los costados, cumpliendo con las obligaciones referentes a su puesto.

    El golazo de Yeferson Soteldo es un acto de justicia para el futbolista portugueseño. No puede olvidarse que su fútbol se ha visto afectado por la ausencia de un lateral que haga las veces de cómplice, lo que ha dejado al volante 10 en una soledad casi insoportable. Sólo cuando se ha trasladado hacia el centro del campo es que ha encontrado socios que le permiten desarrollar lo mejor de sus características. Por ello su golazo es justicia, justicia poética.

    Pero Soteldo fue más que el gol. La ubicación de Ronaldo Peña en el costado derecho liberó al volante de Huachipato, permitiendo que aumentara su influencia en la generación de juego. Ante Colombia fue la versión más constante del 10 en lo que va de torneo. Rafael Dudamel parece haber encontrado la estrategia ideal para potenciar al futbolista más habilidoso de su plantilla.

    Tras el gol apareció el escenario ideal para esta selección. A pesar de los gustos, hay que aceptar que este es un equipo que se preparó para jugar al fútbol de transiciones, partiendo siempre desde el repliegue defensivo. Con la anotación de Soteldo, la Vinotinto encontró la posibilidad de volver a su zona de confort, y obligó a Colombia a asumir conductas más ofensivas, suponiendo, quien sabe, que con esto aparecerían espacios que podían ser explotados gracias a la velocidad de Antonio Romero, quien a pesar de no entrar en contacto muchas veces con el balón durante la primera etapa, cumplió con el difícil rol de mantener la amplitud del equipo.

    Pero todo ese trabajo desgasta y mucho, porque nada cansa más a un futbolista que correr y correr detrás de la pelota sin llegar a tener contacto con ella, y es que en el segundo tiempo la selección criolla, sorpresivamente, cedió mucho terreno al rival, a quien le costó aprovechar semejante obsequio de los venezolanos. Su entrenador sumó volantes con la intención de multiplicar las situaciones de gol.

    Atento a ello. Dudamel sacó del terreno a Romero y dio entrada a Luis Ruiz. El cambio llevó a Peña a asumir nuevamente el rol de centro delantero y a Soteldo a alejarse de sus compañeros. El problema con esta modificación es que no solucionaba el principal problema vinotinto sino que lo acentuaba; la selección no tenía control del partido y aceptaba el rol de ser un equipo reaccionario. Aquello constituyó un riesgo innecesario, ya que aupó a que Colombia se instalara en territorio criollo. Es inexplicable que desde el minuto 60 la selección se haya tirado tan atrás y le haya regalado tanto protagonismo al rival, más aún cuando no existió una expulsión que invitara a tomar esa decisión.

    Tras la salida de Romero, Peña quien se encargó de luchar cada pelota frente a los centrales rivales. Ha sido característico de este equipo que el delantero sea más luchador que futbolista. Si bien es cierto este es un deporte de oposición directa en el que se pelea por la titularidad del balón, se echa en falta que los atacantes criollos sean más atacantes que luchadores.

    Guste o no, el empate se ajusta al guion del partido. Queda la impresión de que Faríñez no comete infracción y que el penal no fue tal, pero sin duda que el rendimiento cafetero, aun en inferioridad numérica, hacía pensar que la igualdad era posible, una esperanza que se sostenía en el juego neogranadino y la timidez venezolana. Esos son los riesgos de ceder tanto protagonismo y tanto terreno al rival.

    El empate no es negativo, sobre todo porque todavía faltan cuatro partidos y el torneo otorga cuatro cupos al mundial. Pero debe examinarse muy bien el por qué una selección que jugaba de igual a igual decidió irse del partido, asumiendo la postura de víctima, y permitiendo al rival jugar a su voluntad. El futuro es incierto y puede que de esta manera se consiga el objetivo, pero resulta cuando menos llamativo que la estrategia elegida sea aquella que renuncia al protagonismo y se entregue a los arrebatos de la suerte.

    Marcelo Bielsa patentó la idea de «Parálisis por exceso de análisis» para referirse a cuestiones del juego que implicaban profundas reflexiones. Venezuela tiene dos días antes de su próximo duelo, los suficientes para evitar esa situación a la que hizo referencia el entrenador argentino.

    Fotografía cortesía de Caracol.com.co y Agencia EFE

  • El caso Soteldo

    El caso Soteldo

    ed5c04e6-13d9-46e8-9046-a8296e0090a8

    Tras cuatro partidos, tres de los cuales como titular, Yeferson Soteldo no ha sido el futbolista desequilibrante que todos conocemos. O por lo menos no ha encontrado como sostener su juego en largos períodos de los duelos.

    El hincha se desespera. Ante la falta de gol y de contundencia, el seguidor de la selección apunta a Soteldo como una de las causas de este suspenso que ha caracterizado el andar de la selección sub-20. Identifican al camiseta diez como alguien que traslada en exceso o que retiene el balón sin necesidad. Lo ideal en este caso es revisar si esas conductas son causa o consecuencia. En mi opinión es la segunda opción la que define el rendimiento del futbolista portugueseño.

    El fútbol es un juego colectivo. No se puede explicar la actuación de un jugador si no se pone en contexto con lo que hacen sus compañeros y con las respuestas del rival. En el caso del volante criollo, sus mejores prestaciones han sido cuando se ubicó por el centro del campo o por el costado derecho, zonas en las que su dribbling no era la única herramienta que podía emplear, dada la cercanía de sus compañeros.

    Las siguientes imágenes explican mucho mejor lo que estas líneas plantean:

    Ahora bien, si por el contrario, Soteldo o cualquier futbolista recibe la pelota y sus posibles socios están a 10 metros o más de distancia, las posibilidades de sostener la maniobra se reducen considerablemente. Esto que aquí señalo es una de las debilidades de este fútbol de transiciones: la dificultad extrema de mantener la titularidad del balón. Es muy complicado superar situaciones de 2×1 o hasta de 3×1.

    Lo deseable, en el caso de la selección que conduce Rafael Dudamel, es que estos pases largos que definen al equipo se combinen con una construcción de juego más colectiva. El primer tiempo ante Uruguay y el segundo ante Bolivia constituyen la prueba de que la selección sabe utilizar ambas herramientas. Ahora que por calendario se suma un día más de descanso bien podrían repasarse esas acciones para que los futbolistas retomen la confianza, lo mismo que Soteldo deje de ser la referencia inmediata para los rivales.

    Recordemos: este es un juego en equipo, una actividad colectiva. Ni el mismísimo gol de Maradona a los ingleses fue, en su naturaleza, una jugada individual: sin los movimientos de sus compañeros, la humanidad no hubiese disfrutado de semejante joya.

    Fotogrtafía cortesía de Notitarde y Agencia EFE

  • Mucho suspenso y poco juego

    Mucho suspenso y poco juego

    hjzegdypx_930x525

    El aprendizaje es un proceso continuo, que no se detiene aun cuando creemos que hemos superado etapas. Cada situación vivida es una experiencia que almacenamos y que, en algún momento dado, cuando la situación así lo requiera, nos servirá de apoyo, sin importar que la búsqueda de esa referencia sea consciente o inconsciente.

    En ese complejo proceso que antes mencionaba existe un contribuyente especial: las situaciones límite. El ser humano, ante un panorama que se presenta decisivo, se enfrentará a la urgencia de tomar decisiones trascendentales, cuyas consecuencias no son sólo inmediatas. Me explico: para enfrentarse Argentina en la búsqueda de un resultado que asegurara la consecución del primer objetivo, la selección sub-20 adoptó una estrategia que idealmente lo acercaría a esa meta; hubo una respuesta, que más allá del éxito de la misma, se constituyó en parte importante del crecimiento y la formación de los futbolistas que la pusieron en práctica. Esto define el verdadero valor de la competencia en la formación del deportista.

    Puede sonar a lugar común, pero ante la dificultad que significa quedar alejado de la meta o el objetivo, el ser humano normalmente saca lo que se conoce como el instinto de supervivencia. Una muestra de ello es la alineación titular con la que salió Venezuela para enfrentarse Argentina, buscando repetir lo mejor que ha producido el equipo como tal.

    La alineación fue una declaración de intenciones. Más allá de los gustos y todo lo que se pueda discutir en cuanto a las alternativas, Rafael Dudamel se decidió por los mediocampistas que más han rendido en este torneo: Ronaldo Lucena, Luis Ruiz y Yangel Herrera, tres volantes con notorias capacidades para conectar a todo el equipo. Los jugadores antes mencionados son especialistas en promover sociedades, por lo que juntarlos desde el inicio suponía una apuesta por el control del partido y una construcción de juego acorde a lo que el equipo mostró ante Bolivia.

    El retorno de Yeferson Soteldo a la titularidad vino acompañado de una modificación táctica. Ronaldo Peña, quien había hecho de delantero más adelantado durante todo el torneo se ubicó como mediapunta por el costado derecho, cediendo el puesto de punta de lanza a Antonio Romero, un futbolista más veloz y mejor capacitado para explotar los espacios que dejaba la defensa rival. El cambio alejó a Peña del área pero lo acercó a sus compañeros; se hizo parte del circuito de construcción de fútbol y sumó en situaciones defensivas.

    La entrada de Nahuel Ferraresi permitió que la selección contara con un central capacitado para salir jugando. Es muy importante hacer referencia a que esa cualidad no es excluyente; los grandes defensores centrales son aquellos que identifican correctamente cuando es necesario salir en corto, cuando se debe jugar largo, cuando hay apoyarse en el portero o cuando hay que reventar la pelota. Es imposible aislar o fraccionar el juego en etapas o secciones: un defensor hace más que defender y un delantero no se dedica exclusivamente a atacar; cada futbolista tiene la capacidad para jugar, esto es decir, para adaptarse y actuar según lo que requiera el momento.

    El entrenador José Hernández, quien estuvo en la transmisión de TLT, habló sobre un concepto que vale la pena rescatar. El seleccionador nacional sub-17 explicó que este es un equipo, el Vinotinto, que se puede ver beneficiado por la dinámica propia del torneo, e ir de menos a más. La impresión de Hernández se basa seguramente en que la acumulación de minutos competitivos favorece al desarrollo de los modelos de juego. Son pocos los seleccionados que logran sostener altas cuotas de rendimiento en torneos como este. Esa es la apreciación de uno de los entrenadores que mejor conoce los procesos de enseñanza en nuestro país.

    La conexión entre Peña y Ronald Hernández probó ser muy positiva, invitando a reflexionar el por qué no se explotó más. A la habilidad de Hernández se le sumaba la capacidad táctica de Peña, que reconocía los movimientos del lateral y jugaba en función de ellos: se acercaba o se alejaba según beneficiara el recorrido de su compañero. Debo insistir en el viejo concepto que sugiere que, ante la ausencia de extremos, son los laterales quienes con sus proyecciones deben hacer profundo y amplio al equipo, lo que se traduce en la utilización total del campo de juego.

    Hay que hablar también de la falta de gol el seleccionado criollo. Desde el partido ante Bolivia el conjunto nacional ha generado un buen número de ocasiones peligrosas, las suficientes como para pensar que la victoria era más que posible. Pero se falló, no hubo eso que llaman contundencia, virtud que algunos equivocadamente creen que se puede entrenar. Y es que por más que los futbolistas pasen largas sesiones rematando el arco, desde distintas posiciones y con diferentes grados de dificultad, los partidos requieren respuestas que no son idénticas a las practicadas, por el simple hecho de que el partido es como un examen final, y el rival ofrece respuestas imposibles de programar. Claro que hay que entrenar, siempre con la intención de que esa sesión preparatoria tenga el mayor parecido posible a un partido de fútbol, pero aceptando que los partidos tienen situaciones condicionantes muy distintas a lo que ensaya.

    El gol es hijo del juego y de los estados anímicos; en el caso venezolano fue apenas ante Bolivia que empezó a verse la mejor versión criolla, y en cuanto al estado anímico, queda claro que este no pasa por su mejor momento. Por ello es tan importante lo que mencionaba el seleccionador Hernández en cuanto al formato del torneo y como este puede ayudar al crecimiento de una selección.

    Parece que no hay solución al caso de Yeferson Soteldo. Ante Bolivia fue el revulsivo porque encontró muchos compañeros cercanos. Pero ante Argentina volvió ver el Soteldo pegado a la banda izquierda, solitario, sin ayudas, casi dependiente de algún milagro propio que lo ayudara a sortear los hasta tres marcadores que lo acechaban. Da la sensación de que falta algo en este equipo, porque si al 10 lo marcan tres futbolistas, esto significa que en otro sector del campo se produce una superioridad numérica venezolana que no fue aprovechada. Soteldo, salvo cuando se tiró hacia el centro, no tuvo en el lateral Edwin Quero una vía de oxígeno. No fue sino hasta el minuto 67 que Quero recorrió su banda hacia el área rival.

    Es evidente que a la selección criolla le cuesta mucho la construcción de juego. Cada una de las situaciones de gol que produjo en los cuatro partidos tuvo su origen en jugadas a balón parado o ataques sustentados en rápidas transiciones. Pero cuando el rival defendía acerca de su propia área, a los venezolanos se le hizo casi imposible crear peligro. Esto no va a cambiar en la segunda etapa el torneo porque son comportamientos propios de una idea de juego desarrollada en más de treinta módulos de entrenamiento, pero, aun así, no deja de sorprender que durante todo ese tiempo no se desarrollaran variantes al plan de la selección. No hay respuestas ante defensas organizadas.

    Es igual de sorprendente que, jugando contra diez, a Wuilker Fariñez se le exija, sin tener rivales cerca que lo presionen, que lanzar un pelotazo antes que promover secuencias que muevan y desordenen al contrario. No está en el ADN de esta selección otra cosa que el juego de transiciones.

    Al principio hablaba de las situaciones límites y cómo estas comprometen la respuesta de quienes las viven. Me da la impresión de que la selección nacional sub-20 no sintió el partido como tal, sino como un episodio más de un tránsito que, según los cálculos, no terminaba hoy. Es cierto que el primer objetivo (clasificar al Hexagonal final) se consiguió, pero no puede decirse que los criollos arrollaron a sus rivales. Insisto, se avanza de fase, pero el balance de un gol en cuatro partidos, así como la ausencia de alternativas al juego largo son alarmantes. Puede que todo mejore, como también es posible que esta sea la manera a través de la cual se intente la consecución del siguiente objetivo: la clasificación al mundial. Pero que no se olvide que el gol es hijo del juego, y por ahora, de juego, esta selección, ha mostrado muy poco.

    Fotografía: Clarín.com y Agencia EFE

  • Convencerse de jugar

    Convencerse de jugar

    foto_0000000120170123215629

    La selección venezolana Sub-20 enfrenta su mayor reto hasta ahora: vencer a su similar de Argentina para clasificar al Hexagonal final. El duelo no es sencillo; a pesar del desastre que es hoy el fútbol argentino, sus jugadores están acostumbrados a competir desde edades muy tempranas, por lo que aun cuando el contexto conspire en su contra, son futbolistas que no dejan de combatir. Es un tema formativo que por estos lados no se entiende.

    Decía que el desafío es inmenso, pero no por ello imposible. Hay dos factores que deberían ayudar a los nuestros en esta misión: 1) el muy buen segundo tiempo ante Bolivia, en el que quedó demostrado que esta Vinotinto puede alternar con éxito los pases largos con las entregas cortas, siempre apoyándose en los constantes movimientos de sus jugadores; y 2) el regreso de Yangel Herrera y el orgullo herido de Yeferson Soteldo, que ya probó ser un elemento de mucha influencia. Pero un equipo es mucho más que la simple suma de sus partes, por lo que Rafael Dudamel y su cuerpo técnico deben elegir muy bien quienes entran hoy como titulares y para qué entran.

    En cuanto a la amenaza que representa esta Argentina y su ir de menos a más, no hay duda que quienes han competido encuentran en la calidad de sus rivales una motivación inmensa. El deportista está consciente de la trascendencia que puede adquirir un victoria ante uno de los etiquetados como favoritos.

    ¿Cual es la vía? No hay una sola, pero sin duda alguna esa alternancia entre el juego asociativo y la búsqueda en largo de los delanteros es quizá el paso más importante porque permite no ser previsible. Venezuela ha demostrado durante el torneo posibilidades de llevarlo a cabo, por lo que Dudamel no estaría pidiéndole a sus dirigidos algo que no se ha entrenado. ¿El estado del terreno afecta? Sí, pero no vale sumar obstáculos, hay que superarlos, y este equipo demostró ante Bolivia que sabe hacerlo. Es cuestión de creer, de convencerse de jugar.

    Fotografía cortesía http://www.cooperativa.cl/ y Agencia EFE